Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Una nueva era de viajes espaciales

In Actualidad, Cultura on 2 agosto, 2011 at 0:00

Editorial de
Diario del Pueblo


Cuando su tren de aterrizaje tocó tierra sin percance alguno el jueves, en el Centro Espacial Kennedy de la Florida, el Atlantis –el último transbordador espacial de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA)– concluyó sus misiones, poniendo punto final asimismo a una era para la navegación de este tipo de aeronaves.

En 30 años, el programa de transbordadores hizo numerosos aportes originales en las áreas de ciencia y tecnología y estableció gran cantidad de jalones para la historia de la navegación tripulada, aunque también ocurrieron tragedias inesperadas, que en algún momento minaron la confianza del público. El 28 de enero de 1986, la nave Challenger estalló en pedazos 73 segundos después de su lanzamiento, matando a los siete miembros de la tripulación. El 1 de febrero de 2003, el Columbia se desintegró al regresar a la atmósfera de la Tierra, matando a sus siete tripulantes.

Considerado el más avanzado y versátil equipo de vuelo construido en la historia, el transbordador devino epítome del ingenio humano, así como un símbolo de la superioridad de los EEUU en la navegación tripulada. Sin embargo, sus excesivos costos, la falta de fiabilidad y los recortes del presupuesto condujeron al final del programa.

El final de la era de los transbordadores podría considerarse momento crucial para la navegación tripulada de EEUU. Sin reemplazo disponible a la vista, el país tendrá que depender de los cohetes rusos para acceder a la estación espacial internacional, hasta que sus compañías privadas desarrollen nuevos cohetes y naves espaciales capaces de transportar seres humanos y carga al espacio con seguridad y económicamente.

Aunque el programa de transbordadores concluya, la aventura espacial de la humanidad continuará. La administración de Obama ha revelado un audaz plan para enviar astronautas de EEUU a Marte en las tres décadas próximas. Por otra parte, es gratificante ver como cada vez más economías emergentes se suman a las filas de las potencias espaciales, anotándose progresos notables en la exploración del espacio.

En el ansia humana por desentrañar lo ignoto radica la urgencia por hacer los sueños realidad. Sin embargo, la historia demuestra cómo el instinto codicioso de la naturaleza humana, al actuar con desenfreno, puede conducir a conflictos en la Tierra, algo que ningún país desea repetir en el espacio.

La competencia en el área de vuelos espaciales estimuló enormemente la innovación tecnológica, pero el dominio de la alta tecnología por parte de EEUU y el exceso de competencia, incluyendo la carrera armamentista espacial, no tienen nada positivo que ofrecer. Todas las naciones deben aunar esfuerzos para conseguir modos de explorar el espacio exterior por el bien de la coexistencia pacífica universal.






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