Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La agencia Fitch rebaja la calificación de Canarias y de cuatro comunidades autonómicas españolas

In Actualidad, Economía on 14 septiembre, 2011 at 16:43

La agencia de calificación Fitch  ha rebajado hoy la calificación crediticia de Canarias (de ‘AA-‘ a ‘A+’, con perspectiva negativa) y de otras cuatro autonomías del Estado español (Andalucía, Cataluña, Valencia y Murcia) por sus excesivos déficits. Además, deja la puerta abierta a más recortes, ya que mantiene 10 comunidades  con perspectiva negativa.

En el caso de Andalucía, lo rebaja de ‘AA-‘ a ‘A+’, con perspectiva negativa. En el caso de Cataluña y de la Valencia lo deja en ‘A-‘, desde ‘A’, también con perspectiva negativa. Y la calificación de Murcia pasa de ‘AA-‘ a ‘A’, igualmente con perspectiva negativa. El pasado lunes fue Moody’s quien advirtió de que el dato de déficit de las autonomías del primer semestre ponía de relieve que son “incapaces” de cumplir con los objetivos de ajuste.

El déficit de las comunidades autónomas alcanzó el 1,20% del Producto Interior Bruto (PIB) en junio, cuando el límite para todo el año es del 1,30%. Andalucía (-1,49%), Cataluña (-1,01%), C. Valenciana (-1,92%), Murcia (-1,82%) y Canarias (-0,71%), tuvieron un alto déficit.

Fitch decidió en marzo poner en perspectiva negativa la calificación del estado español por, según argumentó entonces, el coste de la reestructuración del sector financiero y el gasto de las comunidades autónomas. Esta decisión supone dejar el rating de la deuda soberana, que actualmente está en un notable alto con una Aa2, en una especia de cuarentena a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos para, al final del proceso, tomar una decisión entre dos únicas opciones posibles: o bien mantener el notable alto o recortarlo.

No obstante, a la luz de las declaraciones que ha realizado hoy el director de calificaciones de Fitch, Douglas Renwick, hay más opciones de que España vuelva a sufrir un nuevo tijeretazo que de que salga indemne de la actualización del análisis de esta agencia.






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Libia: Guerra inconclusa y endeudamiento anticipado

In Actualidad, África on 14 septiembre, 2011 at 0:01

Ulises Canales


La OTAN podría detener hoy su devastadora agresión y los rebeldes terminar aplastando la épica resistencia de los leales a Muamar El Gadafi, pero la “nueva Libia” ya certificó su nacimiento socialmente fragmentada y políticamente endeudada.

El impasse que vivió el conflicto libio en torno a Bani Walid, Sirte y Sabha, más de dos semanas después de la entrada triunfal de los insurgentes a Trípoli, presagió que tomará mucho tiempo para escuchar del Consejo Nacional de Transición (CNT) la frase “misión cumplida”.

Al margen de montajes televisivos en la Plaza Verde, los sublevados tomaron el 23 de agosto Bab Al-Aziziyah, otrora residencia del ahora evadido líder, y pese al golpe psicológico que ello significó para los progubernamentales, las referidas ciudades mantuvieron la resistencia.

Básicamente Bani Walid, un oasis en medio del Sahara, y Sirte, ciudad mediterránea cuna de El Gadafi, se convirtieron en los últimos reductos de tenacidad y aquella actitud indómita de sus jefes tribales hizo abortar varias negociaciones para que se rindieran.

Miembros de una misma tribu, como es el caso de la Warfalla -la más numerosa e influyente de Libia y adepta a El Gadafi-, quedaron separados en uno y otro bando, atenazados por una campaña de desinformación deliberada que generó más confusión.

Alternando con las bombas, la aviación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) arreció en los días decisivos de Bani Walid el lanzamiento de panfletos instando a los pro-Gadafi a someterse y, en algunos casos, a abandonar el país.

Resultó paradójico que la beligerancia quedó virtualmente estancada -aunque la alianza atlántica mantuvo sus bombardeos- y el liderazgo del CNT se apresuró a delinear un gobierno interino y recabar reconocimiento mundial, sin tener pleno control de todo el territorio.

Tras casi siete meses de manifestaciones callejeras y protestas opositoras que la OTAN con el aval de la Liga Árabe ayudó a transformar en insurrección armada con visos de guerra civil, Libia tiene numerosas tareas pendientes en el plano militar, político, social y estructural.

La denominada Revolución de Febrero (el levantamiento comenzó el 17 de ese mes) ya clasifica como la más sangrienta de las revueltas árabes, si se asume como cierto los más de 50 mil muertos estimados por el CNT, y eso se traduce en un tejido social y tribal roto.

No es casual que numerosas ciudades y poblados declarados “bajo control rebelde” estén totalmente desolados, devastados y sin los más elementales servicios, algo que tampoco escapa a Trípoli y entronca con un objetivo clave de los llamados “Amigos de Libia”: la reconstrucción.

A primera vista, resulta fácil advertir que las prioridades de libios y aliados se bifurcan, pues los primeros ansían la captura de El Gadafi, vivo o muerto, para dar por concluida la guerra, mientras los segundos ya se frotan las manos con jugosos negocios.

El CNT insiste en presionar a Argelia, Níger y a todo Estado que reciba a parientes de El Gadafi para que los extradite, y los países occidentales y árabes que participaron en la agresión a Libia hicieron un primer ensayo de la repartición del botín, el 1 de septiembre.

Justo el día en que se hubieran cumplido 42 años de la llegada al poder de El Gadafi, los “Amigos de Libia” convergieron en la capital de Francia para dibujar el mapa de la reconstrucción de una nación que hasta hace poco descollaba entre las más prósperas de África.

Francia, anfitriona y pionera en los bombardeos contra el país norafricano; Estados Unidos, en un pensado segundo plano; y Gran Bretaña se apoyaron en un inventario de necesidades pensando en oportunidades de inversión en petróleo e infraestructuras.

Representantes de 63 países y organizaciones internacionales decidieron en París continuar con las operaciones militares “hasta que sea necesario” y, lo más importante, desbloquear 15 mil millones de dólares libios que la ONU había congelado a Trípoli en el exterior.

Todos nosotros nos hemos comprometido a desbloquear el dinero de la Libia de ayer para financiar el desarrollo de la Libia de hoy“, expresó el presidente francés, Nicolás Sarkozy, al justificar el negocio redondo sellado en París.

Dicho de otra forma, los rebeldes del CNT -vistos como las nuevas autoridades- dispondrán de efectivo para paliar necesidades domésticas, sobre todo pagar a las empresas europeas, estadounidenses y árabes que buscarán nichos de inversión, fáciles de hallar en la derruida Libia.

El propio gobierno de Sarkozy gestionó -o gestiona- acuerdos con los rebeldes para explotar un tercio de las reservas petroleras libias (al menos un 35 por ciento), según el diario Liberación.

Pero a la Ciudad Luz llegó el primer ministro David Cameron después de que un avión de la Fuerza Aérea Real Británica descargó en Benghazi billetes impresos en Londres por valor de 280 millones de dinares libios (233 millones de dólares) para revertir la escasez de efectivo.

Medios noticiosos británicos reportaron entonces que Londres planeaba enviar a Libia un equipo de expertos comerciales para asegurar negocios petroleros a las compañías nacionales frente a competidores rusos y chinos, en desventaja por el tardío reconocimiento del CNT.

De hecho, Rusia y China, las dos potencia miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que no apoyaron la agresión de la OTAN, y declararon su interés de preservar contratos lucrativos de energía y construcción que ya tenían en la Libia de El Gadafi.

El consorcio italiano del petróleo ENI firmó el 29 de agosto su propio acuerdo con el CNT para reiniciar la producción de crudo en Libia y modernizar un gran gasoducto que enlace bajo el mar Mediterráneo los campos petroleros libios con la península europea.

El CNT prometió atractivas recompensas a los que más apoyaron su rebelión, y en Libia pululan oportunidades para invertir en rubros como petróleo, agua, infraestructura, energía, telecomunicaciones, turismo, salud, educación, seguridad pública, transportes y otros.

La heterogeneidad de las filas insurgentes, las ambiciones sectarias y personales, la escasa formación política y militar, y la crispación político-tribal del país inducen a pronosticar un clima de desequilibrios muy prolongado.

Occidente es conciente de que en la nación norafricana tiene que evitar repetir los errores de Irak, y en ese empeño no se descarta que una fuerza multinacional permanezca en Libia bajo cualquier formato para imponer la necesaria estabilidad que requieren los negocios.


(*) Ulises Canales es corresponsal de Prensa Latina en Egipto.






Ojos que no quieren ver, lengua que se equivoca

In Actualidad, Economía on 14 septiembre, 2011 at 0:00

Luis Sexto


El trabajo voluntario en Cuba como práctica diaria o dominical ha dejado la plaza. Y ante este acontecimiento, ni original ni audaz, sería suponer que el acuerdo de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) que suprime, salvo en momentos de desastre, o de necesidades agudas de las empresas, el trabajo voluntario, ha recibido un implícito y mayoritario beneplácito… Pero asegurar lo contrario, esto es, que muchos cubanos se muestran inconformes por ello, podría significar que uno se colocara la máscara de hierro del torpe o del oportunista, o del dogmático que aún no se ha dado cuenta de en qué sociedad vive y cuáles circunstancias la rodean.

Negar su trascendencia en la estrategia de cambios, tampoco, a mi modo de ver, sería exacto. Los efectos de la medida, adoptada en el pleno número 87 del Consejo Nacional de la CTC, el 18 de febrero pasado, son varios. Hemos de valorar, primeramente, que el trabajo voluntario, al evolucionar, logró disminuir el tiempo libre de los trabajadores, además de reducirles la condición de sujetos libres mediante la presión sindical y administrativa. El propio hecho de pedir la disposición para “el trabajo voluntario” con una libreta en la que anotarían tu nombre en la casilla afirmativa o también, por decantación, en la de los ausentes, derivaba en un mérito o en una definición política. Y por tanto, más que la labor sin fines de lucro que los trabajadores pudieran haber realizado, importaba que asistieran, aunque confirmaran en la práctica que, a veces, la convocatoria sólo había servido para perder el tiempo y los recursos. Pero, como es de concluir con lo ya dicho, servía a este o aquel para aparentar una integración social que les facilitara acumular horas sin pago, pero aptas para ser retribuidas en la distribución de bienes o de posiciones.

En segundo término, y no en menor relevancia, se extingue el trabajo voluntario como instrumento siempre a mano para completar la producción o las tareas no cumplidas en las ocho horas habituales. O más claro: la medida ha rasgado uno de los velos con que se encubría la ineficiencia. A partir de ahora, pues, de acuerdo con el criterio de la CTC, “las entidades que necesiten emplear fuerza de trabajo para tareas eventuales o emergentes, de temporadas o estacionales, así como para sustituir a trabajadores ausentes por causas reconocidas en la legislación, deberán contratarla en la reserva laboral”.

¿Valoraremos desprejuiciadamente el significado político y económico de esta decisión? Recordemos que el trabajo voluntario se concibió en Cuba con propósitos de educación ideológica, y como un modo de articular “el hombre nuevo del socialismo”: un ser social dispuesto a laborar por solidaridad, por altruismo, y para quien el trabajo operaría también como ascética de mejoramiento ético. El Che Guevara fue uno de sus introductores y uno de los más entusiastas teóricos y practicantes. Más tarde, como siguiendo el destino inevitable de cuanto se absolutiza y se gestiona sin una estrategia racional, el trabajo voluntario se relajó, se convirtió en una ceremonia que, por lo común, más que incrementar la riqueza, la dilapidó, y en vez de estimular el respeto y el apego al trabajo, lo limitó por el predominio de un espíritu ritual.

Aunque pueda creerse lo contrario, no es primera vez que se habla, o hablo, de esta manera sobre lo que resultó la iniciativa de Che Guevara. En lo personal, durante el período de 1990, recuerdo este episodio. En una de las sesiones de la Asamblea Nacional, que yo cubría para la revista Bohemia, un diputado me reprochó haber emitido por el programa Hablando Claro, de Radio Rebelde, juicios críticos acerca de la distorsión del trabajo voluntario. Usted me estropeó una movilización muy numerosa para ese fin de semana, dijo. Por una parte, yo convocándola y usted desmejorando mi esfuerzo.

Quizás no me equivoque al apuntar que en Cuba habitualmente hubo polémica, choque de ideas acerca de cómo concebir el socialismo. Para mí, alguna vez este habrá de ser el reino de la libertad y la igualdad. Y en conjunto dialéctico, porque sin la igualdad no predominará la libertad. Pero aun sin el trabajo voluntario, el trabajo eficiente, eficaz y efectivamente realizado, y remunerado en justicia, será también medio e impulso de bienestar y crecimiento ético individual y colectivo. ¿Acaso la inmoralidad no podría haber distinguido una jornada voluntaria donde antes se había laborado mal por desinterés o indisciplina?

A algunos juicios no les basta. Y en particular desde Miami –al menos en lo que conozco– a tan plausible decisión le han reprochado el haberse decidido en febrero y dado a conocer en el semanario Trabajadores a principios de agosto, coincidiendo con el período de sesiones de la Asamblea Nacional y el discurso del Presidente Raúl Castro. Con lo cual se evidencia –dicen– una subordinación del movimiento sindical al Poder estatal. Y es, en efecto, una subordinación. Una subordinación a la estrategia de transformaciones de la sociedad cubana. La retención de la noticia, compuso por tanto, a mi parecer, la espera del momento político apropiado como para que acción tan drástica no suscitara dudas e incomprensiones, incluso oposición en las mentalidades más conservadoras, si hubiera sido anunciada fuera del clima que la respaldara. Tras la condena a dogmas y tabúes, la anulación del trabajo voluntario cotidiano encaja en el proceso de reajuste de una  economía que busca la eficiencia y la efectividad reduciendo, entre otras medidas, las plantillas recargadas. ¿No resultaría una inconsecuencia pedir  trabajar voluntariamente a quien sobra en la plantilla o a quién quedó solo en un puesto donde antes había tres?

A mi parecer, los que nieguen que la supresión del trabajo voluntario implique un paso adelante en la actualización racional de la sociedad socialista cubana, estarían leyendo un periódico de ayer como si fuese de hoy. Los que así pensaren –digo sin propósito de ofender, sino de registrar el hecho– estarían calándose también una máscara de hierro, pero sin la visera que les permita ver la distorsión entre lo que estiman que es y lo que realmente es. Ese, apunto de paso como propuesta de reflexión, es un mal de muchos de cuantos han hecho de la elocuencia anticastrista un modo de vida y una justificación para el  exilio. De ahí tal vez su ya cincuentenario fracaso.


[Fuente: Progreso Semanal]