Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Reflexiones de un judío que se odia a sí mismo

In Actualidad on 17 octubre, 2011 at 0:00

Saul Landau

Hace sesenta y tres años, la mayoría de los judíos se regocijaba por el nacimiento de Israel. Algunos pensaban que se convertiría en el lugar donde surgiría una nueva visión de socialismo con justicia e igualdad. Claramente, no todos los judíos creían eso –o en esos valores. Más de seis décadas después, la idea de que los palestinos también merecen su propia nación con fronteras reconocidas por la ONU ha provocado una reacción de pánico del gobierno israelí y de sus patrocinadores en todo el mundo –incluyendo al presidente de Estados Unidos que se opuso a la idea en la ONU el mes pasado.

¿Por qué el pánico? Vean los mapas del territorio palestino tal como fue trazado por la ONU en 1948 y compárenlo con lo que queda actualmente de la tierra. Los mapas muestran que Israel se ha robado la mayor parte –para construir asentamientos solo para judíos.

Los judíos como mis amigos y yo en todo el mundo, no queremos emigrar a la Tierra Prometida (Sión ahora es igual a gran parte del territorio palestino). No queremos vivir entre colonos israelíes, muchos de ellos farisaicos y muy superiores (¿escogidos por Dios?) y ajenos o incluso orgullosos de lo que han hecho a los palestinos.

Décadas de limpieza étnica promovida por Israel –expulsando a los palestinos de sus hogares, aldeas y tierras– abrieron el camino a las grandes urbanizaciones solo para judíos en tierras palestinas. Los que denuncian esos robos ilegales de tierra son tildados de “antisemitas”.

Israel, en otros tiempos una tierra de kibbutzes igualitarios, se ha convertido en una nación agresiva y derechista dirigida por la ortodoxia religiosa y deseosa de más territorios. Vean el mapa.

Los amigos en el extranjero se preguntan cómo un gobierno derechista israelí y su club de admiradores en EE.UU. (el cabildo israelí, Comité de Acción Política Israel Norteamericano y sus derivados) han convertido al Congreso de EE.UU. en ciegos seguidores y al presidente en un sirviente sumiso.

El presidente Obama se desacreditó y desacreditó su cargo cuando cedió ante los patronos de Israel al amenazar con vetar en el Consejo de Seguridad de la ONU el reconocimiento de Palestina como estado. Su status global disminuyó. El mundo árabe en especial fue testigo de cómo el otrora todopoderoso Estados Unidos cumplió las demandas de Israel –muy lejos de la pretensión de liderazgo imparcial en un proceso de paz verdadero.

¿Cómo puede esperar Obama que alguien crea que él promoverá un plan de paz? El primer ministro israelí Netanyahu continua usando esas palabras mientras expande los asentamientos en territorio palestino. El plan de Obama parece equivaler a continuar su obediencia a las demandas de una nación ampliamente condenada por la ONU.

Es más, en septiembre Washington envió a Israel bombas destructoras de bunkers. Washington continúa insistiendo en detener la inexistente amenaza nuclear de Irán mientras ignora el verdadero potencial de Israel para hacer un daño inconmensurable a la región y al mundo.

Después de décadas de lucha palestina, Obama ha implicado que ese pueblo no está listo para tener su propio estado o no lo merece. ¿Está implicando él que es inferior a los judíos? ¿Significa que Washington reconocerá el territorio robado (ocupado) como propiedad oficial israelí? ¿Justifica el status de segunda clase de los palestinos ciudadanos de Israel y la condición colonial de los que se encuentran en territorios ocupados? La implicación claramente es que sí.

Gracias a su servilismo ante Israel, combinado con sucesos en el mundo árabe. Obama ha presidido el fin de la dominación de EE.UU. en la región. Los árabes lameculos (Mubarak de Egipto y Alí de Túnez) han pasado al basurero de la historia. El rey de Jordania y los aceitosos saudíes y kuwaitíes ya no pueden obedecer los dictados de Washington y tienen la esperanza de retener un mínimo de respeto de parte de sus propios pueblos.

Frases de la retórica periodística como “proceso de paz”, “Camp David” y “Acuerdos de Oslo” se olvidarán o se convertirán en chistes de mal gusto.

Lo que Israel y aparentemente Washington temen es un estado que parece un queso suizo, porciones de tierra cortadas por grandes asentamientos israelíes patrullados por soldados israelíes y sin acceso independiente a su propia agua, ejército o tan siquiera aeropuertos.

¿Tiene Israel el derecho a existir? Existe. Tiene 200 armas nucleares. La pregunta es: ¿puede la mayoría de las naciones y de los pueblos obligar a Israel (y a EE.UU.) a permitir la existencia de Palestina?

Ante tal pregunta, el gobierno israelí y su club de admiradores chillan “antisemitismo”, una respuesta a toda crítica a Israel. Esto me ha ganado a mí y a miles más el título de “judíos que se odian a sí mismos”. En esa lista ustedes encontrarán a Noam Chomsky y a Woody Allen. (http://www.masada2000.org/list-L.html)

U n rasgo que ayudó a los judíos a sobrevivir a tantos siglos de persecución fue su capacidad de reírse de sí mismos. Los expansionistas de Israel, por supuesto, pueden seguir haciendo chistes de mal gusto acerca de la ocupación de los territorios palestinos.


[Fuente: Progreso Semanal]






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