Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Iluminados por el átomo

In Actualidad, Medio ambiente on 9 abril, 2011 at 0:01

Silvio González


Mientras la opinión pública internacional centraba su atención en el accidente ocurrido en la planta nuclear japonesa de Fukushima se cumplieron 32 años de la lamentable tragedia en la central estadounidense de Three Mile Island. Esa planta, ubicada en el estado de Pensilvania, sufrió una fusión parcial del núcleo sorpresivamente el 28 de marzo de 1979.

Fue un accidente insospechado hasta ese momento pero ocasionó el mayor desastre nuclear registrado por la historia de Estados Unidos hasta el presente.

En aquella ocasión se cometió una cascada de errores humanos y técnicos que pudieron conducir a la primera explosión nuclear en territorio norteamericano.

Aquello pudo ocasionar una peligrosa fuga de elementos radioactivos, recuerda la organización defensora del medio ambiente Ecologistas en Acción.

El reactor nuclear de la planta TMI-2 en aquel momento sufrió graves daños y experimentó una emisión de gases radiactivos.

Afectó inicialmente a unas 140 mil personas y provocó la evacuación masiva de mujeres y niños a más de 30 kilómetros del lugar de los hechos, según evoca el blog anseyprensa.

Ese accidente, ocurrido cerca de la ciudad de Harrisburg, comenzó con un fallo del circuito secundario que aumentó sorpresivamente la temperatura del reactor.

En ese momento un operador tomó la decisión errónea de introducir grandes cantidades de agua fría en el circuito de refrigeración por lo que se crearon burbujas de vapor que complicaron el procedimiento de emergencia.

Además de estas anomalías se produjo hidrógeno, al igual que ocurrió en la planta nuclear japonesa de Fukushima, por lo que no pudo evitarse la formación de una nube radiactiva.

La fusión del núcleo no se pudo evitar finalmente y aunque esta concatenación de lamentables acontecimientos era muy improbable, acabó por producirse con efectos catastróficos para una amplia zona habitada.

La industria nuclear y su lobby en el Congreso estadounidense cuentan con millonarios recursos para la promoción de la energía nuclear sin las debidas precauciones.

Ante aquellos sucesos y otros nuevos peligros han argumentado que aprenderán de los errores cometidos y vaticinan que las centrales nucleares serán más seguras en el futuro.

Varios accidentes se han registrado a partir de la tragedia de Three Mile Island mientras que el lobby pro nuclear no ha aprendido que la seguridad absoluta no existe y que los accidentes por improbables que parezcan, acaban por ocurrir.

Tras aquel incidente y la crisis que originó se mejoraron los niveles de seguridad y los planes de evacuación en Estados Unidos y en el exterior.

Sin embargo, posteriormente ocurrió la catástrofe de Chernobyl el 26 de abril de 1986 y ahora el actual accidente en de la planta japonesa en Fukushima.

Hoy el reactor 2 de la central de Three Mile Island está clausurado y sus dos torres de refrigeración de 130 metros de altura son testigos silenciosos de aquel inolvidable desastre.

A pesar de las protestas de diversos grupos defensores del medio ambiente, el gobierno estadounidense y las agencias responsabilizadas con la cuestión nuclear extendieron la licencia de operaciones de ese mismo reactor hasta el 2034.

Robert Reid, quien lleva 32 años como alcalde de Middletown, recuerda cómo el accidente de Three Mile Island los tomó totalmente desprevenidos.

Relata que tras el suceso, se movilizó para crear el primer plan de evacuación por accidente en una planta nuclear del país.

El texto lo distribuyó entre los miles de habitantes de la ciudad y fue publicado en el directorio telefónico por la empresa Exelon, actual operadora de la planta nuclear.

Los trabajos de limpieza del derrame nuclear se extendieron durante 14 años largos años y costaron más de mil millones de dólares.

Resulta curioso que Japón fue el único país que envió ingenieros especializados a esa zona y ayudó en la reconstrucción durante toda una década.

Tokio donó también 18 millones de dólares para los estadounidenses afectados y plantó una docena de cerezos cerca del reactor dañado.

Así el primer país víctima del infierno nuclear (Hiroshima y Nagasaki / 1945) recordaba que la “humanidad debe defender más la vida“.


(*) Silvio González es jefe del Departamento de Difusión de Prensa Latina.

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