Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

¿Habrá una guerra tribal en Libia en 2012?

In Actualidad, África on 6 enero, 2012 at 0:01

Franklin Lamb

El tiempo en Trípoli en este fin de semana de Nuevo Año hace sentir frío hasta los huesos lo que no es normal en esta época del año. Fuertes lluvias inundan las calles, que recuerdan más al frío y sombrío Londres en esta época del año que a la costa del Mediterráneo del sur del Magreb. Mi modesto hotel de propiedad familiar en Omar Muktar Street es limpio y barato, pero mi habitación no tiene calor excepto el que se consigue bajo un montón de aterciopeladas frazadas turcas.

Muy apreciado por mí y por el único otro cliente registrado, un ingeniero libio de Sirte cuya casa fue quemada por rebeldes a principios de octubre, es el propietario del hotel que lo reabrió a principios de noviembre después de tenerlo cerrado desde fines de marzo. Es una enciclopedia de conocimientos y opinión sobre “la actual situación”. Pero el propietario del hotel y sus dos hijos que hablan inglés no son los únicos que se pronuncian cada vez más sobre las realidades en la “nueva Libia”, casi dos meses después que la OTAN proclamó otra victoria y dejó de reducir a escombros con el arsenal más moderno del Primer Mundo sistemática y al parecer indiscriminadamente a este indefenso y desde el punto de vista militar, país del Tercer Mundo.

Mi buena suerte durante este viaje fue encontrar a mi mejor amigo de los meses que estuve en Libia el verano pasado, “Ahmad”, quien como la mayor parte de mis contactos desapareció sin dejar trazas el 22 de agosto después de la caída de Trípoli en manos de las fuerzas de la OTAN. Como hemos descubierto tantos de nosotros, los que conocimos en este verano huyeron rápidamente, fueron encarcelados o muertos. “Ahmad” reapareció en septiembre mediante un correo para explicar que estaba oculto. Se fue a lo profundo del Sur de Libia a una pequeña localidad en el Sahara que me dijo nunca ha aparecido en un mapa, menos todavía en google earth. Entonces, unas pocas semanas más tarde, Ahmad volvió a desaparecer cuando se aventuró a ir a ver a su familia cerca de Trípoli. Fue traicionado por amigos por dinero de la milicia; fue arrestado, torturado y encarcelado sin ser acusado simplemente porque su familia era conocida por ser partidaria de Gadafi. En la última semana de Ahmad en la cárcel, que terminó solo cuando uno de los guardias lo reconoció como ex compañero de escuela, él y más de 100 presos, incluido Sheik Khaled Fantouch, todos mantenidos en una gran sala en una improvisada prisión de la milicia de Misrata, no recibieron nada de comer y compartieron botellas de agua para mantenerse en vida.

La vida se ha hecho más complicada en Libia para todos, lo que al parecer incluye a los visitantes extranjeros. Por ejemplo, en el verano, antes del 21 de agosto, si uno se encontraba en algún sitio en una calle lateral frente a algunos sujetos fuertemente armados y amenazantes, era una buena idea murmurar: “Allah, Muammar, Libya, al bas (‘¡que todos necesitamos!’) y había buenas probabilidad de que fuera calurosamente acogido. Ahora es mucho más complicado. Más de 55 milicias rebeldes, con un total de 30.000 combatientes armados controlan partes de Trípoli, algunos de ellos protegidos y dirigidos por el CNT, el comandante militar de Trípoli, Belhaj. Belhaj, un ex de al Qaida pasó siete años en prisión en este país cuando EE.UU. y el Reino Unido lo enviaron al régimen de Gadafi como parte de su programa de entregas. Es probable que su partido, que ahora se está transformando en la Hermandad Musulmana, gane las elecciones de junio próximo. La suya es la tercera milicia por su tamaño en Trípoli. La mayor es dirigida por Salh Gait, de Trípoli, y según su asistente tiene 5.000 combatientes y está creciendo.

En estos días en Libia es una buena idea memorizar el nombre de la mayor de las milicias locales y el nombre de su líder para que si uno es abordado por sujetos inamistosos y fuertemente armados, uno pueda juntar los dos dedos índice y decir el nombre del líder, agregando “mieh, mieh” es decir “bueno, bueno”. Es conveniente no equivocarse al mencionar el nombre de la milicia y del líder porque actualmente existe una calma intranquila entre las milicias en Trípoli después de unas pocas semanas de escaramuzas de las que en general no se habla.

No se habla en general por la siguiente razón: El gobierno de transición pregona a diario la nueva libertad de prensa en el país y afirma que existen 43 periódicos o revistas nuevos. Parece muy bueno a primera vista y hay más o menos cada semana si financistas locales y extranjeros no cumplen sus promesas de financiamiento u otros comienzan a publicar un periódico o revista.

Lo notable en la “nueva Libia libre, nuevos medios libres”, es que son 100% favorables al “nuevo gobierno”. Me dicen que solo es en parte por temor a las consecuencias en caso que no se acate la disciplina que lleva a este aparente apoyo universal para el CNT. Otro motivo, según un embajador occidental que ha vuelto a su puesto aquí, es que los nuevos medios surgieron de la miríada de milicias y que simplemente tienen un problema psicológico para criticar cualesquiera de los problemas obvios que parecen aumentar con cada día que pasa. Ahmad está de acuerdo: “Estaban tan involucrados con la OTAN y sus rebeldes que no quieren admitir que se equivocaron en muchos sentidos, por lo tanto ignoran lo que pasa antes sus ojos”.

El autor presenció un ejemplo ayer en la “Plaza Verde”. “Casi todos todavía la llaman Plaza Verde en lugar del nuevo nombre de Plaza de los Mártires otorgado por el CNT”, explica el dueño del hotel, “porque ha sido la Plaza Verde durante décadas y ¿qué tiene de malo ese nombre? Si le dices a alguien que te encuentre en la “Plaza de los Mártires” suena estúpido a la mayoría de nosotros. ¿Qué pasaría si el nuevo gobierno egipcio rebautizara la Plaza Tahrir? ¿Lo aceptará el pueblo de Egipto?”
Lo que se me sorprendió ayer es que hubo dos manifestaciones con buena asistencia contra el gobierno realizadas a extremos opuestos de este gran espacio. Una fue dirigida por dos mujeres que conocí durante el verano que eran, y dicen abiertamente que siguen siendo, partidarias del régimen de Gadafi. Una de ellas dirigía un grupo de abogados de las mujeres y la otra un grupo femenino. Una manifestación exigía que los esposos y los hijos de mujeres y madres libias reciban la ciudadanía libia. La misma lucha que continúa década tras década en el Líbano.

La otra manifestación, dirigida por la abogada que vi por última vez pronunciando un discurso en una conferencia en el Hotel Corinthia unos pocos días antes de la caída de Trípoli, estaba organizada por un grupo que demanda que rindan cuentas sobre los desaparecidos y los detenidos en numerosas prisiones de las milicias en todo el país. Según la investigación de su comité, aparte de los más de 7.000 leales a Gadafi reconocidos como detenidos por el CNT, en un 80% identificados por su nombre, el Comité por la Justicia para los Desaparecidos, afirma que hay más de 35.000 libios detenidos en secreto por milicias que están fuera del control y a veces incluso del conocimiento del esencialmente impotente CNT. Ahmad está de acuerdo con esta cifra que conoció en la prisión y explicó que me llevaría a una escuela cercana a mi hotel antes que las clases se reiniciaran el 7 de enero y que si pasamos de noche sin ruido del tráfico podremos escuchar las órdenes de los guardias y los gritos de los prisioneros detenidos.
Parece que, por lo menos por el momento, están tolerando manifestaciones aunque había numerosos observadores y nadie sabe cuáles son del CNT y de las fuerzas de seguridad de las milicias.

Ahmad acaba de llegar y me informa que los periódicos matutinos no informan sobre ninguna de las manifestaciones gracias a los nuevos medios ‘positivos’ que no critican al nuevo gobierno.

La señora que dirige el grupo de mujeres tiene varios temas que su grupo quiere plantear. Uno es el hecho de que mujeres libias han estado desapareciendo de lugares públicos y no se sabe más de ellas. Una de sus sospechas es que algunas terminan en las casas de ex parientes de Gadafi y de partidarios del régimen. Calcula que solo en Trípoli más de 50 casas semejantes, todas en áreas apreciadas, a menudo a orillas del mar, fueron saqueadas por diversas bandas, despojadas de posesiones, que en parte están ahora en venta en diversos souks callejeros. Después de despojar algunas de las propiedades, muchos miembros de las milicias tuvieron una mejor idea. ¿Por qué volver a digamos, Bengasi, Misrata, o a dondequiera provenían si pueden vivir aquí en Trípoli y en un relativo lujo?

Ahora cientos de milicianos lo están haciendo, afirma “Mara” la abogada. “Están bien armados, viven de una pequeña paga de la milicia, pero sobre todo de diversos crímenes; estos grupos están reparando parte del daño que causaron y se han mudado a largo plazo, e incluso cobran arriendo a recién llegados. Mara agrega: “Si ven una casa vacía, especialmente si es realmente hermosa, suponen, a menudo correctamente, que perteneció a un pariente de Gadafi, a un funcionario o partidario y piensan que se pueden apoderar de ella. Y lo hacen. Desafían a cualquiera o incluso a otra milicia o al inexistente nuevo gobierno a que traten de desalojarlos. No tienen la menor intención de volver al sitio del que provienen y menos todavía de renunciar a sus armas. En realidad están almacenando más armas y explosivos, como seguridad y para aumentar su poder de negociación política. Parece que Libia está a la disposición de tantas operaciones locales y extranjeras”. La misma señora dijo que la población de Trípoli ha aumentado en un millón y que la gente de la ciudad quiere que los “forasteros” retornen a sus ciudades y dejen que los verdaderos residentes de Trípoli se ocupen de su ciudad. Se dice que los forasteros aumentan los problemas de tráfico y de seguridad, por lo cual la gente se queda en casa por la noche.

Algunos de los invasores de casas han traído a sus familias de otras partes de Libia y algunos son acusados de tener secuestradas a trabajadoras del hogar extranjeras y grupos de defensa de las mujeres sospechan que estén secuestrando a mujeres en las calles y esclavizándolas dentro de sus santuarios.

Lo que indigna a muchos es que el nuevo “gobierno” ni siquiera reconoce la existencia de estos problemas. Tal como el nuevo gobierno no desea que el Tribunal Penal Internacional investigue cualesquiera crímenes de los dos lados porque no quieren que haya investigadores que anden husmeando.

Los libios dentro del país y los que buscan seguridad en países vecinos, se vuelven cada vez más hacia las diez principales tribus libias para que terminen con esta situación y muchos otros problemas.

En áreas como Bani Wallid y Serte, donde la OTAN y sus fuerzas locales mataron a muchos civiles, de los cuales ningún grupo de derechos humanos está informados, existe una situación que dicen que está lista a estallar. Un comandante de milicia local me explicó y a mis dos colegas, parte de lo que averiguó mientras ayudaba a dirigir una prisión secreta: “Cualesquiera divisiones entre tribus y geográficas que hayan existido hace un año, son 500 veces peores en la actualidad. Las tribus se están armando y han dado varios plazos al nuevo gobierno para que se comprometa a reconstruir casas y empresas destruidas, para que ayude a familias sin vivienda, que saque las armas de las calles y que devuelva a las bandas armadas a donde vinieron. Hasta la fecha el nuevo gobierno no ha logrado nada, y la gente se está enfureciendo.”

Otros problemas actuales que causan antagonismo aquí son los aumentos de precios de todo con la excepción de la electricidad, que nadie ha pagado desde febrero pasado en todo el país, según mis fuentes. Pero los cortes de electricidad son similares a los que tuvieron lugar durante los bombardeos de la OTAN. La falta de dinero es un problema ya que a los ciudadanos no se les permite que retiren más de 750 dinares por mes. El dinero sigue relativamente escaso y si uno acepta que 7.000 millones fueron sacados de bancos libios por antiguos funcionarios libios y empresarios a principios de la primavera pasada, más de 8.000 millones fueron retirados por ciudadanos en un pánico del verano pasado antes de que el régimen de Gadafi impusiera un límite de 500 dinares por mes.

Funcionarios tribales han informado al autor en países vecinos y dentro de Libia que posiblemente habrá guerra antes del 1 de marzo. “Nuestra historia, nuestra cultura, nuestra dignidad, están en juego. Es responsabilidad de las tribus limpiar el país de estos forajidos tal como lo hicimos contra los colonizadores italianos.”

Durante una reunión en un país cercano, un partidario de Gadafi explicó: “Sabemos qué tribus trabajaron con la OTAN y vendieron sus patrimonios. Algunos hicieron lo mismo con los italianos y durante años con las compañías petroleras extranjeras. Combatiremos por restaurar un camino para el pueblo libio a sabiendas de que el régimen de Gadafi cometió errores pero también que actualmente su apoyo varía de un 90% en áreas de la tribu Wafala como Ban Walid a cerca de un 60% en Trípoli. Él no volverá pero muchas de sus buenas políticas volverán ehshallah.”

(fplamb@gmail.com)

[Fuente: CounterPunch. Traducido para Rebelión por Germán Leyens]

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