Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El rey español manifestó al embajador alemán su simpatía por los golpistas del 23-F

In Actualidad, Historia on 6 febrero, 2012 at 11:46

Según ha revelado el semanario alemán Der Spiegel, el embajador alemán en España en 1981, Lothar Lahn, reflejó en un informe de la época que el rey Juan Carlos I, frente al intento de golpe de Estado del 23-F, “no mostró ni desprecio ni indignación frente a los actores, es más, mostró comprensión, cuando no simpatía”.

La publicación alemana señala que el embajador de Alemania en España entre 1977 y 1982, y fallecido en 1994, mantuvo una conversación de carácter privado con el monarca el 26 de marzo de 1981, en la que el rey le comentó sus impresiones acerca del 23F.

Los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos, concretamente la reinstauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad”, habría asegurado el rey al entonces embajador.

El rey manifestó a Lahn que la responsabilidad última del intento de golpe de estado no fue de sus cabecillas, sino del entonces presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez, a quien reprochaba “despreciar” a los militares, según señala el informe, que asegura además que el rey había aconsejado reiteradamente a Suárez que “atendiera a los planteamentos de los militares, hasta que estos decidieron actuar por su cuenta”.

El monarca manifestó al embajador que trataría de influir en el Gobierno y los tribunales para evitar un castigo severo a los golpistas, ya que estos “solo pretendían lo mejor

La revista destaca que el documento acaba de ser desclasificado por el Gobierno federal alemán y que puede leerse en la publicación de 2.250 páginas del Instituto de Historia Contemporánea “Actas de la política exterior de la República Federal de Alemania de 1981″.







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Celebración del centenario de la revolución china de 1911

In Efemérides, Historia on 3 noviembre, 2011 at 0:01

Domenico Losurdo


En 1911 se produce en China una revolución que provoca el derrocamiento de la dinastía manchú y que da lugar a la proclamación de la República. Sun Yatsen es el primero en ocupar el cargo de presidente. Aunque está lejos de ser un marxista, Sun Yat-sen saluda favorablemente el ascenso de los bolcheviques al poder.

La explicación que proporciona, años más tarde, sobre ese gesto encierra una terrible acusación contra el colonialismo y el imperialismo: «Ya fueron exterminados los pieles rojas de Estados Unidos» y el «exterminio» amenaza también a los demás pueblos colonizados.

Es trágica la situación de estos pueblos, a no ser porque «de improviso 150 millones de hombres de raza eslava se levantaron para oponerse al imperialismo, al capitalismo, a las injusticias, a favor del género humano». Así «nació, en momentos en que nadie lo esperaba, una gran esperanza para la humanidad: la Revolución rusa». Sí, «gracias a la Revolución rusa, la humanidad entera tenía ante sí una gran esperanza». Por supuesto, la respuesta de la reacción no se hizo esperar: «Las potencias han atacado a Lenin porque quieren destruir a un profeta de la humanidad».

Es cierto que Sun Yat-sen no es marxista ni comunista, pero es tomando como punto de partida la «gran esperanza» -la cual describe en un lenguaje a veces ingenuo y precisamente por ello mucho más eficaz– que resulta comprensible la fundación del Partido Comunista Chino, el 1º de julio de 1921.

Posteriormente, Mao, ya por entonces metido de lleno en la guerra nacional de resistencia contra el imperialismo japonés que pretende «someter toda China y convertir a los chinos en esclavos colonizados», recuerda su primer enfoque (en los últimos años de la dinastia manchú) y la causa de la revolución: «En aquel periodo comenzaba yo a tener destellos de conciencia política, especialmente después haber leído un opúsculo sobre el desmembramiento de China […]. Aquella lectura despertó en mí grandes preocupaciones por el porvenir de mi país y empecé a comprender que todos teníamos el deber de salvarlo».

Más de 10 años después, al hacer uso de la palabra en la velada que siguió a la proclamación de la República Popular, Mao recuerda la historia de su país. Menciona en particular la resistencia contra las potencias protagonistas de la guerra del opio, la revuelta de los Taiping «contra los Ching al servicio del imperialismo», la guerra de 1894-1895 contra Japón, «la guerra contra la agresión de las fuerzas coaligadas de las ocho potencias» (después de la revuelta de los Boxers) y, para terminar, «la Revolución de 1911 contra los Ching lacayos del imperialismo». Numerosas luchas y también numerosas derrotas.

¿Cómo se explica el cambio radical que se produjo en un momento preciso?

«Por mucho tiempo, durante ese movimiento de resistencia, por más 70 año, desde la Guerra del Opio en 1840 hasta la víspera del Movimiento del 4 de mayo de 1919, los chinos carecieron de armas ideológicas para defenderse del imperialismo. 

Las viejas e inalterables armas ideológicas del feudalismo se vieron derrotadas, tuvieron que ceder y fueron declaradas inservibles. A falta de algo mejor, los chinos se vieron obligados a armarse con herramientas ideológicas y fórmulas políticas como la teoría de la evolución, la teoría del derecho natural y de la república burguesa, provenientes todas del arsenal del periodo revolucionario de la burguesía en Occidente, patria del imperialismo […] pero todas esas armas ideológicas, al igual que las del feudalismo resultaron ser muy débiles; fueron retiradas y declaradas fuera de uso.

La revolución rusa de 1917 marcó el despertar de los chinos, que entonces conocieron algo nuevo: el marxismo-leninismo. Nace en China el Partido Comunista, y este acontecimiento marca una época […]

Desde que conocieron el marxismo-leninismo, los chinos han dejado de mostrarse intelectualmente pasivos y han tomado la iniciativa. Era el momento que pondría fin al periodo de la historia mundial moderna en que los chinos y la cultura china eran vistos con desprecio.»

Estamos ante un texto extraordinario. El marxismo-leninismo es la verdad finalmente encontrada, al cabo de una larga búsqueda, el arma ideológica capaz de poner fin a la situación de opresión y de garantizar la victoria de la revolución nacional en China. Y se trata de una búsqueda que comenzó desde las guerras del opio, incluso antes de la formación no sólo del marxismo-leninismo sino del propio marxismo: en 1840 Marx no era más que un joven estudiante universitario.

Lo que provoca la revolución en China no es el marxismo sino la resistencia secular del pueblo chino que, al cabo de una larga y difícil búsqueda, logra tomar plenamente conciencia de sí misma a través de la ideología que conduce la revolución a la victoria. Es el 16 de septiembre de 1949. Cinco días después, Mao declara: «Nuestra nación ya no estará sometida al insulto y la humillación. Nos hemos levantado […] La era en que el pueblo chino era considerado un pueblo no civilizado ha llegado a su fin.» 

Al celebrar el despertar de una nación largamente sometida al «desprecio»«al insulto y a la humillación», Mao tiene probablemente en mente la pancarta expuesta a finales del siglo XIX a la entrada de la concesión francesa de Shangai: «Prohibidos los perros y los chinos».

Un ciclo histórico había llegado a su fin.

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[Fuente: Voltairenet.org]






Un aporte marxista-leninista para la lucha revolucionaria en nuestro país

In Historia, Opinión on 6 octubre, 2011 at 0:00

Marco Vinicio Dávila Juárez
Miembro del Buró Político del Partido Comunista de México


El revolucionario no es la persona que posee un cúmulo de conocimientos teóricos y maneja con soltura el lenguaje dialéctico sino el que, además de esto, tiene una serie de cualidades, actitudes, capacidades y hábitos revolucionarios que no pueden aprenderse en ningún libro porque se adquieren y desarrollan únicamente en la acción revolucionaria junto a las masas. (Folleto 4)

En el Partido Comunista de México hemos reivindicado como parte de nuestra historia y tradición las luchas del pueblo mexicano contra sus opresores. Reconocemos y nos nutrimos de las experiencias de organizaciones que teniendo como guía el marxismo aportaron su esfuerzo al esclarecimiento de la situación del país y pusieron toda su capacidad a la causa de su transformación revolucionaria.

Es el caso de Arturo Gámiz y su grupo de insurgentes, “que fueron precursores en desarrollar el deslinde con la ideología burguesa de la Revolución Mexicana” y cuya discusión teórica culminó con el Asalto al Cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, inaugurando en nuestra patria el periodo de las luchas armadas por el socialismo.

El fracaso de su acción militar no significa, como muchos de esos a los que criticaron argumentaron después, que fuera erróneo su análisis político. De los errores tácticos, es decir de los errores militares los propios participantes del Asalto en su tiempo escribieron sus experiencias y valoraciones, y a lo largo de estos cuarenta y seis años militantes de la causa del socialismo e investigadores, algunos serios otros no tanto, han aportado elementos que intentan recuperar los hechos históricos y-o la experiencia de esta acción. Queda, sin embargo, mucho todavía por recuperar del análisis teórico, convertido hoy en aporte invaluable para la lucha revolucionaria y corresponde a los marxistas leninistas de México, a los comunistas esta tarea.

Este proyecto revolucionario no fue un acto espontáneo de un grupo de aventureros, como muchos en aquella época afirmaron, y como muchos los recuerdan hoy día; deslindes y descalificaciones a la táctica de la lucha armada los hubo entonces y los sigue habiendo hoy, fundamentalmente por oportunismo o por temor; deslindes con la fundamentación teórica los hubo ayer y los sigue habiendo hoy, principalmente por oportunismo o por flojera mental. Adhesiones igualmente las hubo y las hay; fueron los propios sobrevivientes de esa gesta los primeros que continuaron la lucha armada, otros siguieron su ejemplo y han regado con su sangre el camino de la revolución; pero también hubo quienes sólo lo hicieron por romanticismo o aventurerismo; empero, a la fundamentación teórica la adhesión de los comunistas debe ser sobre la base de un estudio profundo de los principales documentos elaborados previamente.

Si bien los participantes acumulaban años de experiencia de lucha política y social, e incluso armada, en diferentes organizaciones del estado de Chihuahua principalmente, su accionar político militar organizado como proyecto revolucionario tiene como punto de partida las resoluciones del Segundo Encuentro en la Sierra “Heraclio Bernal” realizado en Torreón de Cañas, municipio de Las Nieves, Durango, en febrero de 1965 (ya en octubre de 1963 se había realizado un primer encuentro) en donde se presentan para su discusión y aprobación una serie de cinco folletos conocidos como los Folletos del Encuentro en la Sierra “Heraclio Bernal”, en ellos se intenta dar una caracterización del mundo y de México. Aunque la autoría de los folletos es atribuible a Arturo Gámiz y Pablo Gómez, el hecho de haber sido presentados para su discusión y aprobados en este Encuentro los convierte en un esfuerzo teórico colectivo, con un profundo trabajo intelectual previo a la toma de decisiones. En dichos documentos se analizan, a la luz del marxismo leninismo, el mundo que les tocó vivir, el surgimiento y desarrollo del capitalismo en el mundo hasta la época en que ellos vivieron, describen las contradicciones y características del capitalismo, las crisis, el surgimiento de los monopolios, la proletarización de las masas, el desempleo, la miseria, el ocaso del capitalismo y sus contradicciones internas. Describen el mundo colonial y semicolonial.

De nuestro país realizan un breve resumen histórico desde la llegada de los españoles hasta la revolución de 1910-1917, resaltando las contradicciones de clase que expresaban los movimientos revolucionarios más importantes, el de Independencia, el de Reforma y la Revolución que culmina con la promulgación de la Constitución del 17 y el ascenso de la burguesía al poder. Realizan, eso sí, un exhaustivo análisis del periodo que inicia con el triunfo de la burguesía en 1917 hasta los años 60’s, etapa a la que denominan: Medio siglo de dictadura burguesa. Resaltando los hechos concretos en los que los “beneficios” de la revolución de aparente impacto para el pueblo, era en realidad obras que sólo beneficiaban a los ricos terratenientes, políticos, sus amigos y familiares. Este análisis destaca el hecho de que la burguesía mexicana está dividida en dos grandes grupos, el de la burguesía nacional que gobierna el país en conciliación y componendas con el imperialismo yanqui, “No está enamorado –el gobierno– del imperialismo, por el contrario, le profesa una sorda aversión, envidia y recelo porque se lleva al exterior cuantiosas riquezas que la burguesía nacional ambiciona para sí y con las cuales hasta agua se le hace el hocico. Pero al proletariado le tiene pánico, la sola idea de que se organice y fortalezca le pone la carne de gallina, porque sabe que cuando ese tome el poder para ella habrá acabado todo, su paraíso se desplomará como castillo de naipes, sus fueros y privilegios se acabarán. Ante tal perspectiva la burguesía prefiere acercarse al imperialismo y conformarse con lo que le deje”; otra, la burguesía proimperialista “que integran los grupos monopolistas del comercio, la industria y las finanzas, los grandes latifundistas y agricultores dedicados a la exportación, pugna porque México se entregue impúdicamente y sin más preámbulo al imperialismo”. Estos dos sectores estaban en constante pugna, pero lograron ponerse de acuerdo y cogobernaron a partir del régimen de Ávila Camacho, debido a eso no tienen problema en presentarse a las elecciones como un solo partido, el PRI. Las otras clases que son la pequeña burguesía urbana y rural, donde incluyen a los ejidatarios, a los pequeños propietarios y a los trabajadores precapitalistas del campo y el proletariado.

Declaran y demuestran ampliamente que la burguesía ha fracasado y es incapaz de resolver los problemas fundamentales del pueblo.

Casi para finalizar plantean, desde sus puntos de vista y las conclusiones de los documentos presentados, cuál es el único camino a seguir. Hacen una crítica a las posiciones de las organizaciones de izquierda de ese entonces, al Partido Comunista Mexicano y al Partido Popular Socialista; critican sus posiciones ante la lucha de clases en México, el sindicalismo, las organizaciones agrarias, las organizaciones juveniles y estudiantiles. Critican las posiciones de esos partidos con respecto a la lucha revolucionaria a la que han renunciado colocando a la clase trabajadora bajo la dirección de la burguesía, para luchar cómodamente con las formas convencionales, legales y pacificas de la doctrina del proletariado. “No se atreven a hacer más de lo que está permitido, lo autorizado y lo registrado por la secretaria de gobernación”. “Están enamorados de la paz burguesa, se han aclimatado y naturalizado –a ella–

Planteando la disyuntiva entre lucha pacífica y lucha armada, demuestran cómo a pesar del centenar de argumentos que hay para la primera forma de lucha, hay condiciones para la segunda: “Por nuestra cuenta no daremos ya marcha atrás en el camino de la revolución, sabemos que sin el apoyo de las masas no podremos triunfar, ganar su confianza y su apoyo es nuestra principal preocupación y nos proponemos lograrlo mediante los hechos.” Y lo cumplieron, no dieron marcha atrás.

Quise hacer este breve recuento de los documentos porque de todos estos planteamientos se desprenden algunas conclusiones de plena y absoluta vigencia:

En los documentos establecieron la caracterización de la época, concluyendo que el mundo se encuentra en la época del imperialismo. Enumerando una serie de “contradicciones congénitas e inevitables del capitalismo, que lo acompañan desde su nacimiento, y lo llevan a la tumba” como son: la proletarización y empobrecimiento de las masas, el desempleo crónico y creciente, la crisis de sobreproducción y subconsumo, la concentración de la producción y formación de los monopolios y la exportación de capitales y formación del imperialismo.

Así caracterizan al imperialismo: “Agotadas todas las posibilidades de mayor enriquecimiento en el propio país porque ya han succionado hasta la última gota del sudor y la sangre de su pueblo, los monopolios insaciables ciñen con sus tentáculos otros pueblos, los invaden con sus capitales y sus ejércitos. Sus garras arañan por todo el orbe y penetran hasta las más apartadas regiones saqueando los recursos naturales de los pueblos débiles, convirtiéndolos en simples abastecedores de materias primas y en mercados forzados para sus baratijas, chicles y refrescos. El capitalismo llegado a cierto grado de su desarrollo una vez que arruina a los pequeños capitalistas y concentra la producción y el capital en manos de los monopolios, cuando une el capital industrial y el bancario para formar el capital financiero y la oligarquía nacional, exporta capitales y forma asociaciones de monopolios que se reparten el mundo, es decir, se transforma en imperialismo, que es su fase superior y última.

Para los saqueadores imperialistas las colonias no son naciones con personalidad jurídica y soberanía ni son pueblos integrados por seres humanos que sufren y luchan por una vida mejor, simplemente son regiones abastecedoras de materias primas y de carne de cañón y mercados para chácharas.

Consecuentes con la caracterización anterior, caracterizan a la burguesía mexicana, declarando que ésta es ya incapaz de resolver los problemas fundamentales de nuestro pueblo. Es de resaltar que en los Folletos se encuentra ya advertido el camino que seguiría esta burguesía, su inserción en el desarrollo capitalista contemporáneo: el imperialismo, y la sujeción a éste vía acuerdos internacionales, por eso afirman que la burguesía proimperialista “convenció” a la burguesía nacional de los beneficios que obtendría con su adhesión al imperialismo; la burguesía mexicana ni abdicó, ni traicionó a los trabajadores mexicanos a favor de los monopolios transnacionales, los capitalistas mexicanos necesitaban, por ejemplo, del TLCAN para continuar su desarrollo, esto permitió la formación y consolidación de los monopolios de capital mexicano.

En los años en que se realizaron los documentos prevalecía para prácticamente todas las organizaciones y grupos de izquierda una estrategia que establecía la lucha por la Liberación Nacional como la tarea inmediata y en función de ella implantaban las tácticas correspondientes que imponían, de manera necesaria, la alianza con sectores de lo que denominaban burguesía nacional, ignorando lo que los jóvenes de Madera reconocían ya: la desaparición de las economías nacionales y establecían la existencia de una economía mundial” y la inexistencia de tal burguesía. Engendrando así un error estratégico de dimensiones incalculables para la clase obrera y amplios sectores populares que quedaban maniatados en su accionar independiente y sujetos a la dirección de esa burguesía. Este error estratégico sigue pesando hasta nuestros días sobre la clase obrera mexicana.

Fueron, sin embargo, los revolucionarios del Asalto a Madera los que pusieron en tela de duda toda esta estrategia, aportando una infinidad de datos que permiten entender el proceso de acumulación capitalista que se estaba desarrollando en México al amparo del Estado surgido de la revolución democrático burguesa de 1910-17 y de su clase dirigente, por lo que no tuvieron ningún empacho en denominar a este periodo Medio siglo de dictadura burguesa. Dentro del cual el proceso de nacionalizaciones era una necesidad para desarrollar las fuerzas productivas en el marco de las relaciones capitalistas; no era, como muchos supusieron una vía para la independencia nacional, el fortalecimiento de la clase obrera y la implantación pacifica del socialismo.

Por todo ello, los jóvenes de Madera concluyen que la lucha no es por estadios intermedios entre el capitalismo y el socialismo, que la lucha es por la revolución socialista, “El camino que nosotros hemos escogido está perfectamente claro, consideramos que ya es la hora de iniciar la revolución.

Pero además, derivado de este análisis, niegan las vías nacionales al socialismo. “La revolución sigue siendo una ley universal, es una burda mentira que haya `caminos nacionales´ propios y distintos para cada pueblo, lo fundamental no son las particularidades de cada país, sino los razgos generales del capitalista. Las leyes del capitalismo son las mismas y rigen por igual en Italia que en México. No hay `camino italiano´, `camino chileno´, `camino mexicano´, porque si la línea estratégica y táctica va a fundamentarse en razón de ciertos detallitos secundarios de cada país había que agregar que dentro de cada país hay condiciones muy diferentes de un estado a otro y por lo tanto surgirá también `un camino tarahumara´ al socialismo, `camino totonaca´, `camino chihuahuense´, etc.

Su correcta caracterización de la época y su comprensión de la inserción de nuestro país en la pirámide imperialista les permite advertir otro elemento a combatir: el oportunismo, inherente al imperialismo. Y lo combaten abiertamente y sin cuartel. De las organizaciones sindicales oficiales advierten las grandes lacras con que la burguesía y su gobierno las acosan y corrompen, “La corrupción, la violencia, la mediatización y la demagogia. Compra los cuadros dirigentes, los soborna y corrompe, impone a sus agentes al frente de cada sindicato, asesina lideres honestos, lanza el ejército y los granaderos, los bomberos, la secreta, etc. contra cualquier acción obrera, declara ilícitas o `inexistentes´ las huelgas, acusa de disolución `social´ a los mejores elementos del proletariado, toma medidas demagógicas como lo del reparto de `utilidades´ y hace concesiones reales para calmar el descontento. La corrupción de los dirigentes es uno de los principales aspectos del problema, a esto se llama en México `charrismo´, en memoria de un líder obrero prototipo de esta especie degenerada al que apodaban los ferrocarrileros: `el charro´.”

Así su crítica feroz contra el PCM y el PPS, las dos organizaciones de izquierda preponderantes en la época: “En México los partidos de izquierda parecen haber olvidado su misión histórica y quiénes son sus enemigos, pues emplean todo su coraje y todas sus energías en atacarse mutuamente y atacar a las organizaciones de masas, en meterse zancadilla mutuamente y meterle zancadillas a las organizaciones de masas. Las oficinas de los partidos de izquierda no son un cuartel general, ni un centro de estudio y trabajo, rara vez se comenta un libro importante, nunca se analiza el problema de la tierra o la situación de los trabajadores.

Algunos, cerrando los ojos a la realidad, desconociendo la experiencia histórica, embelleciendo el capitalismo atribuyen a la burguesía nacional cualidades que no tiene y postulan una alianza abstracta e incondicional en que el proletariado enajene su independencia y quede bajo la tutela burguesa. Al examinar las clases sociales, su correlación, sus tendencias y su carácter, les importa un comino los principios del materialismo dialéctico y de la lucha de clases, se basan en sofismas, y en la política de colaboración de clase. Inventan que la burguesía nacional independizará al país, resolverá los problemas fundamentales del pueblo y creará un nuevo tipo de democracia, y por lo tanto, el papel de los revolucionarios consiste en ayudarle en esas tareas, señalarle fraternalmente sus fallas y señalar a los curas que no le hacen caso al buenazo del señor presidente, es decir, que el papel de la clase obrera es el de peón de un sector de la burguesía para ayudarle a combatir a otros sectores. Consideran el capitalismo de Estado una panacea porque olvidan la división de la sociedad en clases, olvidan que el Estado es la burguesía y que el capitalismo de Estado obedece a los intereses directos e inmediatos de la burguesía nacional y sólo servirá al proletariado cuando éste tenga el Estado en sus manos. En lugar de consultar a los grandes teóricos del proletariado basan su línea política en los discursos y promesas del gobierno; en vez de atender las experiencias y los consejos de los pueblos hermanos que ya han pasado por el camino que México no inicia, atienden la consigna y el chisme que les dice `privadamente´ algún funcionario. Toman más en cuenta la frase elogiosa, el apretón de manos y el abrazo que les prodiga el funcionario que los macanazos, bayonetazos, torturas y descuartizamientos que prodigan a las masas los aparatos de represión de esos mismos funcionarios, prefieren y buscan la compañía y la amistad de los políticos del régimen en vez de acercarse las masas.

A Vicente Lombardo Toledano lo tipifican, según su accionar político, como un ideólogo de la burguesía.

Una vez más refutan las tesis estratégicas de la época cuando niegan que sólo hay un camino para transformar la realidad nacional, el de la transición pacífica. Y proclaman que sólo mediante la lucha armada es posible lograr cambios revolucionarios, cuestionando todos los argumentos que contra esta vía lanzaba la izquierda oportunista.

No aceptan, y demuestran por qué no, los argumentos de que la correlación de fuerzas favorables al socialismo aceleraría la revolución en cada país. Tampoco aceptan el pretexto que significaba el argumento sobre el débil equilibrio de la paz mundial para retrasar la lucha. Ni el argumento de que la división que en su época tenía el campo socialista hacía inviable el triunfo de cualquier lucha revolucionaria. Finalmente tampoco aceptan el argumento del fatalismo geográfico, cuestionado por el propio triunfo de la Revolución Cubana, al respecto dicen: “Que el imperialismo yanqui está listo para invadir cualquier país y que por tanto un movimiento armado tendría el valor de una provocación para que nos invada E.U. países como México donde la lucha revolucionaria es incipiente y timorata, no tiene el imperialismo la necesidad de mantener un ejército de ocupación, lo cual no quiere decir que no esté invadido y sojuzgado. Los revolucionarios nunca son provocadores, al contrario los opresores provocan la revolución. El imperialismo yanqui, más tarde o más temprano, ocupará militarmente nuestra Patria, pero también al imperialismo se le puede derrotar, se le está derrotando en otras partes y en México también será derrotado.

Siendo el marxismo-leninismo una ciencia, permite llegar a quien lo haya estudiado y comprendido con una actitud militante y revolucionaria a conclusiones que no sólo sirven para entender como un todo la realidad del momento histórico que se analiza, sino que da la posibilidad de buscar y encontrar los caminos –la estrategia y las tácticas– para la transformación de dicha realidad. Son los folletos para el Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal” un aporte marxista-leninista para la lucha revolucionaria en nuestro país.

Los comunistas en México tenemos ahora nuevos elementos de análisis y el aporte teórico de partidos comunistas hermanos, entre los que destacan los elaborados por el Partido Comunista de Grecia, que deben servirnos como herramientas para actualizar y enriquecer nuestra propia experiencia, pero siempre es bueno conocer y abrevar en la experiencia heroica de aquellos jóvenes que, como dijera el Ché Guevara, pusieron el pellejo para probar sus afirmaciones, y abrieron una perspectiva y un camino para la lucha independiente de los trabajadores por el socialismo-comunismo.






La voladura de la Casa del Pueblo de La Isleta

In Historia, Represión on 19 julio, 2011 at 0:02

«CON LA FINALIDAD DE MINAR CUALQUIER BROTE LEVANTISCO, SOBRE LAS CINCO HORAS DE LA TARDE DEL LUNES 20 DE JULIO DE 1936 SE HIZO DINAMITAR LA CASA OBRERA PORTEÑA»

Juan Peña García

Cuando al día siguiente no le vimos,

sepultamos su nombre

que tampoco sabíamos.

Palabras a un héroe anónimo. Agustín Millares Sall. 1974.

Cada 18 de julio la prensa se hace eco de la efeméride del alzamiento militar de 1936 que promovió un golpe estado contra la II República Española y la consiguiente guerra civil (1936-1939). Se abunda en los sucesos protagonizados por el bando rebelde, y poco se dice del bando que opuso resistencia al denominado Movimiento Nacional.

El conocimiento de la resistencia popular contra el fascismo que siguió al 18 de julio sigue constituyendo, aún hoy, después de 75 años, un vacío de nuestra historiografía. Estos episodios de resistencia, por insignificantes que parezcan y aunque no fueron algo de vastas proporciones, merecen al menos una cita en los libros de historia, donde Canarias sólo figura como mero trampolín del general Franco hacia África y La Península. Es injusto olvidar la gesta heroica de unos hombres y mujeres que pagaron con su vida o de otras formas también crueles la fidelidad a una causa y unos principios, tratados como bandoleros y criminales por el bando rebelde.

A pesar del rápido control militar de los centros neurálgicos, el ejército encuentra cierta resistencia. En el asalto al Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife el sábado 18 por la tarde mueren el falangista-soldado voluntario Santiago Cuadrado Rodríguez (por el bando rebelde) y el cabo de la Guardia de Asalto Antonio Serrano (por el bando constitucional).

En Gran Canaria se producen pequeños núcleos de resistencia al golpe de estado. El viernes 17 por la noche se reunían las federaciones obreras en sus locales de Las Palmas de Gran Canaria, al tener conocimiento fidedigno del alzamiento de las plazas africanas. En la madrugada del sábado 18 se constituye en la Casa del Pueblo un comité de lucha para convocar una huelga general y coordinar las acciones para frenar el golpe. En horas de la mañana, en la redacción del periódico socialista Avance se confecciona un manifiesto que se distribuye por la ciudad. La Federación Obrera declara la huelga general y solicita armamento para luchar, pero el Gobernador Civil no lo autoriza; tampoco hubo la decisión suficiente para tomar las armas u obligar a las timoratas autoridades republicanas a distribuirlas entre aquellos que estaban dispuestos a empuñarlas. Cientos de personas se manifiestan frente a la Comandancia Militar, siendo dispersados a tiros. Era ya demasiado tarde para parar el golpe.

En Telde se produce un tiroteo en el que muere el derechista José Suárez. En la zona norte se forman partidas para resistir y Suárez y Egea son detenidos en La Aldea el 24 de julio. El día anterior son detenidos muchos cuadros y activistas de la Federación Obrera en una reunión clandestina en el Risco de San Nicolás. Y el 10 de agosto queda desarticulado totalmente el comité de lucha de La Isleta con su detención en una casa de Pico Viento (Tafira), cayendo la mayor parte de la dirigencia del Frente Popular (luego transportada a La Península y asesinados en la macabra expedición del Dómine).

Por la Casa del Pueblo de La Isleta aparecen esa mañana del sábado vehículos con falangistas en actitud provocadora y se producen tiroteos. Un desafortunado incidente se produjo el lunes día 20 en La Isleta. Al mediodía suben tres militares por la calle Faro. El cabo de infantería Manuel Cabrera Araya (residente en la calle Inés Chemida) y los soldados de infantería Francisco Andrade Gómez (malagueño) y Juan Jiménez Mariano (moganero). La patrulla prestaba servicio en la oficina de Telégrafos sita en la calle Albareda. El cabo tenía a su madre enferma y decide ir a verla.

En la esquina con la calle Bentayga son interceptados por un grupo de 8 o 10 personas que le requieren sus armas. Se produce un forcejeo y un tiroteo, y los asaltantes se apoderan de las armas. Luis Cabrera Hernández es herido en la pierna. Los asaltantes huyen y son detenidos al día siguiente, siendo conducidos al Castillo de San Francisco. Los soldados caen muertos en la calle Tufia y el cabo malherido llega hasta la calle Juan Rejón y es evacuado al Hospital Militar. El martes siguiente son enterrados los ‘primeros gloriosos caídos’, según consideración de los alzados.

Como represalia se despliega un fuerte contingente de tropa y falangistas en la zona. En los alrededores de la Casa del Pueblo son tiroteados desde las azoteas. Los militares dan orden de evacuación al vecindario de las inmediaciones, que se refugian en otras casas del barrio. Con la finalidad de minar cualquier brote levantisco, sobre las cinco horas de la tarde se hizo dinamitar la casa obrera. Por ironía del destino, el oficial militar que dirigió la maniobra era, según algunas versiones, un simpatizante comunista. Se elimina así un símbolo de un barrio obrero y popular.

Se instruye la causa 01/1936 por el delito de rebelión militar contra los siguientes vecinos (la mayoría de La Isleta):

El Consejo de Guerra se celebra en el Cuartel de San Francisco el 2 de septiembre de 1936 y declara penas de muerte para cinco de los encausados y cadenas perpetuas para cuatro. En rebeldía es encausado el conejero Pedro Nolasco Perdomo Pérez. Permaneció 33 años (hasta el año 1969) encerrado en distintas casas de sus familiares en el barrio, siendo uno de los topos que permaneció más tiempo oculto.

Los fusilamientos se producirán al amanecer del lunes 7 de septiembre en el campo de tiro del Cuartel de Artillería de La Isleta, siendo el segundo que se produce: el primero tiene lugar el 6 de agosto, siendo fusilados el comunista y diputado Eduardo Suárez Morales y el socialista y delegado gubernativo de la zona norte Fernando Egea Ramírez.

Los tres condenados a cadena perpetua son conducidos en enero de 1937 al penal del Puerto de Santa Maria en Cádiz y regresan (con prisión atenuada) en julio de 1941. El cabo Manuel Cabrera, al que se le descubrió un tatuaje en el pecho con la hoz y el martillo en el Hospital Militar, fue enviado al Castillo de San Francisco por el delito de abandono del servicio de armas y condenado a la pena de 20 años, siendo liberado en el verano de 1940.

Desde mediados de agosto cesa cualquier intento de resistencia organizada en Gran Canaria, produciéndose hechos aislados de retaguardia como el fracasado intento de asalto del Cuartel del Regimiento de Infantería de La Isleta (Cuartel de Los Barracones) en diciembre de 1936.

Consolidado el golpe y sofocado los focos de resistencia se desarrolla un rápido y sistemático ataque a las estructuras organizativas del Frente Popular, iniciándose una dura persecución y cruenta represión para lograr su descabezamiento y aniquilación. Se suceden las masivas detenciones y empieza funcionar la máquina represiva.

Una desmedida e injustificada represión, sufrida por la práctica totalidad de los afiliados y los simpatizantes a partidos, sindicatos y sociedades obreras y republicanas de centro-izquierda, y toda la representación institucional (mayormente republicana-masónica). Y también los colectivos profesionales de funcionarios, maestros, médicos, abogados y periodistas, entre otros. Muchos conocieron la muerte con o sin juicio previo. Otros ni siquiera tuvieron esa posibilidad y desaparecieron en el anonimato, asesinados por bandas amparadas por el nuevo régimen. Muchos de esos defensores de la legalidad republicana serán detenidos, encarcelados, desaparecidos y fusilados en los meses siguientes.

En la primera semana del golpe las cárceles, comisarías, cuartelillos y centros de detención quedan repletos. El campo de concentración de La Isleta (ubicado al norte del Cuartel de Artillería) se abre el viernes 31 de julio con un primer ingreso de 315 presos. El campo cierra (al ser trasladado al de Gando) el lunes 15 de febrero de 1937 con 1.145 detenidos.

Se contabilizaron (hasta 1948) 71 personas fusiladas en la provincia de Las Palmas. En el primer semestre fueron desaparecidas-asesinadas alrededor de 1.200 personas en toda Canarias. Se calcula que en el periodo de 1936 a 1950 pasaron por las prisiones canarias 20.000 personas, entre las diversas categorías de presos (detenidos, encausados, gubernativos, preventivos, retenidos, rehenes, etc), incluyendo a los presos peninsulares trasladados a las Islas. Y miles los maltratados, vejados, torturados, encarcelados, deportados y exiliados. Los que pudieron se escondieron o huyeron al exilio. Otros, posiblemente para escapar de la escabechina, se pasaron al bando insurgente.

El régimen de terror se intensificó con la extensión de las represalias hacia las familias, amistades y entornos cercanos, abarcando al conjunto de la población en un control generalizado. La pérdida de puestos de trabajo, la incautación de bienes propiedades, las multas y la imposición de impuestos, cuotas y contribuciones. La marginación social abocó a la indigencia y la pobreza a miles de familias.

La represión desencadenada en Canarias es el resultado de una decisión política planificada, metódica y necesaria, de una política tendente a desarticular a la oposición al golpe de estado y a pacificar la retaguardia de un frente de guerra que muy pronto se manifiesta como duradero. La venganza y el exceso individual existieron, pero como factores anecdóticos y, siempre, favorecidos por el propio golpe militar. La dura represión tenía un claro sentido: amedrentar a la población y a los posibles resistentes, arrasar al movimiento obrero. Sobre su base se asentó un sistema dictatorial que favoreció a la minoría de la clase oligárquica.

Los promotores del golpe militar lo justificaron en las movilizaciones y los alborotos producidos dándoles un carácter de insurrección social, cuando en realidad nunca tuvieron la dimensión de violencia planificada hacia la toma del poder. En su conjunto la situación creada suponía la alteración de la paz social que tradicionalmente reinaba en las Islas y que tanto añoraban los patronos acostumbrados a beneficios fáciles, ahora recortados por la crisis económica y la mayor capacidad reivindicativa de la clase trabajadora. La protesta obrera buscaba la modificación del reparto de la renta y la consecución de mejores condiciones de vida (vivienda, salubridad pública, educación, etc).

Se impuso el imperio del terror y de la arbitrariedad, un clima de violencia inédito hasta entonces en Canarias, no para restituir el orden social alterado, sino para frenar las conquistas del movimiento obrero. No había motivo próximo ni remoto que justificase la brutalidad desatada por los militares y sus afectos. Aquí no sucedieron los radicalismos producidos en otos lugares. En el periodo republicano en Canarias la única muerte “política” fue la del joven socialista Juan (o José) Morales Ojeda, herido frente a la Casa Woermann por la Guardia de Asalto cuando participaba en la algarabía con que en La Isleta se saludó el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 y que murió el 1 de marzo.

La reacción isleña rindió pronto homenaje a León y Castillo en Telde, al tiempo que Franchy y Roca perdía su calle en la capital. Las preferencias estaban claras. Se instauró el silencio, la desmemoria. Las víctimas callaron para proteger a los suyos.

En el solar resultante de la voladura de la Casa del Pueblo, dos años después de su destrucción, el 18 de marzo de 1938 se inaugura la Plaza de España, interviniendo en el acto militares, falangistas, autoridades y el cura de la iglesia de La Luz Matías Artiles Rodríguez. Se sepultaba cualquier recuerdo del anterior centro obrero. Así tuvo origen el único espacio público verde que merece denominarse plaza o parque en La Isleta. Cuarenta años después, al inicio de la democracia, en 1978 y por iniciativa de la primera Asociación Vecinal isletera, la plaza pasó a denominarse Plaza del Pueblo, en homenaje a aquella casa. Allí tuvo su sede el inicial movimiento vecinal del barrio, en el local construido a partir de la primera remodelación de la plaza.

Hoy, 75 años después, desaparecidos aquellos frondosos laureles y esbeltas palmeras de la vieja Plaza de España para dar cabida al actual aparcamiento de coches (cuya construcción se inició en septiembre de 2001), lo que supuso la remodelación de la plaza (para peor), y traslada la Sala de Lectura Municipal en noviembre de 2010 a la Plaza de La Luz, ha quedado allí un pequeño local de propiedad municipal en desuso. Algunos vecinos y vecinas proponen que se utilice como Casa Ciudadana de La Isleta para uso colectivo vecinal, dedicada a actividades recreativas, culturales y sociales.

La memoria histórica es un saber que no necesita justificación utilitaria. Forma parte de nuestra cultura, pues conocer nos enriquece. Constituye parte de los cimientos de la sociedad, ya que no se puede vivir el presente y encarar el futuro sin asumir el pasado.

Ahora que la gente nueva del 15M toma la plaza, ojalá que las nuevas generaciones sepan valorar este pasado para proyectarlo en su acción por un futuro posible mejor, impulsando un movimiento profundamente ‘respublicano’, es decir, ciudadanista, por la causa pública y el provecho común, que vuelva a recuperar y defender los viejos valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad, tejiendo una nueva red social en base a las históricas prácticas de hermanos, amigos, vecinos, compañeros y camaradas.

La Isleta. 18 de julio de 2011.






El mito de la masacre de Tiananmen

In Historia on 19 julio, 2011 at 0:00

Gregory Clark


Gregory Clark, ex diplomático australiano especializado en asuntos chinos, publicó recientemente un artículo en Japan Times, afirmando que la prensa occidental elaboró el mito de la masacre de Tiananmen. A continuación, un resumen:

La reciente publicación de cables en WikiLeaks ha ayudado finalmente a desentrañar el mito de la supuesta masacre en la Plaza de Tiananmen en Beijing, en la noche del 3 al 4 de junio de 1989. ¿Pero cómo surgió el mito?

Varios observadores occidentales imparciales que estuvieron entonces en la plaza, incluyendo un corresponsal de Reuters y un equipo de TV española, han insistido por mucho tiempo en que no vieron ninguna muestra de masacre.

Entonces, ¿de dónde salió la historia? Un informe espeluznante de la BBC en aquel entonces ha sido una fuente importante. Otros reporteros pudieron sentirse obligados a repetir lo dicho, aunque ninguno de ellos, incluyendo la BBC, habían estado realmente en la plaza.

La mejor exposición sobre lo sucedido se puede encontrar en un informe detallado de 1998 de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, titulado “El mito de Tiananmen y el precio de una prensa pasiva”. Preparado por Jay Mathews, ex jefe de la oficina en Beijing del Washington Post, el texto destaca el modo en que el instinto tribal de los medios occidentales creó la falsa historia de la masacre.

Según Mathews, este tema se remonta a un periódico de Hong Kong que inmediatamente después de los disturbios de 1989, publicó un reportaje firmado por un supuesto estudiante que participó en las manifestaciones. Éste afirmó haber estado en la plaza cuando las “tropas llegaron con ametralladoras para disparar a mansalva contra centenares de estudiantes”.

Distribuido alrededor del globo, el artículo fue considerado como prueba final de que los informes de la BBC y otros medios eran exactos. Pero el supuesto autor del informe nunca fue localizado, y por buena razón: todo indica que el artículo fue fabricado.

Irónicamente, los medios occidentales, que casi pasaron por alto las masacres en ciertos países, todavía se empeñan en pintar un cuadro falso “de un gobierno chino brutal, presto a caer sobre sus estudiantes, asesinando a centenares de ellos, incluso a miles”.

Una reseña del 17 de abril en ese periódico sobre el libro de Philip Cunningham Luna de Tiananmen: dentro de la sublevación de estudiantes chinos –cuyo llamado promocional en Amazon sigue mencionando la masacre de Tiananmen- proporciona una pista. La misma cita a uno de los líderes estudiantiles de entonces, Chai Ling, quien habría dicho que sólo creando un “mar de sangre” se lograría conmocionar al gobierno. Si los estudiantes que abandonaban frustrados la plaza atacaban a los soldados con cócteles Molotov, entonces la cólera del gobierno sería mucho más comprensible. Pero dudo que cualesquiera de los responsables de la falsa historia original reparara en tales detalles.

Tiananmen sigue siendo el ejemplo clásico de vacuidad y sesgo informativo de la mayoría de los medios occidentales, y de las operaciones gubernamentales ocultas que intentan controlar esos medios. China es demasiado importante para convertirse en víctima de este absurdo.


[Fuente: China Daily]






¿Franco muerto? ¡Si resucitó al tercer día!

In Actualidad, Historia on 18 junio, 2011 at 8:57

Francisco Javier González


Todavía le quedaban bastantes años de ejercer su noble labor benéfica en el exterminio de rojos, separatistas, comunistas, masones, ateos, maricones y un largo etcétera de humanos maléficos al ínclito y cristiano militar bautizado como Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco y Bahamonde Salgado Pardo nacido en El Ferrol de su propio nombre, terror de la chusma morisca y de los andrajosos mineros asturianos, proclamado por sufragio universal como Caudillo, Generalísimo, refundador del Imperio y Cruzado invicto, cuando corría por las hispanas tierras y sus colonias un chiste, uno más de la infinita serie que tenían al salvador de la patria y la cristiandad como protagonista.

El chiste ya era público incluso bastante antes de que su acólito Carrero Blanco subiera al cielo con parada intermedia para dejar el coche en un alero conventual. Relataba un hipotético Consejo de Ministros del democrático régimen, presidido por Carrero como sucesor in pectore, el mismo día de la muerte del Generalísimo y tenía como punto clave del Orden del Día la elección del lugar donde lo enterrarían. Acalorados debates se cruzaban con distintas propuestas, incluyendo la de embalsamarlo y construirle un gigantesco mausoleo donde cupiera tan insigne personaje, rechazado por el costo que supondría. En un momento determinado se oye un ¡Eureka! Lanzado por Carrero que lanza una audaz idea: “Tanto ha hecho Franco por la Iglesia de Cristo que lo debemos enterrar en Jerusalén”. Propuesta rechazada porque Martín Artajo exclamó “¡Ni hablar, que de repente nos resucita a los tres días!” Deo gratias parecía ser solo un chiste, pero en realidad se trataba de una profecía o, al menos, de una premonición, que los píos ministros organodemocráticos no tenían, que se sepa, el don de la profecía.

Francisco Paulino (¿de que me suena “Paulino”?) Hermenegildo Teódulo Franco elevó su incólume alma al cielo antes de clarear el día 20 de noviembre de 1975 pero no tardó ni los tres días del chiste en resucitar. Lo hizo a los dos días, el 22, en las Cortes del Reino de España entre las abundantes lágrimas de un simiesco orejudo que respondía al nombre de Arias Navarro cuando el preclaro Juan Carlos Borbón, nato en humilde cuna del exilio, asciende a la sinecura del hispano trono por haber sido nombrado como “sucesor a título de Rey” por el supuestamente muerto benefactor militar desde el 22 de julio de 1969, en base a la Ley de Sucesión de 1947 que especificaba en su art. 2 que “la jefatura del Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde” a quién correspondía también la ardua labor de nombrar un sucesor que continuara su benemérita labor en pro de una humanidad libre del azote marxista de cualquier laya. Desde entonces su espíritu habitó entre nosotros y aquí sigue. Lo que se llevaron al Valle de Cuelgamuros –después de Cuelgamuertos y hoy de los Caídos- es solo la carcasa mortal que lo envolvía.

Lo que ha sido inevitable es que aquel espíritu heroico, forjado en la caridad y el amor al prójimo que tenían los generales africanistas de la Cruzada como Mola, Queipo, Sanjurjo, Dolla –que dejó indeleble impronta en Canarias- o el propio Franco, labrado en su inicio en la pacífica y enriquecedora convivencia intercultural con las Kábilas rifeñas que hacía que los “Abd el Krim boys” perdieran literalmente la cabeza, y forjado luego en los campos de batalla españoles, no se pudiera heredar en su integridad. (Por cierto, no sabía si borrar de esta exégesis a Queipo que llamaba al llorado Generalísimo “Paco la Culona”, pero lo he dejado porque seguro que era una muestra del cariño y respeto que le profesaban sus conmilitones). A nuestro héroe nunca le tembló el pulso para acabar con la cizaña bolchevique. Solo dos meses antes de elevar su alma al cielo de los mártires, Madrid, Barcelona y Burgos fueron testigos de los últimos 5 fusilamientos firmados por su benemérita mano derecha mientras la izquierda, la mano del diablo, asía con fuerza la momificada de Santa Teresa para santificar el acto. Seguía fielmente los consejos de su confesor Fray Albino, émulo de su antecesor dominico Fray Tomás de Torquemada –que en el cielo esté, que muchos herejes quemó para alcanzarlo- al que tuvimos la inmensa suerte de tener por obispo de Aguere en estas asirocadas tierras africanas y hasta dejó nombre a una plaza como recuerdo. El gran Fray Albino, que en su ejemplar obra “Mina de oro para enfermos y atribulados” (Imprenta Católica. S/C Tfe. 1941) nos decía “los rojos no sabían morir por su falta de heroísmo. Sin embargo algunos consiguieron ser fusilados cristianamente ya que con motivo de los fusilamientos que la justicia de Franco tuvo que hacer con los criminales rojos, en privado, un 60% de los que iban al paredón se confortaban, pero en público eran menos del 10%” y es que los rojos, aparte de esa lacra ideológica, eran cobardes e hipócritas hasta para morir pero Franco tuvo el valor de hacerlos fusilar y desaparecer por cientos de miles en todo el Estado que Dios confió a su guarda y custodia. El insigne Fray Albino González y Menéndez-Reigada tuvo también el honor de ser el autor del “Catecismo Patriótico Español” (Salamanca 1939) que estuvo de texto obligatorio hasta el año 1949 en plan preguntas-respuestas como los posteriores de los Padres Ripalda y Astete, y que a la pregunta ¿Cuáles son los siete enemigos de España?, respondía “El liberalismo, la democracia, el judaísmo, la masonería, el capitalismo, el marxismo y el separatismo” mientras que definía a Franco como “El Caudillo, hombre providencial, puesto por Dios para levantar a España y luchar contra el bolchevismo internacional y la antipatria”, y eso fue lo que hizo durante los largos años de su eximia democracia orgánica.

Tal parece que hoy los rojos y separatistas –los masones no, que ni siquiera han podido reparar su cuasi ruinoso templo de la Logia Añaza 270 en Santa Cruz- intentan vilipendiar la memoria de aquel gigante español y romper su sacrosanta herencia, pero se equivocan de medio a medio. El Caudillo lo dejó todo “atado y bien atado” y, si por un casual, pareciera en algún momento que vicios perniciosos como la democracia, el marxismo o los homosexuales que ahora se llaman con el nombre agringado de “gays” asomaran su patita blanqueada, quedan españoles serios, honestos y cristianos caballeros castellanos como Aznar, valerosos gallegos como Fraga y Rajoy, incorruptibles valencianos como Camps Ortiz y hasta heroínas émulas de la sin par Agustina de Aragón como Esperanza Aguirre para mantener enhiesto el pendón, contando con la asistencia espiritual de señeras voces eclesiales que aseguran la continuidad de Occidente como las de Rouco Varela y su Conferencia Episcopal. Ya los españoles de bien y amantes de la patria están acostumbrados a estas insidias calumniosas desde los tiempos en que, inspirada por la pérfida Albión, se tejió la Leyenda Negra ayudada por algunos españoles espurios y medio herejes, como el tal Fray Bartolomé de las Casas con su “Brevísima relación de la destrucción de África” que algún resentido historiador subtituló como “Preludio de la destrucción de Indias y Primera defensa de guanches y negros contra su esclavitud” y su posterior “Brevísima relación de la destrucción de Indias” sin pensar que guanches, negros e indios necesitaban mortificar sus cuerpos paganos, impíos y salvajes para salvar sus almas. Eso sigue pasando hoy y con idénticos argumentos insidiosos, como los del juez Garzón que contabiliza como si fueran españoles cristianos y honrados a los 143.353 rojillos certificados que nuestro excelso Caudillo tuvo que repartir por fosas comunes, cunetas y monturrios para salvar a la Patria Eterna y no se si están contados ahí, por quedar muy lejos, el par de miles de canarios a los que hubo que apotalar, desriscar, o desaparecer por la misma cristianísima causa.

Que nadie se preocupe por coñadas como la denominada “Memoria Histórica” y la carajera que han querido montar a su alrededor. El espíritu del Caudillo sigue vivo en manos de los verdaderos cultivadores de la Ciencia Histórica, que veneran a Clío como musa inspiradora, como el insigne Pío Moa y el no menos insigne Gonzalo Anes, presidente de la provecta Real Academia de la Historia nacida con Felipe V, que consigue, usando un cierto deje tejano, en la visita en 1998 a la docta institución como invitado, del Presidente Constitucional J.M. Aznar, el encargo de la monumental obra en 25 tomos del “Diccionario Biográfico Español” para la que la entonces Ministra de Cultura, Esperanza Aguirre destinó 100 millones de pesetas anuales durante 8 años para su confección, supervisada por Comisiones de Académicos –todos Ilustres, por supuesto- coordinada por el también Ilustre Académico, Quintín Aldea. Al final solo nos ha costado a los contribuyentes unos 6,4 millones de euros o, en las pesetas rubias aquellas con la apolínea y marcial cara del Caudillo, unos 1.025 millones . Una miseria para lo que aporta a la civilización occidental y a la imperial Historia de la España Una Grande y Libre.

El agradecimiento al Sr. Aznar por su fidelidad ideológica lo expresa en su correspondiente entrada biográfica –por supuesto que inacabada, que al mentor del PP le quedan muchas glorias que cosechar- el académico Manuel Jesús González y González que explica como la vesania socialera a raíz de 11M madrileño y del piche del “Prestige” le hacen perder las elecciones. El mismo académico se encarga también del panegírico de Esperanza Aguirre, la heroína de Bombay y mujer de acero que aguanta estoicamente incluso accidentes de helicóptero junto a su amado jefe de filas, pero la cúspide de la Ciencia Histórica la pone el historiador Luis Suárez Fernández, Presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos y miembro conspicuo de la Fundación Francisco Franco, con los encendidos –y, por supuesto, merecidos- elogios a la gigantesca figura histórica del Caudillo que me resisto a transcribir porque todos conocemos la sobriedad castrense -mitad monje, mitad soldado- del personaje historiado. También hay que alabar el acierto de poner al rojillo canario –ambas cuestiones bastan para descalificarlo- Juan Negrín como dictador comunistoide. ¡Así hay que hacer historia y no como los falsarios tipo Julián Casanova, Sánchez Juliá, Ángel Viña, Josep Fontana o el británico –y por ende sospechoso- Paul Preston! Estos, en vez de a Clío, tienen como musa a Talía que, como todo el mundo sabe, es actriz teatrera y, por ello, mentirosa.

Yo he decidido que, en mi próxima visita a España, me pasaré por la Basílica del Valle de los Caídos con una aleluya en que se vea, por una cara, a San Monseñor Escrivá de Balaguer y, por la otra, al Generalísimo, y le pediré al Prior de la Abadía Benedictina de la Basílica del Valle de los Caídos –que se honra en declarar que está sufriendo hoy la “misma persecución que la que sufrieron los religiosos polacos durante el comunismo y los beatos españoles durante la persecución de odio a la fe en España de 1934 a 1939”– que me la bendiga para elevarle mis plegarias por un próximo triunfo del caudal relicto que nos dejó Franco reencarnado en el PP.


Canarias a 18 de junio de 2011


P.S.: He ido al Banco a solicitar un mísero préstamo de los 3.500 euros de nada que cuesta el famoso Diccionario Biográfico Español para pagarlo en 60 mensualidades y me lo han negado con la peregrina y fementida excusa de que en el próximo gobierno de Rajoy me pueden bajar -aún más- mi pensión de profesor jubilado y, aunque me embargaran el bien adquirido, su valor intrínseco no cubriría ni una mensualidad.