Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Oportunismo y dogmatismo

In Opinión on 10 febrero, 2012 at 0:00

Miguel Alonso Pérez

ROMPIENDO MATRICES ANTICOMUNISTAS

La burguesía reaccionaria no ha cesado jamás en su empeño de socavar, el movimiento comunista con un trabajo de zapa por dentro. A este efecto cifra grandes esperanzas en la utilización, en provecho propio, de las discrepancias que pueden surgir en el seno de los Partidos y en la propagación de ideas oportunistas entre los miembros del Partido políticamente poco firmes.

Las filas de los Partidos se nutren constantemente, y no sólo de obreros avanzados, sino también con elementos poco maduros, entre los que hay quienes proceden de capas intermedias; y éstos quiéranlo o no, traen a los Partidos sus prejuicios y sus extravíos. Siempre existe la posibilidad objetiva de que en los Partidos Comunistas penetren influencias burguesas y pequeño-burguesas, concepciones oportunistas, que llevan al desfallecimiento y a la desconfianza en el triunfo de una nueva sociedad. De ahí que la lucha por la pureza de la ideología marxista-leninista sea una ley inconmovible en la existencia y desarrollo de los Partidos Comunistas.

La ideología burguesa va cambiando de matiz conforme a como la lucha de la clase obrera se amplía. Las formas groseras empleadas para justificar el capitalismo se ven sustituidas por procedimientos más sutiles de defensa. Pero la ideología burguesa no cambia por ello. De la misma manera, el oportunismo cualquiera que sea su ropaje con que se presente, siempre tiene el mismo propósito, declarado o encubierto: conciliar a la clase obrera con el capitalismo, acomodar al movimiento obrero a los intereses de las clases dominantes. A ello tienden los constantes intentos que los oportunistas hacen para revisas la doctrina revolucionaria de la clase obrera, que es el marxismo-leninismo.

El revisionismo o “revisión” del marxismo, indicaba Lenin, es ”una de las manifestaciones principales, si no la principal, de influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios”.

Los esfuerzos teóricos y prácticos de los revisionistas se subordinan siempre, en última instancia, al deseo de acabar con los Partidos Comunistas o de convertirlos en una organización reformista. En unas condiciones históricas, estos propósitos no se ocultan siquiera; en otras son presentados en forma enmascarada. Los revisionistas siempre han emprendido campañas contra los Partidos, afirmando que se trata de una organización que hay que “archivar”. Y en su lugar proponen crear una amplia organización sin Partido o sea crear sólo una “organización de trabajadores”.

Los ideólogos del revisionismo tratan de “revisar”, o más exactamente de deformar, todas las tesis fundamentales de la teoría marxista-leninista. Pero uno de los blancos favoritos de esos ideólogos ha sido siempre y es la doctrina Leninista sobre los Partidos.

El revisionismo trata de desacreditar la gran doctrina, del marxismo-leninismo. La declara ”caduca”, “pasada de moda” y que actualmente ha perdido su valor para el desarrollo social. Los revisionistas se esfuerzan por matar el espíritu revolucionario del marxismo y quebrantar la fe de la clase obrera y del pueblo trabajador por la construcción de una sociedad socialista, niegan el papel dirigente del Partido marxista-leninista. Se manifiestan contra la necesidad histórica de la Revolución Proletaria y de la dictadura del proletariado en el paso del capitalismo al socialismo, niegan los principios del internacionalismo proletario, piden la renuncia a los principios leninista fundamentales de organización de los Partidos, y ante todo el Centralismo democrático, exigen que el Partido Comunista se convierta de la organización revolucionaria combativa que es en algo semejante a un club de discusión.

Actualmente, no siempre, ni mucho menos, piden abiertamente los revisionistas la supresión de los Partidos. Con el pretexto de que se amplíe la democracia interna quieren acabar con la disciplina de los Partidos, concediendo a la minoría el derecho a no admitir las decisiones adoptadas por la mayoría y a organizar fracciones. Pero esto equivaldría a destruir la unidad de acción de los Partidos, convirtiéndolos en campo de lucha de grupos y fracciones. Los revisionistas se encubren de ordinario con la bandera de la lucha contra el dogmatismo doctrinario. Su renuncia al marxismo la disimulan con invocaciones de que la propia doctrina marxista pide que las tesis caducas sean sustituidas por otras nuevas. Más la sustitución de las tesis marxistas hoy día caducas por otras nuevas no tiene nada que ver con la supresión de los principios básicos del marxismo-leninismo, de lo que es el espíritu de esta doctrina revolucionaria.. El peligro del revisionismo está en que, so capa de desarrollar el marxismo, lo que hace es negarlo. Es lógico, que los Partidos Comunistas vean en la lucha contra el revisionismo en todos los terrenos, sin excluir el de la organización interna, una de sus obligaciones permanentes y esenciales.

Los Partidos Comunistas no deben luchar solamente contra el revisionismo; otro enemigo es el sectarismo. Aparentemente son los polos opuestos. Sin embargo, de hecho, el sectarismo, que se presenta como muy revolucionario e “izquierdista”, debilita también a los Partidos.

El sectarismo se basa en un criterio dogmático hacia determinadas tesis y fórmulas teóricas, en las que se quiere encontrar soluciones a toda clase de problemas de la vida política. En vez de estudiar la vida tal cual es, los dogmáticos parten de un esquema, y si los hechos no se acomodan a él, prescinden de los hechos. El dogmático significa el divorcio de la realidad, y el Partido, si no lo combate, se convierte en una secta apartada de la vida.

Los deseos de aferrarse al día de ayer, a una política y unas formas orgánicas que no responden a las nuevas condiciones, significan de hecho, como Lenin dijo, “una política de inacción revolucionaria”. La práctica de todos los Partidos Comunistas ha confirmado con multitud de ejemplos la razón que asistía a Lenin al decir esto.

Muchos de los Partidos Comunistas formados en los países capitalistas después de la Revolución de Octubre, en los primeros tiempos eran propensos a los errores de tipo sectario. Lenin calificó entonces estos de “izquierdismo”, enfermedad infantil del comunismo. Tales errores se traducían en la negativa a trabajar en los sindicatos dirigidos por reacionarios y oportunistas, a acudir a los Parlamentos burgueses, a aceptar en determinados casos el compromiso y en general, a adoptar una táctica flexible.

Pero hoy en nuestros tiempos, también hay que luchar contra el sectarismo. Lo principal en él es el divorcio que se establece con las masas, el desprecio de las posibilidades existentes para el trabajo revolucionario, la tendencia a rehuir los problemas candentes que la vida presenta. Si el revisionismo trata de conciliar a los Partidos con el capitalismo, el sectarismo le priva de los vínculos con las masas, sin los cuales el éxito en la lucha contra el capitalismo es imposible. Por ello no se puede robustecer a los Partidos sin combatir el sectarismo, cualquiera que sea la forma en que se manifieste.

Los Partidos Comunistas subrayaron la necesidad de superar enérgicamente el revisionismo y el dogmatismo en las filas de los Partidos marxistas-leninistas. A la vez que condenan el dogmatismo los Partidos estiman que, en las condiciones actuales, el principal peligro reside en el revisionismo, o lo que es lo mismo, el oportunismo de derecha, como manifestación de la ideología burguesa que paraliza la energía revolucionaria de la clase obrera y exige el mantenimiento o la restauración del capitalismo. Ahora bien, el dogmatismo y el sectarismo pueden ser también el peligro fundamental en determinadas etapas de desarrollo de uno u otro Partido. Pero cada Partido debe establecer cuál es el peligro fundamental para él en un momento dado.

En un principio los Partidos Comunistas eran débiles. En su mayoría se habían formado con elementos revolucionarios de organizaciones socialdemócratas y anarcosindicalistas, que llevaron consigo supervivencias de oportunismo y sectarismo. Era necesario llevar a cabo una urgente labor de cohesión y educación de los nuevos Partidos según las ideas revolucionarias del marxismo-leninismo y en la formación política e ideológica de sus cuadros dirigentes.

El movimiento comunista sigue un desarrollo complejo en las condiciones propias del capitalismo. Su historia conoce ascensos verticales y grandes éxitos, pero también reveses temporales, consecuencias negativas de condiciones objetivas desfavorables y de los errores cometidos. Estos defectos y errores, empero, son de carácter pasajero, mientras que el auge y fortalecimiento del movimiento obrero y comunista significa un proceso invencible, porque lo imponen las mismas leyes que rigen la sociedad.


[Fuente: Tribuna Popular]







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