Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Manifiesto de veteranos dirigentes y fundadores de Comisiones Obreras contra la claudicación de las cúpulas sindicales y llamando a la huelga general

In Actualidad, Comunicado, Laboral on 25 enero, 2012 at 0:02

Los firmantes del presente escrito, veteranos sindicalistas cofundadores de CC OO, venimos expresando nuestros desacuerdos con la política de concertación que desde varias décadas vienen practicando nuestros dirigentes, junto con los de UGT, la patronal y los gobiernos de turno, lo mismo del PSOE, del PP, como en Catalunya de CiU y antes el Tripartito.

Esta política de pactos, de contrarreformas, ha llevado a los trabajadores a la bancarrota arruinando cuantas mejoras de libertad sindical y de bienes materiales habían arrancado éstos al fascismo de la dictadura franquista, con elevadísimos costes y sacrificios de toda índole. En la primavera de 2011, estos firmantes promovieron la recogida de firmas masivas en un documento donde se señalaban las más importantes de las reivindicaciones mermadas y perdidas; nuestro escrito de queja fue entregado al titular de la Secretaría General de la CONC sin que a día de hoy se haya tenido en cuenta.

No solo persiste lo que decíamos en aquél escrito. Hasta en el plano internacional se ha abandonado la solidaridad internacionalista y se llega a la paranoia de apoyar la invasión imperialista a Libia. Hoy nos encontramos en un escenario interno aún más caótico, inmerso en la vorágine de recortes sociales y subidas de impuestos colocados por la plutocracia del PP y de CiU en Catalunya. Padecemos 5 millones de parados (700.000 de Catalunya), congelaciones salariales generales, de las pensiones, paro del 50% en la juventud y una sanidad cada vez más insuficiente, que sitúa a los enfermos en largas listas de espera, dándose casos de fallecimiento por escasa asistencia médica. Es en este contexto terrorífico en el que la derecha oligárquica catalana y española está reimponiendo recortes sobre lo que ha quedado de los recortes anteriores del PSOE.

Para profundizar en ello se sitúa una nueva reforma laboral de lo que les quedó pendiente por suprimir en las últimas reformas, sobretodo de la de 2010; en concreto para acabar con la negociación colectiva, para facilitar la desestructuración definitiva de la organicidad y dar vía libre a la impunidad del sindicalismo amarillo. Las reformas anteriores no crearon empleo, sino más paro, porque esas responden, como la que nos presentan ahora, a los intereses de la oligarquía imperialista de la UE (Unión Europea) y del FMI (Fondo Monetario Internacional).

Las medidas últimas aprobadas por el Gobierno del PP, anticipadas en Catalunya por CiU, no dan ninguna esperanza a reactivar la economía del país. Los ingresos económicos para el futuro los confían a una política tributaria orientada en exclusiva sobre la población asalariada y sobre la fiscalidad; contra los pensionistas con un crecimiento del 1% frente a la pérdida del IPC del 2,4%, sin ninguna medida para gravar a las grandes fortunas y, como lo hizo anteriormente Zapatero, con el objetivo central del abaratamiento del precio de la fuerza de trabajo.

Hasta ahora la dirección sindical de CC OO se ha limitado a la elaboración de un extenso documento de análisis de dichas recortes para, junto con la UGT, ponerse a negociar con la patronal la nueva reforma laboral, sin una actuación de firmeza al rechazo para ir a la movilización. CC OO no puede adoptar una actitud contemplativa esperando que el Gobierno lo imponga por decreto porque eso supone la aceptación encubierta, que es lo mismo que persigue la CEOE.

Nosotros, como afiliados, como veteranos sindicalistas cofundadores de esta organización sindical, exigimos el rompimiento formal de la política de concertación que ha arruinado al sindicalismo de clase que le dio prestigio a las CC OO que nosotros regentábamos. Exigimos, sin ninguna dilación, la convocatoria de una HUELGA GENERAL mediante el llamamiento para ello a todas las fuerzas sindicales y políticas de izquierdas, a fin de echar para tras este cúmulo de agresión que estamos recibiendo.

Nos dirigimos a todos los trabajadores y trabajadoras, a los cargos sindicales de empresa y a todas las estructuras de las distintas organizaciones sindicales, tanto de ramos como territoriales para que apoyen la acción.

Luis Romero Hueste, construcción
Juan Navarro García, madera
Esteban Cerdán Francés, metal
Francisco Liñán Muñoz, construcción
Ramiro Perea Cazorla, madera
Enrique Crusat de Abaria, energía
Adrián Risquez García, transporte
Pedro Cuadrado Asensio, metal
Julián Méndez Rodríguez, madera
Luis Ballesteros Ballesteros, construcción
Antonio López Martínez, energía
Mauricio Santacruz Mora, química
Manuel Blanco Sánchez, metal
Manuel González Fernández, metal
Francisco Cano Muñoz, construcción
Miguel Guerrero Sánchez, energía


Barcelona, 11 de Enero de 2012.






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Guanarteme, Toxo y el pacto social

In Actualidad, Laboral on 25 enero, 2012 at 0:01

René Behoteguy Chávez

Igual que Guanarteme, los burócratas Toxo y Mendez, antes que los intereses de los trabajadores y trabajadoras, velan por su propia posición de privilegio obtenida a cambio de un trabajo de años de desmovilización y desestructuración de la de la conciencia de de clase a lo largo y ancho del Estado.

Cuando Thenesor Semidán decidió pactar, bautizándose como Fernando Guanarteme y rindiendo la isla de Tamaran a la Corona de Castilla, probablemente no estaba conciente que con ese gran “pacto social”, estaba destinando a su pueblo y a su cultura al casi total exterminio. Es difícil saber a ciencia cierta que factores determinaron que el último guanarteme de Agaldar tomar tal decisión, pero puede que estuviera pensando más en proteger su posición de privilegio social antes que en el destino de su pueblo. Lo cierto es que finalmente los castellanos ante esta muestra de debilidad manifiesta, aprovecharon la oportunidad para arrasar sin miramientos con toda la estructura social, política y cultural de los antiguos canarios, incluyendo desde luego a los descendientes de la nobleza aborigen, con lo cual para lo único que sirvió el pacto es para facilitar la conquista no solamente de la isla, sino del resto del archipiélago canario.

Totalmente distinta fue la actitud tomada, entre otros por Doramas, quien combatió con fiereza y hasta las últimas consecuencias a los conquistadores. Muriendo a traición en la montaña de Arucas, pero manteniéndose vivo en la memoria del pueblo canario como símbolo de la lucha y de la resistencia contra el poder. Probablemente el origen plebeyo de este mítico guerrero haya influido en su predisposición a llevar la defensa de su pueblo y su cultura hasta las últimas consecuencias, finalmente él, a diferencia de Fernando Guanarteme, no tenía ninguna posición social que cuidar y utilizar para negociar con los conquistadores.

Desde entonces han pasado ya más de 528 años pero la lógica política de los poderosos sigue siendo prácticamente la misma. Esto puede verse claramente en el megapublicitado gran “pacto social” que los sindicatos del poder CCOO y UGT intentan firmar con la patronal y el gobierno del Estado español. Porque igual que en su momento Guanarteme, los burócratas Toxo y Mendez, antes que los intereses de los trabajadores y trabajadoras, están velando por su propia posición de privilegio que han obtenido del Estado a cambio de un trabajo de años de desmovilización y desestructuración sistemática de la conciencia de clase a lo largo y ancho del Estado. A nadie se le escapa que las continuas negociaciones, , siempre a la baja, han fortalecido económicamente a las élites de los sindicatos mayoritarios a la vez que gradualmente se despojaba de derechos y conquistas a la mayoría trabajadora.

No obstante, y lo que probablemente no saben estos señores, que gustan de fotografiarse grandilocuentemente en la Moncloa con los dueños del poder, en la misma forma servil en que Thenesor Semidán se bautizo con todo esplendor en las Cortes Generales de la ciudad de Calatayud, teniendo nada menos que a los reyes católicos por padrinos, es que igual ahora que entonces el proyecto del poder es desaparecer sin miramientos todo vestigio de organización de los trabajadores y trabajadoras que permita poner freno a la gran ofensiva del capital sobre los deshechos del “estado del bienestar”. Con lo cual las centrales sindicales desfiguradas y arrimadas al poder irreversiblemente, están firmando su acta de defunción, sea quien sea el que desde la Moncloa oficie de enterrador. Porque el pacto para los que gobiernan en Madrid, hoy como hace 527 años sigue siendo simplemente una herramienta más de dominación y exterminio que se alterna adecuadamente con el uso de la fuerza.

Ante este panorama, a los que no nos resignamos y queremos creer que aún es posible y sobretodo necesario resistir hasta las últimas consecuencias la barbarie de los que anteponen el dinero sobre la conciencia, nos queda aún y como único camino, el sendero de Doramas. Porque en tiempos oscuros como estos, solamente en la lucha y la resistencia puede alumbrarse un futuro distinto para las futuras generaciones, porque los que como él somos hijos del pueblo y no tenemos privilegios que negociar somos los llamados a resolver nuestros propios problemas contestando las agresiones en la calle y teniendo muy claro que al enemigo de clase no se le da ni aire para que respire.


(*) René Behoteguy Chávez es miembro de Intersindical Canaria







Los cambios políticos en Cuba

In Actualidad on 25 enero, 2012 at 0:00

Jesús Arboleya Cervera

Un criterio bastante extendido es que las actuales reformas económicas en Cuba, no implican cambios políticos relevantes. Así lo afirma el gobierno norteamericano para negar su trascendencia, pero el propio discurso oficial cubano alimenta esta percepción, ya que con tal de enfatizar que no constituyen una negación del rumbo socialista del proceso, evade resaltar su inevitable impacto en la esfera política.

Sin embargo, ni la historia, ni lo que está aconteciendo, confirman esta aseveración. Desde su origen, el modelo económico socialista cubano ha estado más condicionado por exigencias políticas, que por estrategias económicas ortodoxas. Es cierto que siempre existe la posibilidad de escoger entre varias alternativas y a veces se acierta o fracasa por culpa de la selección, pero estas opciones han estado particularmente constreñidas en el caso de Cuba.

El modelo estatista centralizado que ha regido, con más o menos rigor, la política económica cubana a lo largo de cincuenta años, estuvo condicionado por el bloqueo y otras formas de agresión de Estados Unidos; por la oposición al sistema de los principales propietarios del país y su vinculación con los grupos contrarrevolucionarios; por la emigración generalizada de gerentes y profesionales en los primeros años y por la posibilidad casi exclusiva de inserción económica que ofrecía el campo socialista, lo que inevitablemente llegó acompañada de sus propias condicionantes estructurales y políticas.

Hoy día se argumenta, muchas veces con razón, las consecuencias negativas que tuvo esta inserción para la economía cubana y se enfatiza la dependencia a estos mercados, sobre todo el soviético, así como el retraso del parque tecnológico adquirido. En realidad, se trató de una alternativa que ofrecía menores estándares de desarrollo que el mundo capitalista industrializado, la pregunta es si existían posibilidades mejores en las condiciones específicas cubanas, incluso si esa integración alguna vez ha sido realmente posible para los países pobres.

El modelo económico resultante de esta alianza constituyó, sobre todo, el fruto de una estrategia de supervivencia, lo que no niega la presencia de una pasión política que limitó la capacidad crítica e indujo al mito de la “irreversibilidad” del llamado socialismo real. A favor de los dirigentes cubanos, desde el Che hasta Fidel Castro, está el hecho de que, a pesar de esto, alertaron como pocos respecto a sus problemas y desviaciones.

No comparto el criterio del “fracaso absoluto” que muchos achacan a esta experiencia. Al margen de sus imperfecciones, hubo un crecimiento económico que superó los niveles de América Latina en su momento, generó un desarrollo humano relevante, así como mejoras en el nivel de vida e indicadores sociales que aún compiten con los mejores del mundo. Partiendo de sus premisas se creó un modelo de vida que sirvió de sustento al consenso social y, por tanto, a las formas de hacer política, algunas veces también imperfectas, pero asumidas como legítimas por la mayoría de la población.

El problema es que ese modelo de vida resultó insostenible al desaparecer el mundo que le servía de asidero. El desmoronamiento del campo socialista europeo aceleró el proceso de globalización y lo configuró a partir de las premisas del neoliberalismo. Hoy día prácticamente no existe otro mercado que ese e incluso experiencias integradoras de otro tipo, como el ALBA, no pueden evadir sus influencias. El dilema para Cuba se traduce en cómo funcionar bajo estas reglas en las condiciones leoninas que impone el bloqueo y salvar, además, las metas socialistas que constituyen su naturaleza.

Se impone la construcción de un nuevo consenso social, lo que implica cambios políticos considerables y también conflictos para ser aplicados. Hay que transformar una mentalidad, como ha dicho el propio Raúl Castro, la cual no necesariamente era equivocada antes, sino que dejó de tener sustento en la nueva realidad. La burocracia, siempre nociva, se resiste a los cambios y tiene la capacidad para actuar contra ellos. Vale decir que no me refiero a la necesaria función administrativa y de gobierno, sino a un sector parasitario que, muchas veces sin conciencia de ello, se alimenta de superfluos mecanismos de control, generando mediocridad, oportunismo y corrupción, por lo que su eliminación constituye una batalla política que transciende las medidas puramente económicas.

Más importante aún, las reformas económicas en curso implican una relación distinta de los ciudadanos con el Estado. Se calcula que, en poco tiempo, el Estado dejará de ser el empleador de más de la mitad de los trabajadores del país y en las empresas estatales se imponen mecanismos más participativos de administración, toda vez que los trabajadores corren el riesgo de la gestión y dependerán directamente de sus resultados. La descentralización económica, asignando mayor protagonismo a las estructuras locales, obliga también a una mayor participación y fiscalización ciudadana de los gobiernos a estas instancias, para solo mencionar las repercusiones más evidentes y abarcadoras.

¿En qué medida es posible conciliar estos cambios con el propósito de continuar con el proyecto socialista?

Para empezar habría que ponerse de acuerdo respecto al concepto mismo de socialismo y asumir que no puede ser concebido como antes, lo que implica una profunda transformación ideológica, con consecuencias políticas inevitables.

Una de las trampas que puso el dogmatismo al marxismo fue extender el criterio que el socialismo requería de un modelo único, estableciendo premisas inviolables para definir su naturaleza. Mientras que el capitalismo convivió siglos con el esclavismo y formas feudales de propiedad, algunas de ellas aún presentes en ciertos lugares, a partir de esta aproximación teórica, al socialismo se le negó el derecho a adecuarse a su realidad concreta y encaminar, desde base objetivas, la transformación de la sociedad.

Otra premisa marxista es que el socialismo está concebido para desarrollarse a escala mundial. Claro que existe la posibilidad, incluso la necesidad, del socialismo en un solo país y la historia lo ha confirmado, pero ello es el primer paso de un largo camino, como un recién nacido que tiene que aprender a vivir y desarrollar sus capacidades partiendo de su confrontación con la vida cotidiana.

Esa es la fase en que nos encontramos, el socialismo posible es aquel que asume al hombre y la mujer como sus prioridades y hace todo lo posible por satisfacer sus necesidades existenciales básicas; se plantea eliminar la explotación todo lo que sea posible; actúa contra la enajenación en todas sus formas y enaltece la dignidad y la solidaridad humana, todo lo cual condiciona los límites de la gestión capitalista en su propio seno y encamina al país hacia derroteros que no están determinados por la avaricia incontrolada. Mientras en Cuba no cambie esta doctrina habrá socialismo, a pesar de las transformaciones económicas y políticas que se impongan.

La verdad es que para triunfar en su propósito de “adecuarse”, Cuba está abocada a una “revolución dentro de la Revolución” y los cubanos que creemos posible avanzar en este camino, así como la izquierda en general, tenemos que aprender a defender nuestro “socialismo real”, sin el temor a la herejía de alejarnos de una utopía que los dogmáticos nos fabricaron demasiado utópica.

Está claro que estos no son los cambios que desea el gobierno norteamericano y por eso niega su existencia, pero ese es un problema de ellos.


[Fuente: Progreso Semanal]