Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El pacto de pensiones es pauperizacion de la vejez

In Actualidad, Laboral on 21 abril, 2011 at 0:02

Juan Rafael Lorenzo
Secretario Político del Comité Nacional del Partido Comunista del Pueblo Canario (PCPC)


POR UN 1º DE MAYO QUE ORGANICE FUERZAS PARA GANAR PAN, TRABAJO Y DERECHOS

Podríamos decir que, en el capitalismo, la correlación de fuerzas se mide por la mayor o menor capacidad que tiene el poder de la burguesía para aumentar las rentas de capital y disminuir las rentas de trabajo, la mayor o menor capacidad para acrecentar la tasa de plusvalía que se apropia el capital. La lucha de clases es, por tanto, constante e implacable. En esa lucha interviene, como factor determinante, el posicionamiento ideológico y la dirección política.

El pacto firmado el 2 de febrero revela la debilidad ideológica y política a que ha sido conducida la clase obrera del Estado Español desde los pactos de la Moncloa (1976). Junto a éstos, el pacto del 2 de febrero es un punto culminante del despojo causado a la clase obrera y los sectores populares. Es otro significativo resultado de la transición monárquica española.

La matriz política del llamado pacto de pensiones la puso el Banco Mundial, institución al servicio del gran capital transnacional, que, en 1994, trazaba línea de acción con esta claridad: “El primer paso es reformar el pilar público retrasando la edad de jubilación y recortando el nivel de prestaciones… El segundo paso es crear el pilar privado” comenzando por “empequeñecer el pilar público de forma gradual”. Matriz política para el objetivo económico de concentrar en manos privadas –planes de pensiones- la enorme masa de capital generada por las cotizaciones.

La OCDE, en su informe sobre el Estado Español de diciembre de 2010, expresaba así la directriz privatizadora: “El bajo nivel de contribuciones a las pensiones privadas podría ser una consecuencia de las generosas dotaciones que ofrece el sistema público”. El pacto del 2 de febrero levanta los obstáculos al achicamiento del sistema público y abre la puerta grande al engorde de los fondos privados de pensiones. Dada la inevitable tendencia especulativa del capitalismo financiero y la inherente volatilización de capitales que conlleva, lo que CCOO y UGT han firmado es la pauperización de la vejez, que tendrá un impacto brutal sobre la actual juventud obrera y sobre otros sectores obreros sometidos al empleo intermitente, jornadas parciales e incorporación tardía al empleo.

Un mayor empobrecimiento es el futuro de las pensiones que garantiza el pacto del 2 de febrero. Por ello, es urgente cambiar la correlación de fuerzas: o sea, fortalecer ideológica y políticamente a la clase obrera de la única manera que la experiencia certifica: ganando el Partido Comunista influencia de masas.




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Islandia después del NO

In Actualidad, Economía on 21 abril, 2011 at 0:01

Michael Hudson

Cerca del 75% de los votantes islandeses acudieron el pasado sábado, 9 de abril, a las urnas para rechazar la propuesta del gobierno Socialdemócrata/Verde de pagar 5.200 millones de dólares a las aseguradoras bancarias británicas y holandesas por el colapso de Landsbanki-Icesave. Todos y cada uno de los seis distritos electorales de Islandia votaron No en una proporción nacional del 60% (en enero de 2010, dijo otro No el 93%).

El voto reflejó la extendida creencia de que los negociadores del gobierno no habían sido lo bastante enérgicos en la defensa de la causa jurídica islandesa. La situación no puede menos de traer a la memoria el embrollo de la deuda de guerra entre los aliados tras la I Guerra Mundial. Lloyd George [el primer ministro británico] describió entonces las conversaciones sobre las deudas británicas de armamento entre el Secretario del Tesoro norteamericano Andrew Mellon y el británico Stanley Baldwin como “una negociación entre una comadreja y su presa. El resultado fue un acuerdo que arruinó la reputación del cobro de las deudas internacionales (…) No es que los funcionarios del tesoro norteamericano hicieran farol, pero, como es de razón, comenzaron las conversaciones planteando exigencias máximas: para su sorpresa, el Dr. Baldwin dijo que, en su opinión, sus exigencias eran justas, y las aceptó (…) Ese crudo desempeño, jocosamente llamado ‘convenio’, hubo de tener efectos desastrosos sobre el curso entero de las negociaciones…“.

Y así ocurrió también con la negociación de Islandia con Gran Bretaña. Es verdad: consiguieron dilatar en el tiempo el horizonte la devolución de la deuda islandesa. Pero ¿de dónde iba a sacar Islandia las libras esterlinas y los euros, dada la contracción de su economía? Ese es el mayor riesgo en los pagos, y sigue sin afrontarse. Amaga con desplomar la tasa de cambio de la corona islandesa.

Además, el acuerdo al que se había llegado implicaba aceptar los cargos de intereses del rescate desde 2008, incluidos los extremadamente elevados cargos de intereses que sirvieron de cebo para que los depositantes privados británicos y holandeses pusieran su dinero en las cuentas de Icesave. Los islandeses ven esos intereses extraordinarios como compensación por los riesgos: riesgos que fueron aceptados por los depositantes, razón por la cual esos depositantes por Internet tendrían ahora que arrostrar las consecuencias.

Así pues, el problema de Icesave terminará ahora en los tribunales. La directriz pertinente de la Unión Europea reza así: “el coste de financiación de este tipo de esquemas tienen que soportarlo, en principio, las propias entidades de crédito“. Como reclamantes prioritarios, Gran Bretaña y Holanda se llevarán, en efecto, la parte del león del cadáver de Landsbanki. Pero no era eso lo que se sometía al sufragio de los votantes islandesas. Lo único que ellos querían era salvar a Islandia de una obligación indefinida de cargar con las pérdidas de un banco privado por la vía de incorporarlas a las cuentas públicas sin un plan que dibujara claramente el modo en que Islandia podía obtener el dinero para pagarlas.

La primera ministra, Johanna Sigurdardottir, alerta de que el resultado del referéndum puede traer consigo “el caos político y económico”. Pero tratar de pagar trae consigo lo mismo. El pasado año ha sido testigo de la desastrosa experiencia griega e irlandesa; ahora vemos como Portugal se apresta también a incorporar a sus cuentas públicas las deudas temerariamente contraídas por su sector bancario privado. Difícilmente puede esperar de una nación soberana que imponga a su economía una década o más de profunda depresión, siendo así que el Derecho Internacional autoriza a todas las naciones a actuar conforme a sus propios intereses vitales.

Los intentos de los acreedores por persuadir a las naciones de que se allanen a rescatar a los bancos a costa del erario público no es, a fin de cuentas, sino un manipulatorio ejercicio de relaciones públicas. Los islandeses han podido ver el éxito de la Argentina luego de reestructurar su deuda y recortar radicalmente las pretensiones de sus acreedores. También han podido asistir al colapso político de Irlanda y de Grecia, resultante de su empeño en pagar sin atender a los medios necesarios para hacerlo.

Lo menos que puede decirse es que los acreedores no ponderaron mucho las cosas cuando convencieron al gobierno Verde-Liberal de Irlanda de que podía asumir públicamente las quiebras de sus bancos privados sin hundir en la depresión a su economía. Ahí está ahora la experiencia de Irlanda, plantada como una señal de alarma para otros países: no se puede confiar en los pronósticos manifiestamente optimistas de los banqueros centrales. En el caso de Islandia, los expertos del FMI hicieron en noviembre de 2008 proyecciones, según las cuales la deuda exterior bruta sería del 160% del PIB a fines de 2009. Para decirlo todo, añadieron que una ulterior depreciación de la tasa de cambio del 30% podría llegar a causar un aumento importante de aquella proporción de la deuda. Y eso es lo que ha ocurrido. En noviembre de 2008, el FMI avisó de que la deuda externa que había proyectado para fines de 2009 podría llegar a alcanzar el 249% del PIB, un nivel que consideraba “claramente insostenible“. Pero el actual nivel de la deuda ha sido estimado ya en el 260% del PIB islandés, ¡y eso aun sin incluir, entre otras, la deuda privada de Icesave que el gobierno Socialdemócrata-Verde quería asumir públicamente!

El problema capital de las obligaciones de Islandia con Gran Bretaña y Holanda es que la deuda exterior –contraída en moneda extranjera— no se paga a partir del PIB. Aparte de lo que se recupere de Landsbanki (ahora, con ayuda de la Oficina Británica para el Fraude Grave), el dinero debe pagarse con exportaciones. Pero no ha habido negociaciones con Gran Bretaña y Holanda sobre qué bienes y servicios islandeses aceptarían esos países como pago. Ya en los años 20 del siglo pasado, John Maynard Keynes dejó escrito que la nación acreedora aliada tenía que responsabilizarse de un modo u otro de las posibilidades de que Alemania pudiera pagar sus reparaciones de guerra, si no era mediante la exportación a la nación acreedora. En la práctica, lo que hicieron las ciudades alemanas fue tomar préstamos en Nueva York y pasar los dólares así habidos a Reichbank [el banco central de la República alemana] para que pagara a Gran Bretaña y a Francia, las cuales, a su vez, usaban ese dinero para transferirlo al gobierno estadounidense en concepto de satisfacción de la deuda interaliada contraída en la compra de armamentos. En otras palabras: Alemania “tomó prestada su vía de salida de la deuda”. Con el tiempo, eso nunca funciona.

La práctica normal para Islandia sería nombrar un grupo de expertos que sentara las bases más firmes posibles para defenderse. De ninguna nación soberana puede esperarse que se allane a imponer a toda una generación la austeridad financiera, la contracción económica y la emigración forzosa de sus trabajadores sólo para poder subvenir a los costos del fracasado experimento neoliberal que ha terminado por arruinar a tantas economías europeas.


(*) Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

[Traducción para SinPermiso: Mínima Estrella]




Un General en la ONU

In Actualidad on 21 abril, 2011 at 0:00

Randy Alonso Falcón


Después que el mundo y los propios funcionarios de la ONU criticaron su inactividad y su inocuo proceder al frente de la mayor organización mundial desde que asumió el mando, Ban Ki Moon ha puesto manos a la obra y se ha colgado en este 2011 los galones de General. Nada pudo hacer para evitar el desastre de la Cumbre del Clima en Copenhague o para enfrentar el Golpe de Estado en Honduras. Tampoco supo liderar una acción internacional efectiva frente a la mayor crisis económica global en décadas.

Pero ahora, el excanciller surcoreano se ha encontrado cómodo en el papel de promover y respaldar guerras en el Tercer Mundo bajo la bandera de la organización de la paz. Al parecer calcula que es un buen camino para llegar al Premio Nobel.

Desde el Palacio de Cristal de Nueva York se convirtió en adalid de la intervención militar en Libia, asumiendo sin reservas todas las directivas que le llegaban procedentes de la vecina Washington.

Así fue el 25 de febrero al Consejo de Seguridad para urgir una intervención militar en el país norteafricano: “Miembros del consejo nuestro reto es cómo proporcionar protección real y hacer todo lo que podamos para detener todo lo que está ocurriendo ahorita en Libia, insto a que tomen en cuenta una serie de opciones de acción próximamente (..) tomen acciones efectivas al respecto para asegurar que en verdad las personas sean respetadas por sus acciones, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debe tomar acciones, porque los días siguientes van a ser decisivos para los libios y para su país”-dijo.

Cumplido el miserable rol de avivar el fuego, las potencias le asignaron al “General”, en la Resolución 1373 que aprobaba el Consejo de Seguridad, la tremenda función de contar cuántos países se sumaban al operativo, cuántos aviones volaban y cuántas misiones realizaban. “Estoy preparado para asumir mis responsabilidades, tal como se manda en la resolución, y trabajaré estrechamente con los Estados miembros y las organizaciones regionales para coordinar una respuesta conjunta, efectiva y a tiempo”- expresó solemnemente aquel día.

Después acudió presto a la reunión de París donde se organizaron los ataques contra Libia, que empezaron casi de inmediato. Según señaló a IPS un experimentado periodista que reporta desde 1960 las actividades de la ONU “es quizás la primera vez que un Secretario General de la ONU participa en la planificación de operaciones militares”.

Entusiasmado en sus ínfulas militares, Ban Ki Moon se lanzó a una nueva aventura en Costa de Marfil. La pasada semana ordenó a las tropas de la ONU que cañonearan el Palacio Presidencial de ese país, sumándose a las acciones de las fuerzas coloniales francesas, empeñadas en decidir desde París el conflicto interno que vive la nación africana, cultivadora de café y cacao.

Helicópteros de la ONU dispararon contra los campamentos militares de Agban y Akuedo, así como sobre el palacio y la residencia presidencial en la capital marfileña, pero Moon se apresuró a aclarar que la ONU “no es parte activa del conflicto”.

Por esos mismos días, varias naciones denunciaban en el Consejo de Seguridad el nefasto papel de las fuerzas de la MINUSTAH, que la ONU sostiene desde hace años en Haití y actúan como tropas de ocupación en la pequeña nación caribeña.

Ban Ki Moon, ante los ojos inermes de la comunidad internacional, está transformado la ONU en una policía mundial, al servicio de la “diplomacia inteligente” que practica Washington y los intereses de algunas potencias europeas. La reconfiguración de la política imperial, después del rechazo a las prácticas de cowboy solitario de W. Bush, han encontrado en el surcoreano a un excelente peón.



(*) Randy Alonso Falcón es director del programa de la Televisión Cubana “Mesa Redonda” y del sitio Cubadebate.