Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Rumanía vive una ola de protestas contra las medidas neoliberales del gobierno

In Actualidad on 22 enero, 2012 at 0:02

Cuando miles de rumanos salieron hace unos años a protestar contra el gobierno de Ceuasescu fueron portada en la prensa occidental. Hoy, cuando salen a enfrentarse al capitalismo, no son noticia. Miles de manifestantes abuchearon el pasado lunes en el centro de Bucarest las medidas de austeridad del gobierno, al tiempo que el primer ministro advertía que choques violentos como los que causaron 59 heridos el fin de semana pudieran poner en peligro la estabilidad y el crecimiento económico.

Manifestantes que se congregaron bajo temperaturas sumamente frías para un quinto día de protestas gritaron “¡Libertad!” y portaron carteles que decían “¡El hambre y la pobreza se han apoderado de Rumania!”. Hubo protestas más pequeñas en otra decena de ciudades rumanas, pero no se sabía con precisión cuántas personas habían participado.

El pasado domingo, la policía chocó con un grupo de unos 1.000 manifestantes en la capital, usando gas lacrimógeno y bengalas para repeler a manifestantes que lanzaban piedras y bombas incendiarias. El ministro del interior Traian Igas cifró el lunes que unas 8.700 personas participaron en las protestas del fin de semana, pero solamente en Bucarest estalló la violencia, cuando —de acuerdo con funcionarios del ministerio— fanáticos de clubes de fútbol se infiltraron en las protestas y causaron caos en la ciudad.

El alcalde de Bucarest Sorin Oprescu dijo que las vidrieras de tiendas, bancos y estaciones de autobuses fueron destrozadas, al igual que lámparas del alumbrado público. El primer ministro Emil Boc calificó la violencia de “inaceptable” y dijo que “no puede ser tolerada”. Prometió, no obstante, que una controvertida ley de salud que permite la privatización de algunos servicios de emergencia sería modificada.

Boc pidió a los rumanos entender que las duras medidas de austeridad son necesarias para evitar una cesación de pagos de la deuda. “Entendemos las penurias que enfrentan los rumanos … la crisis ha sido más severa que lo que nos imaginamos”. Pero los manifestantes dijeron el lunes que no estaban convencidos de la necesidad de las medidas. “Vamos a seguir aquí pese al frío”, dijo un manifestante que solamente se identificó como Radu. “Tenemos carácter, a diferencia del gobierno, que nos dio la espalda”.

Las encuestas revelan que un alto porcentaje de la población rumana declara haber vivido mejor con Ceausescu que con el nuevo régimen capitalista. Los índices de exclusión y pobreza se ha disparado en los últimos seis años a cifras desconocidas en Rumanía.


[Fuente: La Mancha Obrera]






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El acuerdo secreto de Geithner con los dirigentes de la Unión Europea

In Actualidad, Economía on 22 enero, 2012 at 0:01

Michael Hudson

Los mercados de valores estadounidenses y extranjeros siguen zigzagueando salvajemente a la espera de despejar la incertidumbre sobre la supervivencia del euro y ante unas sufridas poblaciones que arrostran las consecuencias de las políticas de austeridad neoliberal impuestas a Irlanda, Grecia, España, Italia, etc. Voy a contarles la historia que me fue confiada por responsables económicos europeos en relación con los últimos episodios caóticos en Grecia y en otras economías europeas deudoras y presupuestariamente deficitarias. (Faltan los detalles, puesto que las negociaciones se han desarrollado en el más absoluto de los secretos: lo que sigue es, pues, una reconstrucción.)

En otoño de 2011, resultaba evidente que Grecia no podría saldar su deuda pública. La UE sacó la conclusión de que había que depreciar esa deuda en un 50%. La alternativa a eso era la quiebra sobre el total de la deuda. Así que, básicamente, la solución para Grecia venía a reproducir lo que había ocurrido con la deuda latinoamericana en los 80, cuando los gobiernos substituyeron la deuda existente y los préstamos bancarios por bonos Brady, así llamados por el secretario del Tesoro de Reagan, Nicolas F. Brady. Esos bonos tenían un principal más bajo, pero al menos se consideraba seguro su cobro Y en efecto, se hicieron los pagos.

Esa quita griega del 50% parecía radical, pero los bancos europeos ya habían cubierto sus apuestas y subscrito seguros de impagos: los bancos norteamericanos se hacían cargo de buena parte de esos seguros.

En diciembre de 2011, un cuarto de siglo después de Brady, el secretario del tesoro de Obama, el señor Geithner, viajó a Europa para reunirse con los dirigentes europeos y exigirles que Grecia depreciara su deuda sobre la base de quitas voluntarias por parte de bancos y acreedores. Explicó que los bancos norteamericanos habían apostado a que Grecia no quebraría, y que, por lo mismo, su situación patrimonial neta era tan precaria que, si tenían que pagar por su mala apuesta, irían a la quiebra.

Según me contaron los banqueros alemanes la situación, Geithner amenazó con cargarse a los bancos y a las economías europeas, si no se allanaban a pagar el pato y cargar ellos con las pérdidas: los bancos estadounidenses no tenían que pagar por los seguros colateralizados de impagos (CDOs) y por otras apuestas en las que habían vertido miles de millones de dólares.

Los europeos estallaron de indignación. Pero Geither terminó por ofrecerles un trato. De acuerdo: la Casa Blanca permitirá la quiebra de Grecia. Pero los EEUU necesitan tiempo.

Convino en abrir una línea de crédito de la Reserva Federal al Banco Central Europeo (BCE). La Fed suministraría dinero para prestar a los bancos en el ínterin cuando las finanzas de los gobiernos europeos desfallecieran. Se daría tiempo a los bancos para que pudieran deshacer sus garantías de quiebra. Al final, el BCE sería el acreedor. El BCE –y presumiblemente, la Fed— cargarían con los costes, “a expensas del contribuyente”. Los bancos estadounidenses (y probablemente también los europeos) evitarían así cargar con unas pérdidas que se llevarían por delante su situación patrimonial neta.

¿Cuáles son realmente los detalles de este acuerdo? Lo que sabemos es que los bancos estadounidenses están retirando la renovación de sus líneas de crédito a los bancos y a otros prestatarios europeos a medida que van expirando. El BCE actúa para cubrir la brecha. A eso se le llama “suministro de liquidez”, pero más parece un suministro de solvencia en una situación de insolvencia básica. Después de todo, una deuda que no puede devolverse, nunca se devuelve.

La idea de Geithner es que lo que una vez funcionó, puede volver a funcionar. Cuando la Reserva Federal o el Tesoro cargan con una pérdida bancaria, lo que hacen, simplemente, es imprimir deuda pública o abrir un depósito para los bancos en el banco de la Reserva Federal. La opinión pública no ve eso de manera tan perspicua como cuando le arrebatan directamente el dinero. Y el gobierno se limita a decir que se trata de “salvar al sistema financiero”, sin mencionar el coste del asunto “a expensas del contribuyente” (¡no a expensas de los bancos!).

Es un regalo.

[Traducción para SinPermiso: Mínima Estrella]







El fracaso de un proyecto imperialista o cómo Estados Unidos ha salido derrotado de Iraq

In Actualidad on 22 enero, 2012 at 0:00

Pedro Rojo Pérez

La decisión del presidente Barack Obama de retirar las tropas estadounidenses de Iraq es la consecuencia final de una pérdida paulatina del control de Estados Unidos sobre los resortes de poder iraquíes; es el fin lógico de una ocupación mal planificada, tanto en lo militar como en lo social y lo político; es una derrota sin paliativos del proyecto estadounidense en Iraq. Estados Unidos se retira dejando al país sin visos de reconstrucción económica [1], anémico en lo político y controlado desde la sombra por su enemigo número uno: Irán.

En mayo de 2003, Paul Bremer, el procónsul estadounidense en Iraq, cometía un error estratégico al dictar la Orden nº2, por la que disolvía el ejército, las fuerzas de seguridad y el Ministerio del Interior iraquíes, después haber declarado ilegal el Partido Baaz mediante la Orden nº1, error que ha lastrado todas las decisiones posteriores de la ocupación estadounidense, lo que ha obligado a los distintos equipos al frente de su gestión a improvisar medidas a corto plazo. La falta de una estructura militar —que se demostró inapelable en la invasión— resultó inadecuada para garantizar la seguridad del país y hacer frente a una creciente resistencia popular armada, nutrida, en buena parte, por antiguos militares del ejército recién desmantelado, y colocó a los estadounidenses en una situación muy delicada. Las bajas estadounidenses que en algunos meses, como en el verano de 2007, llegaron a superar los cien muertos, obligaron a buscar con urgencia un aliado sobre el que construir las nuevas fuerzas de seguridad.

El aliado envenado fueron las milicias de los partidos políticos chiíes iraquíes que regresaron a la sombra de la ocupación estadounidense tras su exilio en Irán, donde combatieron contra Iraq en la guerra irano-iraquí. Las Brigadas del Báder, milicias del Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq (por entonces el partido chií más fuerte), se convirtieron en la columna vertebral de las nuevas fuerzas de seguridad [2].

A corto plazo, la obediencia de estas fuerzas a Irán no fue un problema para Washington pues sus intereses coincidían con los de Teherán y le servía para hacer frente a la resistencia iraquí con métodos que incluyen ejecuciones sumarias, torturas o castigos colectivos entre otras violaciones de los Derechos Humanos, violaciones todas ellas documentadas por diversas organizaciones iraquíes e internacionales.

El respiro militar que empezó a sentir Estados Unidos a finales de 2007 fruto de la creación de estas fuerzas de seguridad, sumado al proyecto de los consejos Al Sahua [3] en regiones sunníes, el cerco económico impuesto sobre la resistencia y el aumento de los efectivos militares estadounidenses, sirvió de cortina de humo para ocultar la pérdida de poder real que se estaba produciendo en las instituciones políticas iraquíes.

El acuerdo de seguridad (SOFA en sus siglas en inglés) firmado entre Washington y Bagdad en noviembre de 2008 [4], y que finalmente ha llevado a la salida total de las tropas, fue un signo de esa creciente presión de Iraq sobre Estados Unidos, cada vez más impotente en el control de los asuntos iraquíes.

Envueltos en la nebulosa de los supuestos gobiernos leales a Washington, los estadounidenses no han sabido gestionar el aspecto estratégico de su presencia en Iraq. Perdidos en esa visión tan a corto plazo que no les permitía planificar a futuro, han ido perdiendo resortes de presión contra el gobierno y las instituciones públicas iraquíes, por otra parte cada vez más dependientes de Irán.

En las semanas previas a las elecciones legislativas de marzo 2010 [5] se escenificó —bajo el foco de los medios de comunicación— esta incapacidad para imponer sus propios intereses al perder el pulso por los llamados candidatos “desbaacificados” (candidatos que no pudieron presentarse a las elecciones por su supuesto pasado baacista). La maraña político-administrativa controlada por el sector proiraní, hizo inútiles los viajes y las amenazas veladas del vicepresidente Joe Biden, y dos de los tres cabezas de la lista Al Iraquiya (lista no sectaria y apoyada por Washington) no pudieron concurrir a las elecciones. Biden aceptó la derrota y aseguró que se trataba de un asunto interno iraquí en el que Estados Unidos no se entrometía.

Mucho menos elegante, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, aseguró públicamente, al conocerse la noticia de la victoria de Al Iraqiya, públicamente que Ayad Alawi, líder de la lista, jamás sería primer ministro. Y así fue. Casi un año después, tanto Alawi como su apoyo internacional se rinden ante la realidad y desbloquean el reparto de poder, facilitando así la formación del nuevo gobierno con 37 ministros, aunque sigue sin nombrarse el ministro de Seguridad. La solución de consenso ha sido Nuri al Maliki, que tampoco era la primera opción iraní pero que ha servido bien a los intereses iraníes desde su llegada al poder, como opción de consenso de segunda fila, después de que los principales líderes chiíes no llegaran a un acuerdo entre ellos, en mayo de 2006.

La negociación para la prórroga de la presencia militar estadounidense en Iraq más allá del 31 de diciembre de 2011, que hace unos meses se daba por descontada, se llevó a cabo dentro de un nuevo marco: el de las revoluciones árabes en general y de la siria en particular. La intención de Teherán era aceptar la prórroga de la presencia de las tropas estadounidenses en territorio iraquí a cambio de que se rebajase la presión internacional contra el régimen de Al Asad.

Al marco de las permanentes negociaciones que durante todos estos años se han llevado a cabo entre Washington y Teherán respecto a Iraq, el régimen de los ayatolás incorporó, en la primavera de 2011, un nuevo elemento de presión en forma de ataques contra las bases estadounidenses, ataques perpetrados por las milicias proiraníes (o directamente por los comandos iraníes desplegados en Iraq) y con sofisticados misiles iraníes. Sin embargo, el efecto deseado ha sido el contrario. Ante la convulsa situación que vive la zona y la clara vulnerabilidad de las tropas estadounidenses rodeadas por un escenario triplemente hostil (una población que cada viernes pide en manifestaciones pacíficas el final de la ocupación, la resistencia iraquí que sigue bombardeando bases y atacando convoyes aunque de forma limitada y, finalmente, unas milicias iraníes equipadas con armamento mucho más sofisticado y letal, y dispuestas a actuar cuando la situación regional así lo exija), la decisión de retirada total [6] es, por fin, una decisión estratégica que rompe el impase de estos nueve años de ocupación y permite a Estados Unidos centrarse en su batalla contra Irán desde una posición de menor vulnerabilidad.

En el marco de esta lucha regional, el futuro a corto plazo, se presenta sombrío para Iraq. Nuri al Maliki no esperó a que se retirase oficialmente el último marine para lanzar una ofensiva a todos los niveles cuya finalidad no era otra que hacerse con el vacío dejado. La batalla desatada implica a la justicia (orden de detención contra el vicepresidente Tareq al Hashemi), a la política (intento de despojar de su puesto como vice primer ministro a Saleh al Mutlak, su viceprimer ministro) y a las fuerzas de seguridad (detenciones masivas contra las bases populares de la oposición al proceso político).

Los recientes atentados deben analizarse en el contexto de esa lucha por el poder, como así ha declarado el vicepresidente Hashemi, quien aseguró que dichos atentados solo pueden perpetrarse con la colaboración de sectores de las fuerzas de seguridad.

Por primera vez, las fuerzas apoyadas por Irán van a tener que hacer frente al control de la seguridad en Iraq sin el apoyo estadounidense. Hasta ahora, todas las facciones de la resistencia armada han declarado y defendido públicamente que hasta lograr la expulsión del ocupante estadounidense no atacarían salvo en situación de autodefensa, a las tropas iraquíes, a las milicias iraníes o a Al Qaeda. Su mirilla puede cambiar de dirección una vez que, oficialmente, no quedan ocupantes estadounidenses. Pero, sobre todo, la capacidad militar de la resistencia puede cambiar si Estados Unidos levanta el veto a los países árabes para que la financien y así hacer frente a la expansión iraní hasta sus fronteras, hoy por hoy, la gran obsesión de los países de la zona por encima de Israel.

No obstante, la opción por la que sin duda se decantan todas las fuerzas nacionalistas es por el triunfo de la revolución de los jóvenes iraquíes en pie desde el 25 de febrero de 2011 [7]. Sin apenas cobertura mediática, la revolución de los jóvenes iraquíes ha sido aplastada a sangre y fuego por las fuerzas de seguridad iraquí. La resistencia armada y las tribus contrarias al proceso político mantienen suspendidas medidas más drásticas, que podrían significar una fractura del país, hasta ver si fructifica esta revuelta. Si la revolución sigue el modelo tunecino o egipcio —sin líderes destacados y con un alto grado de unidad nacional—, el resultado sería la mejor de las luces al final del sombrío túnel que atraviesan los iraquíes desde la invasión estadounidense en 2003.



NOTAS

[1] Sobre la reconstrucción, véase en Darh Jamail, /Siete años después de los asedios de Faluya

[2] Véase Mahan Abedin, “Informe: Irán en Iraq, Badr, Irán y los nuevos cuerpos de seguridad irquíes”, disponible en español en http://www.iraqsolidaridad.org/2004-2005/docs/ocup_20-12-05_2.html. Véase también Carlos Varea y Pedro Rojo “¿Está jugando Irán a la ‘resistencia’ en Basora? Las milicias chiíes se diputan Basora, mientras Irán bloquea la negociación con EEUU sobre Iraq”, disponible en español en: http://www.iraqsolidaridad.org/2006/docs/analisis_1-06-06.html.

[3] Véase Carlos Varea “Muerte y éxodo: la ocupación y la violencia secaría en Iraq”, disponible en: http://www.iraqsolidaridad.org/2009/docs/06_02_09_muerte_exodo.html.

[4] Véase Pedro Rojo, “Iraq: ‘El acuerdo de seguridad sobre la retirad de tropas estadounidenses’, un contrato de permanencia”, disponible en: http://www.iraqsolidaridad.org/2008/docs/05_12_acuerdo.html.

[5] Véase Pedro Rojo, “Elecciones iraquíes 2010: clave para la evolución interna y regional”, disponible en http://www.iraqsolidaridad.org/2010/docs/elecciones_05_03.html.

[6] Véase Declaración de la CEOSI sobre la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq, disponible en: http://iraqsolidaridad.wordpress.com/2012/01/02/retirada-de-las-tropas-estadounidenses-de-iraq/.

[7] Véase el bloque informativo sobre las revueltas de los jóvenes en: http://iraqsolidaridad.wordpress.com/category/las-revueltas-de-los-jovenes-iraquies-young-iraqi-revolution/



(*) Pedro Rojo es arabista y miembro de la CEOSI.

[Fuente: Iraqsolidaridad]