Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La legitimidad de los poderosos

In Actualidad, África on 29 marzo, 2011 at 0:02

DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

La primavera siembra de colores nuestros campos y nos levantan el ánimo, se convierte en un ligero bálsamo ante la realidad socio-política de cada día. Hay algo que estamos viviendo de una manera doliente: el ataque al ser humano indefenso. Es lo que está pasando estos días con el bombardeo a Libia y el intento de controlar la “primavera” de las revueltas árabes. Les parece que se están saliendo del plato y el ataque a Gadafi puede ser un advertencia para los que pudieran poner en peligro los intereses económicos y estratégicos de los poderosos.

Además de por eso se sufre por los ataques a la verdad, la repetición a través de los medios de comunicación de una serie de falsedades, al estilo Goebbels, se convierte en verdades de fe para una mayoría de lo población. Algunos serían capaces de irse voluntarios a matar infieles u obligar a los propios gobiernos a hacerlo. A pesar de ello cada vez somos más los que estamos conscientes de que los verdaderos motivos de los ataques a ciertos países son estratégicos y sobre todo económicos, entre ellos los relacionados con la energía petrolífera o del gas.

Se dice en los medios informativos, por ejemplo, que el ejército libio ataca con aviones a los manifestantes. Esto no se puede demostrar, buscando en diferentes medios, internet y otros, no encontramos fotos o videos que lo certifiquen, a pesar de que la mayoría de los libios tienen móvil y lo usan para reflejar otras escenas, como la ejecución por parte de los supuestos revolucionarios de soldados y policías. Además, de los 220 muertos y 500 heridos graves en Bengasi se producen durante el asalto de los rebeldes a un cuartel. Gadafi es un dictador y era un dictador antes de estos sucesos, quizás no peor de otros tantos tolerados en Guatemala, Marruecos, Arabia Saudí, las monarquías del Golfo Pérsico y otras tantas. Podríamos añadir a los países declarados modelos “democráticos” en los que gobierna la “dictadura del dinero” desde la cual se explota a sus pueblos, se corrompe, se controlan los medios de comunicación y se declaran guerras a otros países para dominar sus riquezas petrolíferas o de otra índole. Ahí tenemos las masacres cometidas contra muchos seres humanos indefensos en Irak, Afganistán, Pakistán, Latinoamérica…

Se apunta que la ONU, que representa a la Comunidad internacional, esta legitimada para declarar la guerra cuando se ataca a los propios ciudadanos. Suponiendo que la ONU estuviera autorizada para ello no se aplica con la misma vara de medir en semejantes situaciones. Por ejemplo, el ataque a los manifestantes de Bahrein con 1500 soldados de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Independientes, y en presencia de la V Flota imperial; los 50 civiles y 200 heridos en el Yemen; los 1500 ciudadanos asesinados en Gaza en una serie de agresiones del ejército israelí, el asalto de Marruecos a los saharauis acampados pacíficamente en las afuera del Aaiún… y tantos otros sucesos en diferentes lugares. Se aplican las normas de modo arbitrario sin ningún respeto a la justicia ni al “sentido humanitario”.

Además sabemos que la ONU, en concreto su Consejo de Seguridad, tiene una representación muy poco democrática. Ha sido constituido por las cinco potencias vencedores de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia a las que se añadió China. Todas ellas con derecho a veto, si a alguna no le interesa un tema, vota en contra y anula la resolución. A ellos se han añadido otros países emergentes, que en este caso se abstuvieron, algunos quizás presionados por los más poderosos. Según ciertos expertos no controlados por las dictaduras capitalistas del dinero, la resolución 1973, del 17 de marzo, contra Libia es ilegal, no se adapta al punto 7 del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas ni tampoco al artículo 39.

Ante todo estos hechos y atropellos debemos más que nunca ser amantes de la verdad ante la manipulación y organizarse creando nuevas alternativas solidarias de funcionamiento social y político. Bueno amigos, les dejo con unos versos en contra de las guerras del poemario “Vuelos de palmera”: Guerra, negros topos / se ocultan tras decisiones de ONU, / derechos internacionales. / Negras floridas retóricas esconden / negros intereses de petróleo / e industrias de armas negras, / poderes financieros e intereses / estratégicos de negras grandes potencias.

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16º Congreso de la FSM: alcémonos contra la barbarie capitalista, por la paz y por un mundo sin explotación

In Actualidad, Laboral on 29 marzo, 2011 at 0:01

El sindicalismo de clase internacional se reunirá en Atenas, Grecia, del 6 al 10 de abril, en el 16º Congreso Sindical Mundial, con la consigna “Trabajadores alcémonos contra la barbarie capitalista, por la paz y por un mundo sin explotación”.

Las anteriores ediciones se realizaron en Damasco, Siria; Nueva Delhi, India; y, La Habana, Cuba; significando un franco proceso de fortalecimiento de la Federación Sindical Mundial (FSM).

En la Convocatoria expresa que este 16º Congreso Sindical Mundial “analizará la situación actual en todos los sectores y en todos los niveles. Examinará los progresos de la Federación Sindical Mundial (FSM), los éxitos y fracasos, las nuevas tareas que tenemos por delante para defender los intereses de los trabajadores, los derechos y libertades sindicales y las causas justas de todos los pueblos y naciones de todo el mundo.

La FSM cuenta con 200 sindicatos nacionales y sectoriales en 110 países, con 72 millones de miembros, pero más que las cifras, su fuerza y potencial se encuentra en sus posiciones y acción, en su estrategia, su táctica e iniciativas.

Se organiza por oficinas regionales en América Latina, Asia y el Pacífico, África, Europa y Oriente Medio, e impulsa iniciativas militantes de los sindicatos nacionales afiliados y las organizaciones sectoriales de las Uniones Internacionales Sindicales (UIS) de la Construcción, el Metal, los Transportes, la Energía, los Servicios Públicos, la Agroalimentación, las Finanzas, la Educación, y los Hoteles y Turismo.

La FSM expresa que “el período en que vivimos es un período de imperialismo agresivo, de nuevas políticas liberales antilaborales y de crisis económica internacional del sistema capitalista. Esta crisis se manifiesta en todos los sectores: en la economía, en el plan social, en el medio ambiente, en la calidad de vida, la cultura y los cambios climáticos. (…) Es imposible que el capitalismo resuelva los problemas de los pueblos del mundo.

Asimismo, sobre Latinoamérica, la FSM señala directamente el papel del imperialismo estadounidense, con “calumnias y ataques contra la heroica Revolución Cubana, ataques e injerencias contra Venezuela, Bolivia y Ecuador, la ocupación en Haití, el apoyo a la dictadura en Honduras. En Colombia, en los últimos cinco años más de 210 sindicalistas han sido asesinados y el país se está transformando en una base militar estadounidense.

LA CUESTIÓN CRUCIAL

Bajo condiciones de globalización capitalista, la FSM se plantea una pregunta crucial: en las circunstancias actuales, en el mundo contemporáneo, ¿qué tipo de movimiento sindical internacional necesita la clase obrera mundial? Hoy en día, en las condiciones de crisis económica internacional, esta pregunta es aún más pertinente e importante.

– ¿Necesitamos hoy un mecanismo burocrático internacional que coopere con las multinacionales y el capital, o una Organización Internacional como la FSM, que ha decidido avanzar en base a los principios, la cultura y los valores del movimiento sindical de orientación de clase?

– ¿Necesitamos un mecanismo internacional burocrático que negocie y muestre comprensión hacia la abolición de los derechos de los trabajadores, que esté de acuerdo con las pérdidas de derechos de los trabajadores en las relaciones laborales o una Organización Sindical Internacional como la FSM, que exige y lucha por la satisfacción de las necesidades contemporáneas de todas las familias de la clase trabajadora, por una vida digna y de pleno derecho?

– ¿Necesitamos un mecanismo sindical internacional burocrático y agresivo que en sus discursos mantenga la misma distancia entre las fuerzas de ocupación israelí y el pueblo de Palestina, que participe en las calumnias contra Cuba, Venezuela y Bolivia, o una Organización Sindical Internacional como la FSM que, en la teoría y en la práctica, sigue los principios y valores del Internacionalismo Proletario y la Solidaridad Obrera?

– ¿Necesitamos un mecanismo burocrático internacional que gaste dinero, que compre y venda sindicatos y sindicalistas, o una Organización Sindical Internacional basada en la ideología, en su estrategia política y social?

65 AÑOS DE LUCHA CLASISTA

La Federación Sindical Mundial (FSM) es una organización sindical internacional democrática, clasista, de lucha de todos los asalariados, que apoya y estimula la acción de los sindicatos de todos los países por el logro de derechos y reivindicaciones independientes de los trabajadores, para defender sus intereses, combatir toda forma de dominación y servilismo, explotación y opresión, por el avance socioeconómico, que desarrolla y coordina la cooperación y la solidaridad.

La FSM realizó su Primer Congreso (fundacional), en París, del 3 al 8 de octubre de 1945; al cual asistieron delegados en representación de 67 millones de trabajadores miembros de 56 organizaciones nacionales de 55 países y 20 organizaciones internacionales.

La fundación de la FSM se consideró un signo precursor de la nueva era que se iniciaba con la derrota del fascismo a manos de la alianza antifascista. Los trabajadores y las fuerzas democráticas vieron en la victoria un nuevo futuro para el mundo, un futuro libre del imperialismo y del colonialismo y en el que la libertad, la paz, la democracia y la prosperidad progresarían por el bien de toda la humanidad.

Una de las Resoluciones adoptada por el Congreso Sindical Mundial de París perfiló los principios de un estatuto fundamental sobre los derechos de los sindicatos y sus demandas inmediatas, reafirmando con fuerza las demandas fundamentales de los trabajadores:

– Libertad de organización sindical para todos;

– Abolición de cualquier tipo de discriminación basada en la raza, creencias, color o sexo;

– El derecho al trabajo y a las vacaciones pagadas;

– Sueldos adecuados y un mejor estilo de vida (vivienda, comida, etc.);

– Seguridad social con garantías para el desempleo, la enfermedad, los accidentes y la vejez.

PROYECCIÓN DE FUTURO

Sindicalistas de todos los continentes crearon la FSM como central sindical clasista internacional, reflejando el sentir de su lema: “Proletarios del mundo, uníos”.

Desde su fundación, la FSM priorizó su trabajo en la juventud trabajadora, apoyando su formación política, ideológica y sindical; ha impulsado generaciones de dirigentes sindicales en todo el planeta y por consiguiente un movimiento sindical combativo y antiimperialista que logró grandes conquistas desde la década de los años 50 del siglo XX.

La preocupación de la FSM por el fortalecimiento de la consciencia de clase en la clase obrera y en especial de la juventud trabajadora alarmó al gran capital imperialista. Temeroso de su unidad y su fuerza, se planteó como objetivo impedir la unidad de la clase obrera, recurriendo a maniobras sucias, disponiendo presupuestos fabulosos para comprar conciencias y así dividir a la FSM.

La FSM sigue respondiendo a los ataques reafirmando los principios de unidad y solidaridad de clase y ratificando su lucha contra el gran capital; hoy la FSM se recupera e intensifica nuevos rumbos a partir del 15º Congreso realizado en La Habana, Cuba, en 2005.

La FSM ratifica que el futuro del sindicalismo clasista está en manos de la juventud trabajadora de hoy.


Documentos del 16º Congreso Sindical Mundial (Pacto de Atenas)



[Fuente: Tribuna Popular]

No me protejas, compadres de la OTAN

In Actualidad on 29 marzo, 2011 at 0:00

Juan Marrero


¿Cuántos crímenes se han conocido contra la Humanidad, de modo significativo desde que el imperialismo yanqui incursiona en la escena mundial, y que se han pretendido justificar con endulzados vocablos?

“Proteger a civiles” es la última etiqueta humanitaria empleada en la aventura militar de la OTAN, encabezada por Estados Unidos, contra Libia.

Al parecer, por ser tan poco creíble, se ha dejado atrás aquello de dar protección a ciudadanos norteamericanos que residían o se encontraban en los países agredidos, tal como ocurrió en numerosas de las intervenciones militares lanzadas en América Latina y el Caribe en el anterior siglo.

Cálculos, ambiciones e intereses materiales han estado siempre muy presentes en las aventuras militares del Imperio y sus secuaces. Así lo hicieron en Cuba, territorio que deseaban poseer desde la segunda década del siglo XIX. Desembarcaron en 1898 para quitársela a España e impedir, al mismo tiempo, la victoria del Ejército Libertador de Cuba. Apoyados por Hearts y Pulitzer y sus emporios mediáticos, para convencer a la opinión pública estadounidense y mundial, se presentaron como defensores humanitarios del pueblo cubano, diezmados por la reconcentración del sanguinario Valeriano Weyler. Y por la fuerza se apoderaron de Cuba y también, en virtud de esa fuerza, le impusieron la Enmienda Platt y el establecimiento de la base naval en Guantánamo, y, además, el derecho a desembarcar tropas cada vez que consideraran en peligro sus intereses a causa de conflictos internos.

Y, de igual modo, como gendarmes del mundo, invocan en el caso de Libia la necesidad de proteger a la población civil, salvaguardar el orden y quitar del poder al gobernante Gadafi, quien políticamente ha sido una veleta que no ha dejado de dar tumbos de un lado a otro. Los gobiernos de Estados Unidos y de Europa lo quieren aplastar en momentos en que Gadafi tenía calurosas relaciones diplomáticas, económicas y hasta militares con ellos. Con el imperialismo -enseñó Che Guevara- no se puede confiar “ni un tantico así…” El oportunismo de las potencias capitalistas, sin duda, ha guiado esos pasos que van dirigidos a adueñarse del petróleo liviano libio. Se dice que el 3,5 % de las reservas de petróleo mundiales están en Libia, en su mayoría bajo las arenas de la parte oriental del país, donde precisamente nació la sublevación de “la población civil”. Por algo hay versiones que hablan de la posibilidad de dividir a Libia. Frei Betto, en un reciente artículo, sintetizaba la esencia de la agresión con pocas palabras: “El discurso de Occidente es la democracia; el interés es el petróleo. Al capitalismo sólo eso interesa: privatizar las fuentes de riqueza”.

No es nuevo tampoco el ejercicio de políticas oportunistas en las aventuras militares de los imperialistas. Recordemos el episodio de la pequeña islita de Granada, en 1983. Aprovechando una situación interna (el conflicto entre personalidades del gobierno y de concepciones de métodos de dirección que llevó al asesinato del primer ministro Maurice Bishop), Estados Unidos desembarcó miles de soldados de la 82 División Aerotransportada con el pretexto de salvaguardar las vidas de casi mil estudiantes estadounidenses en ese país. Fue una de las muchas mentiras que se dijeron entonces y, en particular, sobre la colaboración de Cuba con ese pueblo, en la construcción de un aeropuerto civil. Monstruoso fue el crimen cometido por Estados Unidos en busca de destruir la revolución granadina, algo que ya habían hecho los propios revolucionarios granadinos con su división y sus errores.

Desde los días de Teodoro Roosevelt, el de la época del desarrollo de las cañoneras y de la política del “Big Stick” (Gran Garrote), a finales de siglo XIX expresó que Estados Unidos estaba necesitado de una guerra, y apropiarse de Cuba, Puerto Rico, Las Filipinas estuvo en sus decisiones, y que años después recibió el Premio Nobel de la Paz, se planteó el Destino Manifiesto de ese país. Albert Beveridge, uno de los asesores de Teodoro Roosevelt, lo esbozó con estas palabras: “Dios ha preparado a los pueblos teutónicos y a los pueblos de habla inglesa…para que establezcamos el orden allí donde reina el caos. Nos ha hecho aptos para que (…) podamos administrar a los pueblos bárbaros y seniles. Sin esta fuerza, el mundo volvería a caer en la barbarie y en la oscuridad”.

Esas ideas, insensatas y dementes, no han sido abandonadas ni en el anterior ni en el presente siglo. Lo ocurrido en Iraq, Afganistán y ahora Libia son muestras bien elocuentes de las últimas fechorías lanzadas en nombre de la democracia, de la libertad, de proteger las vidas de la población civil. Un millón de muertos solo en Iraq, 40 mil en Afganistán. ¿Cuántos se contabilizarán en Libia?

Ni siquiera gobernantes de Estados Unidos, sin importar el color de su piel, que prometieron antes de las elecciones tener una ética diferente, han podido ceder a ineludibles realidades y apremiantes intereses del Imperio. Un idealista como Woodrow Wilson, quien decía en sus discursos “no deseamos ni conquistar ni dominar; no perseguimos ningún fin egoísta”, envió tropas a México, Santo Domingo, Haití, Cuba, Nicaragua, Panamá y Honduras bajo su mandato. Llegó, en fin, a realizar más intervenciones militares en América Latina que las ordenadas por sus predecesores Ted Roosevelt y Taft, en las primeras décadas del siglo XX. Y a Obama, que llegó a la Casa Blanca con un programa que prometía cambios, entre ellos fomentar la causa de la paz, no ha podido poner fin a la presencia militar en Iraq, se ha empantanado en Afganistán y ahora ha dado la orden de arrojar misiles desde sus barcos y aviones contra Libia.

Por estos días, la revista Der Spiegel ha publicado tres impresionantes fotos de crímenes de civiles cometidos por tropas norteamericanas en Afganistán, el 15 de enero de 2010, cuando ya hacía un año que Obama estaba en la Casa Blanca. En una de ellas, la más ofensiva, aparece uno de los soldados riéndose frente al cadáver, ensangrentado, de una de las víctimas. Mataron por diversión. Y hay 4 000 fotos similares no publicadas sobre tal masacre. Nos preguntamos: ¿Acaso la población civil de Libia podrá tener mejor suerte que la de Afganistán?

Lo dudamos.

Y, por eso, todos los pueblos agredidos y hoy los libios tienen todo el derecho a decir, a los países de la OTAN, y en particular a su cabecilla Estados Unidos: “No queremos ni necesitamos la protección humanitaria de ustedes”. Déjennos tranquilos y en paz para poder por nosotros mismos resolver los problemas. Lo mejor que pueden hacer es ocuparse ustedes de sus problemas domésticos que son bastantes: desempleo, déficit presupuestario, gigantescas deudas, enfermedades, gente sin hogar, corrupción, contaminación ambiental…y etcétera, etcétera.


(*) Juan Marrero es vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba


[Fuente: CubaDebate]