Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

La hipocresía y la superficialidad de los ecologistas caviar distrae de los verdaderos objetivos del ecologismo

In Actualidad, Medio ambiente on 1 mayo, 2011 at 0:00

Ed Gillespie


Ahí estaba yo, relajándome, con mis cómodos ‘jeans’ orgánicos Edun de “índigo natural” (185€), tomando a sorbos de champaña añejo orgánico Fleury (64€ la botella) servido en copa fría, antes de irme a dar una vuelta en mi nuevo Porsche 918 híbrido (597.150€), cuando empecé a meditar dónde pasaría mis próximas vacaciones. ¿Sería en algún hotel acariciado por las plácidas aguas de Cousine Island, en las Seychelles, de los que presumen de ser en su propia página web ecologistas? ¿O quizás en la Hacienda Tres Ríos en México, con su filosofía de un “uso inteligente y responsable de nuestros ecosistemas y recursos naturales”?

Productos orgánicos, coches híbridos, resorts eco-turísticos, moda ética: ¿acaso se puede superar semejante existencia, tan fantástica como indulgente, de “ecologista caviar”? Aunque la aparición como setas de mercados de “eco-lifestyle” pueda parecer cosa buena, en realidad no es más que una perpetuación del modelo económico consumista que nos ha llevado en buena medida al desastre actual.

La “escena verde” está repleta de celebridades comprometidas e hipócritas. El pobrecito Príncipe Carlos predica y pontifica sobre la armonía y simplicidad para luego meterse masoquísticamente en camisa de once varas gastándose 100.000 libras esterlinas en un tren de biodiésel para promocionar el ciclismo. Abundan los viajeros de avión regulares, desde Chris Martin, del grupo de música Coldplay –quien alertó sobre el calentamiento global en una canción y luego acumuló una huella de consumo de carbono que centuplicaba la del británico medio promocionándola por todo el mundo– hasta la esposa de Sting, Trudie Styler, quien hizo volar a todo su séquito (incluyendo a su peluquera) en un jet privado desde Nueva York a Washington sólo para que pudiera asistir como una señora a una fiesta. Mucho más genial es John Travolta, que nos anima a todos a “poner algo de nuestra parte para detener el cambio climático” mientras él mismo es el dueño de cinco jets privados. Como ocurre con el peyorativo “socialistas caviar”, aquí el mensaje transmitido es el mismo: “haced lo que decimos, no lo que hacemos.”

Como la ya muy desacreditada teoría económica del “goteo”, existe la creencia de que este “eco-liderazgo” conseguirá, no se sabe muy bien cómo, filtrar sus ideas en nuestra conciencia colectiva y crear una demanda para mercancías y servicios verdes en todos los niveles de la economía. Quien así lo entiende, no ha entendido nada.

Nos inquietan las consecuencias medioambientales del crecimiento demográfico mundial, y creemos que la generosa fertilidad de nuestros congéneres en los países en vías de desarrollo está en la raíz de nuestros problemas de recursos naturales. Pero éste es un mezquino intento por escurrir el bulto y aliviar nuestro propio sentimiento de culpa cada vez que consumimos. Como han demostrado varios estudios, los 500 millones de personas más ricas del planeta (un 7% de la población mundial, y sí, eso nos incluye a nosotros, los británicos) genera el 50% de las emisiones mundiales de carbono mientras que el 50% más pobre genera sólo el 7%.  Así que cuando nos preguntemos: “¿cómo tendríamos que vivir?”; la respuesta es muy obvia: más simple y frugalmente. La mayoría de lo escrito sobre estilos de vida verde no es más que, lisa y llanamente, nonsense que invita a la carcajada, como si todos pudiéramos seguir viviendo como hasta ahora y como si nada mientras vamos comprando productos orgánicos, éticos y de comercio justo.

La verdadera respuesta es: “menos es más”. Mientras tanto nuestros ecologistas caviar pueden ir por ahí dando lecciones sobre su estilo de vida sostenible con la misma facilidad con la que lanzan un tronco del bosque de papá a la chimenea o se van a hacer trekking por la finca familiar: eso no va a significar mucho para el 80% de la población que vive en las ciudades. No me malinterpreten, creo que es esencial que promovamos un sentimiento de esperanza, de que la vida puede ser mejor para todos nosotros si vivimos de manera más sostenible. Pero la mentalidad del “sí, puedes tenerlo todo” de algunos “ecologistas” no es sólo hipócrita, sino que potencialmente puede decepcionar a muchas personas y distraerlas de los verdaderos objetivos del movimiento.

Creo que el meollo de la cuestión y lo verdaderamente interesante de sostenibilidad ha de buscarse en la transformación radical de nuestros estilos de vida y modelos de mercado, cosas como la Transition Network y el movimiento de redes y cooperativas de consumo. Los eco-productos de gama alta y los estilos de vida a los que aspira más bien alteran nuestra huella incrementando los porcentajes y nos conducen engañosamente a la falsa seguridad de que estamos lidiando eficazmente contra el problema del cambio climático. Y del estilo de vida de los ecologistas caviar no quedará más que la hoja de parra con que cubren sus vergüenza.


(*) Ed Gillespie escribe sobre temas medioambientales para el diario británico The Guardian y es el cofundador de Futerra Sustainability Communications.


[Traducción para SinPermiso: Ángel Ferrero]




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