Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

El capitalismo actual: las crisis cíclicas

In Actualidad, Economía on 20 abril, 2011 at 0:00

Fernando Arribas García

Los eventos económicos internacionales de los últimos años han devuelto la actualidad a la economía política marxista, y han puesto una vez más de relieve la vigencia de sus postulados fundamentales.

En este y los próximos artículos examinaremos algunos de esos postulados a la luz del comportamiento que ha tenido la economía mundial en épocas recientes; comenzamos hoy hablando de la tendencia inherente del capitalismo a sufrir crisis cíclicas, tendencia que la economía política marxista ha estudiado, descrito y explicado desde hace ya más de siglo y medio.

A medida que la clase obrera organizada, los partidos comunistas y hasta el llamado «socialismo real», se debilitaban en todo el mundo a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, y especialmente a partir del final del experimento socialista en la Unión Soviética, los defensores del capitalismo comenzaron a celebrar el «triunfo definitivo» del sistema de explotación del humano por el humano. Unos cuantos, como el tristemente célebre Francis Fukuyama (autor de la peregrina idea del «fin de la historia») o el hoy parcialmente arrepentido Alan Greenspan (ejecutor oficial del programa neoliberal en los Estados Unidos desde los años de Ronald Reagan), hasta llegaron a afirmar que la «nueva economía post-moderna» había dejado atrás la tendencia intrínseca del viejo capitalismo a las crisis. La ciencia económica marxista, por lo tanto, había pasado a ser una reliquia histórica irrelevante.

Pero los hechos son testarudos, y se niegan a ajustarse a los dictados de los expertos de moda. Las economías de los Estados Unidos y las principales potencias del planeta ya han vivido dos ciclos completos y dos crisis desde el presunto triunfo definitivo del capitalismo, la primera en 2001-2002 y la segunda en 2007-2008. Y si los pretextos y justificaciones de los defensores del sistema lograron calmar a medias las inquietudes de quienes se preguntaban por las razones profundas de la primera de esas crisis, las explicaciones ofrecidas cuando ocurrió la segunda ya no resultaron tan convincentes.

La supuesta nueva economía a prueba de crisis que Greenspan había promovido desde su posición de presidente de la autoridad monetaria de los Estados Unidos (la Junta de la Reserva Federal), resultó ser el mismo viejo capitalismo de antes, con sus crisis cíclicas, contradicciones internas y limitaciones, que obligan a la humanidad a plantearse la tarea de reemplazar este sistema económico por otro más avanzado, eficiente y sostenible, y por cierto también más equitativo.

Como resultado, cada vez más gente comienza a buscar explicaciones alternativas a las oficiales, y va redescubriendo los postulados de la ciencia revolucionaria. Así, los hace poco felices enterradores del marxismo, tienen ahora que presenciar horrorizados que éste se levanta de la tumba tan fresco y vigoroso como en su mejor época.

LAS CRISIS Y LAS FORTUNE 500

El gráfico anexo representa la variación en las ganancias de las Fortune 500 (las 500 mayores corporaciones de los Estados Unidos) de año a año desde 1986 a 2009, según datos compilados de fuentes periodísticas especializadas en la materia económica (las revistas Fortune y Forbes, y el diario The Wall Street Journal). En ese lapso, la economía de los Estados Unidos ha pasado por tres ciclos completos de auge, estabilización y crisis, claramente visibles en el gráfico: de 1987 a 1992, de 1993 a 2002, y de 2003 a 2008.

Obsérvese la relativa regularidad de los ciclos y la similitud entre sus fases correspondientes, que sugieren que hay en efecto una tendencia cíclica intrínseca del sistema económico, como lo advirtió hace más de ciento cincuenta años la ciencia marxista. Cada ciclo se inicia con una brusca aceleración del crecimiento de las ganancias, en contraste con las cifras negativas del año anterior; luego viene una fase de varios años de relativa estabilidad, con tasas promedio de variación de las ganancias generalmente positivas pero no exorbitantes; y finalmente viene una fase de dos a tres años de decrecimiento cada vez más acentuado de esas tasas de variación de las ganancias. Y vuelta a empezar.

Es cierto que algunos ciclos son más o menos largos que otros, y algunas crisis más o menos profundas y prolongadas, lo cual nos lleva a concluir que, además de las tendencias propias del sistema económico, hay otros factores coyunturales (decisiones políticas, acontecimientos internacionales, imprevistos diversos) que inciden en esta dinámica y le imprimen a cada ciclo características particulares. Así por ejemplo, tal vez debido a la rápida y sostenida expansión experimentada por el capitalismo mundial aprovechando los años inmediatamente posteriores a la disolución del bloque socialista europeo y la Unión Soviética, el pico que inicia el segundo ciclo del gráfico es particularmente alto, y este ciclo en su conjunto es más prolongado que los otros. Pero aún así, pese a esa variabilidad relativa, el patrón cíclico es todavía claramente visible.

Las dos últimas crisis han coincidido con momentos de severa depresión de los mercados financieros y bursátiles: las explosiones de las llamadas «burbuja de las dot.com» en 2001 y «burbuja de las hipotecas basura» en 2007. Debido a tal coincidencia, estas crisis han sido explicadas por los defensores del capitalismo como resultado de los excesos imprudentes de algunos operadores de esos mercados financieros y bursátiles. Dicen los teóricos capitalistas: la causa de las crisis no está en la naturaleza del sistema sino en la avaricia irracional de esos «chicos malos», y de no ser por ellos y su irresponsabilidad, el sistema podría continuar su crecimiento ininterrumpido por siempre.

¿Las carretas delante de los bueyes?

Pero esa clase de explicaciones mistifica y oculta la verdadera naturaleza del sistema. Al fin y al cabo, los mercados financieros y bursátiles, debajo de toda la especulación que les es propia y pese a su relativa autonomía, están vinculados a la economía real (o sea, la producción efectiva de bienes y servicios), y su salud está condicionada, en el último análisis, por la de ésta. Si una burbuja especulativa deja de ser sostenible, ello se debe en definitiva a que ha llegado a hacerse insalvable la brecha entre los mercados financieros y bursátiles y su contraparte en la economía real, comúnmente porque esta última ha entrado en fase recesiva. En otras palabras, en general no es el desplome de las bolsas el que causa la crisis económica, sino al revés.

Es cierto, por ejemplo, que la crisis de 2007 se inició con un colapso financiero como consecuencia directa o indirecta de procedimientos «imprudentes» por parte de algunos operadores (otorgamiento de hipotecas «basura» o de alto riesgo a personas sin capacidad de pago). Pero estas supuestas imprudencias fueron causadas a su vez por la necesidad de resolver un desarreglo de la economía real que había venido acumulándose desde el final del anterior ciclo (un exceso en la producción de inmuebles que no encontraban compradores solventes).

Este punto es especialmente importante porque, en el razonamiento de Greenspan y otros teóricos neoliberales, los mercados financieros y bursátiles supuestamente cumplen el papel de absorber y redistribuir entre sus inversionistas los altibajos y riesgos ocasionales de la economía, con lo cual se debería lograr la auto-regulación y la estabilidad general del sistema. Pero la evidencia de las últimas décadas demuestra que, por el contrario, la tendencia del capitalismo a las crisis es tan fuerte que ningún mecanismo es capaz de contenerla indefinidamente.

No podemos entrar aquí en profundidades, pero sugerimos a los lectores que revisen en el tercer tomo de El Capital y en el cuarto cuaderno de los Manuscritos Económicos (Grundrisse), ambos de Carlos Marx, los conceptos de «tendencia decreciente de la tasa de ganancias» y «crisis de sobreproducción». Quienes así lo hagan, comprenderán mucho mejor las limitaciones inherentes del capitalismo y las razones por las que su superación histórica es necesaria para el futuro de la humanidad.


(*) Fernando Arribas García es Director del Instituto de Estudios Políticos y Sociales «Bolívar-Marx»



[Fuente: Tribuna Popular]



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