Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Por primera vez en La Palma se da sepultura digna a siete luchadores del pueblo asesinados por los fascistas

In Actualidad, Represión on 21 febrero, 2011 at 1:55

Este sábado se dio digna sepultura en Fuencaliente a siete de los ocho cuerpos de luchadores populares hallados recientemente, asesinados por los fascistas en la sublevación facciosa de 1936. El octavo fue puesto en manos de la familia tras los análisis de ADN mientras que el resto recibió sepultura en el cementerio municipal sin que se conozcan sus identidades. De estos siete, uno de ellos sí está identificado, sin embargo su familia, que no ha querido hacer declaraciones, prefirió que sus restos permanecieran junto con aquellos con los que ha estado hasta ahora.

Para la presidenta de la Asociación para la Conservación de la Memoria Histórica de La Palma, Aralda Rodríguez, “es un día que hemos esperado durante mucho tiempo pero triste a la vez por no conocer las identidades” de quienes han recibido sepultura. Y probablemente no se conozcan nunca ya que, tal y como afirma Aralda Rodríguez, “eran muy jóvenes, de diecisiete o dieciocho años, no tenían hijos y sus familias ya no están”.

Sin embargo, los restos están numerados y en el caso de apareciera alguna sospecha sobre familiares, estos podrían realizarse las pruebas de ADN y recuperar los restos si así lo desean. Se pone así el punto y final de estas ocho víctimas de la represión pero no termina la búsqueda para muchas familias que aún desean encontrar a sus familiares.

En concreto son 86 los palmeros que están considerados como “desaparecidos” en campos de concentración y cárceles mientras que en la isla aún permanecen enterrados 44 cuerpos más de los que se desconoce su localización aunque se excava también en el municipio de Puntallana.

Una circunstancia sobrecogía los corazones del centenar de personas que se dieron cita en el cementerio de Fuencaliente para asistir al acto. El viernes fallecía José Manuel Díaz, la persona que inició todas las investigaciones aportando la primera lista de desaparecidos. Fallecía al mediodía y era incinerado al mismo tiempo que los restos de los represaliados recibían el homenaje de autoridades y público.

El presidente de la Asociación para la Conservación de la Memoria Histórica de Tenerife, Alfredo Mederos, intervenía con un emotivo discurso en el que lamentaba la ausencia del propio José Manuel Díaz, cuando, al instante, de entre el público se escuchaba una voz que afirmaba “sí que está, sí que está”.

También intervenía Melo Díaz, la persona que indicó el lugar en el que debían excavar para encontrar los restos junto al Pino del Consuelo, como se ha denominado el lugar donde se hallaba la fosa. Fue en el año 2006 y a penas iniciadas las labores de búsqueda, aparecía el primer indicio de que el lugar era el correcto al encontrar una alpargata que aún conservaba restos de dedos humanos.

Entonces, Melo Pérez era un niño. La casualidad quiso que acompañara a su padre tirando de un mulo en el lugar y el momento en el que tuvieron lugar los asesinatos. Entonces, recuerda el propio Melo Pérez, su padre le dijo “ándate si no quieres que te toque a ti también”. Aquello permaneció en su memoria durante el resto de su vida. Y fue en el año 2006 cuando llevó a otros hasta el lugar para decir “caven aquí, aquí están”.

«El dolor lo llevamos dentro hace muchos años, hemos derramado muchas lágrimas, son nuestras familias, es nuestra sangre y no los podemos olvidar», dijo emocionada Aralda Rodríguez. Su padre, Segundo Rodríguez, desapareció con 30 años, y su tío, Aniceto Rodríguez, con 24. «Mi madre se quedó sola a los 25 años y yo estoy aquí por ella, sigo en la batalla de buscarlos», afirmó.

Perdonar, incluso a los verdugos” insistía Alfredo Mederos recordando las palabras de Azaña, “pero no podemos olvidar lo que pasó” y calificó este día como el principio de una búsqueda que debe continuar para rendir homenaje “a quienes fueron asesinados sin cometer ningún delito pero por pensar diferente”.

A la despedida de los siete represaliados asistieron familiares de las víctimas, amigos y políticos, junto a Balbina Sosa y Pino Sosa, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Gáldar, la arqueóloga Verónica Barroso, que dirigió las tareas de exhumación; Javier Velasco, bioantropólogo que participó en la tarea de identificación, y el profesor José Pestano, responsable del estudio genético. Las siete urnas, cubiertas con un ramo de flores con los colores de la bandera republicana, se expusieron a la entrada del cementerio donde fueron honradas. Melo Pérez, el hombre que desveló el lugar de la fosa, entonó una elegía; Carlos Cárdenas, cantautor, interpretó una desgarrada pieza, y Javier Velasco leyó un texto del historiador Sergio Millares. Aralda pronunció los nombres de los 52 desaparecidos.

«Cuesta trabajo superar el miedo, pero se está consiguiendo; La Palma tiene que borrar esta mancha histórica reconociendo la dignidad de las víctimas y de sus familias», concluyó el investigador Alfredo Medero.

En los nichos 561 y 557, descansan los restos de estos siete represaliados. En su lápida rezan los versos de Elsa López: “Ellos son nuestra memoria / Ellos son nuestros muertos. / Nuestra historia. Nuestro pasado. / Y nuestra firme convicción/ de no renunciar jamás / a lo que somos y pensamos”.

Y bajo estos versos los de Miguel Hernández: “Temprano levantó la muerte el vuelo, / temprano madrugó la madrugada, / temprano estás rodando por el suelo”.

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