Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El club de la contrarrevolución

In Actualidad on 1 junio, 2011 at 0:01

Pepe Escobar


Componen todo un shish kebab de monarquías hereditarias, emiratos y teocracias absolutas. La mayoría se asienta sobre océanos de petróleo (el 45% de las reservas mundiales). Son adictas al glamour y oropeles de Occidente, desde Londres a Montecarlo, de las delicatessen de París a las exquisiteces armamentísticas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Detestan la democracia tanto como la pobreza. Algunos se sentirían felices de derrocar a su propio pueblo, como de hecho hacen. Y consideran al Irán chií peor que al anti-Cristo.

Bienvenidos al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que en 1981 formaron los mandamases de Arabia Saudí junto con los de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar, Kuwait, Bahrein y Omán. Una denominación más ajustada sería la de Consejo, o club, Contrarrevolucionario del Golfo; un club del Golfo para acabar con todos los del Golfo. En lo que al CCG se refiere, la gran revuelta árabe de 2011 triunfará sobre sus (ricos) cadáveres.

¿Cómo pueden sentirse tan seguros? Pueden derrocarse dinastías republicanas como las de Túnez o Egipto; puede bombardearse Libia hasta devolverla a la Edad de Piedra; puede amenazarse a Siria. Pero nada le sucederá al CCG porque el ilustrado Occidente -que no Alá- es su guardián supremo.

BIENVENIDOS LOS NUEVOS MIEMBROS

Resulta instructivo señalar que los más de 3.000 bombardeos contra Libia, desde que la OTAN se apoderó de la guerra el 31 de marzo, los han llevado a cabo monarquías (Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Noruega, Qatar y los EAU), además de la Francia republicana, y antes de todos ellos, vía AFRICOM, Estados Unidos.

Sólo unas pocas horas antes de que el presidente estadounidense Barack Obama y el primer ministro británico David Cameron disfrutaran esta semana de una amistosa barbacoa, la OTAN achicharraba a 19 civiles libios, a la vez que tostaba ligeramente, como mínimo, a otros 130. Y el CCG aplaudía alegremente.

La Unión Europea (UE) y el CCG han emitido una declaración conjunta para que el coronel Gadafi se vaya, aunque no antes de traspasar el poder al Consejo Nacional Transitorio libio, que mira por donde está financiado y armado exactamente por la OTAN y el CCG.

Ahora el CCG ha declarado que le encantaría la idea de que Jordania se integrara en el club, y lo mismo respecto a Marruecos. En cuanto al Yemen -que lleva ansiando convertirse en miembro desde 1999-, olvídenlo; no es una monarquía y encima, por si fuera poco, es totalmente “inestable” con todo ese ingobernable pueblo que no para de protestar. Supuestamente, lo mejor que puede hacer el CCG es “mediar” en lo que es, en realidad, un cambio régimen que cuenta con el total apoyo de EEUU y la UE.

Aparte del diminuto Omán, cuyo Sultán Qabus es seguidor de la escuela Ibadi, todos los miembros del CCG son sunníes de núcleo duro. Y cuentan con un montón de “asesores” jordanos incrustados en la maquinaria represora saudí-bahreiní.

Jordania y Marruecos tienen posibilidades de convertirse en miembros del CCG no sólo porque ser monarquías, también porque casi todos ellos odian a Irán más como a la peste (incluso aunque no estén exactamente localizados en el Golfo Pérsico).

El rey playstation de Jordania, perdón, Abdullah II, inventó el turbio concepto de “creciente chií” allá por 2004, una conspiración por la cual los chiíes de Irán, Iraq, Líbano y Siria se apoderarían violentamente del Oriente Medio. El rey de Marruecos, Muhammad VI, cortó, por su parte, relaciones diplomáticas con Teherán en 2009.

El momento culminante de gloria contrarrevolucionaria del CCG, hasta ahora, se produjo dos días después de que el secretario de defensa de EEUU Robert Gates se fuera de Bahrein, cuando Arabia Saudí, con una contribución menor de los EAU, invadió Bahrein en apoyo de sus primos, la dinastía sunní de los al-Jalifa, contra la abrumadora mayoría de la pacífica población bahreiní manifestándose en la Rotonda de la Perla. Sucede que el secretario general del CCG, Abdulatif al-Zayani, es un bahreiní alineado con los al-Jalifa.

Pero no hubo sanciones ni de EEUU ni de las Naciones Unidas ni de la Unión Europea, y mucho menos toda una parranda de bombardeos para “celebrar” esa invasión. En vez de eso, a principios de semana, los ministros de exteriores de la UE aplaudieron más sanciones contra Bielorusia, Irán, Libia y Siria. No por casualidad todos ellos han sido objetivos de Washington para un cambio de régimen desde la época de los neocon.

DÉJANOS JUGAR EN TU PATIO

La OTAN neocolonial y el monárquico/teocrático CCG forman una pareja made en el cielo de los contratistas de armas. El CCG va a incorporarse al sistema de escudo de misiles global de EEUU. Muy pronto este país firmará con Arabia Saudí un jugoso acuerdo armamentístico por valor de 60.000 millones de dólares, el mayor en la historia estadounidense.

Como buenos profesionales idólatras de Occidente que son, los miembros del CCG quieren también divertirse y formar parte de la verdadera acción post-moderna: la guerra neocolonial. Después de todo, podríamos identificar a la misma OTAN con un ejército neocolonial de mercenarios profesionales listo para intervenir en cualquier lugar desde Asia Central al Norte de África.

Cojamos el caso de Qatar. Qatar fue el primer país en reconocer a esa pandilla no muy de fiar conformada por los “rebeldes” libios; el primer miembro del CCG en suministrarle a la OTAN aviones franceses de combate Mirage y Globemaster C-17 estadounidenses; quien montó el satélite de TV Ahrar para el Consejo Transitorio, colmándoles de lanzadores de misiles MILAN y, lo más importante de todo, quien empezó de inmediato a “supervisar” las exportaciones de petróleo desde Cirenaica.

La recompensa era inevitable; el 14 de abril, Obama recibió al emir de Qatar, el Sheij Hamad bin Jalifa al-Thani, en la Casa Blanca, elogiándole generosamente por su “liderazgo” a la hora de promover la “democracia en Oriente Medio”, en referencia al papel de Qatar en Libia.

En cuanto a Salman al-Jalifa, el príncipe heredero de Bahrein, el 19 de mayo posó todo resplandeciente en los escalones del 10 de Downing Street en Londres con el primer ministro Cameron, demostrando que masacrar civiles, manifestantes desarmados y dando luz verde para que la Casa de los Saud invadiera su país era, sin duda, bueno para los negocios.

Pero nadie supera a los EEUU en el reino de los juguetes letales. El presidente Nicolas Sarkozy abrió la primera base militar francesa en Oriente Medio en Abu Dhabi. Los EAU han enviado aviones de combate a la OTAN en Libia. Son una “nación proveedora de tropas” para la OTAN en Afganistán. Y serán los primeros del CCG y de una nación árabe en enviar un embajador ante la sede de la OTAN en Bruselas.

Junto con Qatar, Kuwait y Bahrein, los EAU son miembros de la miríada de “asociaciones” de la OTAN: la asociación militar de la Iniciativa de Cooperación de Estambul. Es decir: la OTAN invadiendo el Golfo Pérsico, posicionándose para lanzar un buen infierno contra Irán.

Y no debemos olvidarnos de la Ciudad Militar Zayed, un apartado campo de entrenamiento en el desierto para un ejército secreto de mercenarios, listo para desplegarse no sólo en los EAU sino por todo el Oriente Medio y Norte de África.

¡ARRÁNQUENLES LA CABEZA!

Explotar el ardiente deseo del CCG de subcontratar mercenarios, ese es el último chanchullo, de alto valor añadido, de Eric Prince, ex SEALs de la Marina y ex jefe supremo de Blackwater (en 2009, Blackwater se rebautizó como Xe Services).

Fue en Abu Dhabi donde Prince -mediante una empresa mixta denominada Reflex Responses- firmó un primer contrato por valor de 529 millones de dólares el 13 de julio de 2010, ofreciendo sus servicios al Sheij “progresista” Mohamed bin Zayed al-Nahyan. La idea fue de Zayed.

Puede que el New York Times disfrutara mucho describiendo, en un artículo del 14 de mayo, cómo unos colombianos entraron en los EAU haciéndose pasar por trabajadores de la construcción, con visados especiales sellados por la rama de la inteligencia militar de los EAU para que pudieran pasar sin preguntas por los servicios de aduanas e inmigración. Así es, Prince quiere batallones de mercenarios colombianos y de Centroamérica; no quiere reclutar musulmanes para que maten a sus propios primos y tengan que enfrentarse a unidades que funcionan mal.

Por lo menos el periódico señalaba que Prince “confiaba en construir un imperio en el desierto, lejos de abogados litigantes, investigadores del Congreso y funcionarios del Departamento de Justicia” empeñados en hacer preguntas complicadas sobre el tema.

La agenda del ejército de mercenarios contiene todo aquello que uno necesita saber: que tendrán que implicarse en operaciones especiales dentro y fuera de los EAU; en “combates urbanos”; en “obtener material radioactivo y nuclear”; en “misiones humanitarias” (?); en defender oleoductos y relucientes torres de cristal de “ataques terroristas”; y, lo más importante de todo, en “operaciones para controlar a las masas”, en las que la muchedumbre “no tiene armas de fuego pero plantean riesgos porque pueden utilizar armas improvisadas [palos y piedras]“.

Ahí está, explicado con todo detalle: represión interna por todo el Golfo Pérsico, así como contra los extendidos campos de trabajos forzados que albergan a decenas de miles de trabajadores del sur de Asia; o en el caso de que ocurriera que los ciudadanos de los EAU se llegaran a contagiar de la fiebre por la democracia de Bahrein. La excusa para todas estas operaciones no podía ser menos original: el hombre del saco iraní, o la “agresión”.

Prince había querido siempre que Blackwater se convirtiera en un ejército mercenario a desplegar en cualquier lugar de África, Asia y Oriente Medio. Incluso quería que la CIA lo utilizara para sus operaciones globales especiales antes de que la CIA decidiera acudir, como método mucho más rentable, a sus aviones no tripulados. Ahora Prince tiene un jeque fan del Pentágono que está a favor de bombardear Irán y dispuesto a financiar la misión.

El primer batallón se jacta de contar con 580 mercenarios. Los hombres de Zayed han prometido que si se les pone a prueba en una “misión en el mundo real”, el Emirato le pagará a Prince toda una brigada de varios miles de hombres, por un valor de miles de millones de dólares. Prince podría entonces cumplir su sueño de un complejo de entrenamiento de mercenarios en el desierto siguiendo el modelo del recinto de Blackwater en Moyock, Carolina del Norte.

Por tanto, témanse otro escenario tipo “Casa de los Saud en Bahrein”. También un ejército mercenario matando a palos a pakistaníes, nepalíes, bangladeshíes y filipinos que deseen mejores condiciones de trabajo en los EAU.

O espérense toda una serie de operaciones especiales encubiertas en Egipto y Túnez a fin de asegurar que sus próximos gobiernos se alineen con EEUU y la UE. O cuenten con botas sobre el terreno en Libia para “proporcionar ayuda humanitaria a los civiles” (perdón, eso fue hace dos meses; hasta Obama dice ya que se trataba de un cambio de régimen).

Aún así, todas esas “instalaciones petrolíferas” libias deben estar en las manos seguras de las multinacionales estadounidenses y de la UE (y no en las rusas, indias y chinas). Aún así, hay que “neutralizar” el círculo íntimo de Gadafi. Y aún así, hay que mantener sometida a Libia, de acuerdo con los antiguos principios imperiales de divide y vencerás.

Por tanto, cuando las cosas se pongan difíciles, ¿a quién van a llamar? Sin duda, a las “soluciones innovadoras” de Xe Services, presentadas ante ustedes por el Jeque Zayed. No es de extrañar que el club del CCG sea la comidilla de la ciudad (contrarrevolucionaria).

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[Fuente: Asia Times]






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Cuando las instituciones violan a las naciones

In Actualidad on 1 junio, 2011 at 0:00

Rebecca Solnit

DOS MUNDOS COLISIONAN EN UNA SUITE DE LUJO. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL FMI, LA INJUSTICIA MUNDIAL Y UN EXTRAÑO EN UN TREN.

¿Cómo puedo contar una historia que ya conocemos demasiado bien? Ella se llamaba África. Él, Francia. Él la colonizó, la explotó, la calló, e incluso, décadas después de que se suponía que habían terminado, él aún se entrometía en la resolución de los asuntos de ella en lugares como Costa de Marfil, un nombre que le habían dado por sus productos de exportación, no por su propia identidad.

Su nombre era Asia. El suyo, Europa. Ella se llamaba Silencio. Él, Poder. El nombre de ella era Pobreza. El de él, Riqueza. Su nombre era Ella, pero ¿qué era suyo? El nombre de él era suyo, y presumía de que todo era suyo, incluyendo Ella, y pensaba que podía poseerla sin preguntar y sin consecuencias. Era una historia muy antigua, aunque sus resultados han ido cambiando un poco en las últimas décadas. Y esta vez las consecuencias están remeciendo una gran cantidad de cimientos, que claramente debían ser sacudidos.

¿Quién escribiría una fábula tan obvia, tan torpe como la historia que acabamos de presentar? La cabeza extraordinariamente poderosa del Fondo Monetario Internacional (FMI), una organización global que ha creado pobreza masiva e injusticia económica, supuestamente asaltó a una camarera de hotel, inmigrante africana, en la lujosa suite de un hotel en Nueva York.

Dos mundos colisionaron. En otra época, la palabra de ella habría sido nula en contra de la de él y ella no habría podido ni presentar cargos, y la policía no habría investigado y habría escoltado a Dominique Strauss-Kahn hasta su avión a París. Pero lo hizo, y lo hicieron, y ahora él está bajo custodia, y la economía de Europa ha recibido un fuerte golpe, y la política francesa está patas arriba, y esa nación se tambalea mientras hace un examen de conciencia.

¿En qué estaban pensando, quienes decidieron darle esta posición singular de poder [a DSK], a pesar de todas las historias y las pruebas de tanta perversidad? ¿Qué estaba pensando él cuando decidió que podía salirse con la suya? ¿Acaso pensó que estaba en Francia, donde al parecer lo hizo, salirse con la suya? Ahora, una joven dice que él la asaltó en 2002 y que presentó cargos, pero su madre la convenció de retirarlos, y ella estaba preocupada por el impacto que podría tener en su carrera periodística (mientras que su propia madre aparentemente estaba más preocupada por la carrera de él).

Y el periódico The Guardian informa que estas historias, “han añadido peso a las acusaciones de Piroska Nagy, una economista de origen húngaro, quien acusa que el director del fondo la sometió a un acoso sostenido cuando ella trabajaba en el FMI, y que la dejó con la sensación de que no tenía más remedio que aceptar dormir con él en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2008. Ella alegó que él la llamaba y le escribía persistentemente con el pretexto de hacerle preguntas sobre [su área de especialidad,] la economía de Ghana, pero que pasaba a un lenguaje sexual y la invitaba a salir”.

En algunas versiones, la mujer que acusó a Strauss-Kahn en Nueva York es de Ghana, en otras es una musulmana de la vecina Guinea. Un titular de la generalmente afable BBC decía: “Ghana – Prisionera del FMI“, en un informe que documenta la manera en la que las políticas del FMI habían destruido la seguridad alimentaria de esa nación productora de arroz, al forzarla a abrir su mercado al arroz barato de los Estados Unidos, lo que mandó a la mayor parte del país a la pobreza extrema: todo se había convirtido en productos por los que había que pagar, desde el uso de un baño hasta conseguir un balde de agua, y muchos no podían pagar. Tal vez hubiera sudo demasiado perfecto, si ella fuera una refugiada de las políticas del FMI en Ghana. Guinea, en cambio, se liberó de la garra del FMI gracias al descubrimiento de grandes reservas de petróleo, pero sigue siendo un país sumamente corrupto y de gran disparidad económica.

PROXENETAS DEL NORTE

A los biólogos evolucionistas solía gustarles el axioma: “la ontogenia recapitula la filogenia“, o que el desarrollo del individuo embriónico repite el desarrollo de la evolución de su especie. ¿La ontogenia de este supuesto asalto refleja la filogenia del Fondo Monetario Internacional? Después de todo, la organización fue fundada a finales de la Segunda Guerra Mundial como parte de la famosa conferencia de Bretton Woods, que impondría las visiones económicas de los Estados Unidos al resto del mundo.

El FMI estaba destinado a ser una institución de préstamos para ayudar a los países en desarrollo, pero para la década de 1980 se había convertido en una organización con una ideología: el libre comercio y el fundamentalismo del libre mercado. Sus préstamos se utilizarían para obtener un enorme poder sobre las economías y las políticas de las naciones de todo el sur global.

Sin embargo, si el FMI ganó poder a lo largo de la década de 1990, ha empezado a perder ese poder en el siglo XXI, gracias a una fuerte resistencia popular a las políticas económicas que encarna y el colapso económico que ocasionan esas políticas. Strauss-Kahn fue contratado para rescatar los restos de una organización que, en 2008, tuvo que vender sus reservas de oro y reinventar su misión.

Ella se llamaba África. Él, FMI. Él la preparó para ser saqueada, para no recibir atención de salud, para morir de hambre. Él la arrasó para enriquecer a sus amigos. Ella se llamaba Sur Global. Él, Consenso de Washington. Pero la racha de victorias de él se estaba acabando y la estrella de ella empezaba a vislumbrarse.

Fue el FMI quien creó las condiciones económicas que destruyeron la economía de Argentina en 2001, y fue la revuelta contra el FMI (entre otras fuerzas neoliberales) lo que impulsó el renacimiento de América Latina en la última década. Se piense lo que se piense de Hugo Chávez, fueron los préstamos de Venezuela lo que le permitió a Argentina pagar sus préstamos al FMI para que pudiera establecer sus propias políticas económicas.

El FMI es una fuerza depredadora, abriendo las economías de los países en desarrollo a las agresiones económicas de las corporaciones transnacionales del rico y poderoso Norte. Es su chulo. Tal vez lo sigue siendo. Sin embargo, desde que las manifestaciones anticorporaciones de Seattle de 1999 encendieran el movimiento global, ha habido una rebelión en contra del Fondo, y esas fuerzas han ganado en América Latina, han cambiado el marco lógico de todos los debates económicos para venir a enriquecer nuestra imaginación cuando se trata de economías y posibilidades.

Hoy, el FMI es un desastre, la Organización Mundial del Comercio está opacada, el TLCAN casi universalmente vilipendiado, el Área de Libre Comercio de las Américas cancelado (aunque los acuerdos bilaterales de libre comercio siguen), y gran parte del mundo ha aprendido mucho del curso intensivo en Política Económica de la década [de 1990].

EXTRAÑOS EN UN TREN

El New York Times informó así: “A medida que entendemos el impacto de la situación del Sr. Strauss-Kahn, los medios de comunicación comenzaron a revelar historias durante mucho tiempo reprimidas o anónimas, de lo que llamaron el comportamiento previo depredador del Sr. Strauss-Kahn hacia las mujeres y su persecución sexual de ellas, desde estudiantes y periodistas hasta subordinadas“.

En otras palabras, él había creado una atmósfera que era incómoda o peligrosa para las mujeres, lo que hubiera sido algo distinto de haberse tratado de una pequeña oficina. Pero que un hombre que controla una parte de la suerte del mundo, aparentemente se dedicara de forma activa a generar miedo, miseria e injusticia a su alrededor, dice algo sobre nuestra especie y los valores de las naciones e instituciones que toleraron su comportamiento y el de hombres como él.

En los Estados Unidos tampoco escasean los escándalos sexuales y el olor de la arrogancia; pero por lo menos son consensuados (por lo que sabemos). El director del FMI es acusado de asalto sexual. Si este término lo confunde a usted, olvídese de la palabra “sexual” y concéntrese en “asalto”, en la violencia, en la negativa a tratar a alguien como ser humano, en la negación de los más básicos derechos humanos, el derecho a la integridad corporal y la seguridad personal. “Los derechos del hombre” era una de las grandes frases de la Revolución Francesa, pero siempre ha sido cuestionable si incluye los derechos de las mujeres.

Los Estados Unidos tienen cien millones de defectos, pero me siento orgullosa de que la policía le haya creído a esta mujer y de que ella tendrá su día en la corte. Me complace no estar esta vez en un país que decide que la carrera de un hombre poderoso o el destino de una institución internacional sean más importantes que esta mujer y sus derechos y su bienestar. Esto es lo que entendemos por democracia: que todos tienen una voz, que nadie se sale con las suyas sólo por su riqueza, su poder, su raza o su género.

Dos días antes de su arresto, Strauss-Kahn, al parecer, salió desnudo de su cuarto de baño de hotel; había una gran manifestación en la ciudad de Nueva York. “Hagamos que Wall Street pague” era el tema y los trabajadores sindicalizados, los radicales, los parados, y otros –20.000 personas– se reunieron para protestar por el asalto económico en este país, que está creando tanto sufrimiento y privación para muchos, y riqueza obscena para unos pocos.

Yo estaba ahí. En el vagón de regreso a Brooklyn, un hombre de la edad de Strauss-Kahn le había metido mano a la más joven de mis tres compañeras. Al principio, ella pensó que se habían golpeado accidentalmente. Eso fue antes de que ella sintiera la mano de él en las nalgas, y me dijo algo, como lo hacen las mujeres jóvenes a menudo, tentativamente, en silencio, como si tal vez no estuviera sucediendo eso o que no fuera del todo un problema.

Finalmente, ella lo miró con rabia y le dijo que se detuviera. Por un momento, recordé mis años de joven de diecisiete años en París y cuando algún imbécil me agarró el culo. Tal vez fue mi momento más americano en Francia, cuando era un país de agarraculos; y digo americano porque llevaba tres toronjas, una compra preciosa sitomamos en cuenta la pequeñez de mis fondos, y se las arrojé, una tras otra, al sinvergüenza, como pelotas de béisbol, por la satisfacción de verlo escabullirse en la noche.

Su acción, como tanta violencia sexual contra la mujer, estaba destinada sin duda a ser un recordatorio de que este mundo no era mío, que mis derechos –mi Libertad, mi Igualdad y mi Fraternidad, si se quiere– no importaban. Excepto que yo lo había hecho correr bajo un aluvión de fruta. Y a Dominique Strauss-Kahn lo bajaron de un avión para hacerlo responder a la justicia. Sin embargo, que una amiga mía fuera manoseada de camino a casa después de una marcha por la justicia deja en claro lo mucho que todavía hay por hacer.

LOS POBRES MUEREN DE HAMBRE MIENTRAS LOS RICOS SE TRAGAN SUS PALABRAS

Lo que hace tan resonante el escándalo sexual que estallara la semana pasada es la forma en que el presunto agresor y la víctima representan relaciones mayores alrededor del mundo, comenzando con el asalto del FMI sobre los pobres. Ese asalto es parte de la lucha de clases de nuestra era, en la que los ricos, y sus representantes en los gobiernos, han tratado de engrandecer sus propiedades a expensas del resto de nosotros. Los países pobres y en desarrollo del mundo pagaron primero, pero el resto de nosotros estamos pagando ahora, a medida que las políticas y el sufrimiento que imponen llegan a nosotros a través de medidas económicas de derecha que avasallan a los sindicatos, los sistemas de educación, el medio ambiente y los programas sociales para discapacitados y adultos mayores, en el nombre de la privatización, el libre mercado y los recortes de impuestos.

En una de las apologías más notables de nuestra época, Bill Clinton –quien tuvo su propio escándalo sexual alguna vez– dijo ante las Naciones Unidas en el Día Mundial de la Alimentación en octubre de 2008, cuando la economía mundial se desmoronaba: “Necesitamos que el Banco Mundial, el FMI, todas las grandes fundaciones y todos los gobiernos admitan que, desde hace 30 años hemos estado metiendo la pata, incluyéndome a mí cuando yo era presidente. Nos equivocamos al creer que los alimentos eran otro producto para el comercio internacional, y todos tenemos que volver a una forma más responsable y sostenible de agricultura“.

Y lo dijo aún más duramente el año pasado: “Desde 1981, los Estados Unidos han seguido una política, hasta el año pasado, más o menos, cuando empezamos a repensarlo, por la que los países ricos que producimos una gran cantidad de alimentos debemos vendérselos a los países pobres y liberarlos de la carga de producir sus propios alimentos, para que, gracias a la bondad, puedan saltar directamente a la era industrial. No ha funcionado. Puede que haya sido bueno para algunos de mis agricultores de Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error. Fue un error en el que yo participé. No estoy señalando con el dedo a nadie. Lo hice. Tengo que vivir cada día con las consecuencias de la pérdida de capacidad de los agricultores en Haití de producir una cosecha de arroz para alimentar a sus familias, a causa de lo que hice“.

La admisión de Clinton estaba a la altura de la que hiciera en 2008 el ex presidente del Banco Reserva Federal [porque hay que recordar que el “Federal Reserve Bank” no es ni federal, ni es reserva. NdT], Alan Greenspan, en el sentido de que la premisa de su política económica estaba equivocada. Las mencionadas políticas y las del FMI, del Banco Mundial, y las de los fundamentalistas del libre comercio han creado pobreza, sufrimiento, hambre y muerte. Hemos aprendido, la mayoría de nosotros; y el mundo ha cambiado notablemente desde los días en que los que se oponían el fundamentalismo del libre mercado eran etiquetados como “retrógradas analfabetos, sindicatos proteccionistas o yuppies queriendo volver a 1960”, en las mortales palabras de Thomas Friedman, que después debieron comerse.

Algo notable ocurrió luego del devastador terremoto de Haití el año pasado: el FMI bajo Strauss-Kahn intentó utilizar la vulnerabilidad de ese país para obligarlo a aceptar nuevos préstamos con las condiciones habituales. Los activistas reaccionaron a un plan que estaba garantizado que aumentaría el endeudamiento de un país ya en crisis por el tipo de políticas neoliberales por las que Clinton se disculpó tardíamente. El FMI parpadeó, dio un paso atrás, y accedió a cancelar la deuda existente de Haití con la organización. Fue una victoria extraordinaria para el activismo informado.

PODERES DE LOS SIN PODER

Parece como si una camarera de hotel podría acabar con la carrera de uno de los hombres más poderosos del mundo, o mejor dicho, que podría acabarla él mismo por dar por descontados los derechos y la humanidad de esa trabajadora. Más o menos lo mismo le pasó a Meg Whitman, la multimillonaria de E-Bay que se postuló para gobernadora de California el año pasado. Ella se subió al tren de los conservadores atacando a los inmigrantes indocumentados, hasta que se descubrió que ella misma había empleado a una, Nicky Díaz, como ama de llaves.

Cuando, después de nueve años, tener a una imigrante se había convertido en algo políticamente inconveniente, despidió a la mujer abruptamente, afirmando que ella no sabía que su empleada fuera indocumentada, y se negó a pagarle su salario final. En otras palabras, Whitman estaba dispuesta a gastar 140 millones de dólares en su campaña, ¡pero tiró por la borda su carrera política, en parte, por una deuda de 6.210 dólares en salarios no pagados!

Díaz dijo: “Sentí que me estaba tirando como un pedazo de basura“. La basura tenía una voz, y el Sindicato de Enfermeras de California se encargó de amplificarla, y California se libró de la dominación de una multimillonaria, cuyas políticas han brutalizado aún más a los pobres y a la empobrecida clase media.

La búsqueda de la justicia para un ama de llaves indocumentada y una camarera de hotel inmigrante son los microcosmos de la guerra mundial de nuestro tiempo. Si Nickie Díaz y la batalla sobre los préstamos del FMI del año pasado a Haití demuestran algo, es que el resultado es aún incierto. Podremos haber ganado algunas escaramuzas, pero la guerra continúa. Todavía queda mucho por saber acerca de lo que sucedió en esa suite de hotel en Manhattan la semana pasada, pero lo que sí sabemos es esto: se está librando una verdadera guerra de clases en nuestro tiempo, y la semana pasada, un así llamado socialista se puso en el lado equivocado de la misma.

Él se llamaba Privilegio, pero ella era Posibilidad. La de él era la misma historia de siempre, pero la de ella era nueva, y hablaba de la posibilidad de cambiar una historia aún inconclusa, que nos incluye a todos nosotros, que es sumamente importante, y que vamos a ver, a hacer y a comentar por muchos años.


(*) Rebecca Solnit es la autora de 13 libros, incluyendo de A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise Disaster y coautora, con su hermano David, de The Battle of the Story of the Battle of Seattle, una breve antología sobre cómo ese evento que cambió la historia ha sido tergiversado, con reproducciones de algunos de los documentos originales.


[Traducción para www.sinpermiso.info: Antonio Zighelboim]