Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Socialismo y mercado: un libro para pensar

In Actualidad, Cultura, Economía on 4 agosto, 2011 at 0:00

Rolando López del Amo


Se habla  en nuestros días acerca de la necesidad de un socialismo del siglo XXI. Dichas así las cosas parecería que se trata de un nuevo modelo de socialismo distinto del fracasado modelo europeo del siglo XX y distinto también de otras experiencias socialistas que, nacidas en el siglo pasado, perduran en el siglo presente.

En mi opinión, más que hablar del socialismo del siglo XXI, debería hablarse del socialismo en el siglo XXI, teniendo en cuenta de que no habría -como no hay- un modelo único, sino formas diversas en correspondencia con las condiciones específicas de cada lugar, al igual que el capitalismo adoptó formas políticas diferentes de acuerdo con las tradiciones y condiciones peculiares de cada país (régimen presidencial, parlamentario, monarquía parlamentaria, etc.). Lo que sí caracteriza a todos los regímenes capitalistas es la propiedad privada sobre los medios de producción y el predominio político de la clase burguesa.

Cuando hablamos del socialismo de nuestro tiempo, independientemente de su forma, debe haber algo que lo caracterice como tal: el poder político de los trabajadores, el predominio de la propiedad social sobre los principales medios de producción. Hablamos del socialismo basado en la gran producción agrícola e industrial creada por el capitalismo. No se trata, pues, de un regreso a la comunidad primitiva, a una vida primaria, elemental, de simple sobrevivencia. No se trata tampoco de la renuncia a la evolución y al desarrollo permanente de la sociedad, encaminándola a una organización de falansterio, de convento, para una vida monacal “paradisíaca” a cambio de renunciar al fruto del árbol del conocimiento o seguir los consejos del predicador del Eclesiastés.

Creo que el socialismo del que hablamos es del que proviene del desarrollo de la sociedad, el que se hace posible por el inusitado desarrollo de las fuerzas productivas que produjo el capitalismo y por la clase que trabajando asociada fue capaz de crear una abundancia de bienes materiales capaces de cubrir las necesidades de todos los habitantes de nuestro planeta.

Carlos Marx y Federico Engels hicieron el estudio más profundo del modo de producción burgués hasta el tiempo en que vivieron y mostraron las contradicciones propias de ese régimen y la necesidad histórica de su desaparición y sustitución por el socialismo. Pero las ideas de ambos sobre el socialismo y sobre el objetivo posterior de llegar a una sociedad comunista moderna, no podían ser muy precisas dado que faltaba la experiencia práctica de esa sociedad. Hasta podría aceptarse que en su visión del futuro, además de su basamento científico, hubiera una cierta dosis de utopía. Pero estos pensadores plantearon que la práctica era la que debía proporcionar el criterio de la verdad. La teoría científica necesita de la práctica, de la experimentación, para ir comprobándola, ajustándola y modificándola. Y no debe olvidarse  que la realidad es algo en permanente movimiento, en desarrollo, y no hay un fin de la historia.

Las ideas de Marx y Engels dejan siempre abierta la vía al desarrollo, al futuro; no son un dogma invariable.

El socialismo en el siglo XXI tiene a su disposición, para su estudio y análisis, una experiencia de gobierno, desde la Revolución de Octubre de 1917, universal, internacional, con sus éxitos y fracasos, con sus peculiaridades nacionales diversas. Y tiene, además, países que aún continúan, desde el gobierno, su experiencia socialista  iniciada el pasado siglo y otros que tratan ahora de iniciar la suya. El debate sobre ellas debe aportar, sin dudas, valiosas experiencias necesarias para todos

La editorial Ciencias Sociales  ha publicado un libro de mucho interés y actualidad para los lectores cubanos. Se trata de “Mercado y socialismo”, escrito por el Doctor en Ciencias Económicas, Fidel Vascos. Su experiencia como periodista y profesor universitario lo han preparado para exponer de manera clara y sencilla la materia de la que trata, a la manera en que nuestro José Martín reclamaba que se divulgara el conocimiento científico. Es alentador constatar que Cuba cuenta con profesionales calificados para el abordaje de temas que en los años iniciales de la revolución era difícil encontrar, con algunas excepciones.

El libro de Vascos, quien fue fundador del Comité Estatal de Estadísticas y su Ministro Presidente durante dieciocho años, recorre el pensamiento económico socialista, desde Carlos Marx y Federico Engels, hasta las experiencias de los Partidos Comunistas de la Unión Soviética, China y Cuba en la construcción del socialismo.

El Presidente Raúl Castro afirmó, con toda razón, que la tarea más importante de nuestro país hoy es la economía. Sobre este tema ha venido desarrollándose un interesante y fructífero debate público en la sección semanal de las cartas de los lectores que pública el periódico Granma sobre la economía cubana hoy, sus problemas y posibles soluciones. Hay criterios parecidos y criterios encontrados, todos emitidos con la preocupación y el propósito de fortalecer las conquistas del socialismo.

¿Quién puede poner en duda el éxito enorme de la revolución socialista cubana en mantener la independencia y soberanía de nuestro país y abrir un camino de justicia social para todos los cubanos, especialmente para los más discriminados, como la mujer, los negros y mestizos o los campesinos? El acceso universal gratuito a los servicios de educación y salud pública constituyen otro mérito innegable.

Algo que reconoce el mundo entero, amigos y enemigos, es el espíritu de solidaridad con otros pueblos, donde se escribieron páginas asombrosas por nuestros combatientes internacionalistas, cuyo sacrificio permitió apoyar la conquista y preservación de la independencia de otras naciones y contribuir a la liquidación del oprobioso régimen del apartheid. Hoy, es nuestro personal que trabaja en las áreas de la salud, la educación, la cultura, el deporte y otras ramas, el que continúa esa tradición internacionalista, aportando su esfuerzo a la lucha por alcanzar un mundo mejor, el mundo con todos y para el bien de todos que anhelaba José Martí.

Al reflexionar sobre los primeros cincuenta años transcurridos desde el triunfo revolucionario cubano del primero de enero de 1959, junto a la legítima satisfacción y alegría por los éxitos alcanzados con mucho sacrificio, enfrentando y derrotando la política agresiva de la mayor potencia económica y militar contemporánea, debemos también, porque es nuestro deber de revolucionarios, hurgar en nuestras deficiencias y errores, lo que, de no hacerse, podría convertirse en una amenaza para la existencia de la revolución misma. Y la mejor manera de enfrentar los errores, después de detectarlos, es sacarlos a la luz para que todos los vean y puedan enfrentarse a ellos y rectificarlos.

En nuestro trabajo de rectificación de errores no deberemos olvidar nunca ciertos elementos fundamentales para la existencia, no ya de nuestro régimen socialista, sino de la nación cubana misma. Y sabiendo, al mismo tiempo, que el enemigo conoce muy bien dónde están nuestras deficiencias y apuesta por ellas en su intento por destruirnos. Ocultar los errores solamente favorece a los enemigos de la revolución.

Los círculos gobernantes de los EEUU dejaron saber en fecha tan temprana como 1805, por boca del entonces Presidente de ese país, Thomas Jefferson, su interés en poseer la isla de Cuba*, colonia española por aquellos años. Dos años antes habían comprado  la Luisiana a Napoleón Bonaparte, duplicando así el territorio de las trece colonias inglesas que dieron origen a los Estados Unidos de Norteamérica, y se preparaban a tomar de España las Floridas.

En 1807  el propio Jefferson insistía en la adquisición de Cuba y también del Canadá, logrando lo cual tendrían “un imperio para la libertad como jamás se ha visto otro desde la creación”.  “Persuadido estoy -escribía- de que nunca ha existido una Constitución tan bien calculada como la nuestra para un imperio en crecimiento”.

Tres años más tarde, en 1810, era el Presidente Madison el que planteaba que “la posición de Cuba da a los EEUU un interés tan profundo en el destino de la isla…que no podrían ser espectadores de su caída bajo el poder de cualquier gobierno europeo”.

Pero la explicación más detallada la ofreció John Quincy Adams  en 1823 cuando era Secretario de Estado. En carta al Ministro de los EEUU en España, escribía refiriéndose a Cuba y Puerto Rico que ambas islas eran apéndices naturales del continente norteamericano. A Cuba la consideraba de importancia trascendental para los intereses políticos y comerciales de la Unión. Por la posición geográfica, las condiciones del puerto de La Habana y el tipo de producciones agrícolas cubanas favorable al comercio bilateral, le daban a Cuba tal importancia para los EEUU que “no hay ningún otro territorio extranjero que pueda comparársele”. Y añadía: “Las relaciones de los Estados Unidos con Cuba soncasi idénticas  a las que mantienen los diversos Estados de la Unión unos con otros”. Adams, que consideraba a los cubanos incapaces de gobernarse por si mismos, tenia la certeza de que llegaría el momento en que España ya no podría mantener su dominio sobre Cuba y la Isla, por ley de gravedad, caería en manos de los EEUU. Así surgió la política de la “fruta madura” según la cual Cuba seguiría siendo española hasta el momento en fuera norteamericana. En su carta, Adams consideraba que en cincuenta años “la anexión de Cuba a la República norteamericana será indispensable para la existencia y la integridad de la Unión”.

Estas palabras reflejan con toda claridad el pensamiento que ha guiado la política exterior de los EEUU hacia Cuba desde hace dos siglos. Ello explica la intervención militar, con la excusa de ayudar a los patriotas cubanos, en la etapa final de nuestra última guerra por la independencia de España en 1898; la exclusión de los representantes cubanos en la rendición de las fuerzas españolas y en la firma del tratado de paz en Paris. Explica que para que naciera la República de Cuba, tras cuatro años de gobierno interventor militar yanqui, tuviera que aceptarse incluir un apéndice a la Constitución redactada en 1901, que estipulaba el derecho de los EEUU a intervenir en Cuba cuando lo consideraran conveniente, aprobaba todas las acciones y decisiones del gobierno interventor, concedía terrenos para bases militares para la marina de los EEUU, impedía acuerdos del gobierno de Cuba con otros gobiernos  y dejaba pendiente la discusión acerca de la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos. Por todas esas razones es que resulta correcto afirmar que la República  nacida el 20 de Mayo de 1902 fue una república neocolonial, con su independencia, soberanía e integridad territorial mutiladas.

El sueño independentista no se hizo realidad hasta el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959. La revolución cubana de nuestros días, con sus dos grandes estandartes de independencia nacional y justicia social, es la culminación de la lucha de todos los patriotas cubanos, desde los precursores del primer cuarto del siglo XIX, hasta los de la Guerra de los Diez Años, la Guerra Chiquita, la Guerra del 95 organizada por el Partido Revolucionario Cubano fundado y dirigido por José Marti y todos los combatientes de las luchas revolucionarias en la República Neocolonial.

Nuestros enemigos han ensayado contra nuestra revolución, desde la invasión militar y la amenaza de ataque nuclear, hasta el bloqueo económico, financiero y comercial más largo de la historia con el fin de destruirla y restablecer su dominación neocolonial. Todo se ha estrellado contra la resistencia del pueblo cubano, contra su unidad en torno a sus dirigentes basada en el patriotismo y en los ideales del socialismo, lucha desigual que ha conquistado una amplia solidaridad internacional.

Sin embargo, esa obra histórica descomunal, esa revolución más grande que nosotros mismos, necesita también, además de heroísmo, lograr la victoria en el terreno gris de la economía, en eso que es el trabajo de cada día. Sin una economía eficiente, efectiva, viable, nuestra obra podría verse amenazada por nosotros mismos. El bloqueo, ciertamente, nos ha causado, y nos causa, daños enormes, pero esto no puede servirnos de excusa para encubrir nuestras deficiencias y errores. La economía es hoy nuestra tarea fundamental y es nuestro talón de Aquiles. Y aquí, después de esta digresión, regreso al libro que mencionaba al principio.

En su lectura, recordamos que tanto Marx como Engels podían tener una visión crítica científica sobre el capitalismo, su historia, su esencia y tendencias, y su inviabilidad futura, como lo atestigua la crisis global del sistema que ocurre en nuestros días. En cambio, sus ideas sobre el socialismo y el comunismo eran sólo una hipótesis, como ya dijimos. Ideas utópicas comunistas existían desde la antigüedad -como recuerda Vascos- en la obra de nobles pensadores, pero no había experiencia práctica más que la fugacísima Comuna de París. No fue hasta el siglo siguiente que a Lenin le correspondió dirigir la primera revolución socialista triunfante en el país más vasto de la tierra, enorme conglomerado multinacional, en condiciones dificilísimas, después de tres años de guerra seguidos por la invasión de Rusia por los ejércitos de más de veinte naciones. En ese terrible periodo, el joven poder revolucionario tuvo que implantar lo que Lenin llamó “el comunismo de guerra” en la economía del país para garantizar la prioridad de la defensa sin ayuda de nadie y con la enemistad del capitalismo internacional. Pero una vez lograda la victoria militar sobre el enemigo, Lenin se dio cuenta que era imprescindible una Nueva Política Económica para restaurar el país arruinado y exhausto. Esta política partía de la necesidad de utilizar todos los mecanismos de la producción mercantil bajo la Dirección del Partido Comunista y el control del Estado revolucionario. Esta política iba encaminada a permitir un capitalismo de Estado que aprovechara la inversión extranjera, el capital nacional, la pequeña propiedad privada, el trabajo por cuenta propia y las cooperativas, además de las empresas socialistas, siempre bajo el poder político de la clase obrera representada por su Partido Comunista.

Por supuesto que el debate entre los comunistas entonces fue intenso y Lenin tuvo que explicar y persuadir y convencer. Así, planteaba que era posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado. Y más adelante afirmaba que el capitalismo privado como auxiliar del socialismo no era ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible. Para Lenin, todas las formas económicas de transición eran admisibles, y era preciso saber emplearlas  para reanimar la economía de un país agotado y arruinado, y elevar el nivel de la industria. Y precisaba que la nueva política económica no modificaba  el plan económico estatal en su conjunto ni se salía  de sus marcos, sino que modificaba solamente el modo de abordar su realización.

En su libro, Vascos recoge también las ideas de otros dirigentes soviéticos como Bujarin, Trotski y Stalin, además de economistas soviéticos y decisiones del Partido Comunista sobre estos temas.

Al referirse a la experiencia china con la política de reforma y apertura iniciada en 1979, podemos encontrar en el libro la siguiente declaración tomada de los documentos del XIV Congreso Nacional del Partido Comunista Chino celebrado en septiembre de 1992:

…En unas importantes observaciones hechas a principios del presente año, el camarada Deng Xiaoping señaló, con mayor claridad aún, que economía planificada no es sinónimo de socialismo, pues en el capitalismo también existe la planificación, y que economía de mercado tampoco es sinónimo de capitalismo, ya que en el socialismo también existe el mercado. Tanto la planificación como el mercado no son más que mecanismos económicos. El que haya un poco mas de planificación o un poco mas de mercado no es lo que distingue esencialmente el capitalismo del socialismo”. (Pagina 92 de “Socialismo y Mercado”) Como vemos, Deng no hacía otra cosa que proponer, como Lenin en la Rusia de su tiempo, una nueva política económica de acuerdo con las condiciones de China en su época. Ambos dirigentes, a partir del análisis concreto de la experiencia histórica y la realidad de sus respectivos países, avizoraron el camino a seguir para darle sustento material a los nobles ideales comunistas. Se trataba, en ambos casos, de un accionar consciente, bajo la dirección de los respectivos partidos comunistas, para lograr  la base económica en la que, como aspiraba Marx, la riqueza colectiva corriera a chorros llenos, condición indispensable para superar la distribución socialista de “a cada cual según su trabajo”, por la superior de “a cada cual según sus necesidades”. Pero para llegar a ese punto, todos los pensadores revolucionarios, Marx y Engels incluidos, sabían que habría de pasar un tiempo muy largo, en el que el mundo desigual fuera cambiado, el desarrollo de la ciencia y de la técnica permitieran borrar las diferencias entre el campo y la ciudad, entre el trabajo manual y el intelectual y, con el cambio de la división social del trabajo, la producción de valores de uso perdiera su carácter mercantil. De momento, hay que construir el socialismo.

Los grandes éxitos alcanzados por la República Popular China a partir de las reformas propuestas por Deng Xiaoping la han convertido ya en la segunda economía mundial y en el primer exportador en pocas decenas de años.

Aunque la experiencia vietnamita no está tratada en el libro, podemos añadir que la República Socialista de Vietnam, que inició también en 1986  un camino de reformas económicas semejantes a las de China, ha ido alcanzando, en apenas un cuarto de siglo, un desarrollo multifacético con altos y estables crecimientos económicos anuales. Baste decir que la tierra vietnamita, sobre la que se descargó una cantidad de explosivos mayor que toda la utilizada durante la Segunda Guerra Mundial, pasó de ser el tercer importador mundial de arroz, al segundo exportador mundial, detrás de Tailandia y redujo el nivel de pobreza de un 75% de la población a sólo un 10%

El libro “Socialismo y Mercado” es un análisis riguroso que ayuda a revisitar las distintas categorías económicas relacionadas con la producción mercantil y su papel en el socialismo. En el socialismo, los valores de uso siguen teniendo un valor de cambio que se fija en dinero. La producción sigue siendo mercantil, aunque la política tenga un contenido social de acuerdo con los intereses del conjunto de la población. Después de todo, Marx consideraba que el socialismo debía producir una armonización de los intereses del individuo y de la sociedad. Los elementos teóricos recogidos en el libro son una referencia importante para los interesados en estos temas.

Ahora que en Cuba hemos celebrado el VI Congreso del Partido Comunista dedicado al tema de nuestra economía nacional y  con la participación más alta de todo nuestro pueblo en la discusión de los lineamientos económicos que se propusieron para servir de base al evento, y fueron finalmente aprobados como guía de nuestro trabajo presente en las condiciones especificas de nuestro país, resulta útil, además del examen crítico de nuestra propia experiencia, el estudio de las experiencias ajenas, no para copiarlas, sino para apreciar lo que pueda ser de utilidad para nuestro quehacer, siguiendo el precepto martiano de injertar en la república el mundo, pero manteniendo siempre el tronco propio.


NOTA

* Sobre esta mención a Cuba y las siguientes ver “La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países hispanoamericanos”, del historiador Ramiro Guerra. La edición consultada es la de 1975 hecha por la  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.



(*) El cubano Rolando López del Amo es poeta, diplomático y profesor universitario.

[Fuente: CubaDebate]






Una nueva era de viajes espaciales

In Actualidad, Cultura on 2 agosto, 2011 at 0:00

Editorial de
Diario del Pueblo


Cuando su tren de aterrizaje tocó tierra sin percance alguno el jueves, en el Centro Espacial Kennedy de la Florida, el Atlantis –el último transbordador espacial de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA)– concluyó sus misiones, poniendo punto final asimismo a una era para la navegación de este tipo de aeronaves.

En 30 años, el programa de transbordadores hizo numerosos aportes originales en las áreas de ciencia y tecnología y estableció gran cantidad de jalones para la historia de la navegación tripulada, aunque también ocurrieron tragedias inesperadas, que en algún momento minaron la confianza del público. El 28 de enero de 1986, la nave Challenger estalló en pedazos 73 segundos después de su lanzamiento, matando a los siete miembros de la tripulación. El 1 de febrero de 2003, el Columbia se desintegró al regresar a la atmósfera de la Tierra, matando a sus siete tripulantes.

Considerado el más avanzado y versátil equipo de vuelo construido en la historia, el transbordador devino epítome del ingenio humano, así como un símbolo de la superioridad de los EEUU en la navegación tripulada. Sin embargo, sus excesivos costos, la falta de fiabilidad y los recortes del presupuesto condujeron al final del programa.

El final de la era de los transbordadores podría considerarse momento crucial para la navegación tripulada de EEUU. Sin reemplazo disponible a la vista, el país tendrá que depender de los cohetes rusos para acceder a la estación espacial internacional, hasta que sus compañías privadas desarrollen nuevos cohetes y naves espaciales capaces de transportar seres humanos y carga al espacio con seguridad y económicamente.

Aunque el programa de transbordadores concluya, la aventura espacial de la humanidad continuará. La administración de Obama ha revelado un audaz plan para enviar astronautas de EEUU a Marte en las tres décadas próximas. Por otra parte, es gratificante ver como cada vez más economías emergentes se suman a las filas de las potencias espaciales, anotándose progresos notables en la exploración del espacio.

En el ansia humana por desentrañar lo ignoto radica la urgencia por hacer los sueños realidad. Sin embargo, la historia demuestra cómo el instinto codicioso de la naturaleza humana, al actuar con desenfreno, puede conducir a conflictos en la Tierra, algo que ningún país desea repetir en el espacio.

La competencia en el área de vuelos espaciales estimuló enormemente la innovación tecnológica, pero el dominio de la alta tecnología por parte de EEUU y el exceso de competencia, incluyendo la carrera armamentista espacial, no tienen nada positivo que ofrecer. Todas las naciones deben aunar esfuerzos para conseguir modos de explorar el espacio exterior por el bien de la coexistencia pacífica universal.






El cuento chino de Vargas Llosa

In Actualidad, Cultura on 23 julio, 2011 at 0:00

Isidro Estrada


Mario Vargas Llosa ha estado en China. En Pekín encandiló a una multitud de académicos, hispanistas, reporteros de medios chinos y extranjeros, estudiantes chinos de español, así como a numerosos latinoamericanos y españoles residentes en la capital china. Por algunas horas, el escritor obró el milagro de juntar a una variopinta comunidad, que no suele congregarse fácilmente en esta tierra. Todos los que pudieron, acudieron al conjuro de su labia, con el aliciente de detectar en ella un apéndice de su pericia literaria escrita. Y lo logró.

Don Mario alegró almas cantando loas al ejercicio literario como panacea para todo tipo de males, desde la falta de comunicación entre culturas a la presencia de autoritarismos políticos y la carencia de libertad individual. También definió territorios, diciendo que la literatura no es solo un entretenimiento, sino un invento fundamental de la civilización y del progreso humanos. Llamó asimismo a la participación ciudadana en la política. “No se puede dejar la política solo en manos de los políticos, porque entonces la política empieza a ir mal”, expresó ante una multitud mayoritariamente joven, que le escuchó con arrobo en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai.

Antes de viajar, Vargas Llosa había exhortado a que China compagine su apabullante desarrollo con mayores libertades formales, discurso que, una vez aquí, atemperó, en evidente consideración a sus siempre aquiescentes anfitriones. Pero, ojo, el invitado no vaciló en hacer avanzar su agenda ideológica. Ahora queda por ver cuánto de la misma ha calado en la intelectualidad local. Y si será para bien. O si no hará más que crear confusiones, a fuerza de que sus exhortaciones se asimilen acríticamente.

Sus anfitriones académicos chinos le sonrieron todo el tiempo. Adiviné entre ellos cierta desesperación por tener a su lado a un Nobel de carne y hueso, a como diera lugar, luego de dar por sentado de que el propio, el chino Gao Xingjian, no volverá a China, al menos en un plazo razonable. Otro laureado que dejó esperando a la academia china fue el colombiano Gabriel García Márquez. A Gabo no le hicieron gracia alguna las múltiples ediciones pirateadas de su obra que circulaban como pan caliente en el país asiático.

De tal modo, los catedráticos locales le hicieron lugar en sus foros al peruano, que en esencia dijo lo mismo que ha repetido Gao Xingjian por años, con aquello de no dejar la política a los políticos. Y luego agregó sus habituales fogonazos libertarios, en los cuales no advierto más que un tránsito de vuelta a los más rancios postulados de los poderosos de siempre.

Lo digo convencido de que este magnífico escritor rueda colina abajo y sin freno cada vez que intenta maridar, en contrahecho matrimonio, creación literaria y compromiso socio-político, en su muy personal estilo.

La libertad que Vargas Llosa propugna puede parecer miel sobre hojuelas para muchos. Y de hecho debería ser un principio irrenunciable de todo ser humano. Mas él mismo debería aclarar por qué, después de recorrer casi todo el espectro ideológico – desde el izquierdismo de barricada de los años 60, a los cantos de sirena de un liberalismo que se codea impune con la hegemonía de los poderes tradicionales -, aún no logra vertebrar un discurso universalmente liberador. Quizás ello obedezca a lo difícil de asimilar el mantra libertario de Vargas Llosa, leyendo sus justificaciones sobre el manotazo militar que Estados Unidos asestó a Irak, como tuvo a bien hacer el autor con sus textos escritos desde esa nación árabe.

Lo que el “escribidor” nos propone en el terreno político, como complemento y reverso de su indudable valía literaria, es que sigamos aceptando más de lo mismo, tragándonos sin chistar este orden mundial insostenible.

Para fundamentar su tesis, quizás Mario Vargas Llosa debería intentar escribir una última gran novela, en la cual nos explique – y sobre todo nos convenza – de cómo su adiós definitivo a su otrora admirado Che Guevara y su posterior abrazo a Bush, Aznar y Blair, suponen el camino hacia un ser humano más emancipado en todo el sentido de la palabra.

Una vez más, habrá que citar a su esposa Patricia, quien le dijo: “Mario para lo único que tú sirves es para escribir”. Cuando ungido con la suerte del Juno romano de doble cara, Vargas Llosa juega con la ficción, nos descubre un universo nuevo, una fiesta total. Sin embargo, cuando pone el otro rostro, tratando de acomodar la realidad a su credo, el espectáculo es puro fuego artificial. Y con la pólvora mojada.


[Fuente: Diario del Pueblo]






Mojo, mojito y Revolución: este domingo, Fiesta de Solidaridad Internacionalista en el Centro Cívico de Tres Palmas

In Actualidad, Convocatoria, Cultura on 21 julio, 2011 at 10:15

A PARTIR DE LAS 12:00 HORAS

Organizada por la Plataforma Canaria de Solidaridad con los Pueblos, este próximo domingo, 24 de julio, a partir de las 12 de la mañana, se celebra en el Centro Cívico de Tres Palmas, en Las Palmas, la Fiesta de Solidaridad Internacionalista que cuenta con comida, bebida, música y un interesantísimo programa:

12 h.: Conferencia “La lucha del pueblo griego. La experiencia del Frente Militante de los Trabajadores (PAME)” (Vídeo de la Huelga General de junio de 2011).

13 h.: Acto de solidaridad con la Revolución Cubana con motivo del 58 aniversario del asalto al Cuartel Moncada (26 de julio de 1953) por la generación revolucionaria encabezada por Fidel Castro (intervenciones del Cónsul de Cuba y de los presidentes de la Asociación de Cubanos Residentes en Gran Canaria y de la Plataforma Canaria de Solidaridad).

13,30 h.: Música de Cuba en vivo

14 h.: Comida

15,30 h.: Rincón del Baile “Échale salsita” y Parranda canaria

El bono de participación es solo de 12 euros (incluye comida, bebida, número para sorteo de interesantes premios). Por necesidades de organización es imprescindible que reserves tu bono con antelación (hasta el viernes 22) en los teléfonos 650 745 047 ó 629 242 496, o a través del correo electrónico plataformacanaria@gmail.com.






¿Qué fue primero, la codicia o el…?

In Actualidad, Cultura, Opinión on 21 junio, 2011 at 0:02

ACAMPANDO JUNTO AL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

Hoy querido amigo hermosea un día resplandeciente, el azul y el verde se funden cabalgando sobre las cumbres y barrancos. Magec nos anima con su energía solar, limpia y renovable. Hace unos días leí un artículo de Ignacio Escolar, periodista, y no estoy de acuerdo en varios aspectos con él, aunque otras veces sí lo esté. Criticaba al dirigente socialista José Bono, que porque proponía que los jueves fueran festivos en el Congreso de los Diputados, “que con un pleno el martes por la tarde y otro el miércoles por la mañana ya iban sobrados”.Se quejaba que “la respuesta a la mayoría social (entre el 66% y el 80%) que apoya a los indignados sea una reducción de jornada” le parece una torpeza realizada adrede.

Pensaba Escolar que parecía que la clase política asumía todas las críticas de la currantes de a pie mientras que los grandes empresarios y financieros se libraban de sus iras, los verdaderos y únicos culpables de situación crítica de la economía. Razonaba que los representantes, que no nos representan como dicen los del 15-M, se merecían y le resultaba a veces poco, el sueldo que ganaban trabajando en beneficio del ciudadano. Lo que advierto es que ellos son los únicos que se suben los sueldos, que siempre lo hacen por unanimidad, que me parecen excesivos teniendo en cuenta los sueldos de los ciudadanos normalitos. Que si quieren ganar más se conviertan en empresarios o se incorporen a empresa privada, aunque a estos se les debería controlar, sobre todo cuando han sido protagonistas negativos de esta debacle que estamos sufriendo. Algunos de nuestros mandatarios sin haber pasado por la política no hubiesen sido tan destacados como profesionales, por ineptitud y la falta de los contactos que les da el ejercicio de la cosa pública. Algunos quizás hubieran mejorado sus emolumentos, pero creo que los menos.

Además hay que tener en cuenta que las leyes que rigen las actividades de los grandes empresarios y los financieros, incluidas esa letra pequeña abusadora y traicionera, las han creado la clase política en las cámaras legislativas. Que gran parte del tiempo de sus señorías lo dedican en realizar esas leyes que perjudican a las clases medias y trabajadoras, y al pequeño y mediano empresario. No lo utilizan para fomentar la participación ciudadana acercándose a sus votantes y consultarles sobre diversos temas que les atañen. Con recibir su voto cada cuatro años tienen suficiente, no necesitan tener más confianzas. Además están muy atareados, como apuntaba, trabajando en las normas y leyes que legalizan las prácticas abusadoras de las grandes empresas, sus patronos, como las de telefonía, por poner un ejemplo.

Esto puede resultar duro, pues seguro que hay un buen número de políticos que llegan a la política con las mejores de sus intenciones, cosa que no niego. Sin embargo el sistema no está hecho para los buenos propósitos. Estos legisladores y administradores terminan ahogados por el sistema económico y los aparatos de los partidos. Llegan ellos a creerse con el tiempo que pertenecen a una casta superior a la que los recortes y sacrificios de los demás mortales no debe tocarles. Eso está para los parias obreros y profesionales de clase media. Para ellos no existe los traumas del paro, revolver en las basuras buscando alimentos, trabajar horas sin cobrarlas y donde ser un “mileurista” es una gran suerte. Sin embargo bastante de los que nos rigen ganan más en mes que aquellos en todo el año. Por ahí andarán algunos repitiendo lo del chocolate del loro, la demagogia, palabra mágica que estira la ética a límites borrosos. Viven en una burbuja que les aleja de cualquier realidad doliente de los parias e intocables de esta sociedad. Sí, como reflejaba en el ambiente de sus novelas el escritor canario Benito Pérez Galdós, especialmente gráfica en “Misericordia”. Por cierto en la actualidad las calles de Madrid están llenas de mendigos como en el siglo XIX. La verdad que nos gustaría que hubiera más Julios Anguita, ese demagógico lunático, para algunos. A ver si se animan sus señorías a imitarle, se los agradeceríamos todos, entre ellos los indignados, que cada vez somos más. ¿Qué fue primero la economía insolidaria o sus servidores en la política? Hay tienen para pensar un rato.

Bueno amigos, les dejo con uno de los pensamientos del escritor e intelectual solidario Eduardo Galeano: “La economía es cada vez más antidemocrática, mientras la gente pasa del entusiasmo a la desesperanza…”. “La ciencia de la economía, lo que parece nunca es. La buena suerte de los números tiene poco o nada que ver con la dicha de la gente”.


http://doramas1924.blospot.com






La Bolivalogía (XXI)

In Cultura, Historia, Opinión on 18 junio, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


ENTRADA DE BOLIVAR A CARACAS

Después de la capitulación del Generalísimo Miranda, muchos revolucionarios comprometidos del 19 de Abril, esperanzados en la aparente solidaridad manifestada por los ingleses de las islas vecinas, se refugiaron en Trinidad, confiados por supuesto en encontrar allí la aceptación de sus ideas libertarias, las que los habían convertido en asilados políticos. Al frente de este grupo figuraban dos hombres, cuyo destacado papel posteriormente en la guerra de emancipación venezolana, se oscurecerían con las sombras injustificables del personalismo: Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez.

Mariño, hombre talentoso, de valentía extraordinaria, excelente dirigente, se le consideró como jefe de aquel grupo exilado, era hijo de ricos hacendados de la Isla de Margarita, por su fortuna contó siempre con gran influencia en las poblaciones orientales y desde los primeros días de la revuelta americana se destacó en la causa.

Cuando Miranda se niega en 1812 a reconocer el ascenso a Coronel a Bolívar, no vacilo en otórgaselo a Mariño, en quien reconoció las actitudes militares que no tardaría en demostrar. Por otro parte, Bermúdez si dejó entrever errores que lo diferenció de Mariño, pero históricamente su audacia, su astucia lo caracterizaron como un gran militar dirigente de las tropas patriotas en Oriente. Su sable gigantesco que aun se conserva, es signo de cuan grandes fueron sus energías como garantía en la conducción de la revolución.

Sin embargo estos hombres fueron arrojados por los triunfos de Monteverde a la isla de Trinidad y tampoco encontraron allí el apoyo que necesitaban para preparar su regreso, puesto que el gobierno Británico deseoso de mantener sus buenas relaciones con España, ordenó a todos sus funcionarios en la colonias del Mar Caribe abstenerse de cualquier apoyo a oficiales asilados por rebeldes, recomendación que llevo a verdaderos extremos de intolerancia el gobernador d Trinidad, Sir Ralph Woodford quien dirigiéndose a Mariño le dice en tono ofensivo:

A Santiago Mariño, general de los insurgentes de la Costa Firme”. A este calificativo, Mariño le responde: “Cualquiera que haya sido la intención de V.E. al llamarme insurgente estoy muy lejos de considerar deshonroso el epíteto cuando recuerdo que con él denominaron los ingleses a Washington”.

Sin apoyo de ninguna índole y obligados por la desesperación, ayudados únicamente por el carácter de sus conciencias revolucionarias. Mariño convence a sus compañeros de regresar a Venezuela para enfrentársele a Monteverde. Reúne cuarenta y cinco hombres y consigue una pequeña goleta, se lanzan al audaz regreso que hacen por islote de Chacachacare, donde Mariño, en su retirada en 1812, había escondido algunos fusiles y un pequeño parque de municiones. Bermúdez asume el mando de una parte de los emigrados y Mariño se dirige a Güiria con el resto. El arrojo, la decisión y el valor hacen otra campaña admirable, operaciones victoriosas, reabastecen las tropas y es así como se lanzan definitivamente contra el feroz Antoñanzas, se apodera de Cumaná, capital de las provincias orientales. Allí se entera del avance de Bolívar sobre Caracas cuando reciben una comunicación en la que los invitaba a marchar sobre la capital para ocuparla conjuntamente.

Mariño empieza a revelarse y a figurar como un caudillo local, sus aspiraciones se trastocan y se convierte en un feudo personal en el Oriente venezolano. Temeroso de la influencia de Bolívar prefiere estacionarse en las tierras que domina y renuncia a aceptar la colaboración en la cual no está seguro de ser el jefe. Igualmente ocurre con Bermúdez y el resto de sus oficiales, quienes no vacilan en secundar el propósito de mantener al Oriente aislado de la causa de Bolívar, él cual mantiene la encarnizada batalla contra Monteverde .Lo cierto es que a todas las invitaciones que les hace Bolívar para constituir un gobierno central y único en Venezuela, las respuestas son evasivas, tanto así, que para asombro de Bolívar recibe la manifestación finalmente de que ellos desean establecer dos gobiernos; uno en Cumaná y que el establezca el otro en Caracas. Ante tal anarquía Bolívar les responde:

Permítame V.E. comunicarle con la franqueza militar que debo usar con V.E., que no me parece propio retardar el establecimiento de un centro del poder para todas las provincias de Venezuela… Si constituimos dos poderes independientes, uno en el Oriente y otro en Occidente, hacemos dos naciones distintas, que por su impotencia en sostener su representación de tales y mucho más de figurar entre las otras, aparecerán ridículas. Apenas Venezuela unida con la Nueva Granada podría formar una nación que inspire a la otras la decorosa consideración que le es debida. ¿Podremos pretender dividir en dos?”.

Ya Bolívar determina con claridad su objetivo y se topa con las dificultades que tiene que vencer, ahora, parece mentira, se tiene que enfrentar a dos enemigos. Al externo y al interno a este ultimo más peligroso sino tiene la capacidad de neutralizar, de dominar y para ello necesita sacar adelante la tarea principal que en ese momento tiene planteada para la causa. Se trata pues, de que la causa no se parta en dos o de que se le conviertan en partidos, sino en que se sepan organizar para preparar y desarrollar la lucha contra el enemigo exterior. La idea que debe privar en la comprensión de la política revolucionaria como arte de dirección política, la cual consiste que no es suficiente saber donde está, hacia donde va y como debe ir hacia delante la causa, sino en ser capaz de hacer, de llevar a la practica esa orientación teórica revolucionaria, de que la conducta del movimiento que ahora si está en parto, nazca y marche hacia el logro de sus objetivos mas apreciados.

No tardaría en llegar el momento en que Bolívar, ante la imposibilidad de establecer una autoridad común para su causa, se vería obligado a combatir al enemigo exterior a través de un único frente que dificultaba su total integración continental. De ahí que la unidad, la integración la haría a consta de todo sacrificio, la agrupación de fuerzas ambiciosas, igual que sus caudillos tendrían que ser convencidas para no dejar perder sus experiencias obtenidas a través de la campaña admirable que tanto le había costado para formar las nuevas concepciones. Bien comprendieron los revolucionarios de Caracas la manera como la actividad continental de los republicanos dependía de la enorme vitalidad de Simón Bolívar y resolvieron rendirle un homenaje imperecedero para la historia, ya este hombre sobresalía en América. Se reunió la municipalidad de Caracas, los líderes y dirigentes de la revolución en el convento de San Francisco y allí que en aquella hermosa iglesia expidieron un acta, la cual le entregaron a Bolívar nombrándolo como la suprema autoridad de la nación y el histórico titulo de Libertador.”Tìtulo -contesto Bolívar profundamente emocionado al recibir le Acta de manos de don Cristóbal Mendoza- más glorioso y satisfactorio para mi que el cetro de todos los imperios de la tierra.

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.