Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

La cooperativa espera su momento

In Actualidad, Economía on 14 diciembre, 2011 at 0:00

José Alejandro Rodríguez

Con el fomento y la expansión del trabajo por cuenta propia, que ya da señales ostensibles de diversidad y fortalezas en el mercado de oferta y demanda, Cuba desactiva el dogma de la monolítica hegemonía estatal en su economía socialista.

Si bien la propiedad estatal seguirá siendo el eje central, sobre todo en los sectores estratégicos del desarrollo, se amplía cada vez más el margen a la iniciativa ciudadana en  el comercio, los servicios, la gastronomía y tantos oficios y menesteres cotidianos que trasuntan sentido de pertenencia, y nunca pudieron progresar bajo la verticalista égida de empresas y ministerios.

Tal es el cambio descentralizador que, según estimados oficiales, ya para 2015 el sector no estatal concentrará el 35 por ciento de los empleos en el país.

La preponderancia estatal durante décadas, apenas fue quebrada por la excepcional autorización oficial de la pequeña propiedad de campesinos y cooperativistas en el agro cubano, los cuales a la larga demostraron más flexibilidad y resultados productivos que las sobredimensionadas y extensivas granjas estatales.

Tal ha sido el contraste, que en el 2009, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, las cooperativas de créditos y servicios (CCS) y de producción agropecuaria (CPA), con solo el 24,4 por ciento de las tierras cultivables del país,  producían el 57 por ciento de los alimentos.

Aún así, el movimiento cooperativo en la agricultura cubana, no ha dejado de sufrir los excesivos tutelajes del Estado, que les ha restado autonomía y las ata con una sobrecarga de controles y supeditaciones. Incluso, la radical reforma de los años 90, que entregó gran parte de la tierra del fondo estatal a las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), lo que hizo fue legar a estas nuevas formas de propiedad las deudas, los métodos centralizados y los escollos verticalistas de las extinguidas empresas agrícolas que les dieron lugar.

Aún con todas esas limitaciones, el movimiento cooperativo ha demostrado en el campo cubano, la pujanza, el sentido de pertenencia y el dinamismo que brillan por su ausencia en  granjas, planes y empresas estatales del agro, tan burocratizados.

Sin embargo, ya fuera por copias del llamado socialismo real que dio al traste en Europa, o por dogmas y prejuicios extremistas con lo que se consideró un germen de ansias capitalistas, el cooperativismo, tan fundamentado por los clásicos del marxismo y por el genial plasmador Vladimir Ilich Lenin como una forma socialista de gestión, no ha podido traspasar el límite de los campos cubanos, y extenderse a otros sectores productivos y de servicios.

Ya al menos, luego de un debate popular que generó más de 700 mil propuestas de lo más diverso para dejar atrás los lastres que anquilosan el socialismo insular, los resultantes Lineamientos Económicos y Sociales del Partido Comunista de Cuba, consideran por primera vez la factibilidad de crear cooperativas “como forma socialista de propiedad” en diferentes sectores de la economía; lo que ha sido considerado como el anuncio de la extensión de esa figura económica.

Pero aún el gradual y cauteloso cronograma de la “actualización” económica, concentrado en consolidar no pocos ajustes y transformaciones que ya se hacen sentir, no ha dado luz verde a esta colectiva y democrática forma de gestión; aunque es vox pópuli que sobrevendrá, luego de ciertas modificaciones en la legislación, pues hasta la Carta Magna cubana solo prescribe la cooperativa en la producción agropecuaria.

Entusiastas estudiosos y defensores del cooperativismo en tanto fórmula socialista, como la investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, Camila Piñero Harnecker, se preguntan impacientes: “¿Qué esperamos para promover la creación de cooperativas de todo tipo?”. Y argumentan que estas estructuras pueden ser más compatibles con la democracia socialista; más solidarias, colectivistas y comprometidas con las comunidades que el trabajo por cuenta propia.

Llegan incluso a defender que la fórmula cooperativa es más afín al ideal socialista, porque opera por acuerdo colectivo de sus integrantes y principios de distribución más justos, y no se basa en la contratación de fuerza laboral, siempre necesitada de control en el socialismo, para evitar los excesos y desvíos de su ideal.

Al final, la intuición popular canaliza su esperanza de una manera mucho más sencilla y expedita: si están en los Lineamientos, vendrán en la implementación. El cuándo y el cómo, aún no se saben. Tiempo al tiempo.


[Fuente: Progreso Semanal]






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