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El Milagro Económico de China

In Actualidad, Economía on 13 enero, 2012 at 0:01

Hedelberto López Blanch

Pese a que algunos pronósticos de analistas occidentales auguraban que la crisis capitalista mundial afectaría el desempeño de la República Popular China, los datos recién publicados indican lo contrario pues el Producto Interno Bruto (PIB) del gigante asiático creció 9,4 % en 2011.

Pero no solo eso, sino que un informe del Fondo Monetario internacional (FMI) augura que la economía de China superará a la de Estados Unidos, en términos reales, en el 2016. Los analistas más cautos posponen esa posibilidad para mediados de la década de 2020.

El FMI analiza no solo los tipos de cambios verdaderos, sino también el escenario en términos reales de las economías con Paridades de Poder Adquisitivo (PPA). O sea, compara lo que las personas ganan y gastan en sus economías domésticas.

Bajo el PPA, la economía de China se extenderá de 11.2 billones de dólares este año a 19 billones en el 2016. Mientras tanto, el tamaño de la economía estadounidense aumentará de 15.2 billones de dólares a 18.8 billones.

China tiene una extensa cultura acumulada durante cinco milenios y ha logrado con laboriosidad e inteligencia crear una civilización basada en un país pluriétnico unificado.

Como indican algunos de sus economistas, “el país transita por un camino de desarrollo que responde a su situación nacional: el camino del socialismo con peculiaridades chinas”.

A partir de 1978 la nación asiática estableció un proceso de reformas y aperturas para poner énfasis en la exploración del camino de la modernización socialista en consonancia con la situación básica del país y las demandas de la época.

El salto resultó vertiginoso: el volumen económico global se octuplicó de 1978 a 2010 y alcanzó un Producto Interno Bruto (PIB) de 5,88 billones de dólares. En 2011 desplazó a Japón y se convirtió en la segunda economía mundial después de Estados Unidos.

La modernización se observa por todas partes en esta inmensa nación y con una base material más sólida, se profundiza el desarrollo de la industrialización, la informatización, urbanización y la comercialización.

Asimismo, el nivel de vida de la población ha alcanzado grandes adelantos pues pasó de la insuficiencia de ropa y alimentos hacia la casi satisfacción de las necesidades fundamentales de sus 1 300 millones de habitantes.

Si en 1978 existían más de 300 millones de personas que vivían por debajo del índice de pobreza, esa cifra se ha reducido a 25 millones y el Estado realiza grandes esfuerzos y ofrece ayuda a las familias para solventar a corto plazo esa situación.

La renta global nacional per cápita equivalente al nivel promedio mundial pasó del 24,9 % en 2005 al 46,8 % en 2010.

Otros datos son satisfactorios: El volumen global de importaciones y exportaciones aumentó de 20 600 millones de dólares en 1978 a 2 974 billones de dólares en 2010; de 1979 a 2010 se utilizaron 1 048 billones de dólares como inversión directa foránea.

En la actualidad, China ha establecido mecanismos bilaterales de economía, comercio y cooperación con 163 países y regiones, ha firmado 10 convenios sobre zonas de libre comercio; acuerdos de protección de inversiones con 129 naciones y 96 de eliminación de doble tributación.

La nación asiática también ha jugado un papel fundamental en la disminución de los efectos de la crisis económica mundial (sobre todo para los países en desarrollo) al importar un promedio anual de mercancías por valor de 750 000 millones de dólares lo que significa alrededor de 14 millones de puestos de trabajo en las regiones y países concernientes.

En los últimos 10 años, las inversiones directas en el exterior de tipo no financiero se incrementó de 1 000 millones de dólares a 59 000 millones lo cual ayudó al desarrollo de esas naciones.

Con la profunda crisis que atraviesan Estados Unidos y la Unión Europea, el presidente Hu Jintao aseguró que “en 2012 el peso de los productos exportables se dirigirá hacia los países en vías de desarrollo debido a la poca probabilidad del aumento de la demanda de los industrializados” y al mismo tiempo se importarán mayores productos desde esas regiones.

En una reciente visita de trabajo a esa nación, pude observar y conocer el enorme desarrollo en infraestructura, construcciones, carreteras y fábricas de todo tipo que se encuentran en ejecución.

Para indagar cómo se ha logrado el despegue económico y cuáles son las perspectivas futuras de esa nación, conversé con Zhu Ping, vice jefe de Departamento de Asuntos Exteriores del diario Economic Daily, y con Wang Xinhuan, director de Relaciones Internacionales del mismo órgano de prensa que se edita en Beijing.

Con el nombre de Periódico Económico de China, el diario ha reportado los cambios ocurridos en ese país en los últimos tiempos. Para Zhu Ping, los logros alcanzados en el abrupto desarrollo se debieron a la apertura iniciada en 1978 y la base fundamental fue abrirse al exterior y aprender las experiencias de los países más desarrollados lo que posibilitó ahorrar tiempo para avanzar en la industrialización y las innovaciones con tecnologías propias en todos los sectores.

Un ejemplo de lo que explicaba el interlocutor es que ya por las diversas ciudades se observan trenes y numerosos autos confeccionados con tecnologías netamente nacionales lo cual también se ha extendido a la aeronáutica, las telecomunicaciones de punta y la rama militar.

Zhu indicó que se cuenta con recursos humanos nacionales de excelencia en las diferentes esferas (universitarios y técnicos superiores) que en 2015 serán 156 millones de personas, y así se continuará perfeccionando y asimilando nuevas tecnologías para ampliar la demanda interna de sus habitantes. Se incorporarán capitales a empresas de punta, manufactureras y de la agricultura para alcanzar una economía eficiente, flexible y con soporte fijo.

En cuanto a la posibilidad de que el renmimbi o yuan pueda convertirse en un futuro en una moneda internacional opcional como el dólar o el euro, Wang Xinhuan señaló que ya existen 10 países donde se negocian los productos con esa denominación y también se usa en el comercio internacional.

Pero aseguró Xinhuan que lo más importante no será en qué moneda se negocie, sino lograr un desarrollo equitativo, justo y social para el pueblo chino y que se eliminen las diferencias que aun subsisten entre la parte este y el oeste del territorio.

Explicó que China tiene una población numerosa y una base económica todavía débil. Posee el 7,9 % de la tierra cultivable del mundo, el 6,5 % de los recursos de agua dulce del orbe y agrupa a cerca del 20 % de la población de la Tierra y sus éxitos son compartidos por más de 1 300 millones de chinos.

Por tanto, satisfacer constantemente la demanda de subsistencia y desarrollo de su numerosa población constituye uno de los desafíos más difíciles para su gobierno y Estado.

No obstante, después de esta visita a China, pienso que los logros alcanzados en tan corto período de tiempo se pudieran resumir en pocas palabras: Un Milagro Económico.


[Fuente: CubaDebate]







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La política de la sinrazón

In Actualidad on 13 enero, 2012 at 0:00

Max J. Castro

A veces una escandalosa tempestad en un vaso de agua puede revelar mucho acerca de la naturaleza de un período determinado, incluyendo el nivel de seriedad y racionalidad que caracterizan el momento político. Consideren, en el contexto de algunos de los graves desafíos que enfrentan los Estados Unidos y el mundo – estancamiento económico con la posibilidad de descender a una depresión global, una seria degradación ambiental, calentamiento global incontrolado- que uno de los asuntos que, a finales del año pasado, puso a divagar a los republicanos, fue el destino del bombillo incandescente.

Irónicamente, fue durante el gobierno de George W. Bush, ese notorio y celoso anti-mercantilista partidario de las regulaciones, que se estableció, en el 2007, la Ley de Seguridad e Independencia de la Energía Esta requería de la industria que produjera bombillos más eficientes que esos típicos devoradores de energía que se han estado haciendo durante décadas.

Al mismo tiempo, la legislación concedió a la industria de las luminarias tiempo más que suficiente para ajustarse a las nuevas regulaciones. La primera fase de la transición no entraría en efecto hasta el 2012, y subsiguientes aumentos en la eficiencia serían programados durante los dos próximos dos años.

Al contrario de una buena parte de la retórica paranoica que se fue armando a medida que la fecha límite del 2012 se iba acercando, la ley no es de ninguna manera una medida radical. Tal como lo dejó ver un medio de prensa: “La ley no prohíbe los bombillos incandescentes. En vez de ello, los productores a partir del 2012 dejarán de hacer los viejos bombillos incandescentes de 100 vatios, reemplazándolos con otros de menos vatios que producen aproximadamente la misma cantidad de luz. Nuevos bombillos incandescentes de 75, 60 y 40 vatios serán introducidos en fases posteriores”. En suma, se trata de una medida de conservación tan modesta y pro-mercantilista que incluso George Bush y la industria la podrían aceptar. De hecho, los productores han estado trabajando durante cinco años para cumplir con los nuevos requisitos y están listos y deseosos de hacerlo.

Pero ni la bendición del profundamente pro-mercantilista George W. Bush ni la falta de oposición de la industria –sin contar con los innumerables de argumentos sustanciales a favor de la eficiencia energética- fueron suficientes para disuadir a los republicanos del Congreso de que adoptaran su negligente posición: el obstruccionismo.

Aparentemente manipulados (o amedrentados) por fundamentalistas anti-gubernamentales del Tea Party y alarmistas -¡están prohibiendo los bombillos incandescentes, el fin de todas las libertades norteamericanas no puede estar lejos!- los republicanos lucharon contra la implementación de la ley aprobada por su anterior líder.

Aunque fracasaron en derogar la propuesta del 2007, sí se las arreglaron para negar el dinero ejecutivo para poner a funcionar las nuevas regulaciones. Los representantes de la industria y los ambientalistas concuerdan en que la ley será observada de todos modos, si no por otra razón que porque la industria ha avanzado demasiado en la transición hacia una iluminación más eficiente como para que tenga sentido volverse atrás y para colmo desafiar la ley.

La ecuación que reúne el derecho de hacer, vender y usar bombillos incandescentes con las libertades norteamericanas es solo un ejemplo del modo insidioso y minucioso con el cual el Tea Party ha radicalizado al partido republicano y sobrecargado su inclinación hacia la irracionalidad, añadiéndole una medida de aquello que el desaparecido politólogo Richard Hofstadter llamó “el estilo paranoico de la política norteamericana”.

Otra manifestación de este fenómeno se está desarrollando en Hampton Roads, Virginia, un área que el Washington Post describe de esta manera: “Fuera de la parte mayor de New Orleans, Hampton Road se encuentra en la situación de mayor riesgo ante aumento del nivel del mar que cualquier otra área de su tamaño en los Estados Unidos, según la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera”.

En respuesta a los esfuerzos de los planificadores para prepararse ante las probables consecuencias del cambio climático, un movimiento inspirado por el Tea Party ha surgido y proliferado, ofreciendo argumentos como que el calentamiento global es una farsa y que el proceso de planificación es una conspiración de la ONU para apropiarse de terrenos y abolir la propiedad privada.

Luego está la mayor irracionalidad de todas las inspiradas por el Tea Party, la cual se convertido en un dogma reinante en el partido republicano y que ha infestado también, en menor medida, al gobierno de Obama. Es el fervor por reducir drásticamente los gastos del gobierno para reducir el déficit a pesar de una economía paralizada. Eso, tal como lo señalaran Keynes en los años 30 y Krugman en la actualidad, es la opción equivocada.

Esa medicina, repartida por Herbert Hoover de 1929 a 1932, luego brevemente por Roosevelt en 1937, y ahora lanzada sobre toda Europa principalmente por Alemania, tiene una tasa de curación igual a cero.

Tampoco está funcionando en los Estados Unidos donde, a pesar de tímida mejoría aparente en el mercado laboral, la situación económica es estrecha al tiempo que aumenta el número de los pobres, la clase media decrece y empobrece día por día mientras sus viviendas pierden valor, y el nivel de la desigualdad económica se ha hecho tan intolerable como para forzar a una porción significativa de la población, que antes soñaba el viejo sueño norteamericano, a despertar a la nueva pesadilla e incluso a rebelarse ante ella.

Sin embargo, el premio se lo lleva una de esas posiciones irracionales, monolíticas que el Tea Party ha obligado a asumir a los contendientes presidenciales republicanos, y al partido en general. Se trata de la inmigración. Entre otras cosas, los insufribles debates presidenciales republicanos han devenido competencia acerca de quién está dispuesto a enarbolar con mayor fuerza el puño de hierro contra los “inmigrantes ilegales” y quién puede mostrar el menor grado de compasión.

La mayoría de los latinos están convencidos de que hay en tales discursos una mal velada animosidad, especialmente en la base republicana, hacia el creciente impacto de la comunidad latina en los Estados Unidos. ¿Cómo explicar sino la pasión contra los “inmigrantes ilegales” en un momento en que la inmigración neta desde México es casi nula y la inmigración total está en su punto más bajo en muchos años?

Los máximos estrategas y científicos sociales de los republicanos han predicho que para este partido, el alienarse de modo permanente el voto de los latinos (el bloque que vota con mayor rapidez en el país) es un suicidio político. Las encuestas muestran que a pesar de la decepción con Obama, los latinos votarán abrumadoramente por él antes que apoyar a un candidato de un partido hostil. La cuestión es si el poder electoral latino ya ha crecido lo suficiente para salvar a Obama. Si es así, el Tea Party y la política de la irracionalidad y la política de la irracionalidad que ha llevado al máximo resultarán ser la debacle del partido republicano.



(majcastro@gmail.com)

[Fuente: Progreso Semanal]