Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

¿Crimen sin justicia o al revés?

In Actualidad on 7 mayo, 2011 at 0:00

Elsa Claro


Que pueda ocurrir un 11 de septiembre o un 30 de febrero, si de febrero, dentro de poco, no es imposible. A lo mejor está pasando ahora mismo. En la alforja política norteamericana hay  varias flechas. Una es el regalo envenenado de haber librado al mundo de Osama Bin Laden, y con esa frase acuñada, repetidita, típicas de la propaganda comercial, llevadas a lo cotidiano, todo está dicho.

Fuera se queda si actuaron de modo legítimo, si es cierto lo que afirman o si están preparando con este primer acto, algo terrible. Lo temen unos cuantos. Sobre todo entre quienes siempre consideraron que el derribo de las torres gemelas, a semejanza del Incidente en el Golfo de Tonkín o el incendio del Reichtag (que valga la equivalencia, why not?), fueron auto golpes justificativos para emprender acciones similares o peores que aquellas en las cuales se basaron.

Si no estuvieran bombardeando Libia con el propósito de librarse del viejo enemigo-amigado-enemistado, si no asomara en el horizonte una probable intervención en Siria, si no hubiera empeño y grande, de que en Egipto no suceda nada que no les convenga a Washington y Tel Aviv, o si en esas dos capitales no se estuvieran oponiendo a la reconciliación de los grupos palestinos y al empeño de estos de llevar a la ONU un cronograma efectivo y realizable, para crear un estado propio; o si los gobernantes norteamericanos no tuvieran intereses muy particulares en Pakistán, nadie relacionaría el operativo peliculero contra la supuesta mansión del aparente jefe de Al Qaeda, con un falso positivo, al estilo de la Colombia de Uribe.

Tampoco nadie pensaría en nada raro si se hubiera atrapado al antipático y censurable terrorista que con apoyo de la CIA (y digo apoooyooo) estuvo actuando en los despropósitos externos sobre Bosnia-Herzegovina, que convirtieron un dilema local, en asunto de mucho rango e insoluble, que hoy se sigue padeciendo. Tenía experiencia, pues con anterioridad actuó contra los soviéticos  en ese mismo Afganistán que U.S.A.  invadiera con beneplácito de alto consenso,  ¡gracias al propio Osama!, si es cierto que ideó los sofisticados atentados de New York, que dieron vida a la  entronización de torturas, cárceles y ocupaciones, no caducas, por cierto.

Si estaban tan seguros de que era culpable, aunque lo negara, debieron hacerle juicio, como se les hizo a los nazi-fascistas, aunque, bueno, la verdad siempre tiene contradicciones, porque mientras en Nuremberg se juzgaba a unos pocos, por la ruta de las ratas o con pasaporte diplomático, se pusieron a salvo también a miles de especialistas alemanes que trabajaban en Pehenemunde, para entregarle a Hitler una bomba atómica.

Salvo en la cinematografía, los norteamericanos no son buenos haciendo juicios. Hace poco lo demostraron en El Paso.

Les hubiera quedado muy bien si en lugar de esa sospechosa  premura para tirarle al mar le hubieran procesado y con pruebas, testigos y todo lo necesario, su  destino final no suscitaría interrogantes incluso entre prestigiosos jurisconsultos o entre quienes suponen que murió en los intensos bombardeos de Tora Bora en el 2001, después, por fallo renal, o ultimado por Omar Sheik, de los servicios secretos pakistaníes, antes del 2007.

Lo hecho por EE. UU. tiene otros inconvenientes. Ante todo y con entera seguridad, no podrán mostrar en lo adelante otro video con Osama, en momentos clave, extrañamente oportunos, como en años anteriores. Es de suponer que no repitan la historia de Conan Doyle resucitando a Holmes, personaje de ficción, aunque en este enrarecido tiempo, casi todo puede ocurrir.

Las aprensiones se remiten no ya a lo legítimo o falseado del acto en cuestión. Ni siquiera a que no es imposible que el muerto estuviera bien frío hace mucho y no era presentable, de ahí la nocturnidad del acontecimiento, diluido en la inmensidad oceánica. El problema es el después. Ese que apunta hacia varias direcciones y lo mismo pudiera repetir  horrores como el de hace 10 años, que atrocidades recientes para dar paso a otras no menos terribles y repugnantes que, quizás, ya estén en camino.


[Fuente: CubaDebate]




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