Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Occidente necesita una transformación política

In Actualidad on 1 septiembre, 2011 at 0:00

Zhong Sheng


Japón va a cambiar de primer ministro una vez más. Con “siete primeros ministros en diez años”, el reemplazo frecuente de jefes de gobierno se ha convertido en un norma en la política japonesa. Del mismo modo, la atención de la opinión pública internacional ha disminuido considerablemente. Sin embargo, “convertirse en japonés” ha vuelto a ser una frase para describir la política en los países occidentales. Este es un fenómeno que merece una reflexión profunda.

En la portada de la revista británica The Economist del 30 de julio aparecían Barack Obama y Angela Merkel vestidos con quimonos. El título del artículo era: “convertirse en japonés”. Esta frase se hizo popular durante los años ochenta debido a una canción británica, que decía: “Creo que me estoy convirtiendo en japonés, realmente creo que es así”. Las letras de la canción hacían referencia a la ansiedad interna que experimentaban los jóvenes de esa época. Esta vez se ha usado la frase para ridiculizar la inquietud e indecisión de los hacedores políticos de Washington y Berlín. Se puede decir que el efecto es muy visual.

En la actual crisis económica en Occidente, lo que más preocupa a los medios de comunicación no es si dos motores económicos como EEUU y Alemania pueden bajar la velocidad, sino más bien las decisiones políticas en ambas potencias y si es posible que se cambie de líderes al igual que en Japón: “de manera incompetente, ineficaz e irresponsable”.

De hecho, después de la guerra fría, el ambiente político en EEUU y Europa ha experimentado grandes cambios. Por ejemplo, en EEUU el poder de dirección del presidente y el poder ejecutivo se debilitó en cuestiones como las relaciones exteriores y la seguridad, entre otras. Sin embargo, comparado con eso, la Casa Blanca ha registrado un alto grado de control a la hora de tratar los asuntos internos del país.

Con la expansión de la globalización económica, los problemas internos de EEUU se han entrelazado con los problemas mundiales. Los problemas económicos y sociales, entre otros, son cada vez más complejos. Con el surgimiento de la generación X, el retiro gradual de los “babyboomers” y el aumento del impacto de los medios de comunicación en la sociedad, la opinión pública se muestra heterogénea y dispersa. La dificultad de formar una opinión pública más unificada es mayor. Esto también ha producido un agudo antagonismo entre los dos grandes partidos políticos. En este contexto, la Casa Blanca difícilmente puede formular un conjunto de medidas que reciban el respaldo amplio de la sociedad norteamericana. El conflicto entre la realidad social y el sistema de toma de decisiones se ha hecho más evidente con la búsqueda urgente de una salida frente al golpe de la crisis financiera.

Nadie negará el sistema político de los países occidentales, pero los problemas que han estallado en en el escenario político son cada vez más evidentes: una ruptura de la situación general de desarrollo nacional y de los intereses a largo plazo, en favor de los intereses electorales. El agudo antagonismo entre los partidos políticos ha provocado que el debate de muchos proyectos importantes se haya convertido en una maratón de dimes y diretes. Tan solo en el 2008, el partido republicano utilizó o amenazó con utilizar el “obstruccionismo político” y paralizó el tratamiento del 80% de importante proyectos de leyes. Justo como advirtió un político europeo, los gobiernos se están convirtiendo en “corderos de la opinión pública”.

Cuando la “enfermedad japonesa” de cambiar frecuentemente de primer ministro se convierte en un síntoma típico, es fácil dudar de la credibilidad y el prestigio de los gobiernos occidentales. Si están ocupados pensando de qué manera pueden quedarse en el puesto de presidente o primer ministro por unos días más, ¿cómo van a tener la energía suficiente para idear un plan general de desarrollo nacional? ¿Cómo van a tener la suficiente voluntad para mantener los intereses comunes de los países del mundo?

No hay dudas acerca del valor de la democracia. Sin embargo, ésta no puede y no debe convertirse en un sinónimo de ineficiencia en donde los políticos sólo saben culparse unos a otros. Si las diferencias de opinión pública de algunos países son difíciles de superar y el gobierno carece de liderazgo y capacidad de ejecución, la gente tiene razón al hacer esta pregunta: ¿Puede ser que haya un problema en el sistema político de estos países? Esos países, sobre todo aquellas potencias que actualmente tienen “privilegios” en el orden económico y político internacional, ¿podrán pasar la prueba que supone encontrar una solución a las problemáticas mundiales?

En la cabeza de muchas personas está arraigada la idea que el sistema político occidental es el mejor y el más ventajoso, e incluso se ha convertido en una “verdad política” indiscutible. De acuerdo con esta lógica, todos los problemas de los países en vías de desarrollo han surgido a partir del sistema político, pero en cuanto a los problemas de Occidente hay todo tipo de causas probables, pero no tienen ninguna relación con el sistema político.

En un mundo en rápido desarrollo, otros países actúan con rapidez y visión, pero nuestro gobierno (EEUU) sin embargo está paralizado. Es muy bueno decir sin parar que tenemos el sistema más grande de toda la historia mundial, pero al continuar diciendo esto cuando ha perdido su función, nos parecemos mucho a esas porristas sin cerebro”. Esta idea del presentador de CNN, Fareed Zakaria, tiene cierta lógica.

En el mundo no hay un sistema político que sea perfecto y sin defectos que no necesite avanzar con los tiempos. Igualmente, los países occidentales también necesitan una transformación política y no deben señalar los desperfectos de las reformas políticas de otros países, haciendo la vista gorda a sus propias deficiencias. La crisis de la deuda en EEUU y Europa y la difícil situación en la que se encuentran esos países para tratar de resolverla, ilustran justamente este punto.


[Fuente: Diario del Pueblo]






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