Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

La única guerra que nunca promueven

In Actualidad on 6 noviembre, 2011 at 0:01

Hamlet Hermann


La señora Hillary Rodham Clinton, ministro de relaciones exteriores de Estados Unidos, estuvo brevemente en Libia. Se enteró de primera mano sobre el bárbaro linchamiento y asesinato de Muamar al Gadafi. Recordaría entonces su experiencia directa cuando, desde Washington, siguió sin inmutarse el asesinato de Osama Ben Laden. Supo entonces que el cadáver de Gadafi fue expuesto cual espectáculo de circo macabro, vulnerando la ley islámica y cualquier otra norma de convivencia humana. Apreció los resultados de los masivos bombardeos criminales de la OTAN sobre la población civil que decían defender. Entonces surgió la grotesca sonrisa de la funcionaria al hacer el obsceno comentario: “Llegamos, vimos y él murió”. Supervisaba así el asesinato del líder libio, hecho que estuvo en el libreto de la agresión contra Libia, desde el primero hasta el último día.

En viaje de vuelta a su país, atravesó varios océanos y pareció “montarse” en el espíritu de Golda Meir al tiempo que abrazaba los eternos rencores de la Thatcher y la Merkel contra los pueblos que buscan su independencia. Empapada por la euforia guerrerista y los asesinatos selectivos que parece disfrutar, bramó entonces Rodham Clinton contra Cuba. “Nuestra posición ha sido la misma durante más de cincuenta años. Creemos que Fidel Castro debe irse“, dijo ante una audiencia del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes. Ella misma se respondió al decir: “Por desgracia, no parece que vaya a ir a ninguna parte“, refiriéndose al importante rol de orientador que Fidel mantiene en la vida política del país pese a no estar desempeñando funciones de Estado desde 2006.

La Ministro sabe que la ultraderecha de Estados Unidos vería con muy buenos ojos que se repitiera en Cuba, así como en Venezuela, Bolivia y Ecuador, la receta guerrerista que con tanto afán ha aplicado en Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen y Libia. Pero los estrategas militares que han asesorado a once ocupantes de la Casa Blanca en medio siglo saben el alto precio que tendrían que pagar para enfrentar una guerra de todo el pueblo en el continente americano. Si de verdad creyera en la democracia, Estados Unidos debiera emprender por todo el mundo la necesaria guerra contra el hambre, el analfabetismo, la incultura y la pobreza para, efectivamente, democratizar la democracia, proteger a los excluidos y cambiar el actual orden mundial.

Los sectores más recalcitrantes del gobierno de Estados Unidos quieren que Cuba cambie. Y nosotros, los excluidos, queremos que Estados Unidos cambie y deje de hacer tanta guerra sucia para apoderarse del petróleo por todo el mundo. Y deje de enriquecer aún más a los banqueros, culpables de la más grande crisis de la historia del capitalismo. Y deje de hostigar a los inmigrantes latinos mientras se confabula con el crimen organizado para explotarlos.

Estados Unidos debía cambiar y practicar la libertad de expresión. No es cierto que en esa nación, donde predomina el Patriotic Act, cualquier ciudadano podría publicar, aparecer en los medios de comunicación y opinar libremente lo que le dicte su conciencia. Como comprobó Ben Bagdikian, sólo seis corporaciones monopolizan la totalidad de los periódicos, revistas, radiodifusoras y canales de televisión en un país de más de 300 millones de habitantes. Allí se difunde lo que conviene al insaciable complejo militar industrial que enriquece sólo al uno por ciento de la población mientras empobrece al restante 99%.

Mejor sería que la señora Rodham Clinton dejara tranquila a Cuba y pusiera más atención a lo que ocurre dentro de las fronteras estadounidenses. A un año de la celebración de otras elecciones presidenciales, un profundo sentido de ansiedad económica y desconfianza frente al gobierno presidido por Barack Obama ha llegado a su nivel más alto. Según una encuesta, realizada para The New York Times y la cadena CBS, el 89% de los estadounidenses desconfía del gobierno, 74% opina que el país va por un camino equivocado y 84% desaprueba tanto la labor de los demócratas como de los republicanos en el Congreso.

Mejor sería que iniciaran la necesaria guerra contra el hambre, el analfabetismo, la incultura y la pobreza para, efectivamente, democratizar la democracia y cambiar el actual orden mundial.



[Fuente: Segunda Cita]





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