Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Un aporte marxista-leninista para la lucha revolucionaria en nuestro país

In Historia, Opinión on 6 octubre, 2011 at 0:00

Marco Vinicio Dávila Juárez
Miembro del Buró Político del Partido Comunista de México


El revolucionario no es la persona que posee un cúmulo de conocimientos teóricos y maneja con soltura el lenguaje dialéctico sino el que, además de esto, tiene una serie de cualidades, actitudes, capacidades y hábitos revolucionarios que no pueden aprenderse en ningún libro porque se adquieren y desarrollan únicamente en la acción revolucionaria junto a las masas. (Folleto 4)

En el Partido Comunista de México hemos reivindicado como parte de nuestra historia y tradición las luchas del pueblo mexicano contra sus opresores. Reconocemos y nos nutrimos de las experiencias de organizaciones que teniendo como guía el marxismo aportaron su esfuerzo al esclarecimiento de la situación del país y pusieron toda su capacidad a la causa de su transformación revolucionaria.

Es el caso de Arturo Gámiz y su grupo de insurgentes, “que fueron precursores en desarrollar el deslinde con la ideología burguesa de la Revolución Mexicana” y cuya discusión teórica culminó con el Asalto al Cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, inaugurando en nuestra patria el periodo de las luchas armadas por el socialismo.

El fracaso de su acción militar no significa, como muchos de esos a los que criticaron argumentaron después, que fuera erróneo su análisis político. De los errores tácticos, es decir de los errores militares los propios participantes del Asalto en su tiempo escribieron sus experiencias y valoraciones, y a lo largo de estos cuarenta y seis años militantes de la causa del socialismo e investigadores, algunos serios otros no tanto, han aportado elementos que intentan recuperar los hechos históricos y-o la experiencia de esta acción. Queda, sin embargo, mucho todavía por recuperar del análisis teórico, convertido hoy en aporte invaluable para la lucha revolucionaria y corresponde a los marxistas leninistas de México, a los comunistas esta tarea.

Este proyecto revolucionario no fue un acto espontáneo de un grupo de aventureros, como muchos en aquella época afirmaron, y como muchos los recuerdan hoy día; deslindes y descalificaciones a la táctica de la lucha armada los hubo entonces y los sigue habiendo hoy, fundamentalmente por oportunismo o por temor; deslindes con la fundamentación teórica los hubo ayer y los sigue habiendo hoy, principalmente por oportunismo o por flojera mental. Adhesiones igualmente las hubo y las hay; fueron los propios sobrevivientes de esa gesta los primeros que continuaron la lucha armada, otros siguieron su ejemplo y han regado con su sangre el camino de la revolución; pero también hubo quienes sólo lo hicieron por romanticismo o aventurerismo; empero, a la fundamentación teórica la adhesión de los comunistas debe ser sobre la base de un estudio profundo de los principales documentos elaborados previamente.

Si bien los participantes acumulaban años de experiencia de lucha política y social, e incluso armada, en diferentes organizaciones del estado de Chihuahua principalmente, su accionar político militar organizado como proyecto revolucionario tiene como punto de partida las resoluciones del Segundo Encuentro en la Sierra “Heraclio Bernal” realizado en Torreón de Cañas, municipio de Las Nieves, Durango, en febrero de 1965 (ya en octubre de 1963 se había realizado un primer encuentro) en donde se presentan para su discusión y aprobación una serie de cinco folletos conocidos como los Folletos del Encuentro en la Sierra “Heraclio Bernal”, en ellos se intenta dar una caracterización del mundo y de México. Aunque la autoría de los folletos es atribuible a Arturo Gámiz y Pablo Gómez, el hecho de haber sido presentados para su discusión y aprobados en este Encuentro los convierte en un esfuerzo teórico colectivo, con un profundo trabajo intelectual previo a la toma de decisiones. En dichos documentos se analizan, a la luz del marxismo leninismo, el mundo que les tocó vivir, el surgimiento y desarrollo del capitalismo en el mundo hasta la época en que ellos vivieron, describen las contradicciones y características del capitalismo, las crisis, el surgimiento de los monopolios, la proletarización de las masas, el desempleo, la miseria, el ocaso del capitalismo y sus contradicciones internas. Describen el mundo colonial y semicolonial.

De nuestro país realizan un breve resumen histórico desde la llegada de los españoles hasta la revolución de 1910-1917, resaltando las contradicciones de clase que expresaban los movimientos revolucionarios más importantes, el de Independencia, el de Reforma y la Revolución que culmina con la promulgación de la Constitución del 17 y el ascenso de la burguesía al poder. Realizan, eso sí, un exhaustivo análisis del periodo que inicia con el triunfo de la burguesía en 1917 hasta los años 60’s, etapa a la que denominan: Medio siglo de dictadura burguesa. Resaltando los hechos concretos en los que los “beneficios” de la revolución de aparente impacto para el pueblo, era en realidad obras que sólo beneficiaban a los ricos terratenientes, políticos, sus amigos y familiares. Este análisis destaca el hecho de que la burguesía mexicana está dividida en dos grandes grupos, el de la burguesía nacional que gobierna el país en conciliación y componendas con el imperialismo yanqui, “No está enamorado –el gobierno– del imperialismo, por el contrario, le profesa una sorda aversión, envidia y recelo porque se lleva al exterior cuantiosas riquezas que la burguesía nacional ambiciona para sí y con las cuales hasta agua se le hace el hocico. Pero al proletariado le tiene pánico, la sola idea de que se organice y fortalezca le pone la carne de gallina, porque sabe que cuando ese tome el poder para ella habrá acabado todo, su paraíso se desplomará como castillo de naipes, sus fueros y privilegios se acabarán. Ante tal perspectiva la burguesía prefiere acercarse al imperialismo y conformarse con lo que le deje”; otra, la burguesía proimperialista “que integran los grupos monopolistas del comercio, la industria y las finanzas, los grandes latifundistas y agricultores dedicados a la exportación, pugna porque México se entregue impúdicamente y sin más preámbulo al imperialismo”. Estos dos sectores estaban en constante pugna, pero lograron ponerse de acuerdo y cogobernaron a partir del régimen de Ávila Camacho, debido a eso no tienen problema en presentarse a las elecciones como un solo partido, el PRI. Las otras clases que son la pequeña burguesía urbana y rural, donde incluyen a los ejidatarios, a los pequeños propietarios y a los trabajadores precapitalistas del campo y el proletariado.

Declaran y demuestran ampliamente que la burguesía ha fracasado y es incapaz de resolver los problemas fundamentales del pueblo.

Casi para finalizar plantean, desde sus puntos de vista y las conclusiones de los documentos presentados, cuál es el único camino a seguir. Hacen una crítica a las posiciones de las organizaciones de izquierda de ese entonces, al Partido Comunista Mexicano y al Partido Popular Socialista; critican sus posiciones ante la lucha de clases en México, el sindicalismo, las organizaciones agrarias, las organizaciones juveniles y estudiantiles. Critican las posiciones de esos partidos con respecto a la lucha revolucionaria a la que han renunciado colocando a la clase trabajadora bajo la dirección de la burguesía, para luchar cómodamente con las formas convencionales, legales y pacificas de la doctrina del proletariado. “No se atreven a hacer más de lo que está permitido, lo autorizado y lo registrado por la secretaria de gobernación”. “Están enamorados de la paz burguesa, se han aclimatado y naturalizado –a ella–

Planteando la disyuntiva entre lucha pacífica y lucha armada, demuestran cómo a pesar del centenar de argumentos que hay para la primera forma de lucha, hay condiciones para la segunda: “Por nuestra cuenta no daremos ya marcha atrás en el camino de la revolución, sabemos que sin el apoyo de las masas no podremos triunfar, ganar su confianza y su apoyo es nuestra principal preocupación y nos proponemos lograrlo mediante los hechos.” Y lo cumplieron, no dieron marcha atrás.

Quise hacer este breve recuento de los documentos porque de todos estos planteamientos se desprenden algunas conclusiones de plena y absoluta vigencia:

En los documentos establecieron la caracterización de la época, concluyendo que el mundo se encuentra en la época del imperialismo. Enumerando una serie de “contradicciones congénitas e inevitables del capitalismo, que lo acompañan desde su nacimiento, y lo llevan a la tumba” como son: la proletarización y empobrecimiento de las masas, el desempleo crónico y creciente, la crisis de sobreproducción y subconsumo, la concentración de la producción y formación de los monopolios y la exportación de capitales y formación del imperialismo.

Así caracterizan al imperialismo: “Agotadas todas las posibilidades de mayor enriquecimiento en el propio país porque ya han succionado hasta la última gota del sudor y la sangre de su pueblo, los monopolios insaciables ciñen con sus tentáculos otros pueblos, los invaden con sus capitales y sus ejércitos. Sus garras arañan por todo el orbe y penetran hasta las más apartadas regiones saqueando los recursos naturales de los pueblos débiles, convirtiéndolos en simples abastecedores de materias primas y en mercados forzados para sus baratijas, chicles y refrescos. El capitalismo llegado a cierto grado de su desarrollo una vez que arruina a los pequeños capitalistas y concentra la producción y el capital en manos de los monopolios, cuando une el capital industrial y el bancario para formar el capital financiero y la oligarquía nacional, exporta capitales y forma asociaciones de monopolios que se reparten el mundo, es decir, se transforma en imperialismo, que es su fase superior y última.

Para los saqueadores imperialistas las colonias no son naciones con personalidad jurídica y soberanía ni son pueblos integrados por seres humanos que sufren y luchan por una vida mejor, simplemente son regiones abastecedoras de materias primas y de carne de cañón y mercados para chácharas.

Consecuentes con la caracterización anterior, caracterizan a la burguesía mexicana, declarando que ésta es ya incapaz de resolver los problemas fundamentales de nuestro pueblo. Es de resaltar que en los Folletos se encuentra ya advertido el camino que seguiría esta burguesía, su inserción en el desarrollo capitalista contemporáneo: el imperialismo, y la sujeción a éste vía acuerdos internacionales, por eso afirman que la burguesía proimperialista “convenció” a la burguesía nacional de los beneficios que obtendría con su adhesión al imperialismo; la burguesía mexicana ni abdicó, ni traicionó a los trabajadores mexicanos a favor de los monopolios transnacionales, los capitalistas mexicanos necesitaban, por ejemplo, del TLCAN para continuar su desarrollo, esto permitió la formación y consolidación de los monopolios de capital mexicano.

En los años en que se realizaron los documentos prevalecía para prácticamente todas las organizaciones y grupos de izquierda una estrategia que establecía la lucha por la Liberación Nacional como la tarea inmediata y en función de ella implantaban las tácticas correspondientes que imponían, de manera necesaria, la alianza con sectores de lo que denominaban burguesía nacional, ignorando lo que los jóvenes de Madera reconocían ya: la desaparición de las economías nacionales y establecían la existencia de una economía mundial” y la inexistencia de tal burguesía. Engendrando así un error estratégico de dimensiones incalculables para la clase obrera y amplios sectores populares que quedaban maniatados en su accionar independiente y sujetos a la dirección de esa burguesía. Este error estratégico sigue pesando hasta nuestros días sobre la clase obrera mexicana.

Fueron, sin embargo, los revolucionarios del Asalto a Madera los que pusieron en tela de duda toda esta estrategia, aportando una infinidad de datos que permiten entender el proceso de acumulación capitalista que se estaba desarrollando en México al amparo del Estado surgido de la revolución democrático burguesa de 1910-17 y de su clase dirigente, por lo que no tuvieron ningún empacho en denominar a este periodo Medio siglo de dictadura burguesa. Dentro del cual el proceso de nacionalizaciones era una necesidad para desarrollar las fuerzas productivas en el marco de las relaciones capitalistas; no era, como muchos supusieron una vía para la independencia nacional, el fortalecimiento de la clase obrera y la implantación pacifica del socialismo.

Por todo ello, los jóvenes de Madera concluyen que la lucha no es por estadios intermedios entre el capitalismo y el socialismo, que la lucha es por la revolución socialista, “El camino que nosotros hemos escogido está perfectamente claro, consideramos que ya es la hora de iniciar la revolución.

Pero además, derivado de este análisis, niegan las vías nacionales al socialismo. “La revolución sigue siendo una ley universal, es una burda mentira que haya `caminos nacionales´ propios y distintos para cada pueblo, lo fundamental no son las particularidades de cada país, sino los razgos generales del capitalista. Las leyes del capitalismo son las mismas y rigen por igual en Italia que en México. No hay `camino italiano´, `camino chileno´, `camino mexicano´, porque si la línea estratégica y táctica va a fundamentarse en razón de ciertos detallitos secundarios de cada país había que agregar que dentro de cada país hay condiciones muy diferentes de un estado a otro y por lo tanto surgirá también `un camino tarahumara´ al socialismo, `camino totonaca´, `camino chihuahuense´, etc.

Su correcta caracterización de la época y su comprensión de la inserción de nuestro país en la pirámide imperialista les permite advertir otro elemento a combatir: el oportunismo, inherente al imperialismo. Y lo combaten abiertamente y sin cuartel. De las organizaciones sindicales oficiales advierten las grandes lacras con que la burguesía y su gobierno las acosan y corrompen, “La corrupción, la violencia, la mediatización y la demagogia. Compra los cuadros dirigentes, los soborna y corrompe, impone a sus agentes al frente de cada sindicato, asesina lideres honestos, lanza el ejército y los granaderos, los bomberos, la secreta, etc. contra cualquier acción obrera, declara ilícitas o `inexistentes´ las huelgas, acusa de disolución `social´ a los mejores elementos del proletariado, toma medidas demagógicas como lo del reparto de `utilidades´ y hace concesiones reales para calmar el descontento. La corrupción de los dirigentes es uno de los principales aspectos del problema, a esto se llama en México `charrismo´, en memoria de un líder obrero prototipo de esta especie degenerada al que apodaban los ferrocarrileros: `el charro´.”

Así su crítica feroz contra el PCM y el PPS, las dos organizaciones de izquierda preponderantes en la época: “En México los partidos de izquierda parecen haber olvidado su misión histórica y quiénes son sus enemigos, pues emplean todo su coraje y todas sus energías en atacarse mutuamente y atacar a las organizaciones de masas, en meterse zancadilla mutuamente y meterle zancadillas a las organizaciones de masas. Las oficinas de los partidos de izquierda no son un cuartel general, ni un centro de estudio y trabajo, rara vez se comenta un libro importante, nunca se analiza el problema de la tierra o la situación de los trabajadores.

Algunos, cerrando los ojos a la realidad, desconociendo la experiencia histórica, embelleciendo el capitalismo atribuyen a la burguesía nacional cualidades que no tiene y postulan una alianza abstracta e incondicional en que el proletariado enajene su independencia y quede bajo la tutela burguesa. Al examinar las clases sociales, su correlación, sus tendencias y su carácter, les importa un comino los principios del materialismo dialéctico y de la lucha de clases, se basan en sofismas, y en la política de colaboración de clase. Inventan que la burguesía nacional independizará al país, resolverá los problemas fundamentales del pueblo y creará un nuevo tipo de democracia, y por lo tanto, el papel de los revolucionarios consiste en ayudarle en esas tareas, señalarle fraternalmente sus fallas y señalar a los curas que no le hacen caso al buenazo del señor presidente, es decir, que el papel de la clase obrera es el de peón de un sector de la burguesía para ayudarle a combatir a otros sectores. Consideran el capitalismo de Estado una panacea porque olvidan la división de la sociedad en clases, olvidan que el Estado es la burguesía y que el capitalismo de Estado obedece a los intereses directos e inmediatos de la burguesía nacional y sólo servirá al proletariado cuando éste tenga el Estado en sus manos. En lugar de consultar a los grandes teóricos del proletariado basan su línea política en los discursos y promesas del gobierno; en vez de atender las experiencias y los consejos de los pueblos hermanos que ya han pasado por el camino que México no inicia, atienden la consigna y el chisme que les dice `privadamente´ algún funcionario. Toman más en cuenta la frase elogiosa, el apretón de manos y el abrazo que les prodiga el funcionario que los macanazos, bayonetazos, torturas y descuartizamientos que prodigan a las masas los aparatos de represión de esos mismos funcionarios, prefieren y buscan la compañía y la amistad de los políticos del régimen en vez de acercarse las masas.

A Vicente Lombardo Toledano lo tipifican, según su accionar político, como un ideólogo de la burguesía.

Una vez más refutan las tesis estratégicas de la época cuando niegan que sólo hay un camino para transformar la realidad nacional, el de la transición pacífica. Y proclaman que sólo mediante la lucha armada es posible lograr cambios revolucionarios, cuestionando todos los argumentos que contra esta vía lanzaba la izquierda oportunista.

No aceptan, y demuestran por qué no, los argumentos de que la correlación de fuerzas favorables al socialismo aceleraría la revolución en cada país. Tampoco aceptan el pretexto que significaba el argumento sobre el débil equilibrio de la paz mundial para retrasar la lucha. Ni el argumento de que la división que en su época tenía el campo socialista hacía inviable el triunfo de cualquier lucha revolucionaria. Finalmente tampoco aceptan el argumento del fatalismo geográfico, cuestionado por el propio triunfo de la Revolución Cubana, al respecto dicen: “Que el imperialismo yanqui está listo para invadir cualquier país y que por tanto un movimiento armado tendría el valor de una provocación para que nos invada E.U. países como México donde la lucha revolucionaria es incipiente y timorata, no tiene el imperialismo la necesidad de mantener un ejército de ocupación, lo cual no quiere decir que no esté invadido y sojuzgado. Los revolucionarios nunca son provocadores, al contrario los opresores provocan la revolución. El imperialismo yanqui, más tarde o más temprano, ocupará militarmente nuestra Patria, pero también al imperialismo se le puede derrotar, se le está derrotando en otras partes y en México también será derrotado.

Siendo el marxismo-leninismo una ciencia, permite llegar a quien lo haya estudiado y comprendido con una actitud militante y revolucionaria a conclusiones que no sólo sirven para entender como un todo la realidad del momento histórico que se analiza, sino que da la posibilidad de buscar y encontrar los caminos –la estrategia y las tácticas– para la transformación de dicha realidad. Son los folletos para el Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal” un aporte marxista-leninista para la lucha revolucionaria en nuestro país.

Los comunistas en México tenemos ahora nuevos elementos de análisis y el aporte teórico de partidos comunistas hermanos, entre los que destacan los elaborados por el Partido Comunista de Grecia, que deben servirnos como herramientas para actualizar y enriquecer nuestra propia experiencia, pero siempre es bueno conocer y abrevar en la experiencia heroica de aquellos jóvenes que, como dijera el Ché Guevara, pusieron el pellejo para probar sus afirmaciones, y abrieron una perspectiva y un camino para la lucha independiente de los trabajadores por el socialismo-comunismo.






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