Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Archive for octubre 2011|Monthly archive page

La izquierda otanista y colonialista, cómplice intelectual y moral del asesinato de Gadafi y del pueblo libio

In Actualidad, África on 30 octubre, 2011 at 0:00

Albert Escusa


La colonización de Libia y el brutal asesinato del coronel Mohamar Al Gadafi, jefe de la resistencia patriótica anticolonial, ha contado con la complicidad política, moral e intelectual de buena parte de la izquierda occidentalista –principalmente europea– que también apoyó otras aventuras agresoras del imperialismo. Pero esta complicidad con las brutales políticas colonialistas no quedará impune: de hecho, está teniendo su contrapartida en Europa y Estados Unidos, donde asoman en el horizonte políticas cada vez más represivas y de carácter fascista contra los derechos de los trabajadores y los pueblos de occidente.

El eminente intelectual anticolonialista Aimé Césaire, por unos años militante del Partido Comunista de Francia y diputado a la Asamblea Constituyente en 1946, en su célebre Discurso sobre el colonialismo reprochaba a la burguesía “democrática” europea que criticara a Hitler sólo porque éste había implantado en Europa los métodos propios de las colonias: campos de concentración, trabajo esclavo, estados policíacos, asesinatos en masa, destrucción de las sociedades locales, guerras de conquista… En definitiva: todo aquello que la mayor parte del mundo venía sufriendo desde hacía siglos en un grado incomparablemente superior a lo puesto en práctica por Hitler en Europa. Aimé Césaire denunciaba que cuando la burguesía “democrática” occidental había promovido el colonialismo y la violencia brutal y salvaje contra los pueblos oprimidos, preparaba el camino para el triunfo de Hitler y el nazismo en Europa:

«¿A qué idea quiero llegar? A esta idea: que nadie coloniza impunemente; que una nación que coloniza, que una civilización que justifica la colonización, y por lo tanto, la fuerza, ya es una civilización enferma, moralmente herida, que irresistiblemente, de consecuencia en consecuencia, de negación en negación, llama a su Hitler, es decir, a su castigo» (2).

Esta cruda denuncia le viene como anillo al dedo a aquella izquierda y a aquellos intelectuales orgánicos que apoyan, justifican, toleran, desinforman o muestran doble moral con lo sucedido en Libia y anteriormente en tantos otros lugares del mundo, porque si bien es cierto que la historia nunca se repite, en estos momentos estamos asistiendo a un parecido asombroso con lo sucedido décadas atrás: en 1931, los fascistas italianos que colonizaban Libia ahorcaron a Omar Al-Mukhtar, dirigente político-religioso y jefe de la resistencia anticolonial, tras una farsa de juicio. En 2011, los asesinos a sueldo de la OTAN vendidos por la intelectualidad otanista como “revolucionarios” libios alzados contra el tirano, golpearon y asesinaron salvajemente al coronel Gadafi, gravemente herido, negándole la posibilidad de una defensa ante un tribunal, aunque este tribunal estuviera tan corrompido como los tribunales fascistas italianos en Libia. Que Mussolini –uno de los exponentes del fascismo más brutal y expansionista de la historia– se guardara bien de garantizar unas mínimas formas de “derecho” para el asesinato de Omar Al-Mukhtar a diferencia de las potencias fascistas de la OTAN, nos muestra con claridad dos cosas: la primera, que hace ochenta años existía una fuerte conciencia anticolonialista –en gran medida de raíz comunista– con una notable influencia entre la opinión pública occidental; y la segunda, que el imperialismo ha entrado en una fase de militarización, guerras y represión en todos los ámbitos y que las formas democráticas o de derechos cívicos que la burguesía occidental había tolerado hasta el momento en Europa y Estados Unidos, van a ser cada vez más pisoteadas impunemente o acabarán suprimiéndose.

El asesinato de Gadafi ha venido precedido del clásico linchamiento mediático a través de una demonización y una lluvia de mentiras y desinformación de los grandes medios de prensa, que ha encontrado rápido eco en la izquierda occidentalista y otanista, erigiéndose así en cómplice intelectual del asesinato: esta izquierda ha colaborado bien en la aprobación de la agresión militar, bien en la campaña de criminalización de Gadafi –ni OTAN ni dictaduras–, ha apoyado abiertamente las mentiras y la desinformación –o se ha dejado llevar por ellas porque era lo políticamente correcto– y ha asumido que Gadafi y su régimen laico e independiente eran el objetivo a destruir. Una parte de esta izquierda anti-Gadafi se ha manifestado contraria al uso de la fuerza armada y la invasión de la OTAN para alcanzar estos fines, como si las anteriores experiencias de Panamá, Yugoslavia, Irak, Afganistán y tantas otras no fueran suficientes pruebas de que el imperialismo no puede tolerar un proceso de soberanía interna en el que los pueblos decidan libremente su futuro sin injerencias. Otra parte, la corriente extremista, militarista y atlantista de la izquierda occidentalista constituida por los partidos ecosocialistas y socialdemócratas, dirigentes sindicales, etc., desde el primer momento ha apoyado la agresión militar contra Libia. Y una tercera corriente de la izquierda otanista, constituida por partidos trotskistas y organizaciones y asociaciones minoritarias que apoyaban la criminalización y el derrocamiento de Gadafi han adoptado la postura más cobarde, “ni OTAN ni Gadafi”, una coartada que ha servido en la práctica para las agresiones militares de la OTAN contra el pueblo libio y su soberanía nacional.

Entre la izquierda otanista destacan sus intelectuales orgánicos, algunos de los cuales apoyaron la intervención armada y otros –sin hacerlo abiertamente– defendieron durante los bombardeos variadas posturas anti-Gadafi o suscribieron manifiestos en los que se criminalizaba al dirigente libio. Entre ellos encontramos a Ignacio Ramonet, Santiago Alba Rico, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Heinz Dieterich, Atilio Borón y muchos otros amantes de lo políticamente correcto bajo una apariencia de compromiso social, que han tenido una enorme responsabilidad en la justificación de la tragedia libia.

Su papel ha vuelto a ser determinante entre la izquierda: estos intelectuales, en los momentos decisivos, cuando arrancan las campañas mediáticas del imperialismo contra el nuevo demonio y las bombas empiezan a despedazar a la población civil, no utilizan su prestigio o su fama entre los medios de izquierdas para inyectar un poco de claridad ideológica, combatir las mentiras imperialistas y llamar a la solidaridad, sino que apoyan abiertamente el crimen o bien se dedican a realizar acusaciones sin pruebas, a “descubrir” miles de argumentos –la mayoría calcados de la prensa imperialista– que “demuestren” lo malo que era tal o cual dirigente, los errores que cometió, lo irreversible de su derrocamiento por su propia culpa, lo buenos que son los pobres «rebeldes reprimidos por el tirano», etc., etc. Para algunos intelectuales anti-Gadafi, éste merecía caer porque era “poco” revolucionario según sus esquemas ideológicos fosilizados y cometió el pecado de tener relaciones con los países imperialistas, como hacen casi todos los presidentes del resto del mundo, incluyendo los más antiimperialistas como Fidel Castro o Hugo Chávez; para otros, merecía caer porque era un dictador criminal y represivo, según “informaban” las agencias de propaganda de guerra de la OTAN, pasando por alto el hecho de que los dirigentes imperialistas han cometido crímenes infinitamente más graves –eso sí, en países lejanos, no en el apacible y “civilizado” occidente, que es lo que importa– que los que se le atribuyen a Gadafi. El clímax de este comportamiento llega cuando se firman manifiestos grandilocuentes –publicados, como no, en la prensa imperialista– que ni siquiera hablan de las agresiones salvajes y bárbaras de la OTAN ni denuncian a los dirigentes imperialistas (3). Como explica un popular dicho, nos encontramos ante intelectuales expertos en «nadar y guardar la ropa». Ellos también han colaborado intelectual y moralmente en el asesinato de Gadafi: ¿para qué deberían los dirigentes imperialistas molestarse en ofrecer la posibilidad de un juicio –aunque sea una farsa– a un personaje como Gadafi, si éste ya ha sido condenado tanto por la derecha como, sobre todo, por una parte importante de la izquierda y sus intelectuales hegemónicos? Ni siquiera Mussolini lo tuvo tan fácil en 1931.

La historia, aquí, vuelve a mostrar similitudes. Como demostró Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, la política colonial y de conquista en el exterior implica necesariamente una política reaccionaria en el interior de los países conquistadores, contra la clase obrera. Y como también demostró Lenin, para justificar la política colonialista y buscar apoyos entre los trabajadores de los países occidentales, los dirigentes imperialistas de la época se valieron de la mayoría de los partidos socialistas y socialdemócratas –que afirmaban estar contra el capitalismo–, así como de muchos dirigentes sindicales, para arrancar el apoyo o la neutralidad de una buena parte de los trabajadores occidentales ante la política colonial y racial de sus metrópolis. Hoy la vieja socialdemocracia defiende abiertamente el capitalismo, de manera que los actuales dirigentes imperialistas –los Obama, Sarkozy, Cameron, Berlusconi, Zapatero, etc.– necesitan la complicidad de una parte de la izquierda que presente las injerencias y la desestabilización de países independientes por las agencias de espionaje del imperialismo –pasos necesarios para la manipulación informativa y para preparar escenarios del estilo de las “revoluciones de colores”– como la “lucha de los pueblos contra los tiranos”. Así, ya queda justificada entre la izquierda occidental y los trabajadores la política colonialista y de agresión genocida del imperialismo contra los pueblos oprimidos, desactivando una posible solidaridad activa frente a un pueblo brutalmente agredido cuya soberanía nacional es violada impunemente.

El razonamiento que guía a la izquierda occidentalista es el siguiente: la guerra contra Libia no es una agresión colonial clásica para apoderarse descaradamente de un país y sus recursos y para eliminar a un gobierno independiente, sino una operación para implantar las formas políticas de occidente y de sus valores morales –como la democracia occidental, el liberalismo y la «protección de civiles indefensos»–, valores que considera superiores a los que existen en el resto del mundo: para esta izquierda, el sistema imperialista es en esencia democrático y progresista y en su seno se pueden encontrar las vías para el progreso social de los pueblos de Europa mediante reformas progresistas que no trasciendan los límites del sistema político vigente. Para esta izquierda, el progreso material de los pueblos de occidente no tiene nada que ver con lo que Marx denominó la «acumulación primitiva de capital» a partir del saqueo colonial, sino que procede de las conquistas alcanzadas gracias a la actividad reformista de sindicatos y partidos que ante los gobiernos y las patronales. Así pues, la “exportación” de la democracia por las bombas de uranio empobrecido y los asesinatos en masa de la OTAN y sus esbirros “revolucionarios”, serían los daños colaterales necesarios para el triunfo de las libertades occidentales entre los pueblos que son “incapaces” de alcanzarlas por sus propios medios. Por este motivo, la izquierda otanista ha colaborado intelectual y moralmente con el asesinato de Gadafi ­–líder de la resistencia patriótica anticolonolial libia– y con las matanzas contra el pueblo libio.

Es preciso volver a remarcar que, independientemente de los errores que pudiera haber cometido, a pesar de que se pueda tener discrepancias con su trayectoria histórica, Gadafi fue eliminado por el imperialismo precisamente porque encarnaba la figura de la independencia y unidad nacional, del desarrollo social, de la unidad africana y del desafío al colonialismo occidental. La práctica es el criterio de la verdad, decía Marx. ¿Cuál ha sido en la práctica la alternativa de la izquierda otanista y de sus intelectuales al régimen de Gadafi?: 70.000 muertos por los bombardeos de la OTAN, miles de africanos negros perseguidos y brutalmente asesinados, la sharia para las mujeres y el petróleo para las multinacionales occidentales.

Gadafi podía haber tenido un exilio dorado con su familia en algún paraíso lejano, pero prefirió combatir junto a su pueblo. A diferencia de la izquierda otanista y la intelectualidad anti-Gadafi encarnada por los Galeano, Santiago Alba, Ignacio Ramonet, Atilio Borón, etc., Gadafi escogió jugarse la vida por la libertad de su país. Como el Che Guevara, fue herido en combate; como el Che Guevara, fue asesinado sin ningún derecho a juicio ni a defenderse, pero de una manera mucho más brutal; como el Che Guevara, será enterrado en un lugar secreto para tratar de borrar su ejemplo.

Mohamar Al Gadafi ha muerto como un héroe pero su ejemplo de valentía, dignidad y entrega a su pueblo seguirá guiando a los libios que desean la libertad para su patria. La izquierda otanista y sus intelectuales, en cambio, serán recordados por los trabajadores y los pueblos oprimidos como el apoyo moral e intelectual de los crímenes contra la humanidad cometidos por el imperialismo.


NOTAS

(1) http://allainjules.com/2011/10/20/libye-crimes-anti-noir-du-cnt-vol-et-charnier-videos-photos/

(2) Aimé Césaire: Discurso sobre el colonialismo. Ed. Akal, Madrid 2006.

(3) http://www.publico.es/espana/401577/globalicemos-la-plaza-tahrir-globalicemos-la-puerta-del-sol


[Fuente: El WebGuerrillero]






Anuncio publicitario

Fascismo dry

In Actualidad on 29 octubre, 2011 at 0:02

Teodoro Santana


Las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado, las de la anterior gran crisis del capitalismo imperialista, fueron también las del auge del movimiento nazi-fascista. En Italia conquistaron el poder en 1922, tras la Marcha sobre Roma encabezada por Mussolini, que había sido uno de los máximos dirigentes del Partido Socialista Italiano. En Alemania lo hicieron en 1933, implantando el III Reich. En el Estado español, de la mano del golpe militar de 1936, la Falange y sus organizaciones de masas se impusieron durante 40 años.

Con la agudización de la crisis económica del capitalismo de Estado y el peligro de revoluciones socialistas, los capitalistas de la época, muñidores de todos estos movimientos, buscaban apartar a la clase obrera y a las grandes masas del “bolchevismo”. De forma que los nazis-fascistas no se presentaban ante la gente como extrema derecha, ni siquiera como derecha, afirmando no ser “ni de derechas ni de izquierdas”.

Todos ellos hacían gala de defender a los trabajadores. El partido nazi se llamaba, ni más ni menos, “Partido Nacional Socialista Obrero Alemán”. En España, la falange propugnaba la “revolución nacional sindicalista”. Su discurso atacaba al capitalismo y a los bancos, presentándose como una «tercera vía» o «tercera posición», opuesta radicalmente tanto a la democracia burguesa cada vez más cuestionada, como a las organizaciones obreras, partidos y sindicatos de clase, que consideraban no representativos. Frente a ellas levanta las organizaciones del corporativismo italiano y alemán o el sindicato vertical español.

Por supuesto, los nazi-fascistas jamás hicieron otra cosa que “mejorar” el capitalismo, sin cuestionar jamás la propiedad privada. Y, mucho menos, la de la plutocracia a la que criticaban de boquilla pero alimentaban de hecho.

Noventa años más tarde, una nueva crisis económica vuelve a hacer temblar los cimientos del capitalismo imperialista. Y la oligarquía necesita otra vez desviar a los asalariados de ideas y propuestas que pudieran cobrar fuerza poniendo en peligro su dominio de clase. Esta vez, sin embargo, no esperemos ver camisas pardas, negras o azules. Los pequeños grupúsculos neonazis, despreciados por los ciudadanos como bandas de psicópatas, no son de gran utilidad.

En cambio, volvemos a ver a quienes, aprovechando el descontento popular, procuran apartar a la mayoría de cualquier influencia “bolchevique”. Diciendo estar contra el capitalismo, hacen suyas algunas reivindicaciones que, eso sí, no pongan en peligro el sistema. Se trata de “reformarlo”, de mejorarlo “pacíficamente”.

Qué mejor válvula de escape del propio sistema que unas protestas que no van más allá y acaban en sí mismas. Un mero descargue que alivie la presión sin plantear un modelo alternativo de sociedad (lo que requiere ideología y organización). Por eso, para lo que ya no son tan “pacíficos” es para prohibir tajantemente las banderas y los símbolos de los sindicatos y los partidos obreros, llegando a la agresión física a quienes se atreven a expresar visualmente su militancia política.

Se trata de sustituir las movilizaciones de la izquierda anticapitalista, de los sindicatos y de los comunistas, frente a los que se lanzan las consignas de “ni partidos ni sindicatos”, “no nos representan”, etc. Lo intentaron en Grecia, pero llegaron demasiado tarde para desactivar las movilizaciones del Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME) y de los comunistas. El paso siguiente ya lo conocemos: atacar a los obreros y asesinar comunistas, como ha ocurrido recientemente en Atenas.

Se trata, en definitiva, de barrer las posiciones superadoras del capitalismo y reemplazarlas con una disidencia controlada, con “asambleas” (por llamarlas de algún modo) manipuladas, y con una potente máquina de propaganda, contando con el respaldo abrumador de la prensa burguesa y las multinacionales de las redes sociales en Internet.

Basta preguntarse quién está detrás, quién financia, quién sostiene. No, desde luego, quienes vivimos de un sueldo.

La trama es burda. Sólo la debilidad ideológica y política de la izquierda anticapitalista explica el acomplejamiento ante esta nueva forma de fascismo del siglo XXI, de anarco-fascismo o cómo queramos denominarlo. El error bienintencionado de intentar conciliar con el monstruo, de rentabilizarlo electoralmente o de pactar con él, sólo lleva al desastre.






Este próximo martes, a las 9:30 de la mañana desde la Plaza de Jinámar Casco, tradicional Subida a la Sima de Jinámar

In Actualidad, Comunicado, Convocatoria on 29 octubre, 2011 at 0:01

Partido Comunista de Canarias (PCC)

No renunciéis al día que os entregan los muertos que lucharon.
Cada espiga nace de un grano entregado a la tierra.
PABLO NERUDA

Como todos los años, el Partido Comunista de Canarias organiza la Subida a la Sima de Jinámar, para hacer un homenaje a los militantes, dirigentes y cargos públicos del Partido Comunista de Canarias (PCE) que murieron en 1936  defendiendo  sus ideales de una sociedad más justa e igualitaria y la democracia representada por el Gobierno de  la República elegido en las urnas.

Siempre hemos hecho extensivo este Homenaje a todos y todas, particularmente a los hombres y mujeres de otras organizaciones políticas u otras corrientes de pensamiento que lucharon y sufrieron con nuestros militantes las detenciones, los consejos de guerra por “rebelión” (“la justicia al revés” que decía Serrano Suñer), los asesinatos y las desapariciones.

Por lo tanto, este Acto de la Sima de Jinámar ha sido organizado siempre  por el Partido Comunista de Canarias, pero abierto a todos aquellos que han querido participar y de hecho,  han participado a lo largo de todo estos años. De la misma forma, el Partido Comunista de Canarias ha asistido a los Actos que, en otras fechas y lugares históricos,  organizan otros colectivos que, en los últimos años, han trabajado también en la recuperación de la Memoria de los hombres y mujeres que lucharon, desaparecieron o murieron.

Es importante, desde nuestro punto de vista, conocer este episodio tan duro de nuestra Historia que se inició con un golpe de militares que formaban parte del movimiento fascista que se generó en Europa en los años 30, lo que dio lugar a la II Guerra Mundial, y en España, a una guerra que duró de 1936 a 1939, así como una dictadura de la extrema derecha durante cerca de cuarenta años. Es fundamental homenajear a los que lucharon y agradecerles, con todo nuestro respeto a su trayectoria política y sus ideales, esa lucha en defensa de la libertad, la democracia y la igualdad de las que otras generaciones hemos podido disfrutar en mayor medida, gracias a su sacrificio que marcó la Historia de España y Europa.


María Puig Barrios
Secretaria General






Una tasa única sobre la riqueza: qué aportaría

In Actualidad, Economía on 29 octubre, 2011 at 0:00

Sam Pizzigati


Los estudiantes de familias con pocos recursos pagan un importante precio por poder dotarse de su capacidad de contribuir a la sociedad, y abonan un interés si no pueden permitírselo. Un impuesto sobre la riqueza podría aplicar ese mismo principio a los ricos de EEUU.

Polly Toynbee, un columnista del diario británico Guardian, juega un papel algo parecido al de Paul Krugman, el premio nobel de economía que colabora también regularmente con el New York Times. Ambos elaboran cotidianamente ataques bien argumentados –e incluso inspiradores– contra la concentración de renta y riqueza que ha dejado a los EEUU y al Reino Unido como los dos países con mayores desigualdades en el mundo desarrollado.

Ambos son también eminentemente pragmáticos. Proponen siempre aquello que es políticamente posible. Pero vivimos tiempos agitados, y posiblemente por eso la semana pasada nos encontramos a Toynbee apoyando una propuesta de imposición a los ricos que a simple vista parece carecer de sentido de lo políticamente viable.

¿Por qué no exigir, se pregunta Toynbee, una tasa única del 20% sobre la riqueza total que tiene el diez por ciento más rico del país, «graduada» de modo que nos aseguremos que el 1 por ciento más rico paga bastante más que los hogares que estén en la parte baja de ese 10 por ciento?

Esta tasa única «sobre ganancias inesperadas«, sugiere Toynbee, podría ayudar a «salvar servicios, salvar empleos, acabar con el déficit nacional, relanzar el crecimiento, y poner a la economía en la senda de la recuperación«.

«La peor de todas las crisis«, añade, «necesita mejores soluciones que cualquiera de las que se están ofreciendo para la lúgubre década que empieza«.

Los EEUU, claro, se enfrentan a los mismos lúgubres pronósticos. Y ello hace de la propuesta de Toynbee una cuestión que vale la pena considerar. ¿Podría una tasa única del 20% sobre la riqueza acumulada por los ricos realmente marcar la diferencia?

El origen de la propuesta de Polly Toynbee, el profesor de la Glasgow University Greg Philo, ciertamente cree que sí. Philo hizo pública su propuesta el año pasado e incluso se encargó una encuesta a nivel nacional para conocer la reacción de la gente. Según dicha encuesta, un 74% de la población del Reino Unido la aprobaba.

El 10 por ciento más ricode las personas que viven en Inglaterra acumula actualmente unos 4 billones de libras –unos 6,3 billones de dólares– del total de 9 billones en riqueza personal que hay en el país. Una tasa del 20% sobre esos 4 billones recaudaría unos 800.000 millones de libras, según Philo suficiente para «repagar la deuda nacional» y «evitar la necesidad de duros y profundos recortes» en los servicios públicos.

La propuesta de Philo se encuentra con una objeción inmediata. Muy pocas familias ricas tienen suficiente liquidez para disponer del 20% de su riqueza en efectivo. Tienen mucha de su riqueza en forma de propiedades de distinto tipo que deberían ser vendidas, posiblemente con una gran pérdida de su valor si todos tuviesen que empezar a venderlas a la vez.

Pero no hay problema. Esta tasa sobre la riqueza, según el plan de Philo, no debería abonarse toda de golpe. Pero si una familia rica quiere aplazar el pago, deberá pagar intereses sobre el remanente de impuesto por pagar que le quede.

«Funcionaría como una especie de préstamo para estudios» dice Philo «pero aplicado a los ricos«.

Una tasa del 20% sobre la riqueza del diez por ciento más rico de Inglaterra, señala Polly Toynbee en el Guardian, básicamente se encargaría de «devolver hacia abajo el dinero que se han llevado los de arriba durante la última década«.

«Los miles de millones que se han llevado los de arriba«, añade desde la Glasgow University el profesor Philo, han sido en su mayor parte «usados para adquirir propiedades sobrevaloradas«. Una tasa sobre la riqueza podría volver a poner en circulación este «dinero estancado«, en forma de gasto público que estimulase el crecimiento.

Una tasa única del 20% sobe la riqueza, concluye Philo, «ofrece una alternativa real» que «permitiría eliminar el déficit de las cuentas del gobierno, utilizando dinero que está en su mayor parte retenido en el mercado inmobiliario, y de gente que no lo necesita«.

¿Podría una tasa sobre la riqueza como esa tener un impacto similar en los EEUU? Las cifras sobre distribución de la riqueza hacen de esa pregunta una obviedad: de hecho nuestros ricos poseen una parte de la riqueza total bastante mayor que en Inglaterra.

En el Reino Unido, el 10 por ciento más rico posee el 44% del total de la riqueza personal que hay en el país. En los EEUU, los estudios y trabajos del Economic Policy Institute publicados a principios de este año indican que solamente el 5 por ciento más rico poseía en 2009 el 63,5% de la riqueza nacional. Solamente el 1% más rico posee el 35,6%.

En abril de 2001, según informaban la semana pasada el economista de la New York University Nouriel Roubini y dos de sus colegas, la riqueza total de los hogares de los EEUU ascendía a 56,8 billones de dólares. Si asumimos que la distribución de la riqueza no haya variado mucho desde 2009, el última año para el que disponemos de datos sobre la distribución de la riqueza, entonces hoy en día el 10 por ciento de los más ricos poseerían un 75,1% de la riqueza de la nación, es decir 42,7 billones de dólares.

Una tasa del 20% sobre esa acumulación de riqueza conseguiría recaudar 8,5 billones de dólares, una cifra que representa casi el 85% de toda la deuda pública que tiene actualmente el país.

¿Y el 1% más rico de los americanos? ¿Cómo quedarían si les aplicásemos esa tasa única del 20% sobre su riqueza? Pues de media la riqueza que les quedaría seguiría siendo mayor, ajustando por la inflación, que la que tenía el 1% más rico de 1983. De hecho, podrían pagar hasta un 25% y seguirían teniendo más riqueza que la que tenían en 1983.

Esta década que empieza no tiene porqué ser tan lúgubre. Lo que tiene que ser es más igualitaria.


(*) Sam Pizzigati es editor de Too Much, el semanario en línea sobre excesos y desigualdad, publicado por el Institute for Policy Studies.


[Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta i Estrada]






Insuficiente mantenimiento en los colegios de Las Palmas de Gran Canaria porque el Ayuntamiento no realiza las obras necesarias

In Actualidad, Comunicado, Educación on 28 octubre, 2011 at 0:02

Sindicato de Trabajadores/as de la Enseñanza Asamblearios de Canarias (EA-Canarias)


El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria hace dejación de sus responsabilidades en el mantenimiento de los colegios del municipio. Los recortes que se avecinan en materia educativa ya se dejan sentir tanto en el municipio de Las Palmas de Gran Canaria como en el Cabildo de la isla. Al parecer, éste último ha decidido prescindir dela Consejería en materia de educación. Mientras, el Ayuntamiento gobernado por el PP está empezando a preocupar a los colegios del municipio.

El Ayuntamiento tiene la responsabilidad del mantenimiento de los edificios escolares. Diversas manifestaciones de miembros directivos de colegios del municipio, así como familias han hecho llegar el malestar latente por la dejación del Ayuntamiento en realizar las obras solicitadas por los centros. “Sólo aparecen en casos de máxima urgencia” es el comentario generalizado de los colegios del municipio. Los operarios del Ayuntamiento hacen presencia en los centros en casos de fugas de agua, algún problema eléctrico general, obstrucciones en los aseos de los centros, pero no dan respuestas a la hora de llevar a cabo las obras solicitadas por los distintos colegios como son las mejoras de muros, pintura de interiores, humedades, etc.

Por otra parte, EA-Canarias no tiene constancia de la contratación de trabajadores sociales que se ocupaban del absentismo escolar, de atender y dar respuestas a otras situaciones de riesgos sociales que se viven en los colegios. Una muestra más del desinterés, por los temas sociales, del regidor municipal.

Asimismo, los servicios de vigilancia de los colegios se han visto reducidos. Esto ocasiona problemas en los centros en la apertura por las tardes para la realización de actividades, tanto de las AMPAS, como de las ofertadas por el propio Ayuntamiento. Incluso, en algún centro, han tenido que trasladar las Escuelas de Adultos a otros locales.

EA-Canarias observa con gran preocupación esta forma de gestionar los colegios públicos en el municipio de Las Palmas de Gran Canaria. El Alcalde prometió visitar un centro por semana y más de una comunidad está esperando su visita.

EA-Canarias exige que el Ayuntamiento de LPGC asuma sus responsabilidades y que no aboque a la educación pública al deterioro que en estos primeros meses de mandato se están dando.

Por último, EA-Canarias demanda al consistorio capitalino que le dé la importancia que se merecen los miles de alumnos/as que cursan sus estudios primarios en los colegios de su municipio.






Requiem para Libia

In Actualidad, África on 28 octubre, 2011 at 0:01

René Behoteguy Chávez


Lo sucedido en Libia en los últimos días representa una vergüenza absoluta y retrata el triste momento ético que vive la humanidad. Porque mientras los supuestos rebeldes asesinaban al coronel Gadafi -porque no se puede calificar de otra manera al hecho de ajusticiar a un prisionero indefenso, como claramente se puede apreciar en la imágenes que han trascendido internacionalmente- las potencias occidentales, supuestos paladines de la libertad, la democracia y la paz, aplaudían jubilosos esta ejecución extrajudicial que ha culminado con broche de oro una campaña de bombardeos que le ha costado la vida a miles de personas, la mayor parte de ellos civiles desarmados.

La enorme hipocresía y doble moral de los líderes europeos y norteamericanos no tiene límite, porque los mismos que no dudaban en fotografiarse en una y mil poses con Gadafi a cambio de petróleo; los mismos líderes que apoyaron las dictaduras de Ben Ali y Mubarak, los mismos que han permitido que la dictadura sanguinaria de Mohamed VI sea parte del Concejo de seguridad de la ONU; ahora, que se las dan de salvadores y protagonistas de la “primavera árabe”, aupan en el poder a los preclaros líderes del CNT, para que impongan, como ya han prometido, la ley islámica o sharia, instrumento que seguramente democrátizará la sociedad libia por sus altos contenidos en temas de equidad de género (poligamia incluida) y libertad religiosa, al poner al poder religioso por encima de las instituciones civiles.

Si señores, esa misma ley que los medios de occidente tanto critican a los gobiernos de Irán o a los talibanes, para justificar invasiones y bloqueos económicos, es muy bien tolerada por dichos medios y las potencias que los financian en países como Marruecos o Arabia Saudita; pero ya en el caso de Libia, directamente, se apoya su implantación con dinero, armas y nutridos bombardeos. ¿Cuál será la diferencia entre unos y otros?

Porque en este “mundo al revés” parafraseando por enésima vez a don Eduardo Galeano, los pacifistas apoyan bombardeos con miles de muertos, los amigos de la justicia aplauden asesinatos extrajudiciales y los demócratas, luchan por la implementación de leyes medievales. Claro que todo ello detrás de sus fronteras, donde el horror de la sangre y la muerte solamente llega por fibra óptica.

Y luego estamos los mal pensados que vemos, en estas aberrantes incoherencias, el deseo de las multinacionales norteamericanas y europeas de acceder a las enormes reservas de petróleo de Libia. La reunión de Paris del 3 de septiembre en la que se pactó el desbloqueo entre 50 mil y 110 mil millones de dólares para su entrega al Consejo Nacional de Transición de Libia a cambio de jugosos contratos petroleros, de los que Francia, uno de los más entusiastas impulsores de la nueva “democracia islámica” libia, se ha garantizado el 35%, no demuestran nada.

Simplemente es que la buena voluntad y sacrificio de la OTAN merece la gratitud del pueblo Libio que, en este caso, se traduce en la entrega de sus riquezas al capital multinacional, a cambio de un país marcado por la sangre, el enfrentamiento y la destrucción.


(*) René Behoteguy Chávez es miembro del Secretariado Insular de Gran Canaria de Intersindical Canaria