Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

El bueno, el malo y el loco

In Actualidad on 10 agosto, 2011 at 0:00

Saul Landau

La élite política y sus medios estenográficos no clasifican a los tipos de terroristas. Si lo hicieran, obtendríamos al bueno, al malo y al loco.

Como nadie es perfecto, es natural que los virtuosos suministradores de la muerte y la destrucción necesiten flexibilidad. Ocasionalmente ocurren errores. Por ejemplo, cuando aviones norteamericanos sin piloto –un arma básica para los terroristas virtuosos— matan como es de costumbre a civiles en Pakistán, Yemen y otras áreas remotas, en ocasiones el Pentágono admite su honesto error. Los directores de aviones sin piloto, por supuesto, tenían buenas razones para creer que los cadáveres, cuando estaban vivos, eran terroristas y no escolares y amas de casa.

De manera similar a fines de julio, cuando las bombas de la OTAN destruyeron un hospital en Libia, los voceros de la organización antiguamente anti-soviética admitieron un nuevo error bien intencionado. Si la bomba hubiera caído sobre las tropas del malvado (todo el mundo sabe eso) coronel Gadafi o sus seguidores, infirieron, hubieran servido a una causa humanitaria. Después de todo, vean lo que ese traicionero Gadafi había hecho a Estados Unidos y a Europa Occidental. (Él hasta había llegado a acuerdos con compañías petroleras occidentales y abandonado su programa de armas nucleares; como no aprendió la lección de Irak, se hizo vulnerable.)

Mientras el  mundo seguía las guerras libia y afgana en las cuales las bombas de los “buenos terroristas” destrozan a veintenas de gente mala y las bombas de los terroristas malo destruyen a otras veintenas de gente buena, pocos prestaron atención (seguramente no los medios) a una celebración en junio en Hialeah, la Florida. El alcalde Carlos Hernández invitó a los medios a “unirse a nosotros en la próxima reunión del Concejo de la ciudad, en el que el activista y artista cubano Luis Posada Carriles recibirá la Llave de la Ciudad de Hialeah, junto con una proclama que instaurará el Día de Luis Posada Carriles en Hialeah”.

La invitación explicaba que a Posada “se le rinden honores por su incansable dedicación al avance de la democracia y para exigir la libertad en Cuba y el hemisferio occidental”.

Nunca quedó claro de qué manera Posada –un luchador por la libertad, y por lo tanto un buen terrorista— se dedicó “al avance de la democracia” siendo el autor intelectual, junto con su colega en el exilio Orlando Bosch (recientemente fallecido después de haber recibido honores múltiples veces en Miami), del sabotaje a un avión comercial cubano sobre Barbados hace casi 35 años. Sin embargo, todos estuvieron de acuerdo con los hechos: 73 pasajeros y tripulantes  murieron, La policía de Trinidad arrestó a los esbirros de Posada y de Bosch, los cuales los nombraron a los dos como autores intelectuales del hecho. Las autoridades venezolanas arrestaron entonces al dinámico dúo. (¡El precio que a veces tienen que pagar los buenos terroristas!)

Los sobornos de parte de ricos exiliados y la presión de funcionarios del gobierno norteamericano lograron que los dos héroes salieran en libertad. En pro del avance de la causa de la libertad, las autoridades en ocasiones miran para otro lado.

No critiquemos por criticar la naturaleza de la violencia del exilio cubano. En 1976, exiliados que luchaban por la libertad bombardearon el cuartel general en Miami del FBI y la Oficina de Correos; un gran asunto que en aquel mismo año cinco miembros del Movimiento Nacionalista Cubano trabajaron con la Policía Secreta del dictador chileno Augusto Pinochet para hacerle un atentado con bomba a Orlando Letelier, el ex embajador chileno en Washington, y a su colega Ronni Moffitt, a menos de un kilómetro de la Casa Blanca. Letelier era socialista y Ronni, bueno, daño colateral, como dicen ellos.

Algo de lo que los medios raras veces nos recuerdan es que durante la década de 1960 y la de 1980, inclusive, los luchadores anti-castristas por la libertad  mataron en territorio norteamericano, no en Cuba, a veintenas de sus enemigos. Max Lesnik, director de periódico y escritor que está en desacuerdo con los violentos exiliados, fue bombardeado repetidas veces, pero milagrosamente sobrevivió. Nunca entendió la lógica de aquellos cuyo objetivo era derrocar al gobierno cubano reventando bombas en ciudades norteamericanas. A menudo los métodos de los buenos terroristas parecen desafiar la razón humana ordinaria y no parecen ser otra cosa que actos dementes o formas de extorsionar dinero. Pero los medios y políticos clave de la Florida siempre explican que estos asesinos con bombas bien intencionados son apasionados y harán cualquier cosa por la libertad.

A veces explotan sus bombas solo para demostrar un punto. En 1970 el Cine Fifth Avenue de Nueva York anunció que proyectaría mi documental Fidel. La Televisión Pública lo había trasmitido un año antes, un acto de provocación para los exiliados cubanos, ¿Por qué otra razón iban a poner una bomba en la emisora sino para demostrar la perfidia moral de presentar ideas contrarias a las suyas?

Poco antes de iluminarse la pantalla, estallaron bombas en el teatro, lo que hizo que se cancelara la premiere. Semanas más tardem prendieron fuego el cine de Los Ángeles que había anunciado la próxima presentación del filme.

Ninguno de los atentados con bombas, muertes por disparos y otros actos violentos por los exiliados cubanos debiera considerarse como ejemplos de mal terrorismo, ya que no tenían una relación con musulmanes.

Los terroristas malos, como los que destruyeron el World  Trade Center y con regularidad se detonan a sí mismos en Afganistán, Irak y Pakistán, y los chiflados que esconden explosivos en sus zapatos y en su ropa interior  han obligado al gobierno a reducir nuestras libertades. Así son de peligrosos.

Sin embargo, la categoría de chiflados emerge muy de vez en cuando, el más reciente en Noruega. Los primeros informes de los “expertos acerca de la masacre causada por Anders Breivik culpaban a los jihadistas musulmanes –al igual que hicieron veinte años antes, cuando ex soldados de EE.UU. atacaron con bombas el Edificio Federal de Oklahoma City. Cuando ocurre la violencia en grande, los medios acuden a gente como Stephen Emerson, autodenominado “experto” que inmediatamente culpó de la bomba en Oklahoma a extremistas musulmanes –al igual que hicieron otros “expertos”.

Mientras el asesino de Noruega llevaba a cabo su “misión”, los medios prestaron menos atención a un hombre que disparó contra seis personas en una feria automovilística de Seattle y a otro que mató a su ex esposa y a cinco miembros de la familia de ella en una competencia de patinaje en Texas. ¡Más locos! Otro demente disparó contra la representante Gabby Gifford y contra una docena adicional de personas en Tucson. ¡Asombroso que haya sido un cristiano quien lo hizo!

Los cristianos con armas de fuego han ayudado a que Oakland, en California, se haya ganado el mote de “Pequeña Irak” entre los habitantes de la ciudad. El Unabomber, de quien el carnicero noruego tomó pasajes para su manifiesto de 1 500 páginas, y McVeigh, quien ganó su fama en Oklahoma y de quien cual el noruego obtuvo la fórmula de los explosivos, también pertenecen a la categoría de los locos. Ellos aseguraron que su violencia era parte de una misión más elevada, al igual que hacen los que ordenan a los aviones sin piloto y a los B-52 que asesinen.

Cuando las categorías se confunden, vayan a otra sección del periódico y entérense si Angelina ha adoptado a otro huérfano.

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[Fuente: Progreso Semanal]






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