Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Las tropas de Arabia Saudí enviadas por el imperialismo no consiguen acabar con las protestas en Bahrein

In Actualidad, Represión on 16 marzo, 2011 at 10:09

Las fuerzas de seguridad de la monarquía de Bahrein retomaron el control de la céntrica plaza Perla, en Manama, escenario de las principales protestas antigubernamentales en el país. Vehículos militares, incluyendo tanques, fueron empleados para romper las barricadas instaladas por los manifestantes, que demandan reformas políticas en el pequeño reino del Golfo Pérsico. Al menos dos personas murieron durante los enfrentamientos. También se han escuchado disparos en otras partes de la ciudad y que las tropas ahora están rodeando el principal hospital.

El rey de Bahrein, Hamad Ben Isa al Jalifa, declaró ayer la ley marcial durante los próximos tres meses y cedió al Ejército el testigo de mando con la intención de que sean los militares quienes aplasten las protestas populares que se iniciaron en febrero y que han costado la vida al menos a diez personas. La decisión llega 24 horas después de que más de un millar de soldados de Arabia Saudí y de los restantes países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que reúne, además, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar, entraran el lunes en Bahrein a petición del monarca y con el consentimiento de EEUU.

La monarquía justificó la invasión “por la común responsabilidad de los países del CCG en el mantenimiento de la seguridad y estabilidad” en la región. Pero, la oposición describió la situación como una “ocupación flagrante” y un “complot contra el pueblo desarmado de Bahréin”.

Irán calificó de “inaceptable” la presencia de tropas extranjeras en Bahrein, un país que perteneció a la antigua Persia y donde el 70% de la población es chií. La familia real, la élite gobernante y el Ejército son suníes, y los chiíes se consideran discriminados en prácticamente todos los ámbitos, sobre todo a la hora de encontrar un trabajo. Estados Unidos trata de escurrir su implicación en la crisis a pesar de que Bahrein da cobijo a la principal base de la V Flota de la Marina estadounidense, cuya función principal consiste en vigilar a Irán.

La televisión estatal bahreiní informó de la declaración del estado de emergencia en un anuncio que suscitó todavía más desconcierto entre los manifestantes. En el comunicado se decía que el jefe del Ejército había dado órdenes a las autoridades “para que adopten las medidas necesarias para restablecer la seguridad nacional”. La jornada de ayer estuvo marcada por una violenta intervención de la Policía en el área chií de la isla de Sitra que se saldó con la muerte de al menos dos manifestantes y un policía, y con centenares de heridos que bloquearon las urgencias del principal hospital de la zona.

Uno de los muertos era un joven bahreiní de 24 años,Ahmed Farhan, que fue abatido de un tiro en la cabeza, según un médico del Centro de Salud de Sitra. La otra víctima mortal era un trabajador de Bangladesh. “Centenares de personas están aquí. Están por todas partes, en las salas y sobre el suelo del Centro de Salud. La gente está gritando y hay mucha sangre“, explicó el médico Ibrahim Yusef.

Un sistema democrático en Bahrein implicaría que los chiíes se hagan cargo del Gobierno, y esto es algo que la oligarquía suní no tolera, ni tampoco el resto de monarquías corruptas árabes que temen que si Bahrein hacen concesiones a los manifestantes, se quiera imitar esta tendencia en sus propios países, donde ya han tenido lugar algunas protestas, y se exijan también reformas democráticas.

Las dos decisiones radicales que se han adoptado el lunes y el martes la invitación a las tropas extranjeras y la declaración de la ley marcial indican que el régimen de Bahrein ha optado por no ceder ante las presiones de la calle, sino hacer caso a Arabia Saudí, que se ha movido de manera decisiva para reforzar a la familia real de Bahrain, enviando fuerzas militares a través del paso que une a los dos reinos luego del violento fin de semana de protestas a favor de la democracia, y desenmascarándose abiertamente como el gendarme regional del imperialismo.

El periódico Gulf Daily News informó que “las Fuerzas del GCC llegarán hoy a Bahrain para participar en el mantenimiento de la ley y el orden. Su misión será limitada para proteger instalaciones vitales, como petroleras, eléctricas y de agua, además de bancarias y financieras”. El desplazamiento continuó enfrentamientos en Bahrain el domingo que hirió a docenas de personas en lo que fue una de las manifestaciones más violentas desde que las tropas mataron a siete manifestantes el mes pasado.

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Libia y el tiempo roto

In Actualidad, África on 16 marzo, 2011 at 0:01

Elsa Claro


Vamos a suponer, solo a suponer, que el general James Clapper, director de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, tenga razón cuando advierte que Muamar El Gadafi ganará la contienda abierta en Libia. Más de uno se las vería duritas para adoptar una postura airosa si ocurre.

Nicolas Sarkozy sería uno a quedar muy, pero muy mal. Del apoyo al jefe de estado libio, pasó a otorgarle legitimidad a sus oponentes, sin ninguna transición de por medio. ¿Argumento para hacerlo? Dijo que para evitar un vacío de poder, “como en Somalia”. Bueno, de aceptar semejante tesis ¿serviría para Irak, durante 6 meses sin gobierno o en Bélgica, donde hace más de medio año tampoco hay y durante los últimos dos años se sucedieron gabinetes efímeros? Dicen que las comparaciones son cojas y esta también entra en ese saco, pero vale como referencia de que si se quieren forzar los escenarios, cualquier extremo tiene validez cuando son usadas formas de medir dispares.

El presidente francés abandera la ejecución de “bombardeos selectivos”. Según afirma, David Cameron le apoya. No sería demasiado raro. La Pérfida Albión ha acompañado empresas tanto y hasta más discutibles que esa. Parejo a la controvertida propuesta, no es muy asimilable que Sarkozy advirtiera, como añadido, que mantiene una posición “muy reservada” en cuanto a una intervención militar de la OTAN “porque las revoluciones árabes pertenecen a los árabes”. Eso es muy justo y cuerdo, pero contradice lo que a nombre de Francia hizo o procura.

En el escenario de las habituales discordias europeas aparece Ángela Merkel llamado a la unidad que hace mucho gestionan sin éxito en el Viejo Continente.

La propia Alemania introdujo elementos de sensatez al formular que una zona de exclusión aérea pudiera arrastrar a quienes la implanten a una “guerra en el norte de África”. Fue lo dicho por el jefe de la diplomacia germana Guido Westerwelle. La postura es realista pero no debe suscitar equívocos, pues la Merkel aseveró que Gadafi no es un interlocutor para la Unión Europea. ¿Se inclina a dialogar entonces con los insubordinados que estaban reculando desde las posiciones conquistadas y, quizás, se propone Berlín seguir los caminos de París dándole legitimidad al Consejo libio?

Entre varios analistas la lógica de estos tejemanejes está en que si no toda, parte de la oposición Libia obedece a intereses externos o es fabricada. Tal como hasta hace poco les sirvió Gadafi luego de él pudieran utilizar a equis. Lo hicieron ya en unos cuantos sitios.

Desde otro ángulo, la ambivalencia estadounidense no engaña, pero es de notar. Fueron los primeros en sugerir el boicot aéreo, pero casi de inmediato el jefe del Pentágono, Robert Gates dijo que establecerlo implicaba bombardeos previos y, a posteriori, otros arriesgados lances. ¿Conocería ya los avisos hechos por los servicios de inteligencia recién divulgados? Es probable, pero no es imposible que sus conclusiones partan del lastre que cargan por los tremendos empeños militares que hoy desempeñan y no de modo satisfactorio, por cierto.

Como fuere, Hilary Clinton amaneció el viernes 11 anunciando una ruptura de relaciones…con la embajada Libia. Ello implica el cierre temporal de esa sede en territorio de EE. UU., pero no es una suspensión de relaciones diplomáticas. La secretaria de estado expuso: “No aceptaremos a enviados del régimen de Gadafi representándole en Washington”. ¿Otra enfilada a arriesgados reconocimientos? Poco o regular, es otro escalón contra Trípoli, sumado a las sanciones económicas y al movimiento de recursos y efectivos hacia aguas cercanas a ese país o hasta usando a otros (Arabia Saudita) para ayudarles mientras se alcanzan definiciones.

Cuando el jefe de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, explicaba en rueda de prensa el otro día, los fundamentos sobre las cuales pudieran basar una intervención en Libia, citó: la necesidad de que fuera imprescindible, es decir, una situación tan anormal que lo justificase. En segundo término debe exitir mandato, autorización internacional, y tercero, que la región, los países colindantes, apoyen ese acto exterior.

En todo eso trabajan europeos y norteamericanos con furor digno de mejores destinos. Me digo, por ejemplo, que si tanto empeño, alarma y etc., etc. se hubiera empleado con respecto a Israel, los sionistas no habrían invadido varias veces a Líbano ni masacrado a los palestinos. El genocidio de Ruanda no existiría como imborrable mancha en la historia de la humanidad y de las organizaciones internacionales y estados que debieron evitarla. Mubarak, entre unos cuántos, no habría caído en los extremos sabidos.

Lo mismo ocurre con un grupo importante de acontecimientos y es imposible no pensar en los civiles que se continúan matando en Afganistán y Pakistán.

Como decía al inicio, vamos a suponer, solo a suponer, que prevalecerán la cordura y la rectitud, aún cuando sea poca la que hay en este roto tiempo.

¿Acaso La Habana no es una ciudad fenicia?

In Actualidad on 16 marzo, 2011 at 0:00

Rafael Hernández


Uno de esos cuentos que casi todo el mundo se sabe en Cuba es el de los fenicios. Un estudiante finalista decide jugársela en un examen oral de Historia, y aprenderse solo la parte de los fenicios. Por desgracia, las preguntas que le salen son sobre Egipto y Túnez. Sin inmutarse, recita: “Egipto y Túnez fueron dos grandes culturas. Sus principales ciudades se desarrollaron gracias a los fenicios, famosos navegantes de la antigüedad”. Ahí coge impulso y se lanza: “Hablando de los fenicios, eran los más grandes comerciantes del Mediterráneo, inventaron el alfabeto y el color púrpura, etcétera, etcétera”.

Desde el desencadenamiento de la crisis en el norte de África, se han multiplicado los artículos de prensa que arrancan hablando de Túnez, Egipto, Libia, para caer de plano en Cuba. Repasemos algunos botones de muestra.

Un editorial en el Wall Street Journal del 7 de febrero, se pregunta si Cuba será la próxima ficha después de Egipto; postula que la mayor diferencia entre ambos es tan simple como el acceso a Internet; y responde que la diferencia clave consiste en el grado de perfección del aparato represivo cubano, en comparación con el cual Mubarak es “poquita cosa” (”a piker“). Según la editorialista, si los cubanos pudieran acceder a Internet masivamente, expresarían los “pensamientos contrarrevolucionarios que guardan en sus cabezas. Si estos proliferan, ni los fornidos militares podrían salvar el régimen.Lo que distingue El Cairo de La Habana es Twitter y Facebook.

Repitiendo el argumento anterior, la agencia Fox News sostiene, en esa misma semana, que los temores en Cuba respecto al uso de Internet por la oposición son suscitados por la chispa de Egipto. “El problema es el acceso. En Egipto hay un acceso mucho mayor a InternetCuba es una sociedad mucho más cerrada que Egipto y que muchos otros países del Medio Oriente” –declara una académica de la Universidad de Miami.

El segundo tópico sobresaliente en esta saga fenicia es el de la violencia. Un artículo publicado en La Nación, de Costa Rica, se explaya:

Las dictaduras en Túnez y Egipto terminaron, y otras están hoy heridas de muerte. Quizás en pocas horas enterremos alguna más. En Cuba el descontento de la ciudadanía es pavoroso…solo falta que se cruce el umbral de la protesta masiva”.

Sin embargo, se lamenta el autor, “el problema adicional que tiene la democracia cubana es que gran parte del establishment mundial prefiere un lento cambio desde arriba a una incierta insurrección desde abajo que pueda generar una situación de gran inestabilidad, incluso violencia, y un fuerte golpe migratorio sobre los Estados Unidos.

A pesar de este reconocimiento sobre las preocupaciones que suscita en Estados Unidos y Europa la mera idea de una guerra civil en la isla, “la transición a la democracia será mucho mejor y más genuina si la iniciativa del cambio viene desde el pueblo, desde la calleEste es el momento de que esa tradición disidente se encuentre con el pueblo masivamente en las calles” (26/02/2011, La Nación).

En la misma línea insurgente, un artículo publicado en Excelsior, de México, que ha rebotado en Univisión y otros sitios, difunde la tesis del efecto dominó profundo que une Túnez, Egipto, Libia y otros parajes, con Cuba. Según la ley de “la contaminación política, por cierto muy afortunada”, este efecto “invadió a Egipto, así como a otros países musulmanes y hasta ateos, como el caso de China.

Sin conceder pausa para asimilar a estos 1 300 millones de chinos “ateos” que se alzan, el autor transita rápidamente hacia los fenicios:

¿Por qué los vientos renovadores musulmanes no cruzan el Atlántico para poder convertirse en un meteoro furioso que logre arrasar políticamente a la más grande de las Antillas?

Acto seguido, viene el llamado internacionalista:

¿Por qué el pueblo tunecino, el egipcio, el libio y más tarde el marroquí, entre otros tantos más, sí pueden derrocar a los dictadores… y los cubanos, entusiastas, alegres, creativos, generosos, constructivos y leales, no han podido sacudirse a esa maldita plaga que impusieron los hermanos Castro desde hace más de medio siglo? ¿Qué podemos hacer los mexicanos para ayudar a los hermanos cubanos a quitarse del cuello esas manos mecánicas, heladas y furiosas que los han asfixiado durante tanto tiempo?… Queremos ver a los cubanos puestos en pie de guerra como lo han hecho los egipcios, los tunecinos y los libios”. (Excelsior, 4 de marzo, 2011)

A diferencia de otras que surgen y se esfuman a la misma velocidad en el tráfico incesante de los medios, esta historia de fenicios se prolonga desde hace semanas. Dos aportes científicos recientes vienen a enriquecerla. El primero consiste en un boletín del Cuba Transition Project, enclavado en la Universidad de Miami, que sistematiza las analogías entre Libia y Cuba. Según este sofisticado estudio, ambos regímenes se parecen porque los dos tienen más de cuatro décadas, abaten aviones civiles en pleno vuelo, apoyan el terrorismo, les disparan a manifestantes pacíficos, saquean la riqueza del país en beneficio de los líderes máximos, y son enemigos fanáticos de los Estados Unidos. (”Some Similarities Between Cuba and Libya”, 7 de marzo, 2011)

Mucho más sutil y matizado, el otro artículo, publicado hace unos días en El País (“¿Qué pasa en Cuba?”, 7 de marzo, 2011), también entona el tema de Cuba haciendo uso de la crisis norteafricana:

Que la oposición cubana no llame al levantamiento popular o a la desobediencia civil, en medio de tantas persuasiones desde afuera para que siga el camino tunecino o egipcio, es bastante revelador de su apuesta mayoritaria por una transición pacífica.

Eligiendo las cuerdas en lugar de los clarines, este autor interpreta la misma melodía, solo que en un tempo moderado:

La oposición sabe que cualquier confrontación, en Cuba, puede derivar muy fácilmente en una crisis de seguridad nacional, por la eventualidad de una guerra civil o de otro éxodo masivo, y prefiere mantenerse más acá de la fina línea que separa la resistencia pacífica de la violenta.

En esta interpretación moderato cantabile, lo que separa a los disidentes egipcios y tunecinos de sus primos cubanos es que aquellos no vacilan en arrastrar a sus países a una sangrienta guerra civil, mientras que los pacíficos blogueros y luchadores por los derechos humanos de la isla, pudiendo imitarlos, optan por el camino de la resistencia cívica.

Que el lector me disculpe por inferirle estas extensas citas, que a primera vista no son sino una sarta de argumentos forzados, extrapolaciones irrisorias, lucubraciones que toman deseos por realidades, puros discursos anticastristas en estadios diversos de maquillaje ideológico, abonados por la ignorancia y la mala fe, que ni vale la pena comentar.

Su interés reside, sin embargo, en algo que está más allá. Invito a pensar sobre esta colección de declaraciones no porque estas revelan un plan, un diseño propagandístico hábilmente montado, una conspiración trasnacional para desestabilizar a Cuba. Por supuesto que no han faltado nunca planes, campañas, asedios de todo tipo contra el socialismo cubano, ni antes ni ahora. Llamo la atención aquí, sin embargo, sobre un fenómeno de mayor alcance, consistente en el cultivo y reproducción de un cierto sentido común sobre el socialismo y sobre Cuba, hecho de verdades aprendidas, de premisas admitidas sin cuestionamiento, de una imagen totalizada que copa la esfera pública, de lógicas que se repiten ad nauseam en los más diversos estilos de elocución, y que irrumpen en espacios tan disímiles como redes sociales, textos escolares, iglesias, grupos informales. La verdad es que los resonadores de este modo de pensar no están instalados solo en los grandes medios de difusión, sino en la propia sociedad civil. Esta ya no se estructura en un adentro y un afuera, pues para estos fines, las fronteras se han ido desvaneciendo -también las de esta isla.

Lo que vale la pena comentar de esta colección de exégesis sobre Cuba no son sus obvias diferencias, sino sus convergencias en torno a la construcción de la imagen del país. Estas ilustran mejor que nada su índole negadora, su carácter refractario al diálogo y al debate de ideas, su pobre ejercicio de la pluralidad, su código totalitario, su ineptitud como paradigma de crítica social y política.

Si se examinan detenidamente, estas representaciones muestran un grupo de puntos de consenso, que articulan ese sentido común imperante. Veamos algunos.

La realidad cubana es bidimensional: los que apoyan incondicionalmente el orden político, y los que se le oponen radicalmente.

a. Nadie puede criticar las políticas del gobierno, ni expresar puntos de vista discrepantes del oficial, ni cuestionar el orden establecido. El que disiente, se convierte automáticamente en disidente.

b. Ninguna institución ni medio de difusión tolera expresión alguna de disentimiento. El incumplimiento de este mandato provoca castigo severo, incluida la prisión.

c. La sociedad se divide entre los que deciden y los que obedecen. En un ínfimo resquicio entre ambos, habitan los disidentes, y (a veces, depende del mes y del año) la iglesia católica.

d. Los que deciden defienden la perpetuación del status quo; el cambio (las reformas, el ajuste, etc.) está en el interés de todos los de abajo. (Si se admitiera su hipotética existencia, “promotores del cambio arriba” y “conservadores de abajo” serían especímenes rarísimos, que no modifican el orden binario prevaleciente.)

No hay cambio real en Cuba, se trata de un ejercicio de manipulación ideológica.

a. Las dos opciones disponibles en una perspectiva de cambio son el socialismo (variante única: socialismo real soviético hipercentralizado y vertical) y el capitalismo (muchas variedades de democracia occidental, incluida, desde luego, la socialdemócrata).

b. Todo otro cambio, que no conlleve el tránsito de la primera a la segunda opción, resulta menor y, a la larga, insignificante.

Los cubanos no saben lo que pasa en el mundo, ni siquiera en su propio país, viven en una especie de limbo inerte, en un estado de pasividad y achantamiento.

a. Los únicos que están informados sobre lo que pasa “afuera” y “adentro” son los funcionarios, los grupos disidentes y los blogueros “independientes”.

b. El acceso a Internet está tan restringido y controlado, que ninguna expresión de disentimiento, mucho menos de oposición política, originada “adentro” o “afuera” logra circular.

c. Internet y las redes sociales son por sí mismas instrumentos subversivos del sistema, de manera que si su uso se extendiera, el régimen se hundiría.

d. Los disidentes y los blogueros “independientes” son los motores del cambio, ya que no solo disponen de la información y el acceso al saber constituido, sino del know-kow técnico (Facebook, Twitter, etc.) y político para liderar la transición democrática en Cuba, apoyados por “el exilio” y “el resto de las democracias”.

Además de su aceptación incuestionada, lo primero que me llama la atención acerca de este peculiar sentido común son sus muchos puntos de contacto con la lógica de los conservadores, es decir, de aquellos que representan la mentalidad del inmovilismo en Cuba. A reserva de sus signos ideológicos opuestos, restauracionistas de “afuera” y conservadores de “adentro” comparten muchos enfoques y estilos de pensamiento.

El segundo rasgo desconcertante de estas crónicas sobre la ola de descontento del norte de África hasta La Habana evoca el mundo invertido de Lewis Caroll en A través del espejo y Alicia en el País de las Maravillas. Quienes hasta hace poco consideraban a Libia como un país con el que mantener relaciones diplomáticas normales, negociar petróleo y tecnología; a Egipto y Túnez como regímenes aceptables, colaboradores en la lucha contra el “terrorismo internacional”, a los que era razonable venderles armas; ahora les llaman dictadores y los amenazan con la intervención militar. De la misma manera, los que han atacado sin tregua todas las revoluciones sociales por sus “atrocidades y excesos”, no vacilan en convocar (desde lejos) a manifestaciones masivas por la democracia en las calles de La Habana; los que escriben sistemáticamente en sus blogs y columnas editoriales contra todo lo que ocurre en Cuba, emplazan a quienes, dentro de la isla, disienten, critican y debaten cara a cara los problemas no resueltos del socialismo; los que han execrado el radicalismo como estilo político de la Revolución cubana, ahora demandan cambios económicos y políticos “más audaces”.

Según estas representaciones en boga, en Cuba no hay debate. Tanto las publicaciones intelectuales, los discursos, los libros disponibles, y hasta las aparentes controversias de ideas, son solo cortinas de humo, donde no se aborda nada político ni sustancial. Los únicos que critican -y por eso mismo resultan anatematizados y marginados por “el poder”- son los disidentes y los blogueros “independientes”.

Detengámonos un momento sobre estos personajes tan mal comprendidos. ¿Cuál es su verdadero papel y significado político? Si de capacidad para influir en el cambio se trata, lo decisivo no es tanto quiénes son; ni si tienen o no profundas convicciones ideológicas; ni si se creen que ese es el camino correcto o apenas un modo de buscarse la vida; ni si algunos se declaran, junto a casi todos los gobiernos del mundo, en contra del bloqueo; sino lo que hacen, sus discursos y conductas reales, en relación con temas tan repetidos como el diálogo, el pluralismo, la democracia, la “reconciliación nacional” y el propio sentido del cambio. ¿Es que sus palabras y comportamientos buscan el diálogo con el gobierno, con instituciones establecidas dentro de la isla, con otros ciudadanos que piensan diferente a ellos? ¿En cuál de sus declaraciones y acciones se advierte la voluntad de tender puentes, no hacia los que los apoyan y promueven “afuera” y “adentro”, sino hacia los cubanos que defienden el socialismo? ¿A qué idea del pluralismo, la democracia y el diálogo se acogen, no solo cuando insultan, con la misma ferocidad que les imputan a los medios oficiales, a todos los que no piensan y actúan como ellos, sino cuando se atrincheran en la negación, en una crítica estéril, que hace tabla rasa de todo y de todos?

El problema de fondo en el discurso disidente, manifiesto en el fenómeno del ciberchancleteo, no es la falta de buenos modales o civilidad, y mucho menos el mero disentimiento, sino la actitud rasante, el vacío ideológico, la poca propuesta alternativa viable y realmente pluralista, la débil articulación intelectual y, naturalmente, la escasa legitimidad, agravada por sus vínculos con gobiernos e instituciones que los promueven por sus propios fines. (No se trata solo de que les paguen, sino sobre todo de cómo los usan.) En definitiva, ¿qué opinan esos gobiernos realmente sobre ellos? Ningún disidente tiene una visión política que podría aplicarse en un futuro gobierno”, admite confidencialmente la Sección de Intereses en La Habana ante el Departamento de Estado (9 de abril de 2009), según los documentos de Wikileaks. Entonces, me pregunto, ¿qué gobierno del mundo negociaría con semejante “oposición”?

Uno podría pensar que el cambio se construye exponiéndose al costo que siempre entraña la confrontación de ideas, cuando tiene un significado político real para el propio cambio; tratando de convencer y aclarar, de educar sin prepotencia y de estar dispuesto a aprender, incluso de los argumentos que no se comparten; poniendo por delante no solo convicciones e ideologemas, sino conceptos claros y dirigidos a una práctica concreta, a actuar sobre una realidad social y política aquí y ahora, no en el fondo de un sombrero ni en otro país. Uno podría creer que cultivar una cultura democrática no es hacer la guerra por otros medios.

Sin embargo, según la ciencia política de tribuna editorial en torno a Cuba, la democracia es un constructo basado en citas de autores puestos de moda por las editoriales de Madrid o Nueva York, en un saber lineal y oclusivo, que es necesario aprender, a la manera de una maquinita escolar, que ofrece respuestas a todas las preguntas, lo mismo si estas atañen a lo que está aconteciendo ahora mismo en Beijing, Ciudad Juárez, Trípoli o La Habana. ¿Qué hacer con un país cuyos dirigentes, políticos, intelectuales, novelistas, artistas, es decir, sus “elites, no están interesadas en aprender cómo funcionan las democracias”?

Me figuro que no tiene remedio. Ahora, que, pensándolo bien, esto no debería intrigarnos demasiado. Los cambios en Cuba han sido imaginados antes, por esta misma ciencia política, como repeticiones de las transiciones en España, Chile, Polonia, Checoeslovaquia, y la mismísima Unión Soviética. Por si fuera poco, durante los últimos meses, las mismas fuentes tienden a predecir el futuro de la isla como parte del Lejano Oriente. A fin de cuentas, ¿acaso nos debe sorprender que La Habana no sea más que una ciudad fenicia?