Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

El cuento chino de Vargas Llosa

In Actualidad, Cultura on 23 julio, 2011 at 0:00

Isidro Estrada


Mario Vargas Llosa ha estado en China. En Pekín encandiló a una multitud de académicos, hispanistas, reporteros de medios chinos y extranjeros, estudiantes chinos de español, así como a numerosos latinoamericanos y españoles residentes en la capital china. Por algunas horas, el escritor obró el milagro de juntar a una variopinta comunidad, que no suele congregarse fácilmente en esta tierra. Todos los que pudieron, acudieron al conjuro de su labia, con el aliciente de detectar en ella un apéndice de su pericia literaria escrita. Y lo logró.

Don Mario alegró almas cantando loas al ejercicio literario como panacea para todo tipo de males, desde la falta de comunicación entre culturas a la presencia de autoritarismos políticos y la carencia de libertad individual. También definió territorios, diciendo que la literatura no es solo un entretenimiento, sino un invento fundamental de la civilización y del progreso humanos. Llamó asimismo a la participación ciudadana en la política. “No se puede dejar la política solo en manos de los políticos, porque entonces la política empieza a ir mal”, expresó ante una multitud mayoritariamente joven, que le escuchó con arrobo en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai.

Antes de viajar, Vargas Llosa había exhortado a que China compagine su apabullante desarrollo con mayores libertades formales, discurso que, una vez aquí, atemperó, en evidente consideración a sus siempre aquiescentes anfitriones. Pero, ojo, el invitado no vaciló en hacer avanzar su agenda ideológica. Ahora queda por ver cuánto de la misma ha calado en la intelectualidad local. Y si será para bien. O si no hará más que crear confusiones, a fuerza de que sus exhortaciones se asimilen acríticamente.

Sus anfitriones académicos chinos le sonrieron todo el tiempo. Adiviné entre ellos cierta desesperación por tener a su lado a un Nobel de carne y hueso, a como diera lugar, luego de dar por sentado de que el propio, el chino Gao Xingjian, no volverá a China, al menos en un plazo razonable. Otro laureado que dejó esperando a la academia china fue el colombiano Gabriel García Márquez. A Gabo no le hicieron gracia alguna las múltiples ediciones pirateadas de su obra que circulaban como pan caliente en el país asiático.

De tal modo, los catedráticos locales le hicieron lugar en sus foros al peruano, que en esencia dijo lo mismo que ha repetido Gao Xingjian por años, con aquello de no dejar la política a los políticos. Y luego agregó sus habituales fogonazos libertarios, en los cuales no advierto más que un tránsito de vuelta a los más rancios postulados de los poderosos de siempre.

Lo digo convencido de que este magnífico escritor rueda colina abajo y sin freno cada vez que intenta maridar, en contrahecho matrimonio, creación literaria y compromiso socio-político, en su muy personal estilo.

La libertad que Vargas Llosa propugna puede parecer miel sobre hojuelas para muchos. Y de hecho debería ser un principio irrenunciable de todo ser humano. Mas él mismo debería aclarar por qué, después de recorrer casi todo el espectro ideológico – desde el izquierdismo de barricada de los años 60, a los cantos de sirena de un liberalismo que se codea impune con la hegemonía de los poderes tradicionales -, aún no logra vertebrar un discurso universalmente liberador. Quizás ello obedezca a lo difícil de asimilar el mantra libertario de Vargas Llosa, leyendo sus justificaciones sobre el manotazo militar que Estados Unidos asestó a Irak, como tuvo a bien hacer el autor con sus textos escritos desde esa nación árabe.

Lo que el “escribidor” nos propone en el terreno político, como complemento y reverso de su indudable valía literaria, es que sigamos aceptando más de lo mismo, tragándonos sin chistar este orden mundial insostenible.

Para fundamentar su tesis, quizás Mario Vargas Llosa debería intentar escribir una última gran novela, en la cual nos explique – y sobre todo nos convenza – de cómo su adiós definitivo a su otrora admirado Che Guevara y su posterior abrazo a Bush, Aznar y Blair, suponen el camino hacia un ser humano más emancipado en todo el sentido de la palabra.

Una vez más, habrá que citar a su esposa Patricia, quien le dijo: “Mario para lo único que tú sirves es para escribir”. Cuando ungido con la suerte del Juno romano de doble cara, Vargas Llosa juega con la ficción, nos descubre un universo nuevo, una fiesta total. Sin embargo, cuando pone el otro rostro, tratando de acomodar la realidad a su credo, el espectáculo es puro fuego artificial. Y con la pólvora mojada.


[Fuente: Diario del Pueblo]






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