Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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IU renuncia a presentarse al parlamento autonómico en Tenerife para favorecer la candidatura de Nueva Canarias

In Actualidad on 20 abril, 2011 at 9:47

La nueva dirección de IUC ha renunciado a presentar candidaturas propias al parlamento autonómico canario por Tenerife para orientar así el voto de la izquierda a la coalición formada en torno al partido de derechas Nueva Canarias, que incluye a los escindidos del PSOE en Tenerife y al PIL de Dimas Martín, en prisión en la cárcel de Tahíche por corrupción.

En la lista autonómica por Tenerife de Nueva Canarias, encabezada por Santiago Pérez, va también de número tres la ex eurodiputada por IU, Ángela Sierra, en representación de IUC (aunque su última afiliación política ha sido el PSOE).

Quedan así desenmascaradas las mentiras sobre supuestas “líneas rojas” en torno al PIL y los desmentidos del ala derecha de IUC, apoyada por IU España, sobre su pacto con Nueva Canarias. En cambio, la autonombrada dirección “regional” de IUC ha presentado listas en Gran Canaria, La Palma y Lanzarote,  a espaldas de la mayoría de los afiliados de las respectivas islas.

En Fuerteventura y La Gomera no han podido presentar listas. En El Hierro se presentan en coalición con Iniciativa por El Hierro.

Listas en las islas occidentales

Listas en las islas orientales

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El capitalismo actual: las crisis cíclicas

In Actualidad, Economía on 20 abril, 2011 at 0:00

Fernando Arribas García

Los eventos económicos internacionales de los últimos años han devuelto la actualidad a la economía política marxista, y han puesto una vez más de relieve la vigencia de sus postulados fundamentales.

En este y los próximos artículos examinaremos algunos de esos postulados a la luz del comportamiento que ha tenido la economía mundial en épocas recientes; comenzamos hoy hablando de la tendencia inherente del capitalismo a sufrir crisis cíclicas, tendencia que la economía política marxista ha estudiado, descrito y explicado desde hace ya más de siglo y medio.

A medida que la clase obrera organizada, los partidos comunistas y hasta el llamado «socialismo real», se debilitaban en todo el mundo a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, y especialmente a partir del final del experimento socialista en la Unión Soviética, los defensores del capitalismo comenzaron a celebrar el «triunfo definitivo» del sistema de explotación del humano por el humano. Unos cuantos, como el tristemente célebre Francis Fukuyama (autor de la peregrina idea del «fin de la historia») o el hoy parcialmente arrepentido Alan Greenspan (ejecutor oficial del programa neoliberal en los Estados Unidos desde los años de Ronald Reagan), hasta llegaron a afirmar que la «nueva economía post-moderna» había dejado atrás la tendencia intrínseca del viejo capitalismo a las crisis. La ciencia económica marxista, por lo tanto, había pasado a ser una reliquia histórica irrelevante.

Pero los hechos son testarudos, y se niegan a ajustarse a los dictados de los expertos de moda. Las economías de los Estados Unidos y las principales potencias del planeta ya han vivido dos ciclos completos y dos crisis desde el presunto triunfo definitivo del capitalismo, la primera en 2001-2002 y la segunda en 2007-2008. Y si los pretextos y justificaciones de los defensores del sistema lograron calmar a medias las inquietudes de quienes se preguntaban por las razones profundas de la primera de esas crisis, las explicaciones ofrecidas cuando ocurrió la segunda ya no resultaron tan convincentes.

La supuesta nueva economía a prueba de crisis que Greenspan había promovido desde su posición de presidente de la autoridad monetaria de los Estados Unidos (la Junta de la Reserva Federal), resultó ser el mismo viejo capitalismo de antes, con sus crisis cíclicas, contradicciones internas y limitaciones, que obligan a la humanidad a plantearse la tarea de reemplazar este sistema económico por otro más avanzado, eficiente y sostenible, y por cierto también más equitativo.

Como resultado, cada vez más gente comienza a buscar explicaciones alternativas a las oficiales, y va redescubriendo los postulados de la ciencia revolucionaria. Así, los hace poco felices enterradores del marxismo, tienen ahora que presenciar horrorizados que éste se levanta de la tumba tan fresco y vigoroso como en su mejor época.

LAS CRISIS Y LAS FORTUNE 500

El gráfico anexo representa la variación en las ganancias de las Fortune 500 (las 500 mayores corporaciones de los Estados Unidos) de año a año desde 1986 a 2009, según datos compilados de fuentes periodísticas especializadas en la materia económica (las revistas Fortune y Forbes, y el diario The Wall Street Journal). En ese lapso, la economía de los Estados Unidos ha pasado por tres ciclos completos de auge, estabilización y crisis, claramente visibles en el gráfico: de 1987 a 1992, de 1993 a 2002, y de 2003 a 2008.

Obsérvese la relativa regularidad de los ciclos y la similitud entre sus fases correspondientes, que sugieren que hay en efecto una tendencia cíclica intrínseca del sistema económico, como lo advirtió hace más de ciento cincuenta años la ciencia marxista. Cada ciclo se inicia con una brusca aceleración del crecimiento de las ganancias, en contraste con las cifras negativas del año anterior; luego viene una fase de varios años de relativa estabilidad, con tasas promedio de variación de las ganancias generalmente positivas pero no exorbitantes; y finalmente viene una fase de dos a tres años de decrecimiento cada vez más acentuado de esas tasas de variación de las ganancias. Y vuelta a empezar.

Es cierto que algunos ciclos son más o menos largos que otros, y algunas crisis más o menos profundas y prolongadas, lo cual nos lleva a concluir que, además de las tendencias propias del sistema económico, hay otros factores coyunturales (decisiones políticas, acontecimientos internacionales, imprevistos diversos) que inciden en esta dinámica y le imprimen a cada ciclo características particulares. Así por ejemplo, tal vez debido a la rápida y sostenida expansión experimentada por el capitalismo mundial aprovechando los años inmediatamente posteriores a la disolución del bloque socialista europeo y la Unión Soviética, el pico que inicia el segundo ciclo del gráfico es particularmente alto, y este ciclo en su conjunto es más prolongado que los otros. Pero aún así, pese a esa variabilidad relativa, el patrón cíclico es todavía claramente visible.

Las dos últimas crisis han coincidido con momentos de severa depresión de los mercados financieros y bursátiles: las explosiones de las llamadas «burbuja de las dot.com» en 2001 y «burbuja de las hipotecas basura» en 2007. Debido a tal coincidencia, estas crisis han sido explicadas por los defensores del capitalismo como resultado de los excesos imprudentes de algunos operadores de esos mercados financieros y bursátiles. Dicen los teóricos capitalistas: la causa de las crisis no está en la naturaleza del sistema sino en la avaricia irracional de esos «chicos malos», y de no ser por ellos y su irresponsabilidad, el sistema podría continuar su crecimiento ininterrumpido por siempre.

¿Las carretas delante de los bueyes?

Pero esa clase de explicaciones mistifica y oculta la verdadera naturaleza del sistema. Al fin y al cabo, los mercados financieros y bursátiles, debajo de toda la especulación que les es propia y pese a su relativa autonomía, están vinculados a la economía real (o sea, la producción efectiva de bienes y servicios), y su salud está condicionada, en el último análisis, por la de ésta. Si una burbuja especulativa deja de ser sostenible, ello se debe en definitiva a que ha llegado a hacerse insalvable la brecha entre los mercados financieros y bursátiles y su contraparte en la economía real, comúnmente porque esta última ha entrado en fase recesiva. En otras palabras, en general no es el desplome de las bolsas el que causa la crisis económica, sino al revés.

Es cierto, por ejemplo, que la crisis de 2007 se inició con un colapso financiero como consecuencia directa o indirecta de procedimientos «imprudentes» por parte de algunos operadores (otorgamiento de hipotecas «basura» o de alto riesgo a personas sin capacidad de pago). Pero estas supuestas imprudencias fueron causadas a su vez por la necesidad de resolver un desarreglo de la economía real que había venido acumulándose desde el final del anterior ciclo (un exceso en la producción de inmuebles que no encontraban compradores solventes).

Este punto es especialmente importante porque, en el razonamiento de Greenspan y otros teóricos neoliberales, los mercados financieros y bursátiles supuestamente cumplen el papel de absorber y redistribuir entre sus inversionistas los altibajos y riesgos ocasionales de la economía, con lo cual se debería lograr la auto-regulación y la estabilidad general del sistema. Pero la evidencia de las últimas décadas demuestra que, por el contrario, la tendencia del capitalismo a las crisis es tan fuerte que ningún mecanismo es capaz de contenerla indefinidamente.

No podemos entrar aquí en profundidades, pero sugerimos a los lectores que revisen en el tercer tomo de El Capital y en el cuarto cuaderno de los Manuscritos Económicos (Grundrisse), ambos de Carlos Marx, los conceptos de «tendencia decreciente de la tasa de ganancias» y «crisis de sobreproducción». Quienes así lo hagan, comprenderán mucho mejor las limitaciones inherentes del capitalismo y las razones por las que su superación histórica es necesaria para el futuro de la humanidad.


(*) Fernando Arribas García es Director del Instituto de Estudios Políticos y Sociales «Bolívar-Marx»



[Fuente: Tribuna Popular]



La Bolivalogía (XIV)

In Cultura, Historia, Opinión on 20 abril, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón


El lenguaje de Bolívar pone de manifiesto la oscuridad, el mito colonial, su fatalismo y explica lo inexplicable y se hace voz escrutadora de la libertad, la igualdad y la justicia.

Necesario es, pues, continuar analizando su documento emitido en Cartagena a los ciudadanos de Nueva Granada:

La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas, y en la introducción de los enemigos en el país, abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los promotores de la guerra civil. Sin embargo debemos confesar ingenuamente, que estos traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente se les acusa porque la impunidad de los delitos era absoluta, la cual hallaba en el Congreso un escandaloso abrigo, llegando a tal punto esta injusticia que de la insurrección de la ciudad de Valencia, que costo su pacificación cerca de mil hombres, no se dio a la vindicta de las leyes un solo rebelde, quedando todos con vida, y los más con sus bienes.

De lo referido se deduce que entre las causas que han producido la caída de Venezuela debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución, que repito, era tan contraria a sus intereses, como favorable a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero: la oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la república y repeliese los choques que le daban los españoles. Cuarto: el terremoto acompañado del fanatismo que logró sacar de este fenómeno los más importantes resultados, y últimamente la facciones internas que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la patria al sepulcro.

Estos ejemplos de errores e infortunio no serán enteramente inútiles para los pueblos de la América meridional, que aspiran a la libertad e independencia.

La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente debe evitar los escollos que han destrozado a aquella. A este efecto presentó como una medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de Caracas. A primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizá impracticable, pero examinando atentamente con ojos previsivos y una meditación profunda, es imposible desconocer su necesidad, como dejar de ponerlo en ejecución probada la utilidad.

Lo primero que se presenta en apoyo de esta operación es el origen de la destrucción de Caracas, que no fue otro que el desprecio con que miró aquella ciudad la existencia de un enemigo que parecía pequeño, y no lo era considerándolo en su verdadera luz.

Coro ciertamente no habría podido nunca entrar en competencias con Caracas, si la comparamos, en sus fuerzas intrínsecas, con ésta; mas como el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política, no debió el gobierno de Venezuela, por esta razón, haber descuidado la extirpación de un enemigo, que aunque aparentemente débil , tenia por auxiliares a la provincia de Maracaibo , a todas la que obedecen a la regencia, el oro, y la cooperación de nuestro eternos contrarios los europeos que viven con nosotros; el partido clerical, siempre adicto a su apoyo y compañero, el despotismo, y sobre todo, la opinión inveterada de cuantos ignorantes y supersticiosos contienen los limites de nuestros estados. Así fue que apenas hubo un oficial traidor que llamase al enemigo, cuando se desconcertó la máquina política, sin que los inauditos y patrióticos esfuerzos que hicieron los desfensores de Caracas, lograsen impedir la caída de un edificio ya desplomado, por golpe que recibió de un solo hombre.

Aplicando el ejemplo de Venezuela, a la Nueva Granada, y formando una proporción, hallaremos que Coro es a Caracas como Caracas es a la América entera; consiguientemente el peligro que amenaza este país, está en razón de la anterior progresión, porque poseyendo la España el territorio de Venezuela, podrá con facilidad sacarle hombres, y municiones de boca y guerra, para que bajo la dirección de jefes experimentados contra los grandes maestros de la guerra, los franceses, penetren desde la provincia de Barinas y Maracaibo hasta los últimos confines de la América meridional.

La España tiene en el día gran número de oficiales generales, ambiciosos y audaces, acostumbrados a los peligros y a las privaciones, que anhelan por venir aquí a buscar un imperio que reemplace el que acaban de perder.

Es muy probable que al expirar la Península, haya una prodigiosa emigración de hombres de todas clases, y particularmente de cardenales, arzobispos, obispos, canónigos y clérigos revolucionarios, capaces de subvertir, no sólo nuestros tiernos y lánguidos Estados, sino de envolver el Nuevo Mundo entero en una espantosa anarquía. La influencia religiosa, el imperio de la dominación civil y militar y cuantos prestigios puedan lograr sobre el espíritu humano, serán otros tantos instrumentos de que se valdrán para someter estas regiones.

Nada se opondrá a la emigración de España. Es verosímil que la Inglaterra proteja la invasión de un partido que disminuye en parte las fuerzas de Bonaparte en España, y trae consigo el aumento y permanencia del suyo en América. La Francia no podrá impedirla, tampoco Norte América, y nosotros menos aún pues careciendo todos de una marina respetable, nuestras tentativas serán vanas.

Estos tránsfugas hallaran ciertamente una favorable acogida en los puertos de Venezuela, como que vienen a reforzar a los opresores de aquel país, y los habilitan de medios para emprender la conquista de los Estados independientes.

Levantaran quince o veinte mil hombres que disciplinarán prontamente con sus jefes, oficiales, sargentos, cabos y soldados veteranos. A este ejercito seguirá otro todavía mas temible, de ministros, embajadores, consejeros, magistrados, toda la jerarquía eclesiástica y los grandes de España, cuya profesión es el dolo y la intriga, condecorados con ostentosos títulos, muy adecuados para deslumbrar a la multitud, que derramándose como un torrente, lo inundaran todo arrancando las semillas y hasta las raíces del árbol de la libertad de Colombia. Las tropas combatirán en el campo, y éstos desde sus gabinetes, nos harán la guerra por los resortes de la seducción y el fanatismo.

Así pues, no nos queda otro recurso para precavernos de estas calamidades que el de pacificar rápidamente nuestras provincias sublevadas, para llevar después nuestras armas contra las enemigas y formar de este modo, soldados y oficiales dignos de llamarse las columnas de la patria.

Todo conspira a hacernos adoptar esta medida, sin hacer mención de la necesidad urgente que tenemos de cerrarle las puertas al enemigo, hay otras razones tan poderosas para determinarnos a la ofensiva, que seria una falta militar, y política inexcusable, dejar de hacerla. Nosotros nos hallamos invadidos, y por consiguiente forzados a rechazar al enemigo más allá de la frontera. Además, es un principio del arte que toda guerra defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene, pues lo debilita sin esperanza de indemnizarlo, y que las hostilidades en el territorio enemigo siempre son provechosas, por el bien que resulta del mal contrario; así, no debemos, por ningún motivo, emplear la defensiva.

Debemos considerar también el estado actual del enemigo, que se halla en una posición muy crítica, habiéndoseles desertado la mayor parte de sus soldados criollos, y teniendo al mismo tiempo que guarnecer las patrióticas ciudades de Caracas, Puerto Cabello, La Guaira, Barcelona, Cumana y Margarita, en donde existen sus depósitos, sin que se atrevan a desamparar estas plazas, por temor de una insurrección general en el acto de separarse de ellas. De modo que no seria imposible que llegasen nuestras tropas hasta las puertas de Caracas, sin haber dado una batalla campal.

Es una cosa positiva que en cuanto nos presentemos en Venezuela, se nos agreguen millares de valerosos patriotas, que suspiran por vernos aparecer, para sacudir el yugo de sus tiranos y unir sus esfuerzos a los nuestros, en defensa de la libertad.

La naturaleza de la presente campaña nos proporciona la ventaja de aproximarnos a Maracaibo, por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta.

Aprovechamos, pues, instantes tan propicios, no sea que los esfuerzos que incesantemente deben llegar de España, cambien absolutamente el aspecto de los negocios y perdamos quizá para siempre, la dichosa oportunidad de asegurar la suerte de estos estados.

El honor de la Nueva Granada exige imperiosamente escarmentar a esos osados invasores, persiguiéndolos hasta los últimos atrincheramientos; como su gloria depende de tomar a su cargo le empresa de marchar a Venezuela, a libertar la cuna de la independencia colombiana, sus mártires, y aquel benemérito pueblo caraqueño, cuyos clamores sólo se dirigen a sus amados compatriotas los granadinos, que ellos aguardan con una mortal impaciencia, como a sus redentores. Corramos a romper las cadenas de aquellas victimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros, no burléis su confianza, no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.

Bolívar da inicio consistentemente a lo científico y lo revolucionario, lean bien el manifiesto, analícenlo y encontraran al revolucionario táctico y estratégico, mostrando y enseñando las diferencias fundamentales entre la política verdaderamente revolucionaria y la política que dejó atrás y que hundió la primera república, una política cobarde y traidora. Muestra que toda acción revolucionaria, todo arte de dirigir las luchas de las masas, tiene que ir fundamentada por la ciencia objetiva y que no se puede subestimar a un pueblo con el empirismo, por el dogmatismo burgués y el mecanicismo europeo imperial que estaba impregnado por quienes soñaban con hacer la revolución.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XIII)

La Bolivalogía (XII)

La Bolivalogía (XI)

La Bolivalogía (X)

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.