Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Doble rasero y sed de petróleo, los criterios de Occidente

In Actualidad, África on 24 marzo, 2011 at 9:14

Editorial de
Diario del Pueblo


Las operaciones militares que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia lanzaron contra numerosos objetivos en Libia desde el pasado 19 de marzo, bajo el denominador de Odisea del Alba, se han ampliado más allá de lo estipulado en la resolución de la ONU sobre la zona de exclusión aérea. Los ataques han causado numerosos víctimas mortales y heridos.

La intervención ha sorprendido al mundo, colocando a la vista de todos el verdadero objetivo de la operación militar.

Si algo queda claro en todo este empeño occidental, es el doble rasero que las potencias involucradas aplican a Libia, en contradicción con los objetivos iniciales de la ONU de establecer una zona de exclusión aérea para proteger a los civiles en Libia, dijo Amro Moussa, secretario general de la Liga Arabe, organización que presentó el proyecto de resolución 1973 de la ONU.

Pero esto no es noticia. Por mucho tiempo, Occidente se ha adherido a dobles discursos al aplicar sus valores, con vistas a garantizar la protección de sus intereses. De tal suerte, los valores que defiende Occidente quedan equiparados a sus intereses estatales como principal sostén moral al abordar los asuntos internacionales. En los casos en que el concepto en abstracto choca con los intereses estatales reales, el primero deja de regir la conducta y se obedece a los segundos.

En las recientes revueltas en el Medio Oriente, Occidente ha aplicado una multiplicidad de criterios, dada la complejidad del panorama en la región. Igualmente, aún permanecen frescas en la memoria las posiciones adoptadas por esas potencias durante la guerra entre Irak e Irán, cuando los medios occidentales describían a Sadam como héroe contra el fundamentalismo. Por su parte, Estados Unidos suministraba informaciones a ambas partes beligerantes, de modo que no emergiera entre ellas ningún vencedor.

Tampoco se olvida el hecho de que hace tres años, Muammar el Gadafi estuvo en Francia, como invitado de honor del presidente francés.

El punto central en este tema es que la intervención militar y política de Occidente en en el Oriente Medio se vincula de modo inexorable al petróleo y la posición estratégica de la región. Al igual que Irak, Libia ha sido víctima de los ataques occidentales por el petróleo. ¿Cómo explicar si no el celo con que los países occidentales, sumidos en la crisis finaciera, recurren a la fuerza armada contra otros países?

En el caso de Francia, que lleva la delantera en los ataques contra Libia, bien podría sopesarse el renacimiento de un viejo sueño colonial en el Norte de Africa, o quizás pese más la premura por ganar votos en las venideras elecciones del país galo.

En lo que a EEUU atañe, su participación menos destacada en la campaña podría obedecer a las actuales divergencias en el seno de la administración de Obama, así como al compromiso alcanzado entre el secretario de Defensa, Robert Gates, partidario del realismo, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que se decanta por cierto idealismo.

De paso, el Pentágono se ha apresurado a aclarar que el objetivo del ataque militar contra Libia no es derribar al actual gobierno. Esta declaración da mucho que pensar. Quizá EEUU intenta guardarse cartas en la manga para alguna eventualidad.

Las revueltas del mundo árabe son resultado de la evolución del entorno internacional y de la situación regional en lo político, militar y cultural. La civilización islámica es una de las principales del mundo y la evolución de su entorno dependerá de hasta qué punto calen los cambios en esa cultura.

 

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