Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

La receta neoliberal un fracaso total

In Actualidad, Economía on 3 enero, 2012 at 0:00

Vicky Peláez

Todos vivimos bajo el mismo techo pero no tenemos el mismo horizonte” (Konrad Adenauer)

Los que clamaban hace 20 años por el “fin de la historia” y pedían un consenso universal neoliberal bajo el liderazgo de EE.UU y la Unión Europea (UE), se equivocaron por completo.

Ahora ya todos saben que eran prisioneros de su tiempo aplicando una teoría simple a fenómenos sumamente complicados. Todo les salió al revés en sus cálculos. China, Rusia y América Latina están en proceso de un estable crecimiento económico, mientras que Estados Unidos y la UE no saben qué hacer con su crisis financiera y están asustados por la posibilidad de parálisis de su crecimiento económico.

En España es peor aún, su crecimiento es proyectado para 2012 como -0.2%; Alemania 0.6%; de Francia 0.8% y de EE.UU., 1.0%. No se necesita ser perito en economía para saber que sin crecimiento no hay desarrollo, no se puede pagar la deuda, los sueldos ni atender las necesidades de Estado.

Japón vivió una situación similar en 1991 y solamente con el espíritu samurai logró sobrevivir pero desde entonces sus propiedades han perdido dos tercios de su valor, ahora hay menos trabajo que hace 20 años y no hay muchos indicios del crecimiento. El Japón, igual como Europa y Estados Unidos están haciendo ahora, optó por las recetas neoliberales que promovieron la desaceleración de la economía, restringiendo salarios y gasto público para evitar la inflación y el exceso de demanda concentrando todos los esfuerzos en la protección de sus bancos, sacrificando los intereses de la sociedad.

En aquellos años en el otro extremo del mundo, Argentina, que estaba en una situación económica desastrosa después de aplicar las mismas recetas de austeridad, que el FMI y el Banco Central Europeo (BCE) han impuesto ahora a la Unión Europea, logró salir con éxito de la crisis optando por un modelo completamente opuesto al del BCE y el FMI basado en las medidas anti sistémicas al estilo keynesiano. Devaluó su moneda, hizo quebrar los bancos que estaban en bancarrota, reestructuró drásticamente su deuda externa e invirtió fuertemente en la creación y diversificación de fuentes de trabajo, en salud y educación, así recompuso su mercado interno.

Su economía empezó a crecer y para el 2012 se pronostica un 6.2 por ciento. Como dijo recientemente la presidenta Cristina Fernández: “nuestro modelo es de crecimiento, trabajo e inclusión y no de metas de inflación”.

Nadie sabe por qué Europa y Estados Unidos no quieren prestar atención a esta experiencia argentina, prefiriendo apostar por un modelo impuesto por los bancos que los puede “llevar al suicidio”, de acuerdo al Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Prefieren austeridad al crecimiento para solucionar su problema de la deuda a costa de la desintegración de la sociedad y el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres.

Solamente en 2010 en plena crisis las ganancias de ejecutivos norteamericanos de las grandes corporaciones aumentaros en un 40 por ciento, llegando el sueldo máximo a 145 millones de dólares al año, mientras que 50 millones de norteamericanos necesitan apoyo alimenticio para sobrevivir.

Sin embargo, a pesar del fracaso de su modelo sistémico neoliberal, lo tratan de imponer a otros países. En una reciente visita a Moscú, la directora del FMI Cristine Lagarde aconsejó al gobierno de Rusia de reducir drásticamente los gastos sociales siguiendo el ejemplo occidental sin tomar en cuenta las peculiaridades de la economía rusa que representa una mezcla de modelos sistémicos y anti sistémicos y su abundante riqueza natural que no poseen ni Estados Unidos ni la UE.

En América Latina todos saben que las recetas del FMI llevan al desastre y es difícil de entender a algunos economistas lúcidos de Rusia, como Alexei Kudrin coincidir con el IMF llamando a la austeridad y el recorte de los gastos, o German Gref exhortando la necesidad de mayor privatización de lo que queda de Rusia. Nosotros los latinoamericanos nos acordamos de los consejos que daban el ex presidente de Argentina, Carlos Menem y el del Perú, Alberto Fujimori a Boris Yeltsin: primero, ajustar el cinturón al pueblo, privatizar todo y disciplinar a los descontentos. Ambos presidentes llevaron a la crisis sus países y terminaron, uno con varios juicios y el otro en la cárcel.

En aquella época entró mucho dinero por la privatización pero este desapareció en un año dejando quebrada la industria nacional.

Rusia no necesita estos modelos, sino una urgente diversificación de su capacidad productora, un cómodo crédito a la agricultura y el apoyo estatal a los campesinos. Se está cumpliendo lo que decía mi abuelo cusqueño Juan de Dios Ocampo: “la comida será el futuro campo de la batalla geoeconómica en el mundo“.

Los gobernantes rusos también necesitan ofrecer mayor incentivo a la educación y medicina, mejorar el sueldo básico y las pensiones, especialmente en las provincias, para crear un sólido mercado interno que es garantía para un pujante crecimiento económico del país.

La democracia con todos sus defectos y bondades ya se impuso en Rusia y las recientes manifestaciones de la oposición descontenta con los resultados de las recientes elecciones al Congreso lo demuestran. La oposición existe en Rusia pero a esta le falta un coherente plan de gobierno y un lúcido líder carismático. Pero la misma oposición debería condenar la descarada y diaria interferencia del Departamento de Estado norteamericano y de la Comisión Europea en la política interior rusa.

Estos hacen lo mismo en Venezuela, Ecuador y Bolivia etc, etc. Pero Rusia es Rusia y de qué democracia puede hablar EE.UU. si en total han sido detenidos más de cinco mil “indignados” allí, y otros tantos “ocupas” en Europa .

En España, un sospechoso de terrorismo puede quedar detenido durante cuatro años sin ningún juicio. Y qué me dicen de la nueva ley de Defensa que va a ser aprobada esta semana por el senado norteamericano que permitirá el encarcelamiento de cualquier ciudadano sin juicio previo sólo por el hecho de ser sospechoso de terrorismo. ¿Acaso no es lo mismo que aplicaron las dictaduras de Pinochet, Videla, Stroessner, Somoza y todos sus seguidores en América Latina?. Lo peor de todo es que esta potestad será entregada a los militares, haciendo revivir la vieja doctrina del “Enemigo Interno” que trajo sangre y terror a América Latina tres décadas atrás.

Una reciente declaración del senador Lindsey Graham: “la patria también forma parte del campo de batalla” tiene el mismo tono de una frase del sanguinario Pinochet: “en este país no se mueve una hoja sin que yo no sepa”.

Dar consejos en estas condiciones es ser cínico pero seguir ciegamente estos consejos es ser estúpido y no amar a su patria.


[Fuente: RIA Novosti]







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