Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

El Medio Oriente no cabe en China

In Actualidad on 27 febrero, 2011 at 0:01

Editorial de
Diario del Pueblo


A seguido de la “Revolución de los jazmines” en Túnez, el mundo árabe ha sido barrido por protestas populares, circunstancia que algunos han aprovechado para concluir que la onda expansiva llegaría en breve a China. Sin embargo, tamaño despropósito no conducirá a más que a un no menos descomunal desengaño.

Algunos medios informativos occidentales andan a la caza del menor indicio de “Revolución de los jazmines” al estilo chino. Con una población colosal, es inevitable que haya disidentes en China, y que los mismos se sientan alentados por las rebeliones públicas en el Medio Oriente, al punto de incitar a protestas, o incluso a una revolución, en China. De que los hay, los hay, sobre todo en las grandes ciudades.

Hace poco días, un grupo de periodistas occidentales se congregaron en un lugar público previamente designado, para ser testigos de una versión local en “performance” de la revolución de marras, interpretada por varios chinos. El número de periodistas y curiosos allí presentes superaba al de los participantes en la protesta. Sin embargo, algunos medios de prensa extranjeros informaron del hecho como si se tratara de un movimiento popular masivo, y a duras penas ocultaron sus expectativas de que China sea presa de la agitación.

Sus informaciones se inclinaron más a un fotorreportaje posado que al periodismo investigador. A nadie resulta ajeno que a la sociedad china, caracterizada por su estabilidad, le resulta harto ajena una revolución de jazmines.

No es menos cierto que en China abundan todo tipo de problemas y conflictos, como son el desequilibrio del desarrollo y la amplia brecha de riquezas, los cuales generan un notable cúmulo de quejas en la sociedad. Pero no menos cierto es que la nación dispone de la firme voluntad política de abordar y solucionar estos problemas.

Para el grueso de la sociedad china no es válido recurrir a una revolución para propiciar soluciones a sus carencias. Muchos recordamos las traumáticas experiencias que legaron las turbulencias sociales hace apenas unas décadas. De ahí que el fiel de la balanza se incline inequívocamente a fomentar las fuerzas de la reforma y del desarrollo. No tenemos por qué quedar entrampados en un nudo gordiano.

El éxito es la mejor teoría, y no hay sabiduría que pueda cuestionar al éxito. La China actual es testigo y escenario de progreso económico y social, factores que la han convertido en centro de la atención mundial durante la primera década del siglo XXI. Independientemente de que se les aplauda o se les cuestione, estos logros ya son jalones de nuestra historia, la misma historia que, a escala universal, reserva para los agoreros del desastre chino su más acogedor basurero.


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