Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Ser un(a) Joven Comunista

In Actualidad on 9 enero, 2012 at 0:00

Karol Cariola
Secretaria General de las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC)

Intentar definir a la juventud es una tarea difícil. La diversidad que la caracteriza es precisamente lo que la hace interesante y tremendamente compleja, el ímpetu, la energía, la alegría, el aliento, la valentía, la rebeldía casi genéticas son algunas de las características que podemos encontrar en cada uno de los que gozan de esta condición.

Esto hace que este grupo etario de la sociedad se vuelva absolutamente necesario para todos aquellos que nos hemos planteado la fehaciente tarea de generar transformaciones profundas en esta sociedad, que ha sido consumida progresivamente por un modelo económico y político instalado paulatinamente y de forma cada vez más violenta por las ágiles apuestas del imperio que ha aumentado su influencia, a través de diversas formas experimentales, como tratados de libre comercio, la apertura de vínculos políticos y económicos con los países del tercer mundo, que han permitido la dominación cultural de todo un pueblo llamado América Latina que ha sufrido los embates del Neoliberalismo, con sus máximas expresiones, en experiencias como las de nuestro país.

La experimentación de aquellos recordados muchachos provenientes de la Universidad de Chicago, bautizados como los “Chicago Boys”, se caracterizó por su importante influencia en la Dictadura de Augusto Pinochet en Chile y luego en la dictadura argentina instalada en 1976; estos fueron artíficies de reformas económicas y sociales que impulsaron la creación de una política económica basada en la economía de mercado y la descentralización del control de ésta, la cual se sostuvo durante todos los gobiernos concertacionistas, protegida por la actual Constitución Política y que sigue imperando hasta nuestros días.

La incrustada herencia de este modelo es lo que nos ha llevado a enfrentar innumerables episodios de lucha política, en la búsqueda intransable de la justicia social e igualdad de oportunidades, que han sido amputadas como brazos y piernas, durante muchos años, a todo nuestro pueblo. No merecedor de esta realidad, Chile se ha visto sumergido en la miseria de la segregación, que ha dejado a su paso consecuencias como la gran brecha de clases sociales existentes, situación destacable considerando que nuestro país se encuentra en las primeras filas de aquellos ranking que caracterizan las diferencias de clases, esto demuestra que las brechas sociales hoy son gigantescas.

Estas grandes diferencias no las vemos reflejadas solamente en la distribución de criterios per cápita, sino que, muy por el contrario, hoy lo vemos reflejado en múltiples aspectos de nuestras vidas, como la salud que, siendo un derecho humano fundamental para la vida, hoy tiene un costo que los más pobres deben pagar en calidad; pasear por un hospital público en Chile, es consecuencia de ver mujeres y hombres descontentos por sus salarios indignos, colmados de abuso y falta de reconocimiento a quienes dedican largas horas de sus vidas al cuidado de los enfermos, a la recepción de vidas al mundo, al mejoramiento de la calidad de vida de muchos que padecen enfermedades de carácter terminal. Entregándose en esa tarea con gran responsabilidad, pero sin embargo, con poca retribución; las paredes ajadas con una escasa capa de pintura son una realidad y otra de las complejidades del sistema de salud en nuestro país, la calidad de la atención y la infraestructura de una institución pública, deja mucho que desear frente a la de una institución privada que se desarrolla bajo las lógicas del mercado.

Una realidad similar vive el modelo de Educación en Chile, que a partir de la ley de universidades y la consolidación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, firmada un día antes de la caída del régimen militar, se perspectiva un proceso de privatización progresiva de la educación básica, media y superior, lo que abre paso al aprovechamiento desfachatado de empresarios corruptos que a pesar de la prohibición explícita que hace la ley, de lucrar con este bien social que es el conocimiento, ellos lo hacen de todas maneras y mueven todas sus influencias para no ser penalizados, por el robo que hacen a todos los chilenos y chilenas, avalados por un gobierno que ha reconocido este tipo de acciones e incluso la vulneración de la Ley, somos todos los chilenos quienes terminamos financiando su negocio, a través del excesivo desvío de fondos públicos a instituciones privadas que no son reguladas y mucho menos juegan un rol social.

La educación y las contradicciones que existen en el actual modelo, han abierto una puerta al despertar de nuestro pueblo, que se ha mantenido silencioso y temeroso, por más de 40 años. El movimiento estudiantil que ha venido creciendo y desarrollándose durante varios años, en el contexto de un gobierno de derecha, toma una fuerza inspiradora, que ha marcado un hito muy relevante a lo que al año 2011 se refiere; no podemos desconocer en este escenario el importante impulso que dan los estudiantes de Chile a un proceso nacional de emancipación y sed de transformación de una institucionalidad añeja que no entrega garantías de bienestar, como es la Constitución de 1980.

El “Movimiento Estudiantil” ha hecho vanguardia en el inicio de una nueva etapa de nuestro querido Chile, las movilizaciones con diversas expresiones en las calles, han recorrido este angosto y largo país desde Arica a Punta Arenas, golpeando en cada uno de sus nichos a este modelo enajenador, que nos estanca y no nos permite avances; el modelo neoliberal, se cobija en lo más seguro de su seno fascista, por esta razón la derecha política ha defendido con todas sus garras los intereses del sector empresarial, que por años se ha beneficiado de este negocio tan rentable que es la educación; consecuencia de esto es que aquel segmento mayoritario de la juventud, de escasos recursos y situaciones económicas complejas, que han sido marginados y negados de la posibilidad de educarse e incluso de acceder a una mejor calidad de vida, se rebelan y levantan sus voces para exigir su legítimo derecho a la inclusión social y al mejoramiento de sus condiciones de vida.

La educación en Chile ha sido modelada como un “bien de consumo”, hecho que fue aceptado por un amplio sector de la sociedad, con mucha resignación durante años, ellos creyeron que la Educación y la Salud debían ser tratados como cualquier otro tema y por ende las desiguladades, las acusaciones, las persecuciones a los dirigentes fueron pasadas por alto en algún momento. Por esto no podemos dejar de reconocer el gran acierto del movimiento estudiantil al intervenir en las conciencias de miles de chilenos que hoy ya no se conforman con la realidad del actual modelo de educación, que les hace sentido el cambio de esta añeja Constitución, que entendieron necesaria una reforma tributaria, que ya no aguantan la sobre explotación de nuestros recursos naturales en beneficio de capitales extranjeros, es decir, Chile despertó y volvió a creer en la posibilidad de construir un país distinto, un país más justo, un país donde la educación y la salud estén garantizadas, un país donde los trabajadores tengan condiciones laborales dignas, donde los jóvenes no sean explotados ni mal tratados en su fuente laboral, donde las mujeres sean integradas con igualdad de derechos y oportunidades, un país donde se proteja el medio ambiente, en que los recursos naturales sean explotados para mejorar las condiciones de su pueblo, un país donde la cultura se desarrolle libremente, un país en el que haya acceso a la literatura, un país donde los niños no sufran la discriminación desde que nacen por no tener dinero, un país donde caminar por las calles no sea un temor constante de ser asaltados, un país donde los jóvenes mas desposeídos no tengan que recurrir a las drogas y la delincuencia para dar sentido a sus vidas, un país donde los abuelos no se sientan un estorbo, un país donde el desarrollo del conocimiento sea una tarea de la sociedad en su conjunto, un país donde el avance de la ciencia se ponga al servicio del pueblo, ese hermoso país es el que hoy estamos volviendo a soñar, porque con emoción lo vuelvo a mencionar, Chile está cambiando, hoy no somos los mismos que hace un año atrás, las esperanzas han resurgido a pesar del esmero de aquellos que propician la ideología neoliberal y que pretenden eternizar el capitalismo en un proceso de auto reproducción permanente, excluyendo toda posibilidad de una revolución social. Ellos son los que pretenden ocultar el contenido y las nuevas formas de manifestación que han intentado invisibilizar por la vía de la represión violenta, con el mal uso de las fuerzas policiales que han sido enfrentadas con su patria, a la cual deberían defender; no se puede dejar de mencionar el importante rol de las comunicaciones en todo este proceso y a lo largo de la historia, estas han mostrado diversas expresiones en las que se ha favorecido y perjudicado al movimiento social en su lucha, ya que se han logrado generar mecanismos auto gestionados de instalación mediática, han favorecido también los modernos medios de comunicación masiva, que permiten la conexión inmediata de los sucesos aislados que se transforman en un TODO nacional.

A pesar de los intentos mal intencionados de quienes ostentan el poder político de este gobierno, en el ambiente se respira el sentimiento de rebelión y transformación, la juventud ha rejuvenecido a todo un país, que recobra voluntades, esperanzas e incluso nuevas virtudes, es en momentos como estos en que la diversidad de la juventud se ve expresada en toda su amplitud como un verdadero arcoíris que se muestra con el brillo de cada color. Esta fortaleza dota de amplitud sobre todo las ideas; es precisamente ese el campo de batalla en el cual hemos estado durante todo este tiempo, ya tal como lo ha dicho el compañero Salvador Allende, las “Juventudes Comunistas son un crisol” donde se va modelando, ese nuevo ser humano que logrará las condiciones de construir y modelar una nueva sociedad, tal como algún día fuimos parte esencial de la construcción y el triunfo revolucionario de la Unidad Popular, hoy hemos estado en la primera línea de combate enfrentando diversas batallas, ya mencionábamos aquella batalla fundamental que es la de las ideas, aquella que no se gana tan solo por gritar más fuerte, ni mucho menos por decir repetidamente la palabra revolución, sino que por la claridad y convicción que éstas representen en la debida propuesta, es ahí donde hemos dejado nuestro mayor esfuerzo, porque salir a las calles y convocar a las masas a manifestarse no corresponde solo a realizar un buen trabajo de agitación comunicacional, sino que, de tener los elementos clarificadores con lo que nos parece justo y necesario.

En este camino de nuevas fórmulas y proyectos reformistas, hemos aportado todos los elementos que están al alcance de nuestro debate y hemos fortalecido a nuestra organización, por la vía del crecimiento cuantitativo pero por sobre todo cualitativo, tal como Chile ha cambiado, las gloriosas Juventudes Comunistas también somos distintas, hoy tenemos una madurez impresa en cada uno de nosotros, que ya no tiene vuelta, la expresión de la experiencia es fundamental en nuestras teorías futuras.

Las Juventudes Comunistas nos hemos reunido en nuestro XIII Congreso Nacional, en medio de un álgido e importante proceso nacional de movilización, en el cual toda nuestra estructura se ha visto profundamente comprometida, ya que si bien todo ha iniciado con la fuerza del movimiento estudiantil, ha sido el movimiento social en su conjunto el que lo ha dotado de sentido y razón, hoy no solo son los estudiantes los que salen a las calles, también son las dueñas de casa, los pobladores, los trabajadores y los niños, todo Chile ha cantado y gritado en unidad que “va a caer la educación de Pinochet”, expresión que demuestra la claridad de un pueblo que reconoce al responsable de una herencia, que la vincula de forma precisa con quienes sometieron a nuestra patria a una sangrienta dictadura y que hoy pretenden mantener y profundizar; esto queda demostrado con las consecuencias de este modelo neoliberal en todas las expresiones ya antes descritas.

Los jóvenes comunistas nos hemos declarado abiertamente una organización antineoliberal, antiimperialistas, antifacista y por sobretodo REVOLUCIONARIA, tenemos una profunda convicción que nuestro partido será la herramienta que nos permitirá generar avances fundamentales en los proceso democráticos. Y en la medida que seamos capaces de encaminar y lograr triunfos por la democracia haremos retroceder al neoliberalismo, entendemos estos dos conceptos como una absoluta contradicción entre sí. Por esta razón no somos, ni seremos una organización socialdemócrata, nos diferencia y aleja de ellos el no creer en la posibilidad, ni siquiera remota, de la humanización del capitalismo, sino que muy por el contrario, creemos que éste, en cualquiera de sus expresiones es profundamente inhumano. Demostración de ello es la indignidad en la que viven sumergidos aquellos pueblos hermanos de América Latina y el mundo, que han sido sometidos y atrapados por él.

Todo esto ha dado paso a la lamentable experiencia de ver al ser humano completamente enajenado de su esencia natural. Sabemos que ha habido importantes adelantos científicos-técnicos y profundas transformaciones en la economía nacional y mundial, también entendemos que se han producido transformaciones en la estructura social y de clases que componen el sector popular y, a pesar de todo esto, continúa agravándose el empobrecimiento, la opresión y la explotación a la que son sometidas indistintamente, por una clase económica y políticamente dominante con todo los privilegios engrandecidos que la acompañan.

Ser comunistas no es una tarea fácil, no solo por el constante ataque recibido por las fuerzas políticas contrarias e incluso fascistas que han intentado nuestro exterminio a lo largo de la historia. Si no que por la exigencia constante de la superación de lo personal, dar y entregarse día a día sin esperar nada a cambio, es una hermosa responsabilidad que los jóvenes comunistas sentimos a pesar de las atractivas trampas del modelo. Esto no nos desanima, sino que muy por el contrario, nos fortalece. El anticomunismo encarnado que lleva consigo el neoliberalismo ha logrado permear de forma lamentable en muchos ciudadanos comunes, que hacen valoraciones desde la ignorancia y el desconocimiento intencionado; no es casualidad el alto impuesto al libro del cual somos víctimas, la restricción del conocimiento no solo se percibe en el modelo educacional, sino que también en la restricción estricta de la población vulnerable y desposeída de una economía flexible, que le permita mirar más alla del pan de cada día. La restricción al conocimiento y el sesgo televisivo son algunos de los elementos que han utilizado los sectores dominantes para restringir las oportunidades y para evitar el reconocimiento, de organizaciones como la nuestra con una gran historia de lucha en defensa de la clase trabajadora.

Esto es parte de esta guerra y es quizás una de las más ingratas, porque los jóvenes comunistas muchas veces somos discriminados por ser jóvenes y por ser comunistas, pero esto no nos amedrenta, de cara al desafío hacemos valer nuestro legítimo derecho a soñar y a creer en un país distinto; hoy trabajamos por construir incluso algo más concreto todavía que es un Gobierno de Nuevo Tipo, para el que no tenemos la receta única ni el único método, al contrario creemos en la construcción colectiva, desde lo más sensible de la base social a quien nos debemos.

Los jóvenes comunistas somos soñadores pero no ilusos y sabemos perfectamente lo que no debemos hacer y sobre todo lo que queremos hacer. Valoramos concretamente las acciones de juventudes políticas hermanas que se desarrollan y organizan por esta noble causa a lo largo y ancho del mundo, rescatamos y aprendemos de cada uno de los procesos revolucionarios de los que hemos sido testigos. No creemos en el traslado automático de una experiencia a otra, por eso no intentamos copiar un modelo revolucionario, ni mucho menos compararnos con países incursionados en los pasos hacia el socialismo, sin embargo, agradecemos la oportunidad de conocerlos y nutrirnos de todo lo que ahí se ha vivido. Somos respetuosos de cada cultura y forma de entender las cosas, no podríamos ser comunistas si no conociéramos la humildad, porque si hay algo que hemos sabido aprender los jóvenes comunistas, en esta escuela, son los valores, sin estos valores no podríamos actuar, porque la intesidad de nuestra lucha amerita serenidad, astucia y mucha inteligencia, para no solo conocer los procesos sino que comprenderlos y desarrollarlos. Pero fácil resulta caer en las garras de la impaciencia y la soberbia, que caracteriza a ese ser humano egoísta e individualista, como ícono total del capitalismo. Por esta razón y muchas otras, es que debemos cuidarnos, y esto no significa no poder equivocarnos, pero sin duda hay errores que para nosotros cuestan aún más caros.

Hoy debemos estar contentos pero no conformes, porque en nuestra soñada América Latina empiezan a nacer nuevos procesos de emancipación y liberación de sus pueblos, lo que significa un ejemplo de superación e impulso para toda la región, los desafíos que nos dejan sobre la mesa son gigantes, los trabajadores ya no creen más en la mentira que tienen lo que se merecen, los trabajadores también están despertando, son ellos quienes tienen en sus manos los cambios verdaderos, la batalla por la educación es el inicio de una gran guerra, en la que todos tendrán que desenmascarar sus bandos, y esto no pone en riesgo la paz y la tranquilidad de Chile, por el contrario, hoy se recuperan las esperanzas perdidas por vivir la tranquilidad y la paz que entrega la justicia.

Las Juventudes Comunistas de Chile somos una organización con una gran historia de lucha y convicción, con 79 años de existencia, al alero del Partido que fundó Recabarren, hemos hecho demostración de consecuencia en nuestras ideas y proyecciones, entendemos que nuestra lucha no es de generaciones, por el contrario, lo que la juventud aporta en energía, en fuerzas y espontaneidad, los mayores lo aportan en experiencia y sabiduría, somos respetuosos de los que antes estuvieron y de los que aun siguen estando, aquellos que enfrentaron otras batallas, en otros contextos políticos, aquellos que estuvieron a disposición de dar su vida cuando fue necesario.

Hoy en el siglo XXI cuando muchos seguidores de la academia postmodernistas aseguran que el comunismo es una ideología obsoleta, que se extingue en el momento mismo de la caída del muro, yo me atrevo a decirles respetuosamente, estimados académicos, la teoría no siempre es reflejo de la realidad y en el contexto de la crisis mundial del capitalismo y todas sus expresiones, la construcción de una patria socialista ahora, recobra más sentido que nunca. Teniendo sobre mis hombros una gran responsabilidad para este período, es que puedo decir con orgullo y claridad que tengo la certeza que las Juventudes Comunistas de Chile, tenemos la fortaleza, la energía, la valentía, el ímpetu, la humildad y sobre todo la convicción que debemos transformar este país, cambiar la cara a la política tradicional, para esto el rol de la juventud es clave, no solo de nuestra organización, en este camino no podemos permitirnos avanzar solos, muy por el contrario la unidad de los jóvenes, de los trabajadores, de lo pobladores, en definitiva de los pueblos , es vital en un proceso de transformación real , en que la fuerza de la historia nos dará la experiencia para vencer y ganar.


[Prólogo del libro “Ser joven comunista, cinco textos para la juventud chilena” que ha sido lanzado este fin de semana durante la Fiesta de los Abrazos 2012, en la que se celebró el centenario del Partido Comunista de Chile.]

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