Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Zapatero anuncia que no se presentará a la reelección en 2012

In Actualidad on 2 abril, 2011 at 12:55

SIGUIENDO LAS INSTRUCCIONES DE EMILIO BOTÍN, DICE QUE AGOTARÁ LA LEGISLATURA

José Luis Rodríguez Zapatero no será el candidato del PSOE en las próximas elecciones generales. Así lo ha revelado ante el Comité Federal de su partido, tras meses de especulaciones. Siguiendo las instrucciones que ha recibido recientemente de Emilio Botín y otros representantes de la oligarquía española, ha anunciado también que agotará la legislatura.

Con este anuncio, el presidente acaba con el debate sobre su continuidad que convulsionaba al partido, y se pliega a las exigencias de los barones, que llevan meses exigiendo su retirada para poder concentrar sus energías en las elecciones municipales y autonómicas.

Sin embargo, lejos de acabar con la incertidumbre, el líder del PSOE ha abierto oficialmente la carrera para sucederle y pasa a ser un presidente en funciones.

Para mitigar esta situación, Zapatero pidió al partido “respeto y lealtad” para que su anuncio no se lleve por delante tanto la cohesión en el PSOE como la confianza internacional en las contrarreformas económicas del gobierno español.

Así, insistió en que no abandonará la Moncloa hasta marzo de 2012, y que, en lo que resta de legislatura, seguirá volcado en su agenda de recortes laborales y sociales.

Sobre el sistema para elegir al candidato para las generales, el secretario general del PSOE ironizó con que “el dedazo simplifica mucho las cosas”, pero se mostró “orgulloso” de poner en marcha un procedimiento de primarias.

Ninguna pista sobre quién es su favorito o favorita para sucederle. Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, señalados como contrincantes en esta batalla, escucharon uno al lado del otro la intervención de Zapatero.

Los miembros del Comité Federal escucharon en silencio el corto discurso de su secretario general, y solo rompieron a aplaudir, puestos en pie, al final de la alocución. Despejada la primera gran incógnita, el debate prosigue a puerta cerrada en la madrileña sede socialista de la calle Ferraz.

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La mano que mece la cuna

In Actualidad, África on 2 abril, 2011 at 0:01

Zhang Xinyi


Son muchos los que hoy afirman que la actual ola de disturbios políticos que sacude el Medio Oriente es la consecuencia de gobiernos autoritarios, que no han dejado más salida que la rebelión. Pero ¿es realmente así? A mi juicio, empero, la respuesta hay que buscarla en los constantes cambios que se operan en las geoestrategias de Occidente.

La coalición occidental, conducida por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, lanzó ataques militares conjuntos contra Libia el 19 de marzo, bajo el pretexto de poner coto al deterioro de la situación, matizada por la extensión de la violencia y la alta cifra de víctimas civiles.

Mientras tanto, en Bahréin, donde las condiciones eran bien distintas a las de Libia, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) anunció el 14 de marzo que ofrecería apoyo militar al Gobierno bareiní. Un día después, Bahréin declaró el estado de emergencia y utilizó la fuerza contra los manifestantes que se congregaban en la Plaza de la Perla. El saldo fue 15 muertos y docenas desaparecidos. La situación es tan grave como en Libia, si se tiene en cuenta que Bahréin es un pequeño país con una población de 600.000 habitantes.

Los países occidentales han estado haciendo la vista gorda ante lo que ocurre en Bahréin. Cuando se le preguntó por la masiva presencia militar en Libia mientras no ocurría lo mismo en Bahréin, un experto en seguridad nacional de EEUU dejó en claro que las clases dominantes de estos países están con EEUU, aunque no fueran exactamente buenas. Otro analista, esta verz del Centro de Estudios Estratégicos e Iinternacionales (CSIS), admitió incluso la existencia del doble rasero, pero, aclaró, como un “acto racional.”

Pero incluso estas verdades evidentes no dejan ver del todo las intenciones reales de EEUU. De hecho, Muamar el Gadafi se ha mostrado cooperativo con EEUU en los años transcurridos desde 2003, cuando renunció a su programa nuclear por orden de Washington. También se sumó a aquél en su guerra contra el terror y le entregó mil 500 millones de dólares como compensanción por actos de terrorismo, incluido el bombazo del vuelo 103 de Pan Am.

Los dos países restauraron totalmente las relaciones diplomáticas en 2006, y con apoyo estadounidense Libia accedió al Consejo de Seguridad en calidad de miembro temporal. En fin, que Libia tuvo una positiva acogida de EEUU, lo cual, empero, no fue impedimento para que el país norafricano deviniera blanco de la arremetida occidental ¿Por qué? Simple: EEUU necesitaban un cambio y Muamar el Gadafi era una piedra en su camino.

EEUU aplicó una táctica de triple rasero en el Medio Oriente en busca de consolidar su propia estrategia. En las repúblicas que le resultaban favorables, como en el caso de Egipto, se pronunció por que las autoridades escucharan la voz popular. En las monarquías amistosas, optó por que se mantuviera el status quo, en atención a sus intereses en el petróleo y a la situación potencialmente volátil en Irán. Y en aquellos países opuestos a su política, como Irán y Siria, EEUU favorece las protestas anti-gubernamentales que traigan aparejados los cambios.

Yemen: de las élites, por las élites y para las élites

In Actualidad on 2 abril, 2011 at 0:00

Lara Aryani


Cuando las agujas del reloj se acercan al viernes, los yemeníes y los observadores del Yemen se aproan a lo desconocido. Las informaciones sobre un acuerdo prospectivo entre Ali Salh y Ali Mohsen para dimitir de consuno inundan hoy las redes sociales virtuales, los hogares yemeníes la plaza de Tghhyr, especulando esperanzadamente con la posibilidad de que eso pudiera ahorrar al país otro baño de sangre. Saleh desmintió esos rumores en una comparecencia televisiva el jueves por la noche: hosco y fosco el rostro, declaró que no se echaría atrás. Sin embargo, no está nada claro que las negociaciones tras las cortinas hayan terminado realmente, ni son obvias las razones de que, si así fuera, llevaron al fracaso. ¿Qué le resultaba a Salh inaceptable? ¿O fue Ali Mohsen quien, tras 30 años esperando a la sombra de Saleh, creyó que la probabilidad de llegar a la presidencia era demasiado era ya demasiaso alta como para tener que llegar a algún acuerdo?

Estas pasadas semanas, Ali Saleh y Hamid al-Ahmar han andado al estricote, batiendo sus respectivos tambores de guerra y jurando tener legiones de hombres armados dispuestos a combatir por ellos. La coalición de partidos de oposición, la Unión de Partidos (UP), se ha comportado como si representara a las masas protestatarias, a despecho de haber hecho todos estos últimos años el papel del bufón en la corte de Saleh. Ahora que los manifestantes han movilizado se han movilizado por centenares de miles, poniendo prácticamente de rodillas al régimen, la UP se ha metido a negociaciones con el régimen (rechazadas por los protestatarios), cual si representara o aun entendiera las reivindicaciones del pueblo en las calles y los cambios necesarios para apaciguar la protesta. Saleh sigue proponiendo “planes de transición” que no entrañan su inmediata partida como presidente, revelando con ellos su total incapacidad para comprender que la hora de su reinado ha llegado a su fin. Hamid al-Ahmar se ha coronado a sí propio como rey de la protesta y lanza repetidos mensajes desde su canal televisivo Suhail TV pontificando sobre el Yemen y Saleh y haciendo grandilocuentes declaraciones, como su oferta al Sur de la presidencia de la nación. Una de sus más recientes declaraciones era una advertencia a Saleh: “Deja la presidencia con tu dignidad y la de tu familia, o atente a las consecuencias”. Saleh replicó con lo que él mismo describió como una oferta a los protestatarios y a la oposición, a sabiendas de que sería rechazada, pero precisado a hacerla para aliviar su consciencia. Sólo una pocas horas después, Saleh comenzó su intensificada campaña contra las protestas en Sanah, primero con el uso de gas venenoso y, en el clímax, con la introducción de francotiradores que, convenientemente apostados en la plaza, mataron a 52 personas e hirieron a más de 100.

El anuncio por parte de Ali Mohsen de su “cercanía” a la revolución el pasado lunes y la plétora de funcionarios y soldados que le secundaron alteraron los términos de la ecuación. Antes de ese anuncio, tanto los protestatarios como Ali Saleh pensaban que podían llegar a ejercer cierto control sobre la evolución de los acontecimientos. “Negociando” con la UP, por un lado, y prometiendo, por el otro, a los manifestantes que dimitiría en 2012 (la oferta de 2011 solo la hizo Saleh luego de la defección de Ali Mohsen), Saleh tuvo, en un momento dado, un lapsus linguae, y dejó dicho que el Yemen sólo vería un cambio de poder a través de las urnas, lo que sugería que estaba pensando en presentarse al cargo. Entretanto, muchos manifestantes estaban incómodos con el papel que seguía jugando Haimd al-Ahmar como autoproclamado líder de quienes exigían una dimisión inmediata (a diferencia de la oposición formal, que mostró su disposición a negociar una plan de dimisión más gradual). Los al-Ahmar han sido grandes beneficiarios del régimen de Saleh, de modo que el alineamiento de Hamid con la oposición a Saleh se ve con escepticismo: muchos lo consideran menos una oposición a la naturaleza antidemocrática y autoritaria del régimen que un intento de suplantar a Saleh en la cabeza del mismo. Sin embargo, no pocos participantes en la protesta popular vieron en la alianza con Hamid un desagradable medio para acabar con Saleh. Caído Saleh, se prometían, nos libraremos también de Hamid: pero no se ha visto hasta ahora ningún plan al efecto.

Con el anuncio el pasado lunes de Ali Mohsen de que él y las fuerzas armadas respaldarían a la Revolución hay menos margen para ese tipo de cálculos especulativos. Aun cuando Saleh pueda seguir contando con la lealtad de la Guardia Republicana, de las Fuerzas Especiales y de las fuerzas de la seguridad interior dirigidas por su hijo y sus sobrinos, incluso esas fuerzas han experimentado disensiones entre la alta oficialidad y motines de la soldadesca. O Saleh reconoce que el balance de armas y hombres le es ya desfavorable, o fantaseará dándose a entender a sí mismo lo que de ningún modo puede ya creer: que puede salir militarmente triunfante de la situación. En el peor escenario, Yemen se despeñará por una guerra civil que, arrancando en las calles de las grandes ciudades, se difundirá por todo el país. En otro escenario menos mórbido, Saleh dimitirá y las elites del poder que se han ido situando en primera fila de la revolución –Hamid al-Ahmar, Ali Mohsen o Abdul Majid al-Zindani— se auparán mayores problemas a la cúspide de un sistema político y económico del que ya son dirigentes. En el telón de fondo de esas pugnas de la elite de poder se hallan los protestatarios callejeros que siguen combatiendo –y muriendo— por el futuro soñado. Es una verdadera tragedia que sus anhelos no sean compartidos por quienes se hallan ahora mismo a pique de embargar a favor de sí propios el futuro del Yemen.


(*) Lara Aryani es una estudiante de segundo año de la Emory University School of Law. Colabora habitualmente con Jadaliyya, la impresindible página del MERIP (Middle East Research and Information Project), de Washington.


[Fuente: Sin Permiso]