Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Aumentos de salarios… ¡al fin!

In Actualidad, Economía, Laboral on 20 marzo, 2011 at 0:01

Li Hong


El Gobierno central de China ha decidido aumentar los sueldos de los trabajadores. Yin Weimin, ministro de Recursos Humanos y Seguridad Social, prometió ante la sesión de la Asamblea Popular Nacional (APN) un incremento del salario mínimo obligatorio de por lo menos 13 por ciento anual durante los cinco años próximos. Ello supondrá un aumento combinado de la paga del 65 por ciento para 2015.

La medida era pedida a gritos desde hace mucho. Saludamos la voluntad política de la dirigencia de mejorar el bienestar del grupo que más duro trabaja en el país, y que, sin embargo, ha tenido menos voz.

Los intereses adquiridos, incluyendo los de las empresas privadas y las compañías multinacionales que han invertido en China y han hecho una fortuna aquí gracias a la mano de obra barata de China, no se sentirán precisamente felices con la decisión del Gobierno, y se espera que traten de evitar los incrementos. Se quejarán del costo de la mano de obra y de la pérdida constante de fuerza de trabajo barata en China, y amenazarán con llevarse sus fábricas a otros países donde la fuerza laboral es aún peor pagada.

Contra viento y marea, Beijing debe mantener su decisisón de plantar cara a estos intereses creados.

Desde los años 80, la mano de obra barata de China ha sido el motor que ha movido la mayor fábrica del mundo -y la maquinaria exportadora más expansiva también– siempre a costa de los derechos legítimos de los trabajadores. El país se enriquece cada día más gracias a las mayores reservas de moneda extranjera del mundo, que alcanzaron los 2,85 billones de dólares a finales de 2010, mientras brotaban como hongos las grandes avenidas urbanas, transitadas por millones de automóviles relucientes, por un lado, y por el otro decenas de millones de obreros, genuinos productores de la abundancia, quedaban al margen de cualquier beneficio.

Las entidades reguladoras del Gobierno han sido escandalosamnete lentas para elevar los salarios mínimos de los trabajadores emigrantes en el pasado, mientras nos golpeaban las constantes críticas de los gobiernos y prensa occidentales en el sentido de que los trabajadores chinos son poco menos que “esclavos”.

Es definitivamente peligroso para un país tan grande como China permitir que la riqueza se concentre cada vez más en manos de algunos centenares de miembros de la élite, mientras que 750 millones de campesinos siguen viviendo en la pobreza.

Esperamos por tanto que al Gobierno no le tiemble la mano al materializar su promesa y que sea además capaz de neutralizar cualquier cabildeo para evitar la puesta en práctica de estas medidas.

Solamente cuando la mayoría de esas 750 millones de personas se vean asistidas de la esperanza de mejorar sus vidas con el trabajo, y les sea dada la oportunidad de cambiar de domicilio yéndose a las ciudades y sumarse a la clase media, podrá China afirmar que ya es un país moderno y desarrollado.

 

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