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Strauss-Kahn: El Sátiro y la vil moneda

In Actualidad on 19 enero, 2012 at 0:00

Elsa Claro

No es imposible que Dominique Strauss-Kahn sea un maniaco sexual o uno de tantos sibaritas, pero con tantas historias de costuras semejantes, hay que dudar a la hora de vestir de ángel o demonio al otrora jefe del Fondo Monetario Internacional.

A mediados de diciembre recién pasado Strauss-Khan emergió de un borroso silencio como ponente especial en un foro económico en China. Lógicamente se negó a realizar comentarios sobre el muy publicitado incidente con una camarera del hotel Sofitel de Nueva York, en un intento de distanciarse del grotesco episodio y en busca de un bastante dudoso después para su existencia como figura pública.

Cualquiera sean sus temores, tiene fundamento para sentirlos. Y también rabia y ganas de un señor desquite. Es lo menos que puede experimentar quien de reconocido funcionario mundial, ataviado por caros sastres y huésped habitual de hoteles que cuestan miles de dólares la noche, fuera sacado sin contemplaciones de un avión y conducido a una cárcel de Harlem, donde ni siquiera su abogado pudo verle durante días.

El hasta entonces gerente principal del FMI, figuró en portadas y cabezas de página o noticieros, sin afeitar, descorbatado, y con más pinta de criminal confeso que de presunto culpable. Le humillaron con saña hasta que firmó su renuncia al alto cargo que ostentaba.

He ahí un punto clave en una trama con algunas sombras todavía. Al quedar fuera de sus prerrogativas Strauss-Kahn se convertía en un ciudadano corriente, aunque hubiera sido ministro de economía de su país años ha, y se le considerara en ese momento, candidato favorito por los socialdemócratas a las presidenciales de Francia a realizarse en breve.

Los fiscales estadounidenses, tan radicales durante casi una quincena, pasaron de la intransigencia total a la alta generosidad sin transiciones, y permitieron que el encartado tuviera fianza y saliera de la cárcel. En definitiva, concluyeron diciendo que había dudas sobre si la querellante mentía o magnificó el pretendido tejemaneje erótico.

El cuestionable puritanismo de algunos enfoques judiciales norteamericanos tiene notables sumarios, y no estoy pensando solo en el caso Clinton-Lewinski, sino en las mil y una patrañas imperiales. Es muy repetido el ardid de mentir con irresponsable descaro o el aumentar culpas, lo mismo para invadir un país que para dañar la reputación de alguien que les resulta incómodo.

Lo que hacía perturbador a Strauss-Kahn era su trabajo destinado a eliminar el dólar como moneda preferente de reserva e intercambio mundial. Lo estaban pidiendo y esperan por ello muchos países pues, en general, la divisa norteamericana daña a las restantes economías y no tiene bases para permanecer como la principal, si carece de valor, no tiene respaldo y está comprometida con una deuda cercana al trillón de dólares. Cada movimiento de la Reserva Federal con los tipos de cambio, le hace perder mucho a quienes compraron el dólar a un precio que reducen una y otra vez, sin contar con nadie.

En la práctica y solo por esa vía, el mundo financia a EE. UU., que se mantiene como la Primera Economía, mientras proyecta sus males y yerros hacia el exterior y estipula cómo y hacia dónde se va, con sucias trampas o por medio de bombazos (y no es una hipérbole).

Al decir de diferentes economistas EE. UU. vive dentro un déficit público estructural desde los años 60. Desde entonces a la fecha las fluctuaciones de los tipos de interés cambiario (precio del dólar, recuerden) oscilaron desde casi el 6% hasta el actual 0%. Siempre según su conveniencia y pese a los muchos síntomas de sobreendeudamiento provocados, sobre todo, en las etapas Reagan y Bush Junior, por las rebajas de impuestos y las guerras que ambos desataron, en particular el segundo, sin los amortiguadores adecuados.

En apariencia, Washington aceptó el criterio que desde el 2009 estaba manejando Strauss-Kahn quien, desde su posición en el FMI y por medio de tratativas secretas con el grupo que forma el banco central norteamericano o Resera Federal, diseñó una estrategia para aliviar la astronómica deuda estadounidense.

En los hechos, se la cargaban en buena medida a otros, pues lo previsto era tener un tipo de cambio muy favorable para un dólar que solo iba a circular nacionalmente en los estados de la Unión, mientras que a aquellos países con fondos de reserva en esa moneda tendrían que pagar fuertes obligaciones. Por extensión, aseguran los expertos, las deudas en dólares se reducirían, favoreciendo a los empresarios estadounidenses, pero -y esto es lo decisivo, sin dólar obligatorio y ruinoso, se funcionaría mejor.

Como varios países estaban pidiendo en los foros internacionales que se creara una divisa independiente, de carácter universal, sin ventajas y capacidad de manipulación para ningún gobierno, se retomó el viejo proyecto formulado por el economista John Maynard Keynes, para crear el Bancor, numerario que tendría esas características digamos, neutrales.

En marzo del 2009, el gobernador del Banco Central de China, propuso emplear un mecanismo con el que cuenta el FMI llamado Derechos Especiales de Giro (DEG), para acercarse a esa idea keynesiana expuesta en 1945 y con ella, avanzar en el uso de una equivalencia monetaria realista y más equitativa.

Solo un mes más tarde, en abril, y durante la reunión del G-20, EE. UU. en inusual gesto, aceptó la emisión de los DEG por parte del FMI para su uso generalizado y dijeron aprobar además, la existencia de un instrumento de estabilidad financiera para impedir que situaciones económicas tan traumáticas pudieran repetirse.

Todos contentos, pero solo en teoría. El procedimiento mediante el cual los DEG iban a sustituir al dólar se iba a delimitar en la Cumbre del G-8, que tuvo lugar en Deauville, Francia. Pero doce días antes de este evento, se produjo la espectacular y vejatoria incriminación de Strauss-Khan. Ni la Casa Blanca ni el poder paralelo en EE. UU. estaban dispuestos a perder una hegemonía que impusieron en Bretton-Woods y es obvio quieren mantener.

Renunciar a ventajas tan cómodas y que tanto dan, solo con imprimir billetes verdes, sería lunático para los interesados, aún cuando perjudiquen a socios y contrarios en similar medida.

Dominique Strauss-Kahn, iba a reunirse con la canciller germana Ángela Merkel, sumergida entonces en el rescate de Grecia, buscando fórmulas que no afectaran a los bancos alemanes y franceses, los mayores acreedores del país heleno. Según las cábalas del dignatario caído en desgracia, el procedimiento que habían concebido él y su grupo permitiría condiciones favorables del mismo modo para este y otros salvamentos.

A contrapelo de las restantes naciones desarrolladas o del G-20 que le había dado su aval al proyecto y hasta del Banco Mundial que contribuyó a elaborarlo y hasta obviando el parecer de los grandes bancos que estaban en el ajo, Washington tiró por la borda el aparente consenso existente con una vil acción, eliminando al principal mediador.

Strauss-Kahn perdió no solo el cargo, sino su posible ascenso dentro de la política francesa. Ese daño colateral ¿se dice así? no le venía nada mal a Nicolas Sarkozi, algo que alimenta sospechas sobre su posible venia, bajo cuerda, para el sucio proceder. Siendo el jefe de estado que más ha sonado con respecto a eliminar los factores que propiciaron la crisis y el desorden financiero radicado en sus raíces, que se quedara silencioso con el vejamen hecho a un compatriota, se explica mejor con su doble utilidad: eliminar un competidor de talla en las elecciones y hacerle favores -quizás cobrables, Libia mediante, por ejemplo- al amigo del otro lado del Atlántico.

Algunas sospechas de connivencia se dirigen a David Cameron, bien por identidad anglo-sajona, debilidades ante el hijo pródigo, o porque en materia de monedas, en Londres solo tienen apego por su Libra Esterlina.

Los recelos se fundamentan en el silencio, que convenido o fortuito fue, en ambos casos y de cualquier modo, cómplice. Son conjeturas, a no dudarlo, pero con soporte para tenerlas en consideración porque este no es expediente finiquitado. Con la mezquina conjura se dilató el reordenamiento del sistema monetario global, algo que se quiera o no, tiene todas las de sobrevenir.


[Fuente: CubaDebate]







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