Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Octubre nos enseñó que vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias

In Actualidad, Efemérides on 16 noviembre, 2011 at 0:01

Pável Blanco Cabrera
Primer Secretario del Partido Comunista de México


El 94 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre coincide con los 20 años del triunfo temporal de la contrarrevolución en la URSS.

La Revolución de Octubre, es el acontecimiento más importante del Siglo XX y marca el rumbo de las importantes transformaciones radicales que viviremos en la actual centuria.

La forma en que percibimos los individuos los virajes de la Historia no siempre se corresponde con las fechas en que éstos acontecen. Por ejemplo, en los últimos diez días de diciembre de 1991, aunque militaba ya en una organización marxista-leninista desde 1988, las felicidades personales no permitieron comprender la tragedia que significaba, que aquel día 24, la bandera roja con la hoz y el martillo ondeara por última vez en el Kremlin, antes de ser retirada.

La atmósfera sofocante de la contrarrevolución enfrentaba dignos muros de resistencia, como el caso de Cuba socialista, y de varios partidos comunistas, de fuerzas revolucionarias que comprendieron el carácter temporal de la derrota y la urgente necesidad de preparar el reagrupamiento, pues la característica principal de la época permanecía inalterable.

El proletariado de Rusia, sobre todo el de Petrogrado, también el que estaba en el frente de guerra –en las heladas trincheras-, los campesinos pobres y un partido de vanguardia armado de una teoría de vanguardia, mostraron a los trabajadores y oprimidos del mundo el camino. Lenin escribiría después que el mérito consistía en haber roto el hielo, indicando el camino.

La revolución proletaria no es un putsch, no es una conspiración de un grupo de iluminados, la revolución proletaria es un acto colectivo, una creación de las masas, que tiene base objetiva en los límites históricos del capitalismo, en las trabas que tal modo de producción impone al desarrollo social. El mérito del partido revolucionario, desde 1847-48 el partido comunista, consiste en el análisis concreto de la realidad concreta, en estudiar el desenvolvimiento de los acontecimientos, sobre todo en periodos de crisis, develar las relaciones de clase de cada fuerza política en el escenario, las contradicciones interburguesas e interimperialistas, proponer las consignas a levantar en cada momento, elevándolas conforme se intensifique el conflicto socioclasista; demarcar el campo de los de arriba y los de abajo, agrupando en la perspectiva del derrocamiento, firmemente compactados alrededor del proletariado al conjunto de los oprimidos, y en el momento justo, “ni un minuto antes, ni un minuto después”, sin dudas, ni indecisiones, con precisión, tomar el poder.

La precondición necesaria es la fusión del socialismo con el movimiento obrero, la existencia del partido de clase, armado de la teoría marxista-leninista, con trabajo y arraigo en los centros de trabajo, disciplinado, coherente, ágil, dinámico, que sabe determinar la ofensiva, y lo más difícil, replegarse organizadamente en los periodos de derrota, que no se quiebra con los fracasos sino que se templa extrayendo las lecciones, probado en las luchas previas. Tal partido debe ser genuino hijo de la clase obrera.

El partido comunista hace política desde la teoría, teoría que emana de la realidad, que refleja las agudas contradicciones en la sociedad dividida en explotados y explotadores. Hay un marco para la acción, y es la vida misma, los datos duros del mundo, las fuerzas materiales que hacen latir la vida social, las relaciones sociales, las relaciones de producción. La teoría materialista no es una camisa de fuerza, es un rumbo, un ritmo, un ancla a la realidad. Con gran vivacidad Lenin reflexionaba que la “práctica posee la dignidad de la realidad inmediata”. El quehacer político de los comunistas no surge de brillantes cerebros, de genios de botella, de Olimpo o cielo alguno, sólo surge de la sencilla y humilde realidad, del proceso de abstracción, de la generalización de la experiencia.

Es problema de los pragmáticos su política, y ahí incluimos a quienes reivindicándose “marxistas” sólo se dan brochazos de la teoría proletaria. El marxismo-leninismo es una ciencia, y debe ser estudiada con rigor, con disciplina de clase. Hacer política comunista es remar contra el sensus communis, y rehuir al aplausómetro. La verdad ofende en ocasiones, pero es la única medida de nuestra acción. Los comunistas van incesantemente por el mundo en busca del hombre y la mujer sencillos, de la clase obrera, recibiendo la satanización del poder y la descalificación de la ideología pequeñoburguesa.

El bolchevismo se templó, y conquistó a la clase obrera en dura lucha con las corrientes pequeñoburguesas y oportunistas, con el populismo, el menchevismo, y otras corrientes oportunistas. El frente ideológico permanente aseguró a los trabajadores que el partido bolchevique era su partido. La producción de una teoría que explicara la realidad, los grandes cambios mundiales que se operaban en el proceso productivo, y sobre todo la transformación del capitalismo de la libre concurrencia en el de los monopolios, así como el desarrollo desigual, proporcionaron el cuadro para una estrategia correcta y una táctica correspondiente.

Al igual que la Comuna de París, la Revolución Socialista de Octubre comprueba que, enfrentadas las clases antagónicas, la lucha es a muerte y que la violencia debe ser empleada por las fuerzas revolucionarias para conquistar sus objetivos y asegurar sus victorias. Un nuevo Estado debe emerger en medio de la lucha, el poder dual, el soviet o poder popular, basado en los centros de trabajo, encarnando las lecciones que Marx extrajo de los poco más de 70 días de “asalto al cielo” de los communards.

La Gran Revolución Socialista de Octubre abrió en definitiva la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, transición histórica del capitalismo al socialismo. Tal certeza fue puesta en duda por el llamado fin de la historia y la barbarie imperialista y sus guerras reiniciadas en Panamá y la primera guerra del Golfo. El IV Congreso del Partido Comunista de México aprobó entre sus Tesis, la siguiente, que es además la primera, la premisa que sustenta las demás, es decir su estrategia por el socialismo-comunismo:

1.1 Vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias. La Gran Revolución Socialista de Octubre tuvo el mérito de romper el hielo, de indicar el camino a la clase obrera y a los pueblos para su emancipación, iniciando así, la transición histórica del género humano de la prehistoria al socialismo-comunismo.

1.2 Esta característica general de la época fue enriquecida por la construcción socialista en el siglo XX y sus lecciones son de imprescindible importancia para la clase obrera del mundo, para los partidos comunistas y obreros, para el conjunto de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas. En el frente teórico, ideológico y político es un deber y una necesidad del movimiento comunista internacional defender esa heroica experiencia y extraer de ella las lecciones que enriquecerán la lucha de clases contemporánea.

1.3 El retroceso temporal, resultado de la contrarrevolución internacional de las últimas dos décadas del siglo XX, no anulan el carácter de la época. El proceso de reorganización y lucha, el ascenso del movimiento antiimperialista, la intensificación de la contradicción capital/trabajo demuestran que el curso revolucionario continúa y que el siglo XXI atestiguará que el proletariado y sus aliados, con partidos comunistas de vanguardia, continuarán el ciclo abierto por Lenin y los bolcheviques para derrocar el capitalismo y enterrarlo, construyendo la sociedad sin explotación del hombre por el hombre, la sociedad comunista.

1.4 La Revolución de Octubre fue el resultado del desarrollo del proletariado, de su conciencia de clase, de su Estado mayor –el partido comunista – y de su teoría revolucionaria el marxismo-leninismo.

El proletariado, la clase obrera, irrumpe con su propia teoría, como resultado de la conjunción de factores que la propia humanidad gestó en su devenir en los progresos de las fuerzas productivas y en el campo de las ideas. Desde que en 1847-1848 Karl Marx y Friederich Engels redactaron el Manifiesto del Partido Comunista, en vísperas de la revolución que sacudió al continente europeo, la bandera del socialismo científico fue asumida cada vez con mayor fuerza. La misma práctica de la lucha de clases fue enriqueciendo la teoría, confirmándole su rol que se expresa en la frase: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.

Muy aleccionadora fue la experiencia de la Comuna de París en 1871, primer asalto al cielo. La I Internacional y la II Internacional también proporcionaron lecciones imperecederas a la doctrina proletaria. Fue la lucha contra el oportunismo de derecha, el reformismo y el revisionismo, así como el ingreso del capitalismo a su fase monopolista -el imperialismo- lo que definitivamente maduró a la clase de vanguardia, con los aportes inmortales de Vladimir Ilich Lenin. Sostenemos, sin concesiones ni complejos, que el marxismo-leninismo es la ciencia viva de la clase obrera y el conjunto de los oprimidos, que asegura la ruta a la emancipación, no sólo de los explotados sino del conjunto del género humano, que proporciona los elementos necesarios a la política clasista para el derrocamiento de la sociedad basada en la propiedad privada de los medios de la producción y del cambio.

Tal convicción es hoy, en el homenaje a la Gran Revolución Socialista de Octubre, inalterable.

Nuevas revoluciones vendrán; ya se asoman impertinentes en la perspectiva de la Historia.






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