Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Occidente presiona a China como lo hizo una vez la URSS

In Actualidad on 26 abril, 2011 at 0:00

Editorial de
Diario del Pueblo


La “batalla por la democracia” yace en el centro de las actuales fricciones entre Occidente y China, afectando a la segunda y alterando ciertas visiones sobre la reforma nacional. Occidente no deja de presionar a China, en lo que constituye un recordatorio de las acciones de la ex Unión Soviética respecto a nuestro país.

En 1938, Mao Zedong propuso por primera vez el enfoque chino sobre el marxismo, el cual fue rechazado por el bloque comunista internacional controlado por los soviéticos. ¿Qué significó este proceso? Pues como es sabido, que el Partido Comunista de China sufrió pérdidas por apegarse dogmáticamente al marxismo, el cual debió ser “chinizado” antes de ubicarlo como pensamiento guía de la Revolución china.

Desde los tiempos de la revolución democrática de China hasta el advenimiento del socialismo en el país, la Unión Soviética intentó controlar a China, considerándola su vástago, ante la cual el Partido Comunista chino debió bregar duramente para desembarazarse de esa sombra. A pesar de algunas consecuencias extremas, y vista la situación en perspectiva, aquella decisión resultó acertada. Hoy China se sigue beneficiando de la misma.

La Unión Soviética ya no existe, pero otra sombra enorme, que parece marchar en dirección opuesta a los soviéticos, aunque de hecho acude a métodos similares, se cierne sobre China. Es Occidente. Los países occidentales preocuran promover la democracia política en China, yendo más allá de inculcarnos ese concepto, para exigirnos asimismo que apliquemos la “separación de poderes” y “una persona, un voto”, como si se tratara de principios bíblicos. China es criticada constantemente por la opinión pública occidental, a pesar de que la misma se encuentra explorando senderos hacia la política democrática.

El concepto de democracia se ha estado propagando en China por más de un siglo. La necesidad de democracia se ha convertido en un consenso generalizado en la sociedad china. El conflicto actual entre Occidente y China deriva del apremio del primero por imponer su modelo democrático como “universal”, el cual China debe aceptar sin cortapisas. Sin embargo, China no aceptará dogmatismos y persistirá en solucionar sus problemas con arreglo a las “características chinas.”

La historia decidirá si las presiones de Occidente sobre China son justas, aunque queda claro que Occidente solo repara en sus principios “democráticos”, sin tomar en cuenta la realidad de China. En consecuencia, nuestra sociedad debe ser más cautelosa antes de emprender cualquier reforma.

La democracia es parte de la vida real y esta realidad no se puede obviar. La democracia a la que aspiran los chinos supone alcanzar una mejor vida. Occidente ha exigido que China se decante por la democracia, tomando como punto de comparación los modelos occidentales, algo que resulta poco menos que un imposible. Algunos países han caido en la trampa de aceptar las recetas occidentales y han caído en más de una ocasión en el pozo de los disturbios sociales.

China es el primer país que alcanza la cifra de 1.300 millones de habitantes y atraviesa por un período de acelerado desarrollo. No puede haber nada de positivo en acatar a pie juntillas un modelo externo. China no debe copiar a ningún país. Ésta ha sido la experiencia más valiosa que los chinos han ganado en los últimos 100 años de su historia, transidos de dolor y empapados en sangre.




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