Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El 16% de las familias canarias tiene todos sus miembros activos en paro

In Actualidad, Economía, Laboral on 24 febrero, 2011 at 13:53

LA PENSIÓN MEDIA EN CANARIAS SIGUE ESTANDO POR DEBAJO DE LA MEDIA ESTATAL

Canarias es, por quinto trimestre consecutivo, el territorio del Estado con un mayor porcentaje de hogares con todos sus activos en paro, con un 16%. Además, las Islas mantienen una destrucción de empleo aslariado del 5,3%, mientras crea empleo público a un ritmo del 2,9%, según el Informe Regional Agett del mercado laboral, elaborado por la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (ETTs) corresopndiente al cuarto trimestre de 2010. El estudio revela también que en Canarias el 48,9% de los parados llevan más de un año buscando sin éxito un empleo, por encima de la media estatal (45,9%).

Por otro lado, la cuantía de la pensión media en Canarias continúa por debajo de la media estatal con 750,91 euros respecto a los 799,80 a nivel estatal (-6,11%). El número de pensiones en Canarias aumenta un 2,9% en enero respecto al mismo mes del año anterior, según los datos hechos públicos por el Ministerio español de Trabajo e Inmigración.


Danza macabra de cinismo

In Actualidad on 24 febrero, 2011 at 9:41

Fidel Castro Ruz


La política de saqueo impuesta por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en el Oriente Medio entró en crisis. Esta se desató inevitablemente con el alto costo de los cereales, cuyos efectos se hacen sentir con más fuerza en los países árabes donde a pesar de sus enormes recursos petroleros, la escasez de agua, las áreas desérticas y la pobreza generalizada del pueblo contrastan con los enormes recursos derivados del petróleo que poseen los sectores privilegiados.

Mientras los precios de los alimentos se triplican, las fortunas inmobiliarias y los tesoros de la minoría aristocrática se elevan a millones de millones de dólares.

El mundo arábigo, de cultura y creencia musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen, a partir del orden colonial existente hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en virtud del cual las potencias victoriosas crearon la ONU e impusieron el comercio y la economía mundiales.

Gracias a la traición de Mubarak en Camp David el Estado árabe palestino no ha podido existir, pese a los acuerdos de la ONU de noviembre de 1947, e Israel se convirtió en una fuerte potencia nuclear aliada a Estados Unidos y la OTAN.

El Complejo Militar Industrial de Estados Unidos suministró decenas de miles de millones de dólares cada año a Israel y a los propios estados árabes sometidos y humillados por éste.

El genio ha salido de la botella y la OTAN no sabe cómo controlarlo.

Van a tratar de sacarle el máximo provecho a los lamentables sucesos de Libia. Nadie sería capaz de saber en este momento lo que allí está ocurriendo. Todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.

Es evidente que dentro de Libia se desarrolla una guerra civil. ¿Por qué y cómo se desató la misma? ¿Quiénes pagarán las consecuencias? La agencia Reuters, haciéndose eco del criterio de un conocido banco de Japón, el Nomura, expresó que el precio del petróleo podría sobrepasar cualquier límite:

“‘Si Libia y Argelia suspenden la producción petrolera, los precios podrían llegar a un máximo por encima de 220 dólares por barril y la capacidad ociosa de la OPEP sería reducida a 2,1 millones de barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los 147 dólares por barril en el 2008′, aseveró el banco en una nota.”

¿Quiénes podrían pagar hoy ese precio? ¿Cuáles serían las consecuencias en medio de la crisis alimentaria?

Los líderes principales de la OTAN están exaltados. El Primer Ministro británico, David Cameron, informó ANSA, “…admitió en un discurso en Kuwait que los países occidentales se equivocaron en apoyar gobiernos no democráticos en el mundo árabe.” Se le debe felicitar por la franqueza.

Su colega francés Nicolás Sarkozy declaró: “La prolongada represión brutal y sangrienta de la población civil libia es repugnante”.

El canciller italiano Franco Frattini declaró “‘creíble’ la cifra de mil muertos en Trípoli […] ‘la cifra trágica será un baño de sangre’.”

Hillary Clinton declaró: “…el ‘baño de sangre’ es ‘completamente inaceptable’ y ‘tiene que parar’…

Ban Ki-moon habló: “‘Es absolutamente inaceptable el uso de la violencia que hay en el país’.

…’el Consejo de Seguridad actuará de acuerdo a lo que decida la comunidad internacional’.

‘Estamos considerando una serie de opciones’.

Lo que Ban Ki-moon espera realmente es que Obama diga la última palabra.

El Presidente de Estados Unidos habló en la tarde de este miércoles y expresó que la Secretaria de Estado saldría para Europa a fin de acordar con sus aliados de la OTAN las medidas a tomar. En su cara se apreciaba la oportunidad de lidiar con el senador de la extrema derecha de los republicanos John McCain; el senador pro israelita de Connecticut, Joseph Lieberman y los líderes del Tea Party, para garantizar su postulación por el partido demócrata.

Los medios masivos del imperio han preparado el terreno para actuar. Nada tendría de extraño la intervención militar en Libia, con lo cual, además, garantizaría a Europa los casi dos millones de barriles diarios de petróleo ligero, si antes no ocurren sucesos que pongan fin a la jefatura o la vida de Gaddafi.

De cualquier forma, el papel de Obama es bastante complicado. ¿Cuál será la reacción del mundo árabe y musulmán si la sangre en ese país se derrama en abundancia con esa aventura? ¿Detendrá una intervención de la OTAN en Libia la ola revolucionaria desatada en Egipto?

En Iraq se derramó la sangre inocente de más de un millón de ciudadanos árabes, cuando el país fue invadido con falsos pretextos. ¡Misión cumplida! proclamó George W. Bush.

Nadie en el mundo estará nunca de acuerdo con la muerte de civiles indefensos en Libia o cualquier otra parte. Y me pregunto: ¿aplicarán Estados Unidos y la OTAN ese principio a los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis y los soldados de esa organización matan todos los días en Afganistán y Pakistán?

Es una danza macabra de cinismo.

Febrero 23 de 2011
7 y 42 p.m.


La Bolivalogía (V)

In Cultura, Historia, Opinión on 24 febrero, 2011 at 0:01

victor1COLABORACIÓN


Víctor J. Rodríguez Calderón

La llamada filosofía “materialista-dialéctica”, en realidad en este trabajo nos sirve muy poco. Aquí como “sistema” filosófico no funciona. En cambio, si funciona como punto de vista para comprender el desarrollo histórico de la sociedad humana de aquel tiempo. Recuerden que no estoy escribiendo un manual, si fuese así, me contentaría con esto. Ya es cosa mayúscula diseñar un método científico e histórico para entender el movimiento de aquella sociedad y el nacimiento de la bolivalogía, por supuestos se requiere de un espíritu dialectico que conjugue la preparación formal en el campo de la teoría, la metodología y las técnicas, con las experiencias directas e indirectas y realidad que se desarrolló en esa vida social. De ahí que continuemos con aquel proceso histórico necesario para entender.

EL LLAMADO SIGLO DE LA MODERNIDAD

En el siglo XVIII se desemboca una renovación institucional y llegó una novedosa penetración de ideas sociopolíticas que las generaciones jóvenes asimilaron a su manera y se fueron preparando para la independencia política.

El advenimiento de los Borbones al trono de España, después de la guerra de sucesión, produce cambios administrativos que fortalecieron a las fuerzas domesticas, especialmente a los blancos criollos, quienes aprovechan las reformas para profundizar sus designios de autonomía. Junto con las instituciones penetran las ideas del siglo ilustrado, gracias a las cuales pueden los futuros próceres de la insurrección llenar el contenido de la oferta republicana después de 1810.

Una clase latifundista poderosa se había apoderado del control de los elementos materiales desde la época de las fundaciones poblacionales y se hizo experta en los usos y abusos del gobierno local a través del llamado cabildo. Pero, necesariamente tuvieron que ajustarse a la renovación borbónica o proponer maneras peculiares que reformaran el control, haciéndolo mas autónomos que los tradicionales, si pretendían permanecer en la cúpula de la sociedad.

Los cambios institucionales y el pensamiento de la libertad, justicia e igualdad, se incorporaron desde 1750, mucho antes de que sonará el clarín revolucionario de Simón Bolívar. La revolución aborigen y este despertar vienen a ser claramente los resortes de la acción que estallan para el nacimiento de la nueva república.

Entre las instituciones modernas que determinaron estos procesos combativos, se destacó el Real Consulado, establecido en 1793 para el control y el fomento del proceso de creación y distribución de la riqueza desde la ciudad de Caracas. Aparte de dirimir las causas mercantiles, atendió asuntos que ellos llamaron “descuidados”, tales como los caminos y la libre navegación.

La reforma primordial de ese tiempo fue la creación de la Gobernación y Capitanía General de Venezuela, creada por Real Cédula de Carlos III, la Gobernación y Capitanía General consolida la integración del territorio y de mayor coherencia a las funciones civiles, políticas y militares.

Debido a su contenido, lo estructuran para que dependa de un solo funcionario el cual se llamaría Gobernador y Capitán General, estableciendo en una única sede superior, las provincias de Caracas, Cumana, Guayana, Maracaibo e islas de Trinidad y Margarita. El Virreinato de la Nueva Granada cesa en su ingerencia sobre la comarca.

El mapa del territorio se diferencia de los anteriores, para adquirir las dimensiones y características que lo distinguen del futuro. La futura nacionalidad encuentra una escena más propicia para su desarrollo. Como también residirá en Caracas el arzobispado, lo cual significa la preeminencia de la jerarquía clerical en una sede establecida en la ciudad. La concentración de funciones facilita los designios de control que en el futuro emprenderán los blancos cuando se atrevan a proponer la independencia.

INICIO DE LA CULTURA COLONIAL

Los conocimientos procedentes de la ortodoxia española son muy pobres hasta el siglo XVIII, en el año 1591 se ordena que el Cabildo Caraqueño instruya un proceso de enseñanza cognitivo que se ajuste al momento, pero nunca se llega a un método coherente. La educación carece de presupuesto y no tiene maestros profesionales, no hay apoyo, ni control del estado y menos tiene el estimulo de aquella sociedad, que apenas permite una repetición superficial e incoherente de la cultura tradicional española. Hacia finales del siglo XVII funcionan en Caracas tres instituciones de primeras letras, regentados por franciscanos, dominicos y mercedarios. Instituciones que solo permitían educar a los hijos de los criollos, se fundan cátedras de gramática, artes y teología. Sólo en contados lugares del interior, como en el Tocuyo, se repite el experimento educativo de las congregaciones.

La cultura ortodoxa encuentra su institución de mayor prestigio en el Seminario y Real Colegio de Nuestra señora de Santa Rosa, fundado en 1641 por Fray Mauro de Tovar y puesto en plena funciones por el obispo Diego de Baños y Sotomayor en 1682, allí se imparte educación de teología, de primas y moral, retorica, elocuencia, filosofía escolástica, música y gramática, únicas disciplinas a las cuales se podían acercar los venezolanos de manera coherente y sistemática durante casi tres siglos. Con estas materias supuestamente se acercaban al entendimiento de aquel mundo, posteriormente se fundaron en Maracaibo, a cargo de los jesuitas y en Mérida, Angostura, dependientes de la autoridad diocesana.

El seminario caraqueño se convierte en universidad Real y Pontificia, en 1725, en cuyo seno se institucionaliza la enseñanza del derecho y se introduce el conocimiento de las matemáticas y la medicina concebidos según la manera tradicional. Un crítico ilustrado del siglo XIX, manifestó que en aquella Universidad Real y Pontificia, se machacaban las estrecheces y las supersticiones de la ortodoxia, sin dar cabida a conocimientos útiles, ni mucho menos a debates académicos que pudieran repercutir en provecho de aquella sociedad.

En todo caso, a partir de 1750 se filtran las doctrinas de los filósofos franceses de la modernidad, como el abate Condillac, y se escriben tesis siguiendo sus postulados; algunos maestros inician la proposición de nuevos métodos en el área de las matemáticas, se conciben también los recientes descubrimientos y sistemas de química y se debatió sobre los principios de Descartes. Timoratamente inician abrir brechas la ciencia moderna de interés en el muro de la cultura oficial. De allí surge, de esa experiencia, una suerte de pensamiento ecléctico, cuyo mayor representante es el franciscano Juan Antonio Navarrete, autor de ARCA DE LETRAS Y TEATRO UNIVERSAL, una importante obra de transición que se aproxima a las ideas de la independencia.

Sin un vínculo estable con el pensamiento ilustrado, sin centros diferentes a los permitidos para enterarse de la historia y de las técnicas que revolucionaban al mundo, sin imprentas hasta 1808, el camino de la ilustración venezolana estuvo repleto de escollos. Aparte del mencionado Navarrete, hacen aportes modernos el joven maestro Simón Rodríguez en 1794, con unas reflexiones sobre la nueva educación primaria, el obispo Santiago Hernández Milanés en 1796, con una pastoral sobre las artes útiles; y el abogado Miguel José Sanz en1805, a través de unas críticas encendidas contra la cultura del antiguo régimen y contra la excesiva influencia de la iglesia.

(…Continuará)


La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


Egipto: la revuelta de la población trabajadora ignorada por los medios de comunicación occidentales

In Actualidad, África on 24 febrero, 2011 at 0:00

Mike Whitney

La historia real de lo que está aconteciendo en Egipto es ocultada en los EEUU: no casa con el lema de las “maravillas del capitalismo” que los medios de comunicación gustan de repetir hasta la náusea. La desnuda verdad es que el grueso de las políticas económicas exportadas por Washington a través del soborno y la coerción han causado un malestar masivo en la población trabajadora, lo que ha terminado por provocar un incendio en el Oriente Próximo. Mubarak es la primera baja en esta guerra contra el neoliberalismo; vendrán muchas más. En realidad, la dimisión de Mubarak es, probablemente, un mera concesión a los trabajadores egipcios ideada para que sigan el consejo de los militares y regresen como corderitos a sus maquilas para que los orondos ejecutivos con sede en Berlín y en Chicago puedan extraer unos cuantos centavitos más de su penoso trabajo. Lo más probable, empero, es que no ocurra tal cosa; porque los 18 días en la Plaza Tahrir ha tenido un efecto transformador de la consciencia de los 80 millones de egipcios que, subitáneamente, han dicho “basta”. El pueblo ha despertado de su sopor, y ahora están preparados para la pelea.

La revolución empezó mucho antes de las manifestaciones en la Plaza Tahrir, y seguirá durante mucho tiempo. Los trabajadores se están rebelando por doquiera contra unas condiciones miserables de vida, contra unos salarios de esclavitud y contra las “privatizaciones”, la joya de la corona del neoliberalismo. La privatización de las industrias públicas en Egipto es la causa más inmediata del levantamiento popular en curso. Ha llevado a un declive general de los niveles de vida de tamaña extremidad, que la gente prefiere ya enfrentarse a las cachiporras de la policía a seguir soportando más de lo mismo. He aquí un extracto de la revista Foreign Policy que resulta iluminador de lo que está pasando:

En las fábricas conurbanas de El-Mahalla el-Kubra, una ciudad industrial situada a pocas horas de automóvil al norte del Cairo, radica lo que para muchos es el corazón de la revolución egipcia. ‘Es nuestro Sidi Bouzid’, dice Muhammad Marai, un activista sindical, refiriéndose a la ciudad tunecina en la que un vendedor ambulante frustrado se prendió un fuego que terminó por ser la chispa de la revolución.

“En efecto: las raíces del levantamiento de masas que echó del poder al dictador Hosni Mubarak han de buscarse en el papel central que jugó hace años aquella ciudad anegada por la contaminación industrial en el inicio de unas huelgas obreras y de unos movimientos sociales de base que terminaron extendiéndose por todo el país. Y es el núcleo simbólico de la reciente deriva hacia la revolución: una oleada de huelgas contra las desigualdades sociales y económicas que llevaron a la paralización de buena parte de Egipto.

“Más de 24.000 obreros en docenas de fábricas textiles, públicas y privadas, y en particular en la gigantesca planta de Egypt Spinning and Weaving plant, fueron a la huelga y ocuparon fábricas durante seis días en 2006, consiguiendo un aumento de sueldo y algunos beneficios asistenciales sanitarios. Análogas acciones tuvieron lugar en 2007…

“ ‘Luego de Mahalla en 2008, aparecieron las primeras debilidades del régimen’, dice Gamal Eid, de la Red Árabe de Información sobre los Derechos Humanos. ‘Nada fue igual en Egipto después de eso’.” (“Egypt’s Cauldron of Revolt”, Anand Gopal, Foreign Policy.)

Compárese esta historia con la narrativa ofrecida por los medios de comunicación estadounidenses, según la cual la revolución se desencadenó a causa de unos textos de twitter enviados a sus amigos por unos dichosos “veinteañeros” que deambulaban excitados por las calles del Cairo. Grotesco. Esta revolución arraiga en la clase obrera; por eso la prensa del establishment es tan reluctante a explicar lo que realmente está pasando. Hablar de “clases” es cosa expresamente prohibida en los medios de comunicación estadounidenses, porque eso viene a apuntar más o menos a los bolsillos sin fondo de los barones ladrones que han creado los mayores extremos de desigualdad que registra la historia universal. Escuchemos lo que dice Michael Collins en The Economic Populist:

Egipto inició una serie de reformas en los 90 que alteraban deliberadamente las cosas en perjuicio de los trabajadores y de los pequeños campesinos. El gobierno liquidó a precio de saldo las grandes empresas públicas. Los nuevos propietarios privados tenían pocos incentivos para mantener a la gente en sus puestos de trabajo o para conservar puestos de trabajo en Egipto. El gobierno aprobó nuevas medidas para proteger a los grandes propietarios agrícolas, abandonando a su suerte a los pequeños campesinos.

“Cuando el primer ministro conservador Ahmed Nafiz llegó al poder en 2004, la situación se hizo desesperada. Merced a una ley hostil al mundo del trabajo, creció en Egipto la presión sobre los trabajadores industriales. La ETUF tenía poco que ofrecerles, y a menudo, anulaba los votos a favor de ir a la huelga de las secciones locales…

“El mismo movimiento trabajador que impulsó la huelga de 2006 y su secuela en 2007, llamó a una huelga nacional el 6 de abril de 2006 a favor del aumento del salario mínimo y en protesta por los elevados precios de los alimentos. El gobierno de Mubarak envió a la policía, que tomó la fábrica en la esperanza de abortar la huelga. Estalló entonces un conflicto cargado de violencia por parte de la policía contra los miembros de los sindicatos que llamaban a la huelga. Se detuvo a trabajadores. Enseguida vinieron procesos, acusaciones y condenas. Otros sindicalistas prosiguieron la protesta.

“Un escritor egipcio observaba: ‘En el levantamiento del 6 de abril, las reivindicaciones de los trabajadores se solapaban con las del conjunto de la población. La gente exigía una bajada de los precios de los alimentos y los trabajadores exigían un salario mínimo’.

“Además, el Movimiento juvenil del 6 de abril apareció como un actor clave en punto a fijar los objetivos de la huelga nacional. Es la misma organización que ha sido central en la movilización de multitudes por todo el país.” (“Forces Behind the Egyptian Revolution”, Michael Collins, The Economic Populist.)

¿Lo ven? Esto no va de derrocar a un dictador; va de guerra de clases. Y de eso nadie habla en los medios de comunicación occidentales.

La revolución es un indicio del auge del movimiento obrero organizado, y constituye un asalto frontal al Consenso de Washington y al régimen que, lanzándolo a Egipto a una carrera hacia el abismo, ha puesto a los trabajadores en una situación límite. No ocurrió de un día para otro; esas fuerzas se habían ido fraguando durante mucho tiempo, y la yesca ha prendido ahora.

Se trata tanto de una lucha por los derechos de los trabajadores y por el poder político como de una lucha por la mejora salarial y de las condiciones de trabajo. La dimisión de Mubarak ha envalentonado a la gente y robustecido su determinación de combatir por un cambio estructural real. Es su oportunidad de configurar el futuro, y esa es la razón de que Washington esté tan preocupado. Fue también la razón de que las ONG respaldadas por los EEUU y sus agentes anduvieran tan diligentes en los intentos de deponer a Mubarak, porque creían que, removido el tirano, podrían apaciguar a las masas y conseguir que volvieran tranquilamente a sus fábricas y a sus maquilas con un par de palmaditas en la espalda. Pero no es así como están discurriendo las cosas. Diríase que los trabajadores saben intuitivamente que Mubarak es pieza perfectamente reemplazable en el mecanismo imperial. Hasta ahora, no han conseguido aplacarles, someterles o cooptarles, aunque la pandilla de Obama y su líder en la junta militar, Tataui, lo intentarán desde luego. He aquí un fragmento de la entrevista concedida por la profesora Mona El-Ghobashy (del Barnard College) a Democracy Now, útil para entender mejor el contexto de lo que está pasando en el Cairo.

Esta revuelta tiene una prehistoria. La política egipcia no empieza el 25 de enero. Lo cierto es que se ha visto afectado por una extraordinaria oleada de protesta social desde al menos el año 2000. Esto no es ningún modo nuevo. De ningún modo es un fenómeno post-13 de febrero. Es algo que ha venido ocurriendo desde hace tiempo, con picos en 2006 y 2008, lo que da un peso extra a la protesta que se disparó entre los funcionarios, los policías y otros empleados públicos… Lo que muestra eso es una convergencia del viejo tipo de protesta con un ambiente político completamente cambiado. Ese es su significado…

“Así que, si queremos entender el significado de lo que ha pasado hoy, tenemos que vincularlo con la urdimbre de la política egipcia que empieza a configurar en 2000, para decirlo rápido, pero las protestas vienen ocurriendo ya desde los 90. Una de las protestas de mayor dimensión fue una huelga de los trabajadores de canteras en 1996, que realmente sacudió en su momento al país. Claro, nadie se acuerda ahora de eso.

“Pero, volviendo al extremo que quiero destacar, estamos entrando en un período, como observó Issandr, en un momento realmente revolucionario en la política egipcia: la constitución y el parlamento están suspendidos, pero, al propio tiempo, tenemos esta estructura social rodante en la que casi todo el mundo y prácticamente todos los sectores de la población están saliendo a la calle y buscando aprovechar la oportunidad política ofrecida por el cambio de régimen, y lo están haciendo porque ya sabían cómo hacerlo. Saben cómo ocupar y acampar en las calles. Saben cómo negociar con los ministros del gobierno. Saben cuánta gente hay que poner en una esquina para lograr que el ministro del gobierno vaya a hablarles a la esquina. Por eso es significativo, no porque el 13 de febrero sea un renacimiento de la política egipcia.” ( Mona El-Ghobashy, Democracy Now.)

La administración Obama no está “manejando los hilos” de esta revolución; la verdad es que está sin prácticamente margen de maniobra. Los EEUU tienen muy poco control sobre los acontecimientos de base, y todos sus esfuerzos se centran en el “control de daños”. Por eso sigue Obama con sus necios pronunciamientos, día sí y otro también, llamando a los manifestantes a a desempeñarse pacíficamente e invocando las palabras de Martin Luther King para calmar las aguas. Pero nadie presta la menor atención a lo que diga Obama. Es completamente irrelevante. También les taren al pairo los píos deseos de Hilary Clinton para que el Congreso asigne una partida para “ayudar al crecimiento de partidos políticos laicos”. ¿Para qué, si el caballo ya ha salido del establo?

Tampoco los militares egipcios tienen el control: por eso siguen emitiendo comunicados contradictorios , ora celebrando el triunfo en la Plaza Tahrir, ora amenazando con medidas drásticas si la gente no regresa a sus puestos de trabajo. Cuando los militares se decidan por una determinada estrategia y empiecen a reprimir masivamente a los trabajadores en huelga, empezará la revolución real y aparecerá una nueva realidad política. Nada galvaniza tanto la atención o conmueve más las propias raíces de clase que la sangre en la calle.

Y no hay fórmula establecida de antemano para dirigir una revolución, no hay libreto para el éxito. Cada revolución es diferente, como únicas son las aspiraciones de los pueblos empeñados en ellas. Rosa Luxemburgo se percató perfectamente de eso:

La clase obrera moderna no lucha conforme a un plan preestablecido en algún libro de teoría; la lucha de los trabajadores modernos es una parte de la historia, una parte del progreso social, y en medio de la historia, en medio del progreso y en medio del combate aprendemos el modo en que debemos combatir… Eso es precisamente lo que resulta digno de alabanza de esa lucha: precisamente por eso, esta colosal pieza de cultura que es el movimiento obrero moderno define una entera época histórica: las grandes masas del pueblo trabajador comienzan por forjarse, a partir de su propia consciencia, a partir de sus propias convicciones y aun a partir de su propia comprensión de los acontecimientos, las armas de su propia liberación.

El pueblo egipcio ha evitado una confrontación abierta con as fuerzas gubernamentales con una astucia impresionante. Pero el peligro de las medidas drásticas represivas sigue siendo muy real. Los trabajadores han presentado sus reivindicaciones, y en este nuevo ambiente de activismo político, es harto improbable que retrocedan mientras no consigan sus objetivos. No se conforman con la salida de Mubarak. Saben que “el nuevo amo es semejante al viejo amo”. Como declara en su Manifiesto, el Centro de los Sindicatos y Trabajadores de Servicios, no se trata ya sólo de “salarios decentes” o de “asistencia médica”; el pueblo egipcio “se niega a seguir viviendo una vida de humillaciones”.

Un extracto de ese Manifiesto de los sindicatos obreros:

… 300 jóvenes han pagado con sus vidas un precio por nuestra libertad y por nuestra emancipación de la humillante esclavitud que padecemos. Y ahora, la vía, la senda, está expedita para todos nosotros…

“La libertad no es sólo una exigencia de la juventud… queremos libertad para poder expresar nuestras reivindicaciones y reclamar nuestros derechos … para poder encontrar una forma de gestionar la riqueza de nuestro país, los frutos robados de nuestro duro trabajo… para poder redistribuir con algún sentido de justicia… para que los diferentes sectores oprimidos de la sociedad puedan lograr más de lo que a ellos es debido y no tengan que padecer innecesariamente hambre y enfermedades.

El pueblo egipcio quiere lo que le es debido: su libertad, su dignidad, y una porción equitativa del pastel. Y diríase que están en condiciones de conseguir todo eso.


(*) Mike Whitney es un analista político que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.