Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Cuba: Ajustar la agricultura a la realidad

In Actualidad, Economía on 30 diciembre, 2011 at 0:00

Elsa Claro

Del total de habitantes de Cuba (11, 2 millones), solo un 30% es población rural y de esa fracción, apenas un 18% se dedica a producir bienes agrícolas. Eso explica, en parte, solo en parte, que entregar tierra a los campesinos, darle créditos o suministros no sea suficiente para aumentar la producción de alimentos. Haría falta, junto con todo aquello que descentraliza y estimula, una definición sobre el modelo de agricultura a emplear.

Los especialistas del ramo aplauden los pasos dados, pero los consideran, incompletos, y hasta se pone en duda la voluntad o capacidades de algunos funcionarios para una tarea transformadora. Hay factores que entorpecen y hasta envenenan el curso de cuanto se busca y un caso nunca suficientemente citado, es el de la comercialización a través de concentradores que, como Acopio, son poco confiables.

El sector agrícola cubano está obligado a sacudirse prejuicios y malos hábitos, nutrirse de ideas y funciones conocidas pero no siempre aplicadas.

Con ingresos procedentes del turismo u otras fuentes, se deberían adquirir los insumos que los campesinos requieren, que tengan calidad y, muy importante, escuchar de ellos qué necesitan y no ofertarle lo que en algún despacho se decide (…) no estoy refiriéndome a tractores ni grandes maquinarias, sino a machetes y guatacas, por ejemplo”, especifica el doctor en ciencias Roberto Caballero, alguien que años atrás dejó los medios académicos donde se desenvolvía como ingeniero agrónomo, para insertarse en una cooperativa agraria donde aprendió lo que no puede enseñarse en las universidades.

Según mi interlocutor, si se cambian varias pautas vigentes se logaría: 1.- Una agricultura rentable, no subsidiada. 2.-Socialmente justa, con precios inferiores a los actuales, ruinosos para gran cantidad de personas. 3.-Que sea ambientalmente poco agresiva y, como añadido, buscando recuperar los suelos, bastante dañados.

Que se haya despoblado el campo es consecuencia de criterios erróneos. Buscando enaltecer al sector campesino, los urbanizamos de forma masiva, plantea Caballero, recordando cómo no se estimuló a los jóvenes del campo para que se calificaran en carreras afines a las tradiciones familiares y se les indujo a otras alejadas de su medio natural.

Hoy, la mejor recompensa de quienes siguen aferrados a la tierra es que ganan mucho dinero, pero eso no basta. Durante decenios se llevó electricidad adonde no había y se hicieron muchas carreteras, como parte de un desarrollo que no siempre tuvo en cuenta hábitos y requerimientos del campesinado, cabe decir, pero aún son escasas las líneas telefónicas, el transporte, trazado o reparación de calles y la infraestructura que facilita la existencia en un sitio cualquiera para que a sus habitantes les guste permanecer allí.

Se habla mucho del llamado sentido de pertenencia “y yo creo que debería hablarse de sentido de propiedad, de que es suyo el suelo, la casa cerca, lo que logran con su esfuerzo” y que eso es distinguido socialmente, afirma Caballero y aclara que tal no supone privatizar toda la tierra, sino darle mayor participación en las decisiones a quien la trabaja.

Aparte de lo subjetivo y su enorme importancia, hay que considerar que Cuba tiene condiciones adversas que hacen difícil esta labor. Una es la extraordinaria variedad de tipos de suelo en un mismo territorio. Eso dificulta la obtención de buenos rendimientos sobre todo si el cultivo es a gran escala. Fuera de la caña, que no es muy exigente, y algún otro, las plantaciones extensivas pocas veces tienen felices cosechas.

Tenemos además un clima muy variable, con factores casi imposibles de pronosticar. Todo eso sugiere que es preferible el área de cultivo pequeño, sin exagerar en ese punto, por supuesto.

La experiencia indica que se logran mejores cosechas y mayor eficiencia, a esas escalas, pues cualquier elemento es más controlable, y si hay daños por algún motivo, la recuperación también se agiliza. Hablo de cooperativas o de Unidades Básica de Producción Cooperativa (UBPC) de 150 y hasta 300 hectáreas, o un poco más…”, dice Caballero.

(…) “Suele sobredimensionarse la importancia de la tecnología, de los recursos materiales en general. En los 80 había más tractores y agro-químicos en Cuba que en Canadá y Estados Unidos. Incluso hoy tenemos una mayor cantidad de áreas bajo riego que la de muchos países ricos”, añade.

Contar con muchos medios mecanizados, precisa, es lo preferido para tener óptimos resultados agrícolas. Se piensa así en las esferas ministeriales y, por contagio, también impera en el juicio de muchos productores, sobre todo los de menos experiencia.

Nuestro problema no es tecnológico, es de enfoque, es funcional, estructural, un inconveniente que padece no solo Cuba, sino casi toda Latinoamérica…”. La ruta a seguir, considera Caballero, es ajustar la agricultura sostenible a la realidad cubana y hacerlo municipio por municipio, con los recursos y características de cada sitio.

Si hace falta el empleo de más bueyes, debe contarse con herrerías, porque ahora existen talleres para implementos mecánicos, pero debemos contar con la posibilidad de reparar herramientas, aparte de crear bioplaguicidas, entre otros factores.

Bajo un esquema como el que nos esboza, Roberto Caballero se desempeña en un programa llamado Articulación agroecológica, diseño de alternativas para seguridad alimentaria local. Con ese título fue presentada una argumentación cubana que ganó el concurso de la Comisión Europea que junto con la Agencia suiza para la cooperación y el desarrollo (HIVOS) tutelan un experimento ejecutado por la Asociación cubana de trabajadores agrícolas y forestales (ACTAF).

Funciona en apoyo de los empeños nacionales en agricultura urbana y sub urbana de tan buena ejecutoria en los últimos años. El proyecto se aplica en Cienfuegos, Ciego de Ávila, Camaguey, Las Tunas y Bejucal, partiendo de empoderar a los actores locales, los que deciden y quienes producen. “Muchos nos dijeron que si se reunía a factores tan diversos cada cual iba a tirar para lo suyo, pero afortunada y sorprendentemente, no fue así. En cuanto se dijo: ustedes serán responsables de garantizar la comida de esta zona y se van a dirigir desde aquí mismo, todos se pusieron de acuerdo y están trabajando sobre esas bases (…) es estimulante y hermoso”.

Simplificando: las delegaciones del Ministerio de la Agricultura a esa escala, del poder popular o cualquier otro, intercambian y deciden junto con los campesinos o sus delegados, con criterio participativo real, sobre cuanto se proponen para su municipio.

Cuando se trabaja horizontalmente se unen y multiplican las capacidades y también los resultados”, afirma Caballero, miembro de un grupo caracterizado por el pragmatismo: no desestiman ningún procedimiento o método siempre que todo se haga con la gente bien unida hacia la misma meta y entre quienes queda menos espacio para los fracasos.


[Fuente: Progreso Semanal]







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