Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Kafka y el ojo del amo

In Actualidad, Economía on 3 noviembre, 2011 at 0:00

Luis Sexto


El programa de transformaciones socioeconómicas de Cuba puede estar rondando una alternativa letal: que de un Estado absorbente y manirroto, se derive hacia un Estado cicatero y desentendido de la justicia social. Y aunque no resultaría así por voluntad del Gobierno y de quienes conciben y propugnan la reforma, el peligro más bien radicará en la visión con que las nuevas políticas rectificadoras sean aplicadas.

La renuncia al paternalismo como orientador de los subsidios y programas sociales, es un proceso inevitable para reajustar los límites de los gastos públicos. Y el echar a la cuneta el excesivo costo de una política social sin reservas materiales suficientes para sostenerla, implica también desarticular la distribución igualitarista –todos en la misma medida– y desempolvar espacios para que los ciudadanos labren parte de su destino individual o familiar, sin que por ello carezcan de los servicios, universales y gratuitos, de salud y educación, readecuados ahora a una estrategia de racional austeridad ý equilibrio en un país empobrecido –según sabemos– por la extinción de sus mercados socialistas europeos y, además, lastrado por las prohibiciones comerciales y de inversión que le imponen los Estados Unidos.

Esa es, someramente, la situación. Y no parece que la mayoría de los cubanos se disgusten por que al cabo el Estado revolucionario encuentre el término medio entre lo que ingresa y egresa. Pero no les place suponer amenazadas las conquistas de la revolución, sobre todo la seguridad de los servicios médicos. La asistencia médica se ha convertido así en un terreno movedizo en que podría empantanarse la cautelosa reflexión del Gobierno para reorganizar una red de atención primaria que llevaba al médico hasta la puerta de los hogares. Actualmente, casi más de la mitad de los galenos trabajan en el extranjero y el pago a Cuba por esos servicios aglutina una estimable porción del PIB, aunque también ofrecen ayuda gratuita a países carentes de estructura médico asistencial como Haití.

El problema, pues, empieza a agudizarse porque al parecer no existe una vigilancia, un control estricto en la reorganización del sistema de salud. El control, en manos de la burocracia, es un resorte que ha constreñido las soluciones para solventar las necesidades de la ciudadanía. Pero esa misma receta del control no se ejerce, según lo visto, sobre cuantos aplican las reformas en los diversos parajes del país. Y son los mismos funcionarios; esos mismos cuya mentalidad retrógrada, a veces insensata, el Gobierno y el Partido Comunista exhortan a corregir. Hace unos días, el periódico Juventud Rebelde, en su sección Acuse de recibo –mucho más interesante que el blog de Yoani Sánchez, por publicar y comentar  las cartas de los afectados– insertó una queja proveniente de la localidad de Céspedes, en Camagüey. Allí, de acuerdo con la carta, hay una ambulancia para trasladar los casos “no urgentes”, pero que no se puede emplear en los pacientes de urgencia. Estos deben aguardar por que de Florida, cabecera municipal, envíen un vehículo sanitario. Quizás, sin dificultad, Kafka puso a uno de sus personajes a despertar convertido en cucaracha. ¿Tendría tanta imaginación, sin embargo, para inventar una aritmética en que lo urgente es menos importante que lo “no urgente”? ¿Podrían ser los burócratas kafkianos tan originales como la burocracia municipal del ejemplo de Juventud Rebelde?

La experiencia de este periodista, que sigue caminando por Cuba para conocerla y compararla, detecta decisiones parecidas en otros sitios, tomadas a contrapelo de la voluntad del Gobierno central. Raúl Castro ha dicho: Nadie quedará abandonado. Y podría reforzarse esa frase programática de esta manera: Nadie podrá ser abandonado. Salvo que ocurra lo que, a mi manera de juzgar la realidad cubana, sucede en algunos sitios del archipiélago: las readecuaciones tanto en la salud como en otros sectores, se concretan desde posiciones burocráticas, tecnocráticas o economicistas. Si el asunto es gastar poco –piensan-, pues a gastar menos, mucho más que menos. Lo cual evidencia que un número de funcionarios locales, incluso provinciales, no han entendido los fines con que ha sido proyectada la actualización de la economía cubana.

La propaganda radial, por ejemplo, estimula un proceder errado. Por las emisoras se escucha la voz de un locutor muy respetado: Hay que gastar menos… Y adónde irá a parar el país si la consigna es restar, restar… Yo diría: Hay que gastar lo necesario y solo lo necesario. Formulación correcta en todo empeño de ahorro. Por tanto, burócratas y tecnócratas soslayan, pues, un aspecto fundamental en Cuba: la política. Sin el componente político, los cambios en la sociedad cubana podrían perder su esencia revolucionaria y socialista. Y ese aborto lo esperan, dando paseítos por los pasillos de la Internet, tanto algunos impacientes de izquierda – de una izquierda libresca y suspicaz-, como de la derecha hostil y creyente en  el “milagro”  de ver destruida la herencia de la revolución de 1959.

Que yo publique estas líneas es, al menos, uno de los antídotos contra el error. En Cuba el coraje alcanza para alertar de sus problemas. En suma, el problema oscila entre estos dos polos: contra el paternalismo todo; contra la justicia, nada. Y para defender la justicia, hace falta que el ojo del “amo”, amarre los caballos que Kafka no embrida.


[Fuente: Progreso Semanal]






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