Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La derecha verde

In Actualidad on 22 octubre, 2011 at 0:01

Teodoro Santana


El relativo éxito electoral del partido alemán Die Grünen (“Los Verdes”) en los años ochenta del siglo pasado, dio lugar a una ola de imitadores en muchos otros países, incluyendo a España y a Canarias. La moda “verde” se prestaba a ser aprovechada electoralmente, y en ese electoralismo cayó buena parte de la izquierda, que empezó a presentarse ante el electorado como “roji-verde”.

Esa izquierda que jamás leyó, ni mucho menos estudió, a los fundadores del marxismo, llegó a afirmar que ni Marx, ni Engels ni Lenin se habían planteado los “problemas ecológicos”. Patrañas como esta no eran nuevas. Una década antes circuló la especie, propalada por la misma “inteligentzia” iletrada, de que eran “machistas”. En resumidas cuentas, que lo verde vende, y lo rojo hay que disimularlo lo que se pueda, pero sin deshacerse de ese mercado.

Si quienes dicen hablar en nombre de la izquierda, y hasta del marxismo, están convencidos de que el marxismo no sirve para analizar los problemas medioambientales fruto de la sobreexplotación capitalista, y propalan esa visión de la que se supone que es su ideología, ¿qué cabe esperar de los que están  radicalmente en contra?

Precisamente, la principal cualidad de los “verdes” es desmarcarse de cualquier componente marxista, aunque procura no perder el electorado “rojo”. Frente a esa sobreexplotación capitalista  de los recursos naturales del planeta, dicen que “el hombre” se está cargando el medio ambiente. Cuando es el propio ser humano la especie en extinción en África, cuando el ecosistema más atroz es el de las barriadas populares bajo el capitalismo, nos piden que “salvemos a las ballenas”.

Sí, salvemos a las ballenas, pero salvemos primero a los seres humanos. Arreglemos el ecosistema del pinzón azul, pero mejoremos primero las condiciones de vida de los asalariados.

A lo que nos llaman, en definitiva, es a un “capitalismo ecológico”, nueva versión del “capitalismo popular”, de rostro “humano” y “biológico”. Para salvar al capitalismo, quitémosle sus aspectos más insalubres, reciclemos su basura, mantengámoslo en marcha con energías renovables. Eso sí, sin tocar la propiedad privada sobre bosques, minas, plantaciones y demás recursos.

No puede extrañarnos, por lo tanto, que “Los Verdes” alemanes hayan apoyado activamente la agresión contra el pueblo afgano o, al igual que –sus émulos españoles–, defiendan alegremente el bombardeo de la OTAN sobre la población libia.

Aún más: apoyan el Tratado de Libre Comercio Unión Por el Mediterráneo (UPM) que es una profundización de las políticas del FMI que han llevado a revueltas populares como las de Túnez y Egipto. Una iniciativa, impulsada por Nicolás Sarkozy, por la cual las empresas privadas transnacionales europeas controlarán los recursos naturales libios y sus servicios básicos.

En los gobiernos en que participan, “Los Verdes” han desarrollado políticas de derecha en lo económico y lo social, recortando derechos laborales y empobreciendo a los asalariados. Su “pacifismo” no es otra cosa que la paz de los cementerios impuesta desde los intereses del imperialismo euro norteamericano. Si en un reciente artículo, Olivier Cyran los calificaba de “neoliberales en bicicleta”, bien cabría definirlos –también a Equo– como “imperialistas en bicicleta”.

¿Y cuál es el proyecto que nos ofrecen? Nada más ni nada menos que la “economía verde”, consistente, fundamentalmente, en sustituir las energías del carbón y el petróleo por energías renovables. Que, argumentan, “crearán muchos puestos de trabajo”.

Con respecto a lo primero, nada que objetar, salvo que son precisamente las grandes multinacionales petroquímicas las dueñas de la tecnología y de la industria de las energías alternativas. Mientras estas grandes corporaciones sean privadas, los únicos criterios energéticos que desarrollarán serán los de sus beneficios.

Con respecto a lo segundo, no deja de ser una idiotez más: por cada puesto de trabajo “verde” se destruirán veinte convencionales, como ocurre en todo proceso de revolución tecnológica. Vender la implantación de energías renovables como una gran generación de puestos de trabajo no es más que una triquiñuela electoral de lo más pedestre.

Electoralismo para el que vale lo mismo sumar la derecha verde, el insularismo corrupto o el tentáculo “humanista” de la secta Moon. Lo que no cabe, desde luego, es un programa anticapitalista. Hasta ahí podíamos llegar.

Pensar que es posible un capitalismo más “amable”, con oligarcas en bicicleta, células fotovoltaicas y aerogeneradores, es una fantasía burguesa que no cabe calificar de izquierdas. Salvo que se nos pida a los “rojos” que renunciemos a nuestras ideas a favor de las ideas de ese “capitalismo verde”.

Ni más ni menos, eso es lo que la autodenominada “izquierda verde” –o “verdirroja”, para que cuele– nos pide. Y hay que reconocer que es una piscina a la que algunos de los que se nos han presentado como “rojos”, yonquis de electoralismo, se han lanzado de cabeza, sin comprobar si había agua. La ignorancia, que es lo que tiene.

Y si, encima, a estas almas de cántaro les han dado con la puerta en las narices,  sólo cabe decirles, parafraseando a la madre de Boabdil, “llora como oportunista lo que no has sabido defender como revolucionario”.






Crisis de deuda de EEUU y Europa: ¿cuánto durará la pesadilla?

In Actualidad, Economía on 22 octubre, 2011 at 0:00

Shi Jianxun


El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Borroso, presentó la semana pasada una hoja de ruta al Parlamento Europeo para resolver la crisis de deuda soberana de Europa, cuya eficacia es incierta. Anteriormente se ha rebajado la calificación crediticia de Italia y España, así como de un número de bancos europeos y estadounidenses. La conferencia de los ministros de finanzas de la Eurozona ha declarado una prórroga hasta principios de noviembre para decidir sobre la concesión de fondos de rescate a Grecia. La crisis de la deuda europea sigue siendo grave.

Paralelamente, la crisis de la deuda de EEUU y Europa se está transformando en una crisis política y social, que barre con el mundo occidental. Ciudadanos alemanes se han manifestado contra el rescate a los países de la Eurozona, asediados por la crisis de deuda. Los manifestantes griegos, españoles e italianos protestan contra los recortes al presupuesto de bienestar. El Gobierno eslovaco se vio obligado a dimitir por la crisis. Lo más grave es que las manifestaciones de ocupación callejera de Wall Street, que han durado un mes aproximadamente, se están extendiendo a las demás zonas de EEUU y otros países occidentales.

Las crisis financiera, económica y de deuda soberana, así como las manifestaciones masivas han reflejado la crisis sistémica del dominio del mundo por los oligarcas financieros. La crisis de deuda de EEUU y Europa es el resultado de la acumulación prolongada de las contradicciones sistémicas en lo político y económico en estos países.

Primero, en los últimos años, la dictadura oligárquica estadounidense se hace cada vez más relevante. La crisis financiera asiática de 1997 y la crisis financiera estadounidense de 2008 obedecen al dictado que ejercen las oligarquías financieras en la elaboración de las políticas del Gobierno estadounidense, la creación de crisis y el traslado de las mismas a otros países, como forma de apoderarse de las riquezas de los pueblos de EEUU y el resto del mundo, causando un grave desastre. Segundo, los comicios obligan a los políticos occidentales a poner sus estrechos intereses electorales por encima de los intereses estatales a largo plazo. Para ganar las elecciones, hacen todo lo posible por contraer empréstitos, so pretexto de elevar el nivel del bienestar social, lo que hace aumentar los déficits gubernamentales. Tercero, el modelo de desarrollo estadounidense basado en altos déficits y de aumento de los gastos militares en busca de la hegemonía global constituyen las causas directas de la crisis de la deuda. Y cuarto, para la Eurozona es imposible resolver las contradicciones entre la moneda unitaria y las finanzas separadas. Además, los fabulosos déficits causados por la aplicación de la política de alto bienestar aplicada por algunos miembros de la zona constituyen la causa directa de la crisis de deuda de Europa.

Son los factores arriba mencionados los que hace más complicado el problema de por sí complicado y más prolongada su resolución.

Actualmente la deuda del Tesoro de EEUU supone cerca del 100 por ciento de su PIB, y el de euro, el 85 por ciento, y es difícil rebajarlos en un corto periodo de tiempo. Se trata de un problema difícil de resolver, al que se enfrentarán los futuros gobiernos de EEUU y países europeos. Se considera que el 60 por ciento es el umbral soportable de la deuda soberana con respecto al PIB. Para todos los países la medida esencial para librarse de los problemas financieros consiste en promover el crecimiento económico. EEUU y Europa todavía no han encontrado remedios para rescatar la economía, mejorar la situación financiera a corto plazo y resolver el problema de la deuda acumulada durante largo periodo. Se ven obligados a arreglárselas para conseguir fondos, tomando medidas provisionales como la contracción de nuevas deudas para la liquidación de las viejas y la modificación del umbral de deuda soberana, lo que prolongará la crisis de deuda.

Además, es imperativo abrir nuevas fuentes de ingresos y reducir los gastos para resolver el problema de deuda. Los gobiernos estadounidenses y europeos, asediados por fabulosos déficits financieros, se enfrentan a la presión política del electorado. Esto los ha sometido a una difícil alternativa. El aumento de impuestos en busca de nuevos recursos económicos encara la enérgica oposición los electores. A las administraciones les resulta harto difícil elaborar una política de estímulo destinada a promover la rápida recuperación económica y hacer un corte masivo de los gastos de bienestar social. Por otra parte, no desean reducir los gastos militares que les permiten mantener su posición hegemonista. Al mantener intactos los defectos del sistema político y dejar irresoluta la crisis política, hay pocas oportunidades de superar la crisis de la deuda.

La crisis de la deuda se está extendiendo de la esfera económica a la política, lo que hace más complicado el problema y más difícil su resolución. China debe estar consciente de lo prolongado y complicado de la crisis y hacer los preparativos requeridos para evitar el empantanamiento y las posibles pérdidas de sus reservas.


(*) Shi Jianxun es comentarista especial del Diario del Pueblo y catedrático del Instituto de Economía y Administración, adscrito a la Universidad Tongji.


[Fuente: Diario del Pueblo]