Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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328.700 trabajadores/as de Canarias en situación de desempleo

In Actualidad, Comunicado on 30 octubre, 2011 at 0:02

Consejo Nacional de
Unidad del Pueblo (UP)


A pesar del triunfalismo del gobierno de turno, el paro, el empobrecimiento y la pobreza siguen avanzando en Canarias. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, relativos a la Encuesta de Población Activa del 3er. Trimestre del 2011, arrojan unas cifras altamente escandalosas, el 29,55% de la población activa de Canarias se encuentra en situación de desempleo (328.700 trabajadores/as) y siendo la mujer trabajadora una vez más, la más castigada, más 150.200 mujeres, se encuentran en el paro, a ello habría que añadir que más de 100.000 familias canarias tienen todos sus miembros activos en el paro.

Unidad del Pueblo declara una vez más, la urgente necesidad de poner en pié un potente movimiento de clase unitario y de lucha, que apueste decididamente por la respuesta de la clase obrera a la crisis y levante una referencia alternativa a la burocracia sindical.

La reforma laboral, la reforma de las pensiones, de la negociación colectiva, el pacto del euro, los recortes de derechos laborales y sociales son  ¡a cambio de nada!, sólo de más miseria, en espera de que en un lejano e incierto futuro de recuperación, podamos encontrar empleo, eso sí, en las condiciones del siglo XIX.

Un gobierno debilitado, el descrédito de la burocracia sindical y la presencia de una clase obrera aturdida, confundida y dispersa pero que aún no ha dicho la última palabra, aunque es un hecho cierto que la respuesta de la clase obrera está lejísimo de estar a la altura de la dimensión del ataque que estamos sufriendo, han hecho crecer las exigencias patronales de más reformas y de mayor calado.

Unidad del Pueblo, no es pesimista, esta es la realidad pura y dura, la situación a la que nos enfrentamos es gravísima, pero al mismo tiempo esperanzadora, donde debemos volcar toda la energía revolucionaria, la creatividad combativa y la esperanza popular, articulando una respuesta popular contundente y organizada.

Unir, organizar, avanzar, hacia una Canarias Libre y Socialista






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Importancia y necesidad del Frente Nacional de Resistencia Popular

In Actualidad, Comunicado on 30 octubre, 2011 at 0:01

Partido Comunista de Honduras (PCH)


519 AÑOS DE RESISTENCIA EN LATINOAMÉRICA

Después de un siglo de bipartidismo político el pueblo hondureño continúa heredando sufrimiento, hambre y exclusión. Son las mismas familias que heredan pobreza y miseria; abuelos y abuelas, padres y madres, hijos e hijas de los mismos apellidos son cada vez más pobres y sufren humillación, destierro y muerte por la falta de condiciones sociales y económicas en un país que también ha sido gobernado por las mismas pocas familias que cada vez se enriquecen más a costa del trabajo de obreros (as), campesinos (as) y profesionales que aspiran diariamente a un digno nivel de vida.

Quienes administran el Estado han colocado su institucionalidad al servicio de sus grupos económicos, militares, políticos y religiosos. Aliados con el imperio norteamericano, con la complicidad europea, los países asiáticos del primer mundo y coludidos con los cárteles del narcotráfico han condenado a la mayor parte de la población hondureña a vivir hambrienta, humillada, insegura y al filo de la muerte inminente. Ya los hondureños y hondureñas sentimos que esta patria es ajena, el 15 % de la población ha emigrado y continúa el éxodo a pesar de la incertidumbre en los países receptores. A muchos nos asalta la tentación de responder con violencia ante tanta desesperanza.

Aunque los grupos del sector dominante han salido fortalecidos después de más de dos años del Golpe de Estado de junio de 2009, hoy han retornado a su eterna división, misma que se caracteriza por la disputa de los recursos estatales y/o por hacer prevalecer el control del Estado por parte de los distintos grupos de poder. En estos momentos los grupos económicos, que históricamente han saqueado nuestro país, se disputan el uso y el abuso de los recursos naturales de Honduras. Los ríos, los minerales, las tierras, los lagos y lagunas, las playas, las islas y los bosques son los nuevos objetivos de la clase dominante. El territorio nacional continúa siendo saqueado sin que les importen el deterioro de vida de los habitantes de este país.

Las empresas transnacionales y los bancos y organismos internacionales avalan con sus estrategias o son testigos cómplices de este holocausto que pretende exterminar en el menor tiempo posible a la reserva de dignidad que queda entre la población hondureña.

La inconformidad de la población con los resultados del modelo neoliberal y del sistema capitalista, único conocido Honduras en los 100 años de mandato oligárquico, ha quedado demostrada con la espontánea adhesión al proyecto refundacional del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Un proyecto que aun no logra suficiente claridad pero que ofrece ser distinto a lo que hasta hoy ha vivido el pueblo hondureño.

El PCH considera que no existe manera de realizar acciones de transformación económica y social en Honduras sin tener el poder político de la república. Ese poder político solamente es posible obtenerlo mediante la debida articulación del pueblo, que se resiste a fallecer sin dar la lucha por una sociedad más justa y equitativa. En los actuales momentos esa articulación que deberá conducir al pueblo a la toma del poder político es el FNRP, mismo que ha definido la creación de un brazo político, el Partido por la Libertad y la Refundación (P-LIBRE).

El FNRP se ha convertido en el legítimo conductor de las aspiraciones del pueblo hondureño, en el FNRP residen las esperanzas y los anhelos de las mayorías, siempre excluidas por los grupos de poder. Por esta encomienda recibida es que el FNRP y su conducción tienen algunas responsabilidades que no es posible eludir sin afectar fuertemente la legitimidad del mismo FNRP. Señalamos lo que a juicio del PCH son las principales responsabilidades de la conducción nacional del FNRP:

FORTALECECIMIENTO DEL FNRP

El pueblo, organizado o no, solamente reconoce y legitima al Frente Nacional de Resistencia Popular como la fuerza social y política capaz de realizar transformaciones sociales, económicas y culturales capaces de crear bienestar para las mayorías empobrecidas en Honduras. Intentar desconocer esta realidad sería tan miope como desconocer el liderazgo del coordinador actual del FNRP.

Existen varias vías, complementarias entre sí, que deben contribuir al fortalecimiento del FNRP, la democratización interna, la tolerancia de ideas y accionar ajeno, la consolidación de una propuesta de desarrollo de Honduras y la definición de un programa político hasta la consecución de una nueva sociedad hondureña, son entre otros los elementos fundamentales para el fortalecimiento del FNRP.

La democratización interna debe ser una aspiración constante, no solo de los grupos o tendencias opositoras a la actual conducción del FNRP sino también de la misma conducción nacional, debe entenderse que los tiempos actuales reclaman la democracia como práctica de cualquier articulación, especialmente la política, en el mundo entero. Recurrir a prácticas autoritarias solamente creará como producto algunas medidas dictatoriales que más temprano que tarde establecerán un divorcio entre dirigentes y dirigidos.

Una manera de contribuir a la democratización del FNRP puede ser la realización de un inventario de todas las fuerzas que se han declarado en resistencia durante estos dos años atrás, y aun mas, habría que reconocer las fuerzas emergentes que luchan contra el modelo y el sistema que retarda la liberación y la refundación de Honduras.

Debe aceptarse que algunas de las agrupaciones disidentes del FNRP no han tenido cabida en el juego democrático interno.

Necesitamos tolerar las ideas contrarias para lograr crecer en conocimiento, pero también para aprender a involucrar y a no excluir a las personas y a las agrupaciones.

Sobre todas las cosas es importante escuchar nuevas propuestas, aunque no sean las nuestras, para aprender a dar soluciones pertinentes a las personas, familias y comunidades que se encuentran desesperadas por su situación social y económica, solo de esta manera estaremos creando una escuela de la tolerancia, la escucha, el conocimiento y la sabiduría, elementos que nos harán gobernar de forma distinta a como lo hacen los lacayos del imperio en este instante.

Desde la necesidad de enriquecer al FNRP debería crearse un Consejo Consultivo (CC-FNRP) que asesorara a la conducción y la asamblea sobre aspectos de estrategia política y ejerciera vigilancia sobre los elementos fundamentales para la refundación de Honduras, este consejo podría crearse con la participación de todas las fuerzas organizadas durante el periodo de la resistencia. El mismo CC-FNRP debería elaborar el Programa Político del FNRP para que sea aprobado por la Asamblea y ejecutado por la conducción nacional del FNRP.

PARTICIPACIÓN REAL DE LAS Y LOS RESISTENTES

Sin lugar a dudas la esencia del parto denominado Partido Liberación y Refundación (P-Libre) es parte de acuerdos internacionales que satisfacen las necesidades e intereses de múltiples partes en el entramado político que tiene lugar en Honduras. Todos los actores y actrices se han movido por distintos tipos de intereses y necesidades, no necesariamente los mismos, y eso es parte del juego político que suelen jugar quienes detentan y quienes aspiran a detentar el poder.

En este orden de cosas para el PCH la importancia reside en no anteponer las acciones o estrategias a los principios. Es por eso que nuestra organización política ha reconocido que somos de principios sólidos y de accionar flexible.

Es muy probable que varias organizaciones del FNRP sospechen de la estrategia política electoral por algunas experiencias políticas pasadas que terminaron legitimando a la clase dominante y porque para nadie es un secreto que la decisión de la creación del brazo político del FNRP no ha sido tomada solamente por la conducción nacional de manera autónoma.

Con todo lo anterior, la sola sospecha no es suficiente para intentar deslegitimar la creación del P-LIBRE como estrategia político electoral. Lo que sí podría afectar negativamente el P-LIBRE y aun más al FNRP sería que se utilicen los absolutismos, la falta de democracia y otras mañas de los partidos tradicionales para imponer candidaturas a cargos de elección popular. El pueblo en resistencia no solo anhela bienestar y un nuevo país, también espera que sus más legítimos líderes participen en la toma de decisiones y en los cargos de elección popular.

EL PRINCIPIO DE DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Así como el pueblo y el gobierno cubano no olvida a sus 5 héroes después de 13 años de prisión, las y los resistentes hondureños no podemos olvidar la sangre derramada de más de un centenar de compañeras y compañeros caídos por tener ideas distintas al neoliberalismo y su sistema capitalista y por soñar con una Honduras mejor.

En tal sentido es necesario que continuemos re-viviendo el pensamiento de quienes cayeron en la lucha pero también URGE que el FNRP produzca herramientas y estrategias de defensa de los Derechos Humanos. Esos derechos: civiles, políticos, sociales, económicos y culturales deben ser ejercidos efectivamente porque los grupos de poder oligárquico los seguirán violando y no descansarán hasta imponer su voluntad a todo un pueblo en resistencia, aun a costa de su prestigio internacional tal y como lo han demostrado en los últimos 27 meses.

Alejarnos de la defensa de los derechos, alejarnos de la protesta permanente, alejarnos de los espacios de defensa de la vida, de la alimentación, del trabajo, del territorio, de nuestros pueblos originarios, de la diversidad…sería como renunciar al pueblo. Solamente la defensa del pueblo puede mantener al pueblo en resistencia.


519 años de resistencia

Tegucigalpa, 12 de octubre de 2011





La izquierda otanista y colonialista, cómplice intelectual y moral del asesinato de Gadafi y del pueblo libio

In Actualidad, África on 30 octubre, 2011 at 0:00

Albert Escusa


La colonización de Libia y el brutal asesinato del coronel Mohamar Al Gadafi, jefe de la resistencia patriótica anticolonial, ha contado con la complicidad política, moral e intelectual de buena parte de la izquierda occidentalista –principalmente europea– que también apoyó otras aventuras agresoras del imperialismo. Pero esta complicidad con las brutales políticas colonialistas no quedará impune: de hecho, está teniendo su contrapartida en Europa y Estados Unidos, donde asoman en el horizonte políticas cada vez más represivas y de carácter fascista contra los derechos de los trabajadores y los pueblos de occidente.

El eminente intelectual anticolonialista Aimé Césaire, por unos años militante del Partido Comunista de Francia y diputado a la Asamblea Constituyente en 1946, en su célebre Discurso sobre el colonialismo reprochaba a la burguesía “democrática” europea que criticara a Hitler sólo porque éste había implantado en Europa los métodos propios de las colonias: campos de concentración, trabajo esclavo, estados policíacos, asesinatos en masa, destrucción de las sociedades locales, guerras de conquista… En definitiva: todo aquello que la mayor parte del mundo venía sufriendo desde hacía siglos en un grado incomparablemente superior a lo puesto en práctica por Hitler en Europa. Aimé Césaire denunciaba que cuando la burguesía “democrática” occidental había promovido el colonialismo y la violencia brutal y salvaje contra los pueblos oprimidos, preparaba el camino para el triunfo de Hitler y el nazismo en Europa:

«¿A qué idea quiero llegar? A esta idea: que nadie coloniza impunemente; que una nación que coloniza, que una civilización que justifica la colonización, y por lo tanto, la fuerza, ya es una civilización enferma, moralmente herida, que irresistiblemente, de consecuencia en consecuencia, de negación en negación, llama a su Hitler, es decir, a su castigo» (2).

Esta cruda denuncia le viene como anillo al dedo a aquella izquierda y a aquellos intelectuales orgánicos que apoyan, justifican, toleran, desinforman o muestran doble moral con lo sucedido en Libia y anteriormente en tantos otros lugares del mundo, porque si bien es cierto que la historia nunca se repite, en estos momentos estamos asistiendo a un parecido asombroso con lo sucedido décadas atrás: en 1931, los fascistas italianos que colonizaban Libia ahorcaron a Omar Al-Mukhtar, dirigente político-religioso y jefe de la resistencia anticolonial, tras una farsa de juicio. En 2011, los asesinos a sueldo de la OTAN vendidos por la intelectualidad otanista como “revolucionarios” libios alzados contra el tirano, golpearon y asesinaron salvajemente al coronel Gadafi, gravemente herido, negándole la posibilidad de una defensa ante un tribunal, aunque este tribunal estuviera tan corrompido como los tribunales fascistas italianos en Libia. Que Mussolini –uno de los exponentes del fascismo más brutal y expansionista de la historia– se guardara bien de garantizar unas mínimas formas de “derecho” para el asesinato de Omar Al-Mukhtar a diferencia de las potencias fascistas de la OTAN, nos muestra con claridad dos cosas: la primera, que hace ochenta años existía una fuerte conciencia anticolonialista –en gran medida de raíz comunista– con una notable influencia entre la opinión pública occidental; y la segunda, que el imperialismo ha entrado en una fase de militarización, guerras y represión en todos los ámbitos y que las formas democráticas o de derechos cívicos que la burguesía occidental había tolerado hasta el momento en Europa y Estados Unidos, van a ser cada vez más pisoteadas impunemente o acabarán suprimiéndose.

El asesinato de Gadafi ha venido precedido del clásico linchamiento mediático a través de una demonización y una lluvia de mentiras y desinformación de los grandes medios de prensa, que ha encontrado rápido eco en la izquierda occidentalista y otanista, erigiéndose así en cómplice intelectual del asesinato: esta izquierda ha colaborado bien en la aprobación de la agresión militar, bien en la campaña de criminalización de Gadafi –ni OTAN ni dictaduras–, ha apoyado abiertamente las mentiras y la desinformación –o se ha dejado llevar por ellas porque era lo políticamente correcto– y ha asumido que Gadafi y su régimen laico e independiente eran el objetivo a destruir. Una parte de esta izquierda anti-Gadafi se ha manifestado contraria al uso de la fuerza armada y la invasión de la OTAN para alcanzar estos fines, como si las anteriores experiencias de Panamá, Yugoslavia, Irak, Afganistán y tantas otras no fueran suficientes pruebas de que el imperialismo no puede tolerar un proceso de soberanía interna en el que los pueblos decidan libremente su futuro sin injerencias. Otra parte, la corriente extremista, militarista y atlantista de la izquierda occidentalista constituida por los partidos ecosocialistas y socialdemócratas, dirigentes sindicales, etc., desde el primer momento ha apoyado la agresión militar contra Libia. Y una tercera corriente de la izquierda otanista, constituida por partidos trotskistas y organizaciones y asociaciones minoritarias que apoyaban la criminalización y el derrocamiento de Gadafi han adoptado la postura más cobarde, “ni OTAN ni Gadafi”, una coartada que ha servido en la práctica para las agresiones militares de la OTAN contra el pueblo libio y su soberanía nacional.

Entre la izquierda otanista destacan sus intelectuales orgánicos, algunos de los cuales apoyaron la intervención armada y otros –sin hacerlo abiertamente– defendieron durante los bombardeos variadas posturas anti-Gadafi o suscribieron manifiestos en los que se criminalizaba al dirigente libio. Entre ellos encontramos a Ignacio Ramonet, Santiago Alba Rico, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Heinz Dieterich, Atilio Borón y muchos otros amantes de lo políticamente correcto bajo una apariencia de compromiso social, que han tenido una enorme responsabilidad en la justificación de la tragedia libia.

Su papel ha vuelto a ser determinante entre la izquierda: estos intelectuales, en los momentos decisivos, cuando arrancan las campañas mediáticas del imperialismo contra el nuevo demonio y las bombas empiezan a despedazar a la población civil, no utilizan su prestigio o su fama entre los medios de izquierdas para inyectar un poco de claridad ideológica, combatir las mentiras imperialistas y llamar a la solidaridad, sino que apoyan abiertamente el crimen o bien se dedican a realizar acusaciones sin pruebas, a “descubrir” miles de argumentos –la mayoría calcados de la prensa imperialista– que “demuestren” lo malo que era tal o cual dirigente, los errores que cometió, lo irreversible de su derrocamiento por su propia culpa, lo buenos que son los pobres «rebeldes reprimidos por el tirano», etc., etc. Para algunos intelectuales anti-Gadafi, éste merecía caer porque era “poco” revolucionario según sus esquemas ideológicos fosilizados y cometió el pecado de tener relaciones con los países imperialistas, como hacen casi todos los presidentes del resto del mundo, incluyendo los más antiimperialistas como Fidel Castro o Hugo Chávez; para otros, merecía caer porque era un dictador criminal y represivo, según “informaban” las agencias de propaganda de guerra de la OTAN, pasando por alto el hecho de que los dirigentes imperialistas han cometido crímenes infinitamente más graves –eso sí, en países lejanos, no en el apacible y “civilizado” occidente, que es lo que importa– que los que se le atribuyen a Gadafi. El clímax de este comportamiento llega cuando se firman manifiestos grandilocuentes –publicados, como no, en la prensa imperialista– que ni siquiera hablan de las agresiones salvajes y bárbaras de la OTAN ni denuncian a los dirigentes imperialistas (3). Como explica un popular dicho, nos encontramos ante intelectuales expertos en «nadar y guardar la ropa». Ellos también han colaborado intelectual y moralmente en el asesinato de Gadafi: ¿para qué deberían los dirigentes imperialistas molestarse en ofrecer la posibilidad de un juicio –aunque sea una farsa– a un personaje como Gadafi, si éste ya ha sido condenado tanto por la derecha como, sobre todo, por una parte importante de la izquierda y sus intelectuales hegemónicos? Ni siquiera Mussolini lo tuvo tan fácil en 1931.

La historia, aquí, vuelve a mostrar similitudes. Como demostró Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, la política colonial y de conquista en el exterior implica necesariamente una política reaccionaria en el interior de los países conquistadores, contra la clase obrera. Y como también demostró Lenin, para justificar la política colonialista y buscar apoyos entre los trabajadores de los países occidentales, los dirigentes imperialistas de la época se valieron de la mayoría de los partidos socialistas y socialdemócratas –que afirmaban estar contra el capitalismo–, así como de muchos dirigentes sindicales, para arrancar el apoyo o la neutralidad de una buena parte de los trabajadores occidentales ante la política colonial y racial de sus metrópolis. Hoy la vieja socialdemocracia defiende abiertamente el capitalismo, de manera que los actuales dirigentes imperialistas –los Obama, Sarkozy, Cameron, Berlusconi, Zapatero, etc.– necesitan la complicidad de una parte de la izquierda que presente las injerencias y la desestabilización de países independientes por las agencias de espionaje del imperialismo –pasos necesarios para la manipulación informativa y para preparar escenarios del estilo de las “revoluciones de colores”– como la “lucha de los pueblos contra los tiranos”. Así, ya queda justificada entre la izquierda occidental y los trabajadores la política colonialista y de agresión genocida del imperialismo contra los pueblos oprimidos, desactivando una posible solidaridad activa frente a un pueblo brutalmente agredido cuya soberanía nacional es violada impunemente.

El razonamiento que guía a la izquierda occidentalista es el siguiente: la guerra contra Libia no es una agresión colonial clásica para apoderarse descaradamente de un país y sus recursos y para eliminar a un gobierno independiente, sino una operación para implantar las formas políticas de occidente y de sus valores morales –como la democracia occidental, el liberalismo y la «protección de civiles indefensos»–, valores que considera superiores a los que existen en el resto del mundo: para esta izquierda, el sistema imperialista es en esencia democrático y progresista y en su seno se pueden encontrar las vías para el progreso social de los pueblos de Europa mediante reformas progresistas que no trasciendan los límites del sistema político vigente. Para esta izquierda, el progreso material de los pueblos de occidente no tiene nada que ver con lo que Marx denominó la «acumulación primitiva de capital» a partir del saqueo colonial, sino que procede de las conquistas alcanzadas gracias a la actividad reformista de sindicatos y partidos que ante los gobiernos y las patronales. Así pues, la “exportación” de la democracia por las bombas de uranio empobrecido y los asesinatos en masa de la OTAN y sus esbirros “revolucionarios”, serían los daños colaterales necesarios para el triunfo de las libertades occidentales entre los pueblos que son “incapaces” de alcanzarlas por sus propios medios. Por este motivo, la izquierda otanista ha colaborado intelectual y moralmente con el asesinato de Gadafi ­–líder de la resistencia patriótica anticolonolial libia– y con las matanzas contra el pueblo libio.

Es preciso volver a remarcar que, independientemente de los errores que pudiera haber cometido, a pesar de que se pueda tener discrepancias con su trayectoria histórica, Gadafi fue eliminado por el imperialismo precisamente porque encarnaba la figura de la independencia y unidad nacional, del desarrollo social, de la unidad africana y del desafío al colonialismo occidental. La práctica es el criterio de la verdad, decía Marx. ¿Cuál ha sido en la práctica la alternativa de la izquierda otanista y de sus intelectuales al régimen de Gadafi?: 70.000 muertos por los bombardeos de la OTAN, miles de africanos negros perseguidos y brutalmente asesinados, la sharia para las mujeres y el petróleo para las multinacionales occidentales.

Gadafi podía haber tenido un exilio dorado con su familia en algún paraíso lejano, pero prefirió combatir junto a su pueblo. A diferencia de la izquierda otanista y la intelectualidad anti-Gadafi encarnada por los Galeano, Santiago Alba, Ignacio Ramonet, Atilio Borón, etc., Gadafi escogió jugarse la vida por la libertad de su país. Como el Che Guevara, fue herido en combate; como el Che Guevara, fue asesinado sin ningún derecho a juicio ni a defenderse, pero de una manera mucho más brutal; como el Che Guevara, será enterrado en un lugar secreto para tratar de borrar su ejemplo.

Mohamar Al Gadafi ha muerto como un héroe pero su ejemplo de valentía, dignidad y entrega a su pueblo seguirá guiando a los libios que desean la libertad para su patria. La izquierda otanista y sus intelectuales, en cambio, serán recordados por los trabajadores y los pueblos oprimidos como el apoyo moral e intelectual de los crímenes contra la humanidad cometidos por el imperialismo.


NOTAS

(1) http://allainjules.com/2011/10/20/libye-crimes-anti-noir-du-cnt-vol-et-charnier-videos-photos/

(2) Aimé Césaire: Discurso sobre el colonialismo. Ed. Akal, Madrid 2006.

(3) http://www.publico.es/espana/401577/globalicemos-la-plaza-tahrir-globalicemos-la-puerta-del-sol


[Fuente: El WebGuerrillero]