Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Los rescoldos de la Memoria

In Actualidad, Efemérides on 20 noviembre, 2011 at 0:11

Juan Peña García
Comisión Organizadora del Centenario del 15 de Noviembre de 1911


Ayer sábado, en un acto sencillo y recoleto, con una ofrenda floral se rindió homenaje a seis hijos del pueblo y del trabajo; jornaleros portuarios y vecinos de la ciudad, víctimas de la primera matanza de obreros en Canarias.

Pareciera que la Historia sólo pudiera ser protagonizada por los grandes personajes, los ilustres, los poderosos y los adinerados. Nuestra ciudad de hoy se ha construido también con el esfuerzo de silenciosos y anónimos héroes civiles, del pueblo llano y de sus clases trabajadoras. El sacrificio de nuestros antepasados merece nuestro reconocimiento. Y es de personas bien nacidas ser agradecidas.

La memoria histórica es un saber que no necesita justificación utilitaria. Forma parte de nuestra cultura, pues conocer nos enriquece. Constituye parte de los cimientos de la sociedad, ya que no se puede vivir el presente y encarar el futuro sin asumir el pasado.

La vida es un continuo hacer memorias. Decía San Agustín que el recorrido por los vericuetos de la memoria puede llevarnos a deambular por oscuras cavernas o luminosos palacios. El dilema de toda memoria es: olvido o recuerdo.

Durante la denominada Transición los cementerios se convirtieron en espacios públicos de memoria, en cuanto escenarios de duelo popular con el regreso de los restos de los republicanos exiliados. El Cementerio de Vegueta es un lugar de memoria, en cuanto condensación simbólica del espíritu de la sociedad palmense.

Nuestro primer cementerio custodia un legado escultórico y arquitectónico importante, donde late la historia del poder terrenal. Desde que fueran construidos allá por 1811, los muros de este viejo guardián de la memoria encierran doscientos años de historia y narran lo que ha sido la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en los últimos dos siglos.

Esta necrópolis es testigo de las diferencias de clases, manifiestas en panteones, mausoleos, nichos y lápidas. Entre sus singulares rincones ocultos o desapercibidos, con miradas de mármol que desafían el paso del tiempo y vigilan los rescoldos del recuerdo que no somos capaces de avivar, destaca una llamativa lápida en el centro de la zona norte, la del ensanche. Aquí se localizan las tumbas de quienes no podían erigir mausoleos y panteones.

Tal día como ayer sábado, hace 100 años, el domingo 19 de noviembre tuvo lugar en la ciudad una manifestación de duelo, presidida por los directores de los periódicos locales y los presidentes de las sociedades obreras, depositándose coronas en las tumbas de los obreros fallecidos. Acudió la población en masa y en silencio para colocar coronas sobre los sepulcros de las víctimas.

Fue un acto imponente, en el cual todas las clases sociales populares se mezclaron para significar el inmenso dolor que causaron los incalificables hechos. Expresión popular de duelo que no volverá a conocer la ciudad sino hasta el verano de 1980 con los funerales por la muerte de la joven isleteña Belén María, hija de un estibador portuario cuyo colectivo laboral mantenía en aquel momento una huelga.

En noviembre de 1916, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria aprobó por unanimidad “ceder un nicho del Cementerio de esta ciudad para conservar en él los restos de los 6 honrados obreros que fueron víctimas inocentes de los dolorosos sucesos que ensangrentaron nuestras calles el 15 de noviembre de 1911”.

Sus restos son inhumados y trasladados al nicho nº 943 del Cementerio de Vegueta, donde estaba enterrado Juan Vargas, el último sepultado. Hoy figura una lápida donde se lee: “A la memoria de los obreros Pedro Montenegro González, Cosme Ruiz Hernández, Juan Torres Luzardo, Vicente Hernández Vera, Juan Pérez Cruz y Juan Vargas Morales, inmolados a la ambición del caciquismo leonista. 15 noviembre 1911”.

La realización de una ofrenda floral en el Cementerio de Vegueta constituye un evento que se inscribe en la tradición obrera y ciudadana de la ciudad palmense de homenajear cada 15 de noviembre este luctuoso suceso, hasta el año 1935 Costumbre recuperada por los viejos republicanos federales durante los primeros años de la restauración democrática. Y que duró hasta que el último de ellos murió.

Rescatemos para la memoria colectiva de la ciudad el recuerdo de lo sucedido el 15 de noviembre, momento en el que también hunden sus raíces nuestra personalidad colectiva. Volvamos a colocar esta efeméride en la agenda de celebraciones histórico-culturales de Las Palmas de Gran Canaria. No para vivir entre fantasmas ni anclarnos en el pasado como estatuas de sal, sino para que sirva de espacio de encuentro y momento de unión de la ciudadanía palmense.

Como generación presente mantengamos vivos los rescoldos de la memoria. Respondamos al envite que nos hace la Historia.


15nov1911@movistar.es






Octubre nos enseñó que vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias

In Actualidad, Efemérides on 16 noviembre, 2011 at 0:01

Pável Blanco Cabrera
Primer Secretario del Partido Comunista de México


El 94 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre coincide con los 20 años del triunfo temporal de la contrarrevolución en la URSS.

La Revolución de Octubre, es el acontecimiento más importante del Siglo XX y marca el rumbo de las importantes transformaciones radicales que viviremos en la actual centuria.

La forma en que percibimos los individuos los virajes de la Historia no siempre se corresponde con las fechas en que éstos acontecen. Por ejemplo, en los últimos diez días de diciembre de 1991, aunque militaba ya en una organización marxista-leninista desde 1988, las felicidades personales no permitieron comprender la tragedia que significaba, que aquel día 24, la bandera roja con la hoz y el martillo ondeara por última vez en el Kremlin, antes de ser retirada.

La atmósfera sofocante de la contrarrevolución enfrentaba dignos muros de resistencia, como el caso de Cuba socialista, y de varios partidos comunistas, de fuerzas revolucionarias que comprendieron el carácter temporal de la derrota y la urgente necesidad de preparar el reagrupamiento, pues la característica principal de la época permanecía inalterable.

El proletariado de Rusia, sobre todo el de Petrogrado, también el que estaba en el frente de guerra –en las heladas trincheras-, los campesinos pobres y un partido de vanguardia armado de una teoría de vanguardia, mostraron a los trabajadores y oprimidos del mundo el camino. Lenin escribiría después que el mérito consistía en haber roto el hielo, indicando el camino.

La revolución proletaria no es un putsch, no es una conspiración de un grupo de iluminados, la revolución proletaria es un acto colectivo, una creación de las masas, que tiene base objetiva en los límites históricos del capitalismo, en las trabas que tal modo de producción impone al desarrollo social. El mérito del partido revolucionario, desde 1847-48 el partido comunista, consiste en el análisis concreto de la realidad concreta, en estudiar el desenvolvimiento de los acontecimientos, sobre todo en periodos de crisis, develar las relaciones de clase de cada fuerza política en el escenario, las contradicciones interburguesas e interimperialistas, proponer las consignas a levantar en cada momento, elevándolas conforme se intensifique el conflicto socioclasista; demarcar el campo de los de arriba y los de abajo, agrupando en la perspectiva del derrocamiento, firmemente compactados alrededor del proletariado al conjunto de los oprimidos, y en el momento justo, “ni un minuto antes, ni un minuto después”, sin dudas, ni indecisiones, con precisión, tomar el poder.

La precondición necesaria es la fusión del socialismo con el movimiento obrero, la existencia del partido de clase, armado de la teoría marxista-leninista, con trabajo y arraigo en los centros de trabajo, disciplinado, coherente, ágil, dinámico, que sabe determinar la ofensiva, y lo más difícil, replegarse organizadamente en los periodos de derrota, que no se quiebra con los fracasos sino que se templa extrayendo las lecciones, probado en las luchas previas. Tal partido debe ser genuino hijo de la clase obrera.

El partido comunista hace política desde la teoría, teoría que emana de la realidad, que refleja las agudas contradicciones en la sociedad dividida en explotados y explotadores. Hay un marco para la acción, y es la vida misma, los datos duros del mundo, las fuerzas materiales que hacen latir la vida social, las relaciones sociales, las relaciones de producción. La teoría materialista no es una camisa de fuerza, es un rumbo, un ritmo, un ancla a la realidad. Con gran vivacidad Lenin reflexionaba que la “práctica posee la dignidad de la realidad inmediata”. El quehacer político de los comunistas no surge de brillantes cerebros, de genios de botella, de Olimpo o cielo alguno, sólo surge de la sencilla y humilde realidad, del proceso de abstracción, de la generalización de la experiencia.

Es problema de los pragmáticos su política, y ahí incluimos a quienes reivindicándose “marxistas” sólo se dan brochazos de la teoría proletaria. El marxismo-leninismo es una ciencia, y debe ser estudiada con rigor, con disciplina de clase. Hacer política comunista es remar contra el sensus communis, y rehuir al aplausómetro. La verdad ofende en ocasiones, pero es la única medida de nuestra acción. Los comunistas van incesantemente por el mundo en busca del hombre y la mujer sencillos, de la clase obrera, recibiendo la satanización del poder y la descalificación de la ideología pequeñoburguesa.

El bolchevismo se templó, y conquistó a la clase obrera en dura lucha con las corrientes pequeñoburguesas y oportunistas, con el populismo, el menchevismo, y otras corrientes oportunistas. El frente ideológico permanente aseguró a los trabajadores que el partido bolchevique era su partido. La producción de una teoría que explicara la realidad, los grandes cambios mundiales que se operaban en el proceso productivo, y sobre todo la transformación del capitalismo de la libre concurrencia en el de los monopolios, así como el desarrollo desigual, proporcionaron el cuadro para una estrategia correcta y una táctica correspondiente.

Al igual que la Comuna de París, la Revolución Socialista de Octubre comprueba que, enfrentadas las clases antagónicas, la lucha es a muerte y que la violencia debe ser empleada por las fuerzas revolucionarias para conquistar sus objetivos y asegurar sus victorias. Un nuevo Estado debe emerger en medio de la lucha, el poder dual, el soviet o poder popular, basado en los centros de trabajo, encarnando las lecciones que Marx extrajo de los poco más de 70 días de “asalto al cielo” de los communards.

La Gran Revolución Socialista de Octubre abrió en definitiva la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, transición histórica del capitalismo al socialismo. Tal certeza fue puesta en duda por el llamado fin de la historia y la barbarie imperialista y sus guerras reiniciadas en Panamá y la primera guerra del Golfo. El IV Congreso del Partido Comunista de México aprobó entre sus Tesis, la siguiente, que es además la primera, la premisa que sustenta las demás, es decir su estrategia por el socialismo-comunismo:

1.1 Vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias. La Gran Revolución Socialista de Octubre tuvo el mérito de romper el hielo, de indicar el camino a la clase obrera y a los pueblos para su emancipación, iniciando así, la transición histórica del género humano de la prehistoria al socialismo-comunismo.

1.2 Esta característica general de la época fue enriquecida por la construcción socialista en el siglo XX y sus lecciones son de imprescindible importancia para la clase obrera del mundo, para los partidos comunistas y obreros, para el conjunto de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas. En el frente teórico, ideológico y político es un deber y una necesidad del movimiento comunista internacional defender esa heroica experiencia y extraer de ella las lecciones que enriquecerán la lucha de clases contemporánea.

1.3 El retroceso temporal, resultado de la contrarrevolución internacional de las últimas dos décadas del siglo XX, no anulan el carácter de la época. El proceso de reorganización y lucha, el ascenso del movimiento antiimperialista, la intensificación de la contradicción capital/trabajo demuestran que el curso revolucionario continúa y que el siglo XXI atestiguará que el proletariado y sus aliados, con partidos comunistas de vanguardia, continuarán el ciclo abierto por Lenin y los bolcheviques para derrocar el capitalismo y enterrarlo, construyendo la sociedad sin explotación del hombre por el hombre, la sociedad comunista.

1.4 La Revolución de Octubre fue el resultado del desarrollo del proletariado, de su conciencia de clase, de su Estado mayor –el partido comunista – y de su teoría revolucionaria el marxismo-leninismo.

El proletariado, la clase obrera, irrumpe con su propia teoría, como resultado de la conjunción de factores que la propia humanidad gestó en su devenir en los progresos de las fuerzas productivas y en el campo de las ideas. Desde que en 1847-1848 Karl Marx y Friederich Engels redactaron el Manifiesto del Partido Comunista, en vísperas de la revolución que sacudió al continente europeo, la bandera del socialismo científico fue asumida cada vez con mayor fuerza. La misma práctica de la lucha de clases fue enriqueciendo la teoría, confirmándole su rol que se expresa en la frase: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.

Muy aleccionadora fue la experiencia de la Comuna de París en 1871, primer asalto al cielo. La I Internacional y la II Internacional también proporcionaron lecciones imperecederas a la doctrina proletaria. Fue la lucha contra el oportunismo de derecha, el reformismo y el revisionismo, así como el ingreso del capitalismo a su fase monopolista -el imperialismo- lo que definitivamente maduró a la clase de vanguardia, con los aportes inmortales de Vladimir Ilich Lenin. Sostenemos, sin concesiones ni complejos, que el marxismo-leninismo es la ciencia viva de la clase obrera y el conjunto de los oprimidos, que asegura la ruta a la emancipación, no sólo de los explotados sino del conjunto del género humano, que proporciona los elementos necesarios a la política clasista para el derrocamiento de la sociedad basada en la propiedad privada de los medios de la producción y del cambio.

Tal convicción es hoy, en el homenaje a la Gran Revolución Socialista de Octubre, inalterable.

Nuevas revoluciones vendrán; ya se asoman impertinentes en la perspectiva de la Historia.






Celebración del centenario de la revolución china de 1911

In Efemérides, Historia on 3 noviembre, 2011 at 0:01

Domenico Losurdo


En 1911 se produce en China una revolución que provoca el derrocamiento de la dinastía manchú y que da lugar a la proclamación de la República. Sun Yatsen es el primero en ocupar el cargo de presidente. Aunque está lejos de ser un marxista, Sun Yat-sen saluda favorablemente el ascenso de los bolcheviques al poder.

La explicación que proporciona, años más tarde, sobre ese gesto encierra una terrible acusación contra el colonialismo y el imperialismo: «Ya fueron exterminados los pieles rojas de Estados Unidos» y el «exterminio» amenaza también a los demás pueblos colonizados.

Es trágica la situación de estos pueblos, a no ser porque «de improviso 150 millones de hombres de raza eslava se levantaron para oponerse al imperialismo, al capitalismo, a las injusticias, a favor del género humano». Así «nació, en momentos en que nadie lo esperaba, una gran esperanza para la humanidad: la Revolución rusa». Sí, «gracias a la Revolución rusa, la humanidad entera tenía ante sí una gran esperanza». Por supuesto, la respuesta de la reacción no se hizo esperar: «Las potencias han atacado a Lenin porque quieren destruir a un profeta de la humanidad».

Es cierto que Sun Yat-sen no es marxista ni comunista, pero es tomando como punto de partida la «gran esperanza» -la cual describe en un lenguaje a veces ingenuo y precisamente por ello mucho más eficaz– que resulta comprensible la fundación del Partido Comunista Chino, el 1º de julio de 1921.

Posteriormente, Mao, ya por entonces metido de lleno en la guerra nacional de resistencia contra el imperialismo japonés que pretende «someter toda China y convertir a los chinos en esclavos colonizados», recuerda su primer enfoque (en los últimos años de la dinastia manchú) y la causa de la revolución: «En aquel periodo comenzaba yo a tener destellos de conciencia política, especialmente después haber leído un opúsculo sobre el desmembramiento de China […]. Aquella lectura despertó en mí grandes preocupaciones por el porvenir de mi país y empecé a comprender que todos teníamos el deber de salvarlo».

Más de 10 años después, al hacer uso de la palabra en la velada que siguió a la proclamación de la República Popular, Mao recuerda la historia de su país. Menciona en particular la resistencia contra las potencias protagonistas de la guerra del opio, la revuelta de los Taiping «contra los Ching al servicio del imperialismo», la guerra de 1894-1895 contra Japón, «la guerra contra la agresión de las fuerzas coaligadas de las ocho potencias» (después de la revuelta de los Boxers) y, para terminar, «la Revolución de 1911 contra los Ching lacayos del imperialismo». Numerosas luchas y también numerosas derrotas.

¿Cómo se explica el cambio radical que se produjo en un momento preciso?

«Por mucho tiempo, durante ese movimiento de resistencia, por más 70 año, desde la Guerra del Opio en 1840 hasta la víspera del Movimiento del 4 de mayo de 1919, los chinos carecieron de armas ideológicas para defenderse del imperialismo. 

Las viejas e inalterables armas ideológicas del feudalismo se vieron derrotadas, tuvieron que ceder y fueron declaradas inservibles. A falta de algo mejor, los chinos se vieron obligados a armarse con herramientas ideológicas y fórmulas políticas como la teoría de la evolución, la teoría del derecho natural y de la república burguesa, provenientes todas del arsenal del periodo revolucionario de la burguesía en Occidente, patria del imperialismo […] pero todas esas armas ideológicas, al igual que las del feudalismo resultaron ser muy débiles; fueron retiradas y declaradas fuera de uso.

La revolución rusa de 1917 marcó el despertar de los chinos, que entonces conocieron algo nuevo: el marxismo-leninismo. Nace en China el Partido Comunista, y este acontecimiento marca una época […]

Desde que conocieron el marxismo-leninismo, los chinos han dejado de mostrarse intelectualmente pasivos y han tomado la iniciativa. Era el momento que pondría fin al periodo de la historia mundial moderna en que los chinos y la cultura china eran vistos con desprecio.»

Estamos ante un texto extraordinario. El marxismo-leninismo es la verdad finalmente encontrada, al cabo de una larga búsqueda, el arma ideológica capaz de poner fin a la situación de opresión y de garantizar la victoria de la revolución nacional en China. Y se trata de una búsqueda que comenzó desde las guerras del opio, incluso antes de la formación no sólo del marxismo-leninismo sino del propio marxismo: en 1840 Marx no era más que un joven estudiante universitario.

Lo que provoca la revolución en China no es el marxismo sino la resistencia secular del pueblo chino que, al cabo de una larga y difícil búsqueda, logra tomar plenamente conciencia de sí misma a través de la ideología que conduce la revolución a la victoria. Es el 16 de septiembre de 1949. Cinco días después, Mao declara: «Nuestra nación ya no estará sometida al insulto y la humillación. Nos hemos levantado […] La era en que el pueblo chino era considerado un pueblo no civilizado ha llegado a su fin.» 

Al celebrar el despertar de una nación largamente sometida al «desprecio»«al insulto y a la humillación», Mao tiene probablemente en mente la pancarta expuesta a finales del siglo XIX a la entrada de la concesión francesa de Shangai: «Prohibidos los perros y los chinos».

Un ciclo histórico había llegado a su fin.

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[Fuente: Voltairenet.org]






Juntos, por la felicidad de las futuras generaciones

In Actualidad, Efemérides on 1 noviembre, 2011 at 11:06

Guennadi Ziugánov
Presidente del Partido Comunista de la Federación Rusa


Queridos camaradas:

Pronto estaremos celebrando el 94 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, que proclamó la libertad, la igualdad y la hermandad de todos los trabajadores. Esta magnífica fiesta era festejada por todas las gentes progresistas del planeta, al contemplar los enormes logros del pueblo soviético en su lucha contra el fascismo, la agresión imperialista, en el progreso científico-técnico y la educación, en las artes y el deporte, en la mejora de vida para el pueblo trabajador.

Sin embargo, los enemigos de nuestro pueblo, ocultándose detrás de la demagogia sobre la libertad de expresión, la aplicación de la perestroika y las reformas de mercado, socavaron la fe de una parte del pueblo soviético en la justicia y el futuro de su país. Ellos acabaron con su potencial productivo y científico, saquearon las arcas del estado y condenaron a la miseria y la falta de derechos a millones de nuestros compatriotas.

Todas las gentes sencillas de Rusia, pudieron en base a su amarga experiencia, convencerse de la mala fe y las cobardes intenciones de esos camaleones políticos, que penetraron en el corazón de nuestro partido, mancillando la dignidad de los comunistas honrados y los auténticos patriotas, que habían defendido con su vida a su patria, fraguado la victoria en el frente, en la retaguardia, y habían reconstruido el país desde las ruinas y  cenizas, creando de ese modo una superpotencia, baluarte de la paz y la democracia.

En estos veinte años transcurridos, millones de personas se han visto privados de un trabajo digno y de medios para mantener a la familia, de un sistema de salud sólido, de una educación gratuita en los centros de educación superior y en los institutos especializados de formación profesional. Se ha perdido la posibilidad real de mejorar nuestras condiciones de vivienda y de recibir una pensión digna. La situación general más recuerda la ocupación de nuestro país por malversadores de fondos públicos, oligarcas y crimen organizado, que aspiran a mantener esclavizado al pueblo de Rusia para beneficio de su interés depredador. Frente a esto no podemos seguir de brazos cruzados.

Hacemos un llamamiento a todos aquellos miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética, que conservan la fidelidad a los ideales de la bondad, la verdad y la justicia. En nombre del futuro de nuestros hijos y nietos, debemos hacer que los ciudadanos del país se alcen para luchar por el honor y la independencia de la Patria. Debemos ofrecer una resistencia contundente frente a todos los traidores de nuestro país, a los desfalcadores de las riquezas de Rusia y su pueblo, a los corruptos y delincuentes de toda índole, que socavaron las bases de una sociedad socialista justa.

Ya no hay dónde retroceder; la tierra rusa y los pilares seculares de nuestro estado unido, nos contemplan. Como en todas las épocas en las que sobre Rusia ha pendido un peligro mortal, los auténticos patriotas debemos ser los primeros en levantarnos al combate decisivo contra la sinrazón, para restaurar la justicia y el auténtico poder popular. Podremos hacerlo si conseguimos hacer que nos sigan millones de personas honradas, fieles a los ideales del socialismo, que no desean seguir siendo esclavos del insaciable capitalismo mundial y de nuestros oligarcas locales.

Este año, la celebración del Gran Octubre se va a desarrollar en un periodo marcado por una actividad creciente de los trabajadores en defensa de sus derechos en todo el mundo, en unas condiciones de lucha de las fuerzas populares y patrióticas por la victoria en las elecciones a la Duma. Si nuestros compatriotas, cumpliendo con su deber ciudadano, acuden en masa a las urnas para decir un “no” rotundo a la mentira y la arbitrariedad, el poder popular podrá de un modo cardinal, cambiar la vida del país para mejor.

En estos momentos en que está en juego tan importante decisión, el Comité Central del PCFR se dirige a vosotros, maestros, amigos y simpatizantes, pidiendo encarecidamente que renunciéis a la apatía y la indolencia, para entender la gravedad del peligro que se cierne sobre el país y dar todos esos votos honestos por el bloque de comunistas e independientes. Y que vuestro ejemplo sea seguido por vuestros camaradas, familiares y allegados. Todos aquellos para los que la igualdad y la hermandad del pueblo trabajador, nuestras gloriosas tradiciones de trabajo y combate y el futuro de nuestra Gran Patria, significan algo.


[Traducido por Josafat S. Comín]






Galdós, una vez más

In Cultura, Efemérides on 31 octubre, 2011 at 1:49

DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

El próximo cuatro de enero se cumplirán los noventa y dos años de la muerte de nuestro genial escritor Benito Pérez Galdós. Según algunos comentarios que he podido captar no se le está haciendo la ofrenda floral que se le hacía anualmente. Cuando se quiere que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria sea candidata a ciudad europea de la cultura hay cuidar a uno de nuestros más importantes valores. Creo que siempre le deberemos algo más a nuestro Benito Pérez Galdós. Ello sin olvidar a los demás escritores, que son muchos y buenos, que no sólo don Benito enaltece nuestra literatura.

Normalmente al leer una obra percibimos lo que está en su piel más externa: la temática y su estética. Pero a veces no caemos en muchos detalles y estrategias que utiliza el autor para llamar la atención del lector. Esto es lo que nos trata de descubrir Mª del Prado, la autora en el interesante libro sobre el arte de narrar de nuestro Galdós que les voy a comentar.

En el primer apartado de la obra “La narrativa galdosiana y la crítica” destaca como muchos estudiosos de la época juzgan la obra por su ideología. Unos a favor y otros en contra según sus ideas conservadoras o liberales. Por supuesto que Galdós tiene su ideología bien clara que va madurando y precisándose con el paso del tiempo. Se alinea junto a los más débiles y en contra del caciquismo, de de las burguesías depredadoras, de las monarquías trasnochadas, de las ortodoxias religiosas…

Precisamente por estas ideas suyas estuvo a punto de no entrar en la Academia Española  de la Lengua. Su compromiso con la libertad y el resto de las razones enumeradas y sumando a ello ciertos rencores, celos personales y muy posiblemente el origen de nuestro D. Benito, constituyó un obstáculo para que se le nombrara candidato por parte de las fuerzas reaccionarias literarias y no literarias españolas, lo cual le impidió que  pudiera optar al Premio Nobel.

Galdós trata con su literatura de hacer pedagogía, trasmitir ideología. Al principio lo hace a través de la técnica de la tendencia tratando de demostrar una tesis o idea previa. A partir de 1881, influido por la corriente Naturalista que representa Zola, va dando un giro a su estrategia literaria. Se trataba de reproducir la realidad con una objetividad perfeccionista. Ahí nació su obra realista de la cual no fue un fiel seguidor, pero que sí le sirvió en parte para el objetivo pedagógico que  pretendía.

Independiente de sus ideas D. Benito utiliza efectos lúdicos en su lenguaje. Se complace usando diversos juegos literarios para hacer amena su obra. Utiliza una serie de personajes recurrentes a lo largo de sus distintas obras con la finalidad de crear un mundo literario amplio y creíble.

En cuanto a “la presentación de la materia novelesca” utiliza variados e ingeniosos recursos. Así lo hace en primera persona: ya sea como un simple observador, el protagonista, de un periodista que es testigo de los hechos acaecidos. Otras veces a través de novelas dialogadas. Algunas, con un narrador externo al relato, pero que a veces se entromete en la historia contada. Disfruta al jugar con el lenguaje, para sorprender e involucrar al lector. Así que les animo leer el libro de María del Prado.

A nuestro D. Benito lo podemos considerar como un componente de nuestra Literatura Canaria. Su nacimiento y los primeros dieciocho años que vivió en nuestra isla le hacen acreedor a ello. La infancia y adolescencia son básicas en la vida de cualquier persona y como consecuencia lo es también en su literatura. También, por supuesto, ha de incluírsele en la Literatura Española por motivos obvios ya que en España desarrolló su obra literaria. Aún después de su muerte la obra Galdós ha trascendido, por méritos propios, a lo que podríamos llamar Literatura Universal.

Con unos versos quiero dejarles con nuestra mar y nuestra gente: “Marmadre dando a luz / desde tus entrañasútero / a nuestras telúricas islas. / Reflejando en tus espejos / a nuestros héroes mitos: Doramas, Bentejuí, Bencomo, / Tanausú, Guadarfía, Ayoze,  / Hautacuperche, Armiche…

Marliteratos donde navegan / las obras de nuestros escritores: / Cairasco, Viana, Tomás Morales, / Galdós, García Cabrera, Millares…


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La bandera de las siete estrellas

In Actualidad, Efemérides on 19 octubre, 2011 at 0:02

Pedro Brenes


Durante más de una década, lo que después se convirtió en el símbolo de la liberación nacional de Canarias, no pasó de ser una más de las muchas propuestas de  bandera independentista que circulaban por las Islas y entre los círculos de la emigración canaria en Europa y América.

Ni siquiera era original, pues ese diseño ya había aparecido, en alguna ocasión, mucho antes de que el MPAIAC lo incluyera en su “Libro Blanco”, a mediados de los años sesenta, confundiendo, según la inveterada costumbre de Antonio Cubillo, la bandera de su “movimiento” con el estandarte representativo de la lucha anticolonialista del pueblo del Archipiélago.

Pero a partir del año 1976, cuando se fraguan y se extienden por las Islas grandes movilizaciones políticas y sindicales vinculadas a las reivindicaciones obreras y a la lucha por la democracia y las libertades, todos los grupos de la izquierda anticapitalista y antiimperialista, desde los sindicatos SOC y CCT hasta los partidos PCU, PUCC, PCC(p) y PTC, asumen la tricolor de las siete estrellas verdes como representación de la lucha por la liberación nacional y social de Canarias.

Y sólo entonces la bandera de las siete estrellas se impone y se consagra definitivamente, por iniciativa de las masas populares, como el símbolo revolucionario de la Independencia y el Socialismo, perseguido y reprimido por el Estado colonialista español, odiado por la derecha y rechazado por la izquierda colaboracionista y españolista. Al mismo tiempo que la enorme popularidad alcanzada por la enseña nacional, forzó a toda clase de supuestos “nacionalistas” y de oportunistas de “izquierda” a utilizarla, con la evidente intención de neutralizar su carácter anticolonial.

Pero las cosas han cambiado mucho. Desde que la burguesía intermediaria y antinacional decidió emplear el método del chantaje a Madrid para conseguir prebendas, exenciones e inversiones, utilizando la amenaza del independentismo y poniendo en valor ante el imperialismo español su papel de barrera necesaria frente a las reivindicaciones nacionales del pueblo de Canarias, ha surgido, impulsado, financiado y controlado por Coalición Canaria, el independentismo fascista, anticomunista e insularista capitaneado por Rodríguez y Cubillo.

Esta maniobra hipócrita, grosera y antipopular de los capitalistas isleños, obliga hoy a todos los grupos y colectivos de la izquierda independentista a reivindicar firmemente y a recuperar sin complejos el sentido revolucionario y el significado socialista que siempre tuvo nuestra bandera, y que hoy corre el peligro de perder a manos de los traidores vendidos a los intereses espurios de la burguesía más reaccionaria e insularista.

Y nos obliga también a reforzar y ampliar nuestro papel de liderazgo en la política de la unidad popular frente a la actual ofensiva de los bancos y monopolios contra los derechos de los trabajadores. Ofensiva que se desarrolla con una cadena de recortes sociales y laborales, utilizando como excusa la crisis económica provocada por el capitalismo monopolista en la agonía de su fase histórica terminal.

Porque en las presentes circunstancias sociales, solamente cuando todos los anticolonialistas de izquierda -comunistas, socialistas y anarquistas- conformen una alianza por la liberación nacional y procuren la unidad de acción con el resto de las fuerzas anticapitalistas del Archipiélago, podrá el independentismo recobrar el prestigio, el respeto y la influencia que una vez tuvo entre las masas populares de Canarias.

No nos engañemos. La opción política que reúne e integra la reivindicación de la liberación del imperialismo español y la perspectiva de la transformación socialista es la más avanzada y revolucionaria del panorama de la izquierda en Canarias. Pero este papel de vanguardia sólo podrá hacerse realidad cuando, al mismo tiempo, demuestre ser la más organizada, unitaria, lúcida y pragmática.

Mientras se mantengan los vicios históricos del sectarismo y la ambigüedad política. Y hasta que no desaparezca la tendencia al aislamiento de las masas y de las fuerzas y sectores autodeterministas de izquierda. Y continúe la vergonzosa tolerancia hacia el fascismo ATI-cubillista, que de una u otra forma se tiende todavía a justificar, nadie podrá tomarnos en serio.

Es necesario, por tanto, que los independentistas de izquierda destierren el miedo a proponer las tácticas y las consignas más acertadas y más acordes con la realidad económica y política del momento histórico actual, para el avance revolucionario hacia el Socialismo.

Y es imprescindible, también, que se decidan a liderar las movilizaciones y la organización popular unitaria, dando ejemplo de racionalidad y madurez, destruyendo los muros del guetto absurdo, ilusorio e irresponsable, donde algunos se sienten tan cómodos y libres de compromisos.


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