Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Corea: La hora de ponderar variantes

In Actualidad on 4 enero, 2012 at 0:01

Shen Dingli

Kim Jong-il, máximo líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), murió en la mañana del 17 de diciembre, a la edad de 69 años, dejando a su país un legado de profundas implicaciones estratégicas.

Después de sufrir un derrame cerebral en 2008, según informaciones emitidas entonces, Kim intensificó la preparación de su tercer hijo, Kim Jong-un, como su sucesor designado, nombrándolo para los puestos de mayor nivel. Sin embargo, la inesperada muerte del padre han dejado poco tiempo para completar la preparación del vástago para su papel previsto como líder supremo de la RPDC.

Tras la muerte de Kim Jong-il, Kim Jong-un seguirá escalando posiciones en el partido de gobierno, en cuyas instancias supremas se espera que lo coloquen los altos dirigentes del Partido.

De hecho, la RPDC ya ha pedido a todos los miembros del Partido, el personal de servicio, y a la población en general, seguir fielmente la dirección del camarada Kim Jong-un. Y esto a pesar de que él podría optar por mantener un bajo perfil, mientras sigue el ejemplo de su padre y administra el Estado en el período de tres años de luto.

Teniendo en cuenta al arraigado sentido de la piedad filial y el autoritarismo político que predominan en la RPDC, la transición en el liderazgo debe ser estable y ordenada. Además, las personas capaces de influir en la situación política son todos beneficiarios del sistema actual. Por lo tanto, hay pocas probabilidades de que surja cualquier iniciativa política inesperada, o actividades que puedan poner en peligro el ascenso al poder de Kim Jong-un.

Sin embargo, la forma de equilibrar y cuidar de los intereses de todas las partes, a la vez que organiza la próxima generación de liderazgo, será una prueba de talento político para Kim Jong-un. Se cree que el heredero pasará esta prueba, ya que está bien versado en el arte de gobernar, como le legaron su padre y abuelo.

Lo más probable es que las posibles movidas militares de la República de Corea (RC) y de Estados Unidos se constituyan en las principales causas de polémica en la península Coreana. Tradicionalmente, la RPDC y la alianza Estados Unidos-República de Corea se han visto involucrados en un mismo juego de disuasión, demostrando poderío y voluntad para utilizarlo, y Pyongyang ha dejado en claro su capacidad de recorrer la cuerda floja entre la confrontación y las concesiones.

Pero en este momento, ambas partes deberían abstenerse de seguir con este juego. En preciso tener en cuenta los intereses generales de la región y mostrar el debido respeto a los difuntos, de acuerdo con la cultura tradicional imperante en el este de Asia.

Si EEUU y Corea del Sur pueden atenerse a la etiqueta que exige la muerte de Kim, estarán coadyuvando a fomentar un ambiente de respeto mutuo con el nuevo liderazgo de Pyongyang, sentando así una base favorable para llevar a cabo un diálogo significativo con el Gobierno de Kim Jong-un.

Mientras la RPDC mantiene luto por su líder supremo, China dará continuidad a la amistad que ha forjado con la RPDC en los últimos años, una amistad que constituye un valioso recurso estratégico para ambos países.

En estos tiempos de cambio, China y la RPDC concuerdan en algunos temas y mantienen desacuerdos en otros. Sin embargo, su vecindad determina que cuando los dos países se unen, es más fácil para ellos promover sus intereses comunes y mejorar la estabilidad en la península y en el noreste de Asia. Esto no cambiará con la muerte de Kim Jong-il.

Promover activamente el desarrollo y cooperación con la RPDC ayudará sin dudas a estabilizar la situación regional. La tarea más urgente y difícil que enfrenta la nueva dirección es equilibrar la seguridad y el desarrollo.

Con el nuevo liderazgo, Pyongyang debe recibir más oportunidades de ejercer la cooperación. Se necesita de un tratamiento más racional y de mayor cooperación de seguridad progresiva por parte del mundo exterior, en lugar de sanciones permanentes.

En cuanto a la cuestión del desarme nuclear, Occidente debe estar consciente de que no es realista exigir que Pyongyang abandone sus ambiciones nucleares antes de haber recibido garantías de seguridad genuinas y convincentes.

A fin de que Pyongyang participe en la comunidad internacional de una manera integral, ésta debe tratar de cooperar con Corea del Norte, por lo que se impone establecer la confianza mutua, de modo que se logre que el país congele y restrinja sus programas nucleares existentes.


(*) Shen Dingli es profesor y director del Centro de Estudios sobre EEUU de la Universidad de Fudan en Shanghai.


[Fuente: Diario del Pueblo]







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