Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La ‘democracia 4.0′ frente a la realidad

In Actualidad, Cultura on 5 noviembre, 2011 at 0:00

Iván Rivera


Esta semana se ha dado publicidad a una iniciativa provocadora: la llamada Democracia 4.0. En breve: se trata de que todo ciudadano tenga acceso, por voto directo, electrónico y remoto, a una cuota uniforme y proporcional de decisión que pueda, potencialmente, alterar el resultado de cualquier votación realizada en sede parlamentaria.

El punto de partida, el aumento de la capacidad del ciudadano para influir en política, es incuestionable. La idea, en su conjunto, está infestada de problemas que quienes compartimos inclinaciones tecnofílicas (dicho así parece una desviación sexual) tendemos a soslayar con tecnicismos y acentuados gestos manuales. Pero una crítica de esta idea y de otras que surgirán no solo es deseable, sino imprescindible. Precisamente porque la democracia no debe ser un juguete en manos de tecnócratas, aunque esos tecnócratas sean “de los míos”.

Reconozco que la primera impresión que tuve al visitar la web de Democracia 4.0 fue de pánico. ¿Voto electrónico “ya”? Me recordó al típico requisito de cliente con el que todos los que trabajamos en el sector de la informática nos hemos encontrado alguna vez —y también alguna vez a la semana. Algo fácil de decir, dificilísimo de hacer y con implicaciones profundas y poco exploradas para el conjunto del proyecto. Aquí el proyectoes nada menos que la expresión del poder ciudadano: es difícil tomarse a la ligera algo así, y sin embargo… La página de fundamentos legales de Democracia 4.0 es interesante, pero refuerza mi convicción de que la petición no surge de alguien con gran capacidad de análisis técnico. Las bases de derecho pueden ser incuestionables, pero aquí el diablo está en los detalles de implementación. ¿Cuáles? “Sin duda el voto electrónico tiene que ser más eficiente, más inclusivo y más barato que la alternativa, el referéndum constante”, pensarán, pensaréis, he pensado. Vamos a cuestionarlo someramente, suponiendo que estamos hablando de un voto electrónico muy particular, el voto electrónico remoto, que llamaré por sus siglas (VER). Su oponente será el voto tradicional (VT).

LA IDENTIFICACIÓN

En el VT, la identificación es clave a la hora de determinar si un votante potencial tiene derecho a votar, a la vez que se garantiza que no haysobrevoto (vota más de una vez). El sistema implica una lista censal que verifica la mesa electoral contra un documento de identidad portado por el votante. Las listas censales están disponibles con antelación suficiente para su inspección, y aunque no exentas de errores, han mejorado mucho gracias a las tecnologías de la información. La verificación de la identidad supone que el documento utilizado es de difícil falsificación y fácil comprobación manual. Este requisito se cumple en la práctica, y confiamos en nuestros DNI igual que en un billete de 50 euros.

El VER introduce un requisito nada trivial: poder asociar la plataforma técnica, sea cual sea, con su usuario. Es muy sencillo decir “vota desde tu teléfono”, “tu teléfono te identifica”. Pero tu teléfono no eres tú, por muy inteligente que sea. ¿Cómo garantizar que el teléfono vota en nombre de quien dice? El problema de la autenticación está muy estudiado y su complejidad se conoce bien, lo que no implica que se desprecie una y otra vez como “problema resuelto”. ¿Qué tasa de error de autenticación estamos dispuestos a admitir, considerando falsos negativos y positivos? Al menos la misma que la del VT, sería una respuesta racional. ¿Basta una autenticación de un factor, basada en contraseña? ¿Dos factores, con PIN y tarjeta de claves? ¿O tenemos que ir hasta el final con una autenticación de tres factores y verificación biométrica?

Dadas las tasas de fraude on-line lo más prudente sería explotar los tres pilares de la autenticación segura: “algo que sabes, algo que tienes, algo que eres”. Nada trivial de implementar, y con una operatividad peliaguda: los humanos no estamos hechos para recordar contraseñas aleatorias y cambiarlas cada cierto tiempo. Los elementos de identificación, sea un DNI o el propio teléfono, pueden robarse con facilidad. La verificación biométrica puede fallar y de hecho lo hace rutinariamente en instalaciones controladas: ¡cómo no lo hará en casa o en la calle, bajo condiciones mucho más azarosas!

LA PRESERVACIÓN DE LA INTENCIÓN DEL VOTO: EL DISEÑO DE LA INTERFAZ

El VT tiene una interfaz basada en objetos materiales de muy sencilla comprensión: papeleta, sobre, documento y urna. Un diseño incorrecto, sobre todo en lo que respecta a las papeletas, puede aumentar con facilidad el porcentaje de votos nulos o incluso alterar el resultado de una elección particularmente reñida. Sin embargo, se trata de un sistema de una complejidad manejable y suficientemente depurado que ofrece pocas sorpresas.

El VER introduce dos problemas respecto del VT: por un lado virtualiza el proceso y transforma por completo la cuestión del diseño de interacción del usuario con el acto de votar. Por otro, introduce una variabilidad enorme en las plataformas físicas que deben soportar los procesos de votación. El primer problema es equivalente al de diseñar una aplicación informática para el público más general posible —toda la ciudadanía, con su diversidad cultural (contacto previo con el “mundo digital”, diferencias de lenguaje), psicológica (capacidad de comprensión abstracta, capacidad de atención) y física (discapacidades de todo tipo). Estos límites requieren simplificar el sistema al máximo, lo que chocará con otros requisitos —la identificación segura, sin ir más lejos.

El segundo problema, por su parte, es rutinariamente ignorado por los proponentes de estas medidas. “Dad una blackberry a cada votante”. ¿Por qué una blackberry? ¿Eso no iría en contra del derecho de elección? “Una aplicación bajo Windows”. ¿Y si soy uno de esos applemaníacos, o algo peor? “Diseñemos, fabriquemos y distribuyamos una plataforma pública”. ¿Por dónde empezar? Propugnar la distribución universal de una plataforma física determinada con el objetivo explícito de favorecer la participación ciudadana es una medida de un coste astronómico y con consecuencias poco meditadas. Porque no importa que alguien hackee cada iPhone nuevo que sale en cinco minutos: a fin de cuentas solo afecta a un negocio privado. Pero nuestra “plataforma pública de voto” tiene que ser perfectamente invulnerable, en manos de cualquiera, para siempre —so pena de repetir la inversión cada pocos meses.

LA PRESERVACIÓN DE LA INTENCIÓN DEL VOTO: EL VOTO COACCIONADO

El VT, lamentablemente, puede ejercerse bajo coacción o en circunstancias similarmente dudosas. Autobuses de residencias de ancianos con el voto preparado “de casa”, familias en las que “se supervisa” el voto de cada miembro… Existen democracias en las que el voto ha de ser obligatoriamente secreto y las cabinas, esas desconocidas de los colegios electorales, cobran un merecido protagonismo. Algo así sería deseable aquí.

El VER, sin embargo, tiene consecuencias muy serias en sentido contrario. Al separar el acto de votar del hecho físico de acudir a un colegio electoral, la única posibilidad de garantizar el voto secreto desaparece. Obviar este problema es, en la práctica, retirar el derecho al voto libre a un porcentaje de la población que vive en condiciones de dependencia, física o económica. Los argumentos del tipo “estas cosas ya no pasan” no son válidos: el sistema democrático tiene que garantizar la participación de todos los ciudadanos en cualquier circunstancia en la que estos puedan hallarse, ahora o en el futuro. Si facilitamos inadvertidamente el voto coaccionado ¿quién nos asegura que no aumentará su incidencia?

LA ANOMIZACIÓN

El VT es un sistema muy interesante en el que, por su propio diseño, se hace muy difícil ligar el contenido del voto (que no el hecho en sí) con el votante. Esto debe ser todo lo cercano a imposible de lo que seamos capaces, y lo cierto es que hoy por hoy la libertad de voto a posteriori es un hecho —suponiendo que no hay coacción previa y que el contenido de los sobres no está controlado más que por el propio votante.

El VER introduce una serie adicional de complicaciones en este campo. Por el requisito de identificación, el sistema está obligado a verificar la identidad del votante más allá de cualquier duda razonable… para “olvidarla” un instante después, al registrar el voto. Los aspectos de seguridad lógica relacionados con este “olvido” son muy profundos, y pasan sin duda por el uso de sistemas de encriptación “suficientemente seguros” junto a métodos avanzados de aleatorización en el registro. Cualquier persona con los conocimientos básicos de algoritmos numéricos sabrá que la generación de números aleatorios no es trivial —de hecho, salvo que entren en juego fuentes físicas de aleatoriedad como muestras radiactivas y contadores Geiger, en ingeniería de la computación se habla siempre de “números pseudoaleatorios”, lo que da una idea vaga de la dificultad que esconde un concepto aparentemente sencillo.

Los requisitos de encriptación del voto y aleatorización del emisor son, además, contrapuestos en caso de que optemos por un sistema PKI. La dificultad matemática que supone factorizar grandes números primos los hace muy seguros, pero ¡también identifican unívocamente al emisor del mensaje! El voto tendría que ser desencriptado para ser contabilizado, pero el conocimiento de su origen tendría que ser suprimido en los propios servidores que realicen el escrutinio y no en el terminal. El votante tendrá que dejar de confiar en lo que ve —que su voto, dentro de un sobre que oculta su contenido, entra en una urna donde se mezcla con todos los demás haciendo casi imposible su trazabilidad— y pasar a confiar en una promesa hecha por el Estado y mantenida por el gobierno de turno. ¿Es suficiente? ¿Es aceptable?

Todo esto obvia el previsible problema de los ataques lógicos contra la anonimización del voto. El uso de técnicas de “canal lateral” permitiría correlar, con bastante seguridad, el contenido del voto con la identidad del votante con acceso a las fuentes de datos apropiadas y sin tener que desencriptar el voto. ¿Tenemos suficiente imaginación como para protegernos? Para centrar ideas, recordemos un ejemplo de ataque de revelación de secretos por canal lateral: en Facebook se puede “adivinar” la orientación sexual con un grado de certidumbre muy elevado tan sólo teniendo acceso a la red de contactos de un usuario. No es necesario que rellenéis el indiscreto formulario que nos ofrece la compañía de Zuckerberg: ya lo hacen otros.

LA VERIFICABILIDAD PÚBLICA

No hace falta acudir a expertos escasos para auditar un sistema de VT. El voto tradicional tiene la ventaja de ser fácilmente comprensible gracias a los artefactos físicos involucrados, y “recontar el voto” es un proceso rutinario que sólo requiere conocer las bases matemáticas más elementales —y bastante paciencia.

El VER no tiene esa ventaja. Saber si un sistema que implemente la votación electrónica remota es o no fiable y si está capacitado para reflejar la voluntad popular con suficiente precisión introduce varios requisitos adicionales. En primer lugar, todo su código fuente debe estar obligatoriamente disponible para su inspección por cualquier ciudadano —otra cuestión es qué ciudadanos estarán capacitados para realizar una comprobación así, lo que introduce interesantes condiciones sobre detalles tan aparentemente nimios como la documentación, la existencia de juegos de pruebas unitarias, el estilo de codificación, los lenguajes aceptables…

No nos detengamos aquí. ¿Cómo se garantiza que el código que estamos inspeccionando es, realmente, el que se ejecuta en cada plataforma capaz de VER? Es perentorio mantener una ligazón entre el código fuente y los objetos ejecutables: los sistemas empleados habitualmente utilizan algoritmos dehash: funciones matemáticas que pueden crear firmas únicas (en la práctica) para grandes secuencias de datos. Además, la verificación deberá ser externa a la propia plataforma: no es de recibo que sea el propio sistema el que “se autoverifique”.

LA VERIFICABILIDAD PRIVADA

Es excelente que el sistema sea auditable en su conjunto, pero es también crucial que cada uno de nosotros pueda asegurar que, hasta donde ha podido, el voto va a contar para algo. La credibilidad de la democracia depende de cada uno de nosotros, introduciendo papeletas en sobres y llevándolas hasta las urnas, donde tras un control ciudadano supervisado por representantes de las diferentes opciones en litigio, nuestro voto se introduce en una urna transparente y precintada. El VT es la base de una confianza que vamos a poner a prueba hasta su límite con el nuevo sistema.

El VER no permite, irónicamente, “ver” nada. El votante tiene que confiar en que, después de identificarse de un modo más o menos laborioso, ese botón que pulsa en la pantalla de su tablet (por centrarnos en una plataforma posible) se va a ver reflejado en una cuota de decisión. No necesito hacerme el elitista: ya hemos visto que la verificación de un sistema de votación electrónica remota necesitará de personal muy especializado, escaso y caro. El votante medio y casi todos sus compañeros quedan lejos de poder siquiera empezar a comprobar nada. Bastará un fraude, un fallo o un simple rumor para desmontar la base psicológica de la democracia: la creencia en que “sirve para algo”.

Existen sistemas que permiten plasmar el voto físicamente, mediante recibos que quedan en poder de los propios votantes. La existencia de estos recibos permite, supuestamente, paliar el problema de la falta de control ciudadano sobre el proceso de votación electrónica. Sin embargo, estos recibos vienen con su propio conjunto de problemas. Para empezar, contienen una información muy sensible: quién eres y qué has votado. Su sola existencia en formato digital introduce riesgos que muchas plataformas de voto electrónico presencial (en Estados Unidos, sobre todo) intentan soslayar emitiendo resguardos en papel con dos partes, una anónima para el posible recuento público y otra personal para comprobación del interesado. Naturalmente, destruyendo (¿sí?) la traza digital de la operación después.

Problema resuelto. ¿O no? Resulta que esos recibos están prohibidos por varios estados de los EE.UU. porque facilitan la compra-venta de votos y el voto coaccionado verificable. ¡Quién lo hubiera dicho!

LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES DE ACCESO

En el VT, el acceso a la votación está condicionado tan solo por requisitos legales de ciudadanía. Tradicionalmente han existido dificultades a la hora de garantizar el voto no asistido de discapacitados visuales, pero eso es algo que una inversión modesta puede corregir (todavía hoy es imposible solicitar el voto en estas condiciones para unas elecciones municipales).

El VER complica la accesibilidad hasta límites insospechados. Si confiamos en el parque instalado de dispositivos con conectividad a Internet estaremos asumiendo una variabilidad de interfaces propia de las peores pesadillas de un administrador de sistemas. Los costes del helpdesk asociado al voto remoto (y la necesidad de que éste sea totalmente aséptico y garantice la inviolabilidad de la opción de cada votante) generarían un negocio ciertamente jugoso para muchas empresas si asumimos el mantra neoliberal de “privatizar para ser eficiente”. ¿Qué hacer con los ciudadanos que no puedan o quieran disponer de una de esas plataformas, por motivos económicos o no? Se dice, con razón, que en la actualidad no valen lo mismo todos los votos —tiene más valor un voto rural que uno urbano debido a circunstancias históricas. Un futuro con sistemas de VER no corregiría esta situación; antes bien, introduciría tensiones diferentes. Unas plataformas funcionarán, inevitablemente, mejor que otras. Los que no dispongan de acceso a la red tendrán que esforzarse más para ejercer sus derechos que los que sí lo tengan. Las previsibles subvenciones para mejorar el acceso de los colectivos más desfavorecidos tendrán efectos poco equitativos. Inevitablemente, un conjunto de empresas privadas quedarían, por fiat administrativo, en posiciones dominantes en mercados distintos del de los dispositivos de voto. Sólo podríamos paliar esto distribuyendo entre la población máquinas estrictamente capaces de canalizar votos, y nada más: algo que, a día de hoy, no existe. Algo y con consecuencias ya esbozadas unos párrafos más arriba cuando hablaba del diseño de la interfaz de voto.

Más allá de circunstancias que afectaran a diferentes colectivos, nos encontraríamos con que para poder votar, parte de la población estaría pagando de forma directa a un proveedor de comunicaciones (por el transporte de datos) y otro de bienes de consumo (por el teléfono, el PC u otro aparato). Otra parte de los votantes tendría que ser subvencionada. Una infraestructura pública de comunicaciones sería un paso a dar en la dirección correcta para implantar un sistema de voto electrónico realmente popular —del pueblo, quiero decir, por contraposición a un oligopolio de tres o cuatro empresas en supuesta competencia. Sin embargo, todas las acciones del Estado, aquí y en casi cualquier otro lugar del mundo, van inevitablemente en sentido opuesto: privatización. ¿Imagináis una democracia en la que la existencia y gestión de colegios electorales dependiera de la iniciativa privada?

LA REPERCUSIÓN PSICOLÓGICA

Ya hemos hablado de la carga adicional de confianza que tendría que soportar el común de los votantes. Esta confianza debería ser compensada, necesariamente, con un aumento paralelo de la credibilidad de las instituciones: algo que no se observa de modo natural en nuestros tiempos. Pero también hay que considerar la previsible repercusión de una trivialización del voto sobre el comportamiento de los electores. Sin embargo, yo no soy la persona apropiada para realizar este análisis: lo dejo en el aire para que otros más duchos en psicología y sociología lo recojan a partir de aquí. ¿Qué sucederá? ¿Se convertirá el voto en una actividad guiada por élites de opinión ad hoc, típicas de Internet? Como dice mi amigo Paco Arnau (@ciudadfutura):

Es imaginarme una “democracia cibernética 4.0″ y veo a opinólogos profesionales de Menéame aprobando y rechazando leyes #sudoresFríos [aquí]

No quisiera aparecer ante vosotros, después de 3000 palabras de discurso, como un ludita furibundo incapaz de ver los beneficios que el progreso tecnológico nos ha traído y nos traerá. Precisamente yo no. Creo firmemente que la democracia tiene que ser perfeccionada, que la capacidad de decisión individual tiene que aumentar y que las tecnologías de la información y las comunicaciones tendrán mucho que decir en la implementación de este ideal de mejora. Pero no actuemos irreflexivamente: abogados e ingenieros tenemos todavía que recorrer juntos un camino muy largo, con más voluntad y menos voluntarismo, hasta alcanzar ese futuro mejor para todos que quiero creer que nos aguarda.


[Fuente: Bruknerite.net]






«Como un león de piedra en el arqueológico de Bagdad»: nuevo libro de Pedro Flores

In Actualidad, Cultura on 2 noviembre, 2011 at 0:01

Ya está en la calle un nuevo libro de nuestro colaborador Pedro Flores. Se trata de “Como un león de piedra en el arqueológico de Bagdad” (Ediciones Baile del Sol, 2011), un poemario de gran calado y hondura que denuncia la agresión imperialista contra el pueblo de Irak. Con una lírica de gran belleza, la otra cara de la invasión se nos muestra en contraposición con la sensibilidad del pueblo iraquí y la cultura árabe. A la vez, hace cantar en esta obra a los grandes maestros de la poesía mundial, cuya voz evoca.

Como muestra, reproducimos el poema titulado En la noche de Bagdad evocando a Neruda:

No puedo escribir ni los versos más tristes
esta noche:
No hay luz por los bombardeos
y los que tiritan, azules, a lo lejos,
no son astros, sino aviones.

Pedro Flores nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1968. Había publicado con anterioridad los libros de poesía Simple Condicional, Memorial del olvido, La vida en ello, Nunca prendimos París, El complejo ejercicio del delirio, El ocio fértil, La poética del fakir, Diario del hombre lobo, Al remoto país donde sonríes, Fieras sin música, Con la vida en los talones, Memorias del herrero de Nod, Al este del desdén, En los planes de nadie, Preparativos para la conquista de Brunei y La poesía debe ser como la bala que mató a Kennedy.

Ganador de numerosos premios y distinciones, ha publicado además los libros de relatos La verdad no importa, Capitanes de azúcar, El tesoro del mocán, El país de viento y Cabeza de rata, así como la obra teatral Los huesos del poeta.



Pedro Flores en Independencia y Socialismo





Galdós, una vez más

In Cultura, Efemérides on 31 octubre, 2011 at 1:49

DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

El próximo cuatro de enero se cumplirán los noventa y dos años de la muerte de nuestro genial escritor Benito Pérez Galdós. Según algunos comentarios que he podido captar no se le está haciendo la ofrenda floral que se le hacía anualmente. Cuando se quiere que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria sea candidata a ciudad europea de la cultura hay cuidar a uno de nuestros más importantes valores. Creo que siempre le deberemos algo más a nuestro Benito Pérez Galdós. Ello sin olvidar a los demás escritores, que son muchos y buenos, que no sólo don Benito enaltece nuestra literatura.

Normalmente al leer una obra percibimos lo que está en su piel más externa: la temática y su estética. Pero a veces no caemos en muchos detalles y estrategias que utiliza el autor para llamar la atención del lector. Esto es lo que nos trata de descubrir Mª del Prado, la autora en el interesante libro sobre el arte de narrar de nuestro Galdós que les voy a comentar.

En el primer apartado de la obra “La narrativa galdosiana y la crítica” destaca como muchos estudiosos de la época juzgan la obra por su ideología. Unos a favor y otros en contra según sus ideas conservadoras o liberales. Por supuesto que Galdós tiene su ideología bien clara que va madurando y precisándose con el paso del tiempo. Se alinea junto a los más débiles y en contra del caciquismo, de de las burguesías depredadoras, de las monarquías trasnochadas, de las ortodoxias religiosas…

Precisamente por estas ideas suyas estuvo a punto de no entrar en la Academia Española  de la Lengua. Su compromiso con la libertad y el resto de las razones enumeradas y sumando a ello ciertos rencores, celos personales y muy posiblemente el origen de nuestro D. Benito, constituyó un obstáculo para que se le nombrara candidato por parte de las fuerzas reaccionarias literarias y no literarias españolas, lo cual le impidió que  pudiera optar al Premio Nobel.

Galdós trata con su literatura de hacer pedagogía, trasmitir ideología. Al principio lo hace a través de la técnica de la tendencia tratando de demostrar una tesis o idea previa. A partir de 1881, influido por la corriente Naturalista que representa Zola, va dando un giro a su estrategia literaria. Se trataba de reproducir la realidad con una objetividad perfeccionista. Ahí nació su obra realista de la cual no fue un fiel seguidor, pero que sí le sirvió en parte para el objetivo pedagógico que  pretendía.

Independiente de sus ideas D. Benito utiliza efectos lúdicos en su lenguaje. Se complace usando diversos juegos literarios para hacer amena su obra. Utiliza una serie de personajes recurrentes a lo largo de sus distintas obras con la finalidad de crear un mundo literario amplio y creíble.

En cuanto a “la presentación de la materia novelesca” utiliza variados e ingeniosos recursos. Así lo hace en primera persona: ya sea como un simple observador, el protagonista, de un periodista que es testigo de los hechos acaecidos. Otras veces a través de novelas dialogadas. Algunas, con un narrador externo al relato, pero que a veces se entromete en la historia contada. Disfruta al jugar con el lenguaje, para sorprender e involucrar al lector. Así que les animo leer el libro de María del Prado.

A nuestro D. Benito lo podemos considerar como un componente de nuestra Literatura Canaria. Su nacimiento y los primeros dieciocho años que vivió en nuestra isla le hacen acreedor a ello. La infancia y adolescencia son básicas en la vida de cualquier persona y como consecuencia lo es también en su literatura. También, por supuesto, ha de incluírsele en la Literatura Española por motivos obvios ya que en España desarrolló su obra literaria. Aún después de su muerte la obra Galdós ha trascendido, por méritos propios, a lo que podríamos llamar Literatura Universal.

Con unos versos quiero dejarles con nuestra mar y nuestra gente: “Marmadre dando a luz / desde tus entrañasútero / a nuestras telúricas islas. / Reflejando en tus espejos / a nuestros héroes mitos: Doramas, Bentejuí, Bencomo, / Tanausú, Guadarfía, Ayoze,  / Hautacuperche, Armiche…

Marliteratos donde navegan / las obras de nuestros escritores: / Cairasco, Viana, Tomás Morales, / Galdós, García Cabrera, Millares…


http://doramas1924.blospot.com






De la indignación a la acción

In Actualidad, Cultura, Opinión on 20 octubre, 2011 at 0:02

DESDE LO ALTO DEL PALMERAL


Félix M. Arencibia

El pasado fin de semanas miles, que digo miles, millones de personas  se han manifestado a lo largo de nuestro planeta. Según algunos ha resultado ser la mayor manifestación de la historia de la humanidad. Razones no han faltado para ello: el paro, el hambre, la miseria, la explotación, el desahucio, la falta de democracia, el poder dictatorial del dinero… Este movimiento de los indignados o cualquier nombre que se le ha dado en distintos lugares ha reaccionado ante esta “crisis” que afecta a la mayoría de la población y que a su vez se le hace pagar lo que provocaron unas minorías todopoderosas. Esta minorías encontraron en los políticos sus cómplices o sus vasallos que ejecutaron políticas de recortes que agudizan el problema. Los medios de comunicación al servicio de los poderes económicos nos repiten una y otra vez que no existen más políticas que las de recortes a las mayorías y que a los ricos no se les puede aumentar los escasos impuestos que pagan porque se pueden enfadar y llevarse el dinero a otra parte o a un paraíso fiscal.

Lo que no se dice es cómo se salió de la Gran Depresión del primer tercio del Siglo XX y que no fue de otra manera que subiéndole los impuestos a los ricos llegando al 90%, no como ahora  en el estado español que no llega la mayoría de las veces al 10% real. Como les iba diciendo con ese 90% se realizó inversión pública que fue moviendo al resto de la economía. Pero no, no hay otra salida que los recortes a los trabajadores, como nos insisten los políticos y los tertulianos en los medios de comunicación comprados por las élites. Casi hasta los años ochenta pagaban los empresarios alrededor del 70%, a partir de aquí se impusieron las tesis neoliberales en las que trabajadores se hicieron cargo de la mayor parte de los impuestos. De aquí para acá todo ha ido a peor, no se ha salido de una crisis para caer en la otra y quienes las han ido pagando han sido los que menos tienen.

El movimiento de los indignados, del 15-M, democracia real ya y otros a lo largo de nuestro mundo han ido creando conciencia y han dicho en alto lo que muchos sabíamos. Sobre la situación en la que estábamos, las injusticias, los privilegios de muchos políticos, de los banqueros y de otros grandes multinacionales. Insistieron que la democracia que teníamos no era verdadera, era un simple cheque en blanco para cuatro años, donde la dictadura del dinero se hacía dueña de nuestras vidas.  Han difundido a través de las redes información lo que cobran muchos políticos diferentes partidos, sus pensionas vitalicias, sus dobles y triples sueldos…

El ex presidente español Aznar ha definido a los indignados como algo así que “un grupo marginal de radicales de extrema izquierda  antisistema”. Bueno, en concreto, como si tuvieran cuernos y rabos diabólicos, le faltó llamarlos terroristas, que eso mola mucho entre los voceros de los medios. Creo que la postura de estos grupos es más honesta que servir a grandes empresas por el hecho de haber sido presidentes, cobrar varios sueldos, pensiones de por vida, declarar  guerras donde se masacra a personas indefensas, entre las que se encuentran los niños, para defender los intereses de esas multinacionales a las que ahora apoyan cobrando bien sus servicios. Algo parecido podríamos decir del otro ex presidente, González, que sirve también a macroempresas ganando buenas sumas y pensiones vitalicias. No dan, es evidente, un buen ejemplo de lo que debe ser un ex político que se ha comprometido con el bien común de los ciudadanos y que utilizan la parte ancha del fonil para ellos y la estrecha para los demás humanos de a pie.

Creo que hay que seguir realizando acciones de concienciación en favor de la justicia social, de la democracia real y participativa. Entre más concretas mejor, como no votar o hacerlo nulo a las elecciones del senado, del Parlamento Europeo u otras instituciones que no sirvan a los intereses de las clases trabajadoras. Por otro lado hacerle recordar a los banqueros que no son los dueños absolutos de nuestras vidas, uniéndonos para causarles problemas con nuestro dinero. Además ahora que tenemos unas elecciones en puerta, sería conveniente no caer en el bipartidismo, que sería de pasar de Guatemala a Guatepeor. Puede ser positivo votar a otros partidos progresistas y de izquierda que se unan o no votar si se cree que el sistema político está tan podrido y no tiene solución, pues va a seguir generando la misma dictadura del dinero.

Bueno, amigos-as, les dejo con estos versos: “Nuestro amor no es estéril / sino que pare compasión / y denuncia la ambición codiciosa / con su poder implacable / retorciéndose como serpiente / sobre el frágil cuello / de los desamparados / del planeta”.

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Las cosas de ser canarios: Yahel

In Actualidad, Cultura, Opinión on 13 octubre, 2011 at 0:01

Manuel Trujillo Artiles
[Pollo de la Barranquera 1º]


Leyendo un artículo de Juan García Luján del periódico digital Canarias Ahora de fecha 04-10-11 titulado “Los canarios no sabéis hablar”, luego el periódico digital Independencia y Socialismo de fecha 07-10-11, me viene un recuerdo que me parece a mí, claro, interesante por la forma de cómo se nos trata allende de los mares (la España monárquica-fascista), aunque  lo que tratamos sucedió durante el fascismo que tanto monta, monta tanto. Es decir,  en “cristiano criollo  canarion”, es igual al día de hoy, salvo el cambio de chaqueta de los que nos gobernaban antes y nos gobiernan hoy. Que son los mismos pero traicionando a Franco. Ellos no creían en la democracia y hoy la prostituyen robando al pueblo llenándose el bolsillo de las arcas del Estado.

El caso es el siguiente:

Por el año 1961 asistí al campeonato nacional de boxeo representando a nuestra provincia de Las Palmas en la categoría de los pesos máximos. Su celebración en Málaga. A la entrada del estadio de futbol “La Rosaleda” hay, o había, una estación eléctrica (torreón) custodiado por  unos vecinos. Estos tenían una hija jorobadita. Con esta hice buena amistad y todas las tardes cuando terminaba los entrenamientos me sentaba hablar con ellos.

Estábamos albergados (la selección de boxeo) por el mismo lugar. A ella como a sus padres le gustaba la forma de hablar los canarios. Nos decía que nos parecíamos a los mexicanos. Es más, se reían por nuestra fonética. Muchas eran las palabras que se nos hacia repetir. Por ejemplo “guaguas”, “mi niño”, “mi niña”, “chacho”, “chacha”, “oíste cristiano” “vete p´al carajo”, “Etá bobo muchacho” etc., etc. Es más nos confundía con sudamericanos (para los fascistas sudaca), para mi particularmente era un honor.

Nos preguntaban cómo eran Las Islas Canarias, como éramos las gentas de por aquí, casi nos preguntaba  si todavía teníamos tapa rabo. Ella, la “jorobadita” era muy simpática y muy cariñosa. No así su padre. Este un día a una pregunta sobre un gran ventilador que había, no recuerdo porque estaba allí, me contestó de la siguiente manera:

.-Ese ventilador es para traer los rayos solares y convertirlos en corriente y luego lo almacenamos en grandes depósitos de donde se extrae para servirle al pueblo.

Téngase en cuenta que estamos hablando de los años 60. Él se queda mirando para los demás como queriendo decir “de dónde viene este, todavía los perros se amarran con longaniza”.

Ni corto ni perezoso le contesto:

– Nosotros en Canarias tenemos una maquina que usted mete un tronco de árbol por un lado y por el otro le sale una puerta, una ventana o bastidor. Si no ha quedado contento con la puerta, la ventana o el bastidor vuelve a meter la puerta, etc., y le sale el tronco del árbol enterito.

Se me queda mirando como quien dice: este se cree que soy bobo.

Ante su silencio redundo en otro caso:

-Tenemos también otra máquina que usted mete un cochino (cerdo en español) por un lado y según usted quiera le puede salir: chorizos, jamón, una pata asada (cocida en español) o cualquier cosa y si usted no está de acuerdo con lo que ha salido vuelve a meter todo y por el otro lado le sale el cochino (cerdo en España) enterito y caminando.

El hombre no salía de su asombro. Le digo:

– Si usted rectifica no le quepa la menor duda que su servidor hará lo mismo.

Su risa lo dice todo. Nos saludamos y le comento:

– Nosotros aún siendo una colonia nos hemos esforzado en superarnos a pesar del peso de la metrópoli.

Además de los lacayos al servicio del imperio llamados “nacionalistas” de poca monta para continuar engañando al pueblo canario -ahí los tienen rindiendo pleitesía a esa monarquía venida del fascismo- nos sentimos muy orgullosos de que nos confundan con todo el continente americano, Río Bravo abajo, hasta la Patagonia. Y nos duele y nos ofende cuando se nos dice que somos españoles. No nos interprete mal. No somos racistas. Racista son los que nos quieren confundir y nos prohíbe saber nuestra historia y por ende nuestro pasado aborigen. Nos guste o no, es nuestra historia. Y la mía, más que gustarme, me enloquece.

Cuando le decíamos que nosotros pertenecemos al Continente africano casi le era un insulto para ellos ¿¡¡¡africanos!!!!? Le contestaba yo: ¡¡¡Sí, africanos por nacimiento pero con mucha honra!!! Pero  españoles y europeos por obligación.

Cuando los españoles nos conquistaron y mataron a nuestros aborígenes cuando también los esclavizaron y los utilizaban como trofeos o como diversión tipo clon. No es de extrañar que hoy en día se nos continúe equiparando como tales. Ya se han en encargado todos los que han venido de afuera, y los de dentro, de que nuestra cultura no exista ni en los colegios. Se nos enseñan donde nace el río de Guadalquivir pero no se nos dice la matanza de los  españoles contra nuestros antepasados.

¡¡¡LIBERTAD PARA LOS CINCO HEROES CUBANOS PRESOS EN LAS CÁRCELES DE LOS ESTADOS UNIDOS POR LUCHAR CONTRA EL TERRORISMO!!!

Saludos Republicanos

La Habana, 08-10-11






“Hora punta del hombre”

In Cultura on 4 octubre, 2011 at 0:02

DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

Hora punta del hombre es una pequeña joya de nuestra Literatura Canaria. En ella Pedro García Cabrera nos muestra en unas pinceladas su gran humanismo, arropado en un preciosista lenguaje surrealista. Sus imágenes poéticas vuelan como mariposas que se convierten en gigantescos monstruos alados sobre nuestras conciencias. Domingo Pérez Minik dice de su imagen primera y única con que alcanza la realidad: “Esta imagen en Pedro García Cabrera, es fina, prístina, vital y al mismo tiempo muy elaborada, no sabiendo a veces si ella ha sido el pico del capirote, su canto, o el residuo de sus correrías por el bosque”.

Este libro fue publicado en 1969 por Domingo Velázquez en la colección La Quincena al cuidado de Lázaro Santana. Por lo tanto vio la luz pública en el franquismo. Nos imaginamos los problemas que tuvo que sortear. Más aún por la trayectoria vital de Pedro García Cabrera. Estuvo en un campo de concentración durante la guerra civil española y posteriormente fue enjaulado en las cárceles de la intolerancia franquista por la defensa de la rosa de la libertad.

Su libro está desgajado en dos apartados titulados: LOS ROBOTS DAN LA CARA Y PRIMER PLAN DE SOLEDADES. En el primero remonta el vuelo con Noche de muerte del cual arrancamos este fulminante verso: “Amar la libertad es peligro de muerte”. Luego viene Noche de tristeza con esta dura pero hermosa estrofa: “Renúnciala, / conviértela en paloma/ sin azotea en que posarse, / mátala incluso/ antes de que haga nido en tu alegría”. La ironía ácida se posa sobre esta estrofa de Noche de demagogia: “Eres libre. / Léelo en los periódicos, / apréndelo en la tele, / escúchalo en la radio”. Ya entonces nos advierte de la locura sin meta donde descansar nuestra cabeza de la carrera por el consumismo en Noches de ánimas: “Trabajamos más horas/ solamente/ para pagar a plazos/ el ataúd de la esperanza”.

En la segunda parte PRIMER PLAN DE SOLEDADES echa a volar las palomas a cuyo lomo va la respuesta del campesino, el pescador, el estudiante, de los otros y del poeta. En respuesta del campesino termina con estas geniales imágenes cosechadas en lo más recóndito del subconsciente: “Tan sólo vio en el viento las cosechas/ de culos blancos de los abejones”.  En Respuesta del estudiante se muestra beligerante: “Hasta que nos oiga/ seguiremos sentados/ a las puertas del hombre/ que pone en pie el mañana”. Y termina en “Respuesta del poeta” con esta llamarada de versos encendidos: “En medio de las llamas/ con espinas de los hombres, / vinieron a la vida y a la muerte/ el rosal y el poeta”.

Nuestro Pedro García Cabrera nace en Vallehermoso en el año 1905 entrega su vida a nuestra tierra en el 1981.  Otras obras suyas son Líquenes, Transparencias fugadas, Día de alondras, La esperanza me mantiene, Vuelta a la isla, Entre cuatro paredes, Elegías muertas de hambre, Ojos que no ven. Fue fundador de las revistas “Cartones” y “Gaceta de arte”.


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