Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Comunicado del Partido Comunista de Grecia sobre el asalto asesino organizado contra la manifestación del PAME en la plaza Sintagma y la muerte del sindicalista del PAME, Dimitris Kotzaridis

In Actualidad, Comunicado on 21 octubre, 2011 at 13:21

Oficina de Prensa del Comité Central del
Partido Comunista de Grecia (KKE)


Esta vez los grupos organizados con órdenes específicas y grupos anarcofascistas desencadenaron un ataque de cócteles molotov, gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento y piedras en su intento de dispersar la gran manifestación de obreros y del pueblo en la plaza Sintagma y en especial en el área donde se concentró el PAME. El resultado de este ataque fue la muerte del sindicalista del PAME, Kotzaridis Dimitris de 53 años, secretario de la sección del sindicato de trabajadores en la construcción, en el barrio de Vironas. Además, decenas de manifestantes del PAME resultaron heridos.

El odio de los encapuchados contra el movimiento obrero popular y el PAME expresa la furia de las fuerzas que sirven el sistema y el poder burgués. El gobierno tiene gran responsabilidad en esto. La operación de intimidación, de calumnia y represión del movimiento obrero-popular tiene sus raíces en las estructuras, los centros y los servicios estatales. Esto se ha demostrado por la historia y se demostró también por el último ataque asesino bárbaro. Los encapuchados, los anarco-autonomistas, fascistas o como sea que se llamen, se encargaron de llevar a cabo lo que no lograron las fuerzas de represión, de chantaje y amenazas para intimidar al pueblo y hacerle bajar la cabeza. Objetivamente surge que los mismos centros llevaron a cabo el incendio asesino provocador de MARFIN el día de la votación del memorandum, el 5 de mayo de 2010.

Su objetivo de dispersar la manifestación de PAME fracasó. Del mismo modo deben fracasar los planes del gobierno, de los mecanismos del sistema, de los partidos de la plutocracia que tratan de intimidar y reprimir el torrente de contraataque de obreros y del pueblo que salieron en las calles en la huelga de 48 horas.

El KKE expresa su pesar y condolencias a la familia de Dimitris Kotzaridis que cayó luchando por la causa justa de la clase obrera y del pueblo. Expresa su solidaridad con los manifestantes heridos, con todos los que defendieron la manifestación obrera popular de los grupos provocadores. Llama al pueblo a ponerse de pie de manera decisiva, a luchar junto al KKE, a unirse a los sindicatos, al PAME y las demás organizaciones radicales que luchan contra la política antipopular, contra el poder de los monopolios. Este es la fuerza de la oposición a los partidos de la plutocracia, la Unión Europea y el FMI. Esta es la fuerza del pueblo para rechazar las medidas bárbaras, la violencia y la intimidación de todo tipo de mecanismo de represión. El pueblo puede derrocar la política y el poder antipopular.


Atenas 20 de octubre de 2011






Reventadores antipartidos asesinan a un sindicalista comunista griego

In Actualidad, Laboral, Represión on 21 octubre, 2011 at 10:01

La huelga que paraliza por segundo día consecutivo a Grecia vivió ayer  duros enfrentamientos entre “indignados” antipartidos y camaradas del Partido Comunista de Grecia (KKE)  que protegían a los manifestantes. Los reventadores acabaron con la vida de un sindicalista comunista e hirieron a más de 40.

El camarada Dimitris Kotzaridis, que tenía 43 años y trabajaba en el sector de la construcción, murió de un paro cardíaco en una clínica de Atenas donde había sido trasladado tras recibir una pedrada en la cabeza. Los anticomunistas vestidos de negro lanzaron piedras y cócteles molotov contra los manifestantes  delante de hoteles de lujo en la plaza Sintagma.

El éxito sin igual de las movilizaciones en la jornada del miércoles, y la incapacidad de los provocadores para descabezar el movimiento de protesta dejándolo “sin partidos ni sindicatos”, exacerbó la agresividad de los provocadores.

El “corazón” del 2 º día de la enorme movilización de huelga de 48 horas estaba en el centro de la capital griega, la plaza Syntagma, donde el Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME), organizó un gran mitin en torno al Parlamento griego. Y el segundo día superó ampliamente los precedentes de los ataques anteriores.

El volumen de las protestas y la militancia constituyeron una digna continuación de la primera jornada de la huelga de 48 horas. Al mismo tiempo, en el interior del Parlamento, después de la solicitud del KKE, se votaron, en votación nominal, los artículos del proyecto de ley del gobierno, que suponen nuevas medidas antiobreras.

Las provocaciones a los huelguistas en el borde de la manifestación, que contaban con la tolerancia de la policía, recibieron una respuesta combativa y organizada de la protección bien organizada del PAME, que hizo retroceder a los provocadores encapuchados. Así y todo, los ataques asesinos de los anarco-fascistas causaron la muerte del camarada. En cualquier caso, la protección eficazmente organizada del PAME repelió a los provocadores y dio una respuesta combativa a los esfuerzos de los mecanismos de la clase burguesa para dispersar la manifestación.

La Secretaría Ejecutiva del PAME saludó a “los millones de trabajadores, en todas partes, en el sector público y privado, que participaron en la huelga, superaron las amenazas, el chantaje y la intimidación por parte de los capitalistas y el gobierno.”

La mayoría de los medios burgueses griegos y extranjeros, tratando de ocultar el tamaño de la ira popular, se centraron en la actividad provocadora de pequeños grupos, que es bien sabido que tienen una excelente cooperación con los servicios de seguridad para dispersar las movilizaciones populares. Pero sus planes no tuvieron otro éxito que la vida de un comunista.

La camarada Aleka Papariga, Secretaria general del Comité Central del KKE, declaró en la manifestación de la huelga en el exterior del parlamento: “la lucha no termina hoy, sino que continúa. Este torrente debe ser más turbulento, más radical, más subversivo. Se puede barrer todo lo que sea con una condición: que no van a robar la victoria en el último momento, como ha ocurrido muchas veces antes con una gran parte del pueblo finalmente atrapada en ilusiones”.





El drama de la retracción laboral en Estados Unidos

In Actualidad, Economía on 21 octubre, 2011 at 0:01

José Antonio Rojas Nieto


La gravedad de la situación económica en Estados Unidos está fuera de duda. ¿Qué aspectos de la economía vecina debiéramos tomar en consideración para reconocerlo? Muchos. Sin duda. El producto, la inversión, el empleo, el salario, la productividad, la balanza comercial, la balanza de pagos, la deuda gubernamental, la deuda de los hogares y las empresas, el crédito. Y muchos más.

Desde hace varios años que me permito comentar en La Jornada la marcha de la economía estadunidense he tratado de considerar de manera especial la evolución del empleo, acaso uno de los más delicados y sensibles indicadores de la realidad económica y social vecina. Incluso política. Hace una semana se dieron a conocer las cifras oficiales más recientes sobre la ocupación en Estados Unidos, las correspondientes al mes de septiembre de este difícil 2011. La situación continúa siendo dramática, muy dramática. ¡Y no se ve cómo pueda mejorar en el corto plazo! Incluso, en medios académicos, empresariales y oficiales, se teme que pudiera ser aún más delicada.

Desde hace casi nueve meses –es decir, en lo que va de 2011– el número de personas sin empleo ronda los 14 millones. La cifra oficial de septiembre es de 13 millones 992 mil estadunidenses que buscan empleo sin encontrarlo. La tasa oficial es de 9.8 por ciento, siempre medida respecto de la llamada fuerza laboral civil, en estos meses ligeramente superior a los 154 millones de personas. Para el caso de los jóvenes menores de 25 años se trata de un volumen ligeramente superior a los 3 millones. ¡Qué gran drama! Para las personas de color del 16 por ciento, que representa cerca de 3 millones. ¡Otro gran drama! Pues bien, si en el caso general sumamos a las oficialmente desempleadas, aquellas que pese a estar empleadas buscan otro trabajo –entre otras cosas por la precariedad del que tienen– la cifra pudiera alcanzar los 24 millones de personas. Es cierto, nuestros vecinos ya no están en la excesivamente dramática situación de octubre de 2009, cuando el desempleo alcanzó a 15 millones 628 mil personas, luego de que tres años antes –en octubre de 2006– el número de personas sin empleo había llegado a sólo 6 millones 727 mil. En buenas cuentas esto significa que en sólo tres años, fueron lanzados a la calle cerca de 9 millones de estadunidenses.

Para cualquier defensor del sueño americano esto representa un violentísimo golpe. Y para quienes sufrieron y sufren esta situación se trata –¡qué duda cabe!– de un golpe mortal. Y no sólo porque dejaron de percibir un ingreso seguro. También porque la mayoría de estos expulsados de la vida laboral activa está endeudada, profundamente endeudada. Y este tremendo déficit de empleo –mucho más grave que cualquier otro tipo de déficit, sea fiscal, sea comercial– conduce a una inevitable dinámica de suspensión de pagos que en el caso estadunidense –en realidad de todos los casos del mundo– también ha resultado mortal para el sistema bancario y financiero.

¡Ya sabemos del rescate impulsado por el gobierno estadunidense! Similar, por no decir que igual, al que se impulsó en México en el sexenio de Ernesto Zedillo y que aún sufrimos. Pues bien, ese rescate ya obliga a destinar buena parte del presupuesto anual –de las contribuciones de los estadunidenses– al pago del rescate de bancos, financieras y fondos de ahorro de inversión. Y en detrimento de los programas urgentes como el de salud y el de pensiones. A pesar de eso –o más bien por eso mismo– la situación económica de nuestros vecinos no mejora. ¿Por qué? Porque limita e incluso frena, la dinámica de la inversión, origen de todo proceso económico virtuoso y –en definitiva– elemento esencial para la creación de empleos.

Un indicador más muestra nítidamente la dificultad y el drama laborales en el vecino país. Me refiero al tiempo medio que tarda un desempleado estadunidense en volver a trabajar. En septiembre de este año se llegó al máximo de la historia económica de Estados Unidos: 40.5 semanas, es decir, casi 284 días. ¡Nunca antes fue tan prolongado el tiempo promedio en que un estadunidense estaba sin trabajo! ¡Nunca! Y no hay señales que muestren que va a disminuir. En el mejor de los casos –aseguran algunos estudiosos del vecino país– la situación se podría detener. Pero no bajar. Al menos próximamente. Incluso se habla de la enorme probabilidad de que se alcance hasta 45 o más semanas –incluso un año– como tiempo promedio para regresar a laborar sin garantizar –por cierto– que el nuevo empleo sea mejor que el anterior. En todos los sentidos. Por eso no dejo de recordar la invitación que permanentemente nos hacía una de las mejores estudiosas del empleo y la ocupación que hemos tenido en México, la profesora Teresa Rendón Gan, a quien hemos extrañado y seguiremos extrañando siempre en nuestra Facultad de Economía de la UNAM. “ –decía Tere antes de morir– hay que ver con cuidado no sólo cuántos empleos hay o no hay, sino de qué tipo son, en qué tipo de establecimiento se ofrecen, con qué salario, con qué grado de explotación se realizan y –para sólo señalar un aspecto fundamental más– con qué orientación de edad y de género se presentan”.

En mis revisiones de la dramática y terrible situación estadunidense, no dejo de recordar sus enseñanzas y de tratar de seguir su rigor en el estudio de la ocupación y el empleo. Siempre. Sin duda y en honor a ella, que se nos fue antes de tiempo. Mucho antes. Sin duda.


rojasags@yahoo.com.mx


[Fuente: La Jornada]






Las remesas a Cuba

In Actualidad, Economía on 21 octubre, 2011 at 0:00

Jesús Arboleya Cervera


El tema de las remesas constituye uno de los aspectos más polémicos de las relaciones de Cuba con la emigración. Para la extrema derecha cubanoamericana es una forma de “perpetuar la existencia del régimen”, como si ello dependiera de las remesas y los cubanos estuviesen a la espera de que “lloviera café”, al decir de Juan Luis Guerra.

Pero, incluso, muchos de aquellos que favorecen su autorización, las conciben como un factor desestabilizador de la sociedad cubana y aspiran a aprovechar sus efectos negativos con tal fin. Debido a esto, algunos en Cuba, la asumen como un hecho peligroso, dado que bajo su sombrilla se brinda apoyo económico a elementos contrarrevolucionarios, además “vergonzoso”, que tiende a generar diferencias que no se originan como resultado del trabajo y, por tanto, negativas en su esencia.

Vale entonces que tratemos de abordar este fenómeno, desprovistos de los apasionamientos que hasta ahora han caracterizado su análisis, y así considerar ventajas y desventajas con la mayor objetividad posible.

Aunque resulta difícil medirla con exactitud, ya que ingresan al país tanto por canales oficiales como por vías informales, se calcula que las remesas de los emigrados a Cuba alcanzan unos 1 400 millones de dólares anuales, de los cuales el 68 % proviene de Estados Unidos, y aunque algunos consideran que ello representa la mitad del ingreso de los receptores, tal afirmación parece exagerada, en tanto desconoce los beneficios gratuitos o subsidiados que recibe toda la población.

Vale aclarar que estos aportes son inferiores a la media de lo que envían a sus familiares otros inmigrantes latinoamericanos, así como que la proporción de lo que ingresa a Cuba procedente de Estados Unidos ha descendido del 80 % que tenía en 2005, a pesar de las flexibilizaciones aprobadas por el gobierno de Obama al respecto. En ello puede haber influido la recesión económica, pero también el hecho de que las remesas que se trasladan a Cuba solo están destinadas a satisfacer ciertos niveles de consumo, no siendo necesarias para garantizar aspectos vitales como la vivienda, la salud y la educación, como ocurre en otros países latinoamericanos, lo que tiende a disminuir las exigencias de su cuantía y, por tanto, su importancia relativa.

Ello también se comprueba cuando las analizamos en términos absolutos. Las remesas de los inmigrantes latinos en Estados Unidos se cuadruplicaron en la década de 1990, llegando a alcanzar 66 500 millones en 2006, transformándose en una de las principales fuentes de financiamiento externo para la región. México, Brasil y Colombia concentran más del 60% de las remesas percibidas por los países del área y un 20% es captado por Guatemala, El Salvador y República Dominicana. En países como Haití, Nicaragua y Honduras representan el 24%, el 11% y el 10% del PIB, respectivamente, y en economías más grandes como las de El Salvador y República Dominicana, el 14% y el 10%.

Según la CEPAL, aunque la repercusión de estas remesas poco atenúa los indicadores de pobreza de toda la población, resulta vital para la subsistencia de los hogares que las reciben. No obstante, algunos consideran que, a la larga, sus efectos son nocivos para estas sociedades, en tanto tienden a alimentar un sector parasitario que constituye un freno al desarrollo de la economía y consolida la dependencia, sin embargo, tales consecuencias parecen ser más achacables a causas estructurales de esos países, que a las remesas por sí mismas.

A pesar de que por las causas antes apuntadas resulta difícil calcular su impacto real en Cuba, a lo que se suma la ausencia de investigaciones, al menos públicas, y la reticencia gubernamental de ofrecer cifras oficiales, quizá para no alentar acciones de Estados Unidos en su contra o por el prejuicio de que con ello se valida una comparación desfavorable de la realidad cubana respecto a la emigración, resulta evidente que las remesas se han convertido no solo en una fuente importante de dinero fresco para el país, sino en parte del fondo de inversiones para los pequeños negocios que se desarrollan en la Isla.

Un sondeo realizado bajo el auspicio de Diálogo Inter Americano con 300 receptores de remesas en Cuba, publicado por la revista Palabra Nueva de la arquidiócesis de La Habana, indica que el 57 % de estas personas utiliza o piensa utilizar ese dinero para el desarrollo de pequeños negocios. También es cierto que otra parte se convierte en capital ocioso, provocando el incremento de la inflación, con la consiguiente desvalorización de los salarios, afectando el incentivo del trabajo para aquellos receptores que deciden vivir de esta renta.

De cualquier manera, es un hecho que, mediante las remesas, los emigrados tienden a integrarse de diversas maneras a la economía cubana, articulándose de forma inevitable con los esfuerzos socializadores que la caracterizan, dando forma a una conexión que implica la creación de intereses personales, ya sea por su relación con el bienestar de familiares y amigos o por su participación directa en las empresas que éstos están creando en el país, y esta tendencia es otra consecuencia del impacto que han tenido los “nuevos emigrados” en la comunidad cubanoamericana.

Estudios realizados en Estados Unidos en 2007, muestran que el 58 % de la comunidad cubanoamericana mandaba dinero a sus familiares en Cuba. Pero la proporción varía según la fecha de arribo a ese país, por lo que mientras un 75 % de los emigraron después de 1985 enviaban remesas, solo lo hacía el 31 % de los que lo hicieron antes de 1964 y apenas el 45 % de los que emigraron entre esa fecha y 1975, aunque llama la atención que un 47 % de los nacidos en Estados Unidos también enviaba remesas al país, lo que indica que es una actitud que mantiene una fuerte presencia en los descendientes.

Desde el punto de vista humano, el envío de remesas constituye un gesto de solidaridad que debe ser apreciado y ojalá llegue a adquirir connotaciones patrióticas que trasciendan el ámbito familiar o los negocios, ya que para nada se trata de una limosna, como afirma el discurso de la extrema derecha, sino que, con más justicia que nadie, el pueblo cubano está en el legítimo derecho de recibir, al menos parte, de lo que ha invertido en la formación de estas personas y en tal sentido debe estar orientada la política cubana al respecto.

Podemos entonces concluir que, sin desconocer los inconvenientes que acarrea, el envío de remesas dan forma a un proceso de integración económica entre Cuba y su emigración, cuyas consecuencias políticas tienden a atenuar diferencias, más que agudizarlas; avanzando en la normalización de las relaciones, incluso en el predominio de la concordia sobre la confrontación, por mucho esfuerzo que hagan los congresistas cubanoamericanos por impedirlo.


[Fuente: Progreso Semanal]