Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Archive for the ‘Historia’ Category

La Bolivalogía (XXI)

In Cultura, Historia, Opinión on 18 junio, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


ENTRADA DE BOLIVAR A CARACAS

Después de la capitulación del Generalísimo Miranda, muchos revolucionarios comprometidos del 19 de Abril, esperanzados en la aparente solidaridad manifestada por los ingleses de las islas vecinas, se refugiaron en Trinidad, confiados por supuesto en encontrar allí la aceptación de sus ideas libertarias, las que los habían convertido en asilados políticos. Al frente de este grupo figuraban dos hombres, cuyo destacado papel posteriormente en la guerra de emancipación venezolana, se oscurecerían con las sombras injustificables del personalismo: Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez.

Mariño, hombre talentoso, de valentía extraordinaria, excelente dirigente, se le consideró como jefe de aquel grupo exilado, era hijo de ricos hacendados de la Isla de Margarita, por su fortuna contó siempre con gran influencia en las poblaciones orientales y desde los primeros días de la revuelta americana se destacó en la causa.

Cuando Miranda se niega en 1812 a reconocer el ascenso a Coronel a Bolívar, no vacilo en otórgaselo a Mariño, en quien reconoció las actitudes militares que no tardaría en demostrar. Por otro parte, Bermúdez si dejó entrever errores que lo diferenció de Mariño, pero históricamente su audacia, su astucia lo caracterizaron como un gran militar dirigente de las tropas patriotas en Oriente. Su sable gigantesco que aun se conserva, es signo de cuan grandes fueron sus energías como garantía en la conducción de la revolución.

Sin embargo estos hombres fueron arrojados por los triunfos de Monteverde a la isla de Trinidad y tampoco encontraron allí el apoyo que necesitaban para preparar su regreso, puesto que el gobierno Británico deseoso de mantener sus buenas relaciones con España, ordenó a todos sus funcionarios en la colonias del Mar Caribe abstenerse de cualquier apoyo a oficiales asilados por rebeldes, recomendación que llevo a verdaderos extremos de intolerancia el gobernador d Trinidad, Sir Ralph Woodford quien dirigiéndose a Mariño le dice en tono ofensivo:

A Santiago Mariño, general de los insurgentes de la Costa Firme”. A este calificativo, Mariño le responde: “Cualquiera que haya sido la intención de V.E. al llamarme insurgente estoy muy lejos de considerar deshonroso el epíteto cuando recuerdo que con él denominaron los ingleses a Washington”.

Sin apoyo de ninguna índole y obligados por la desesperación, ayudados únicamente por el carácter de sus conciencias revolucionarias. Mariño convence a sus compañeros de regresar a Venezuela para enfrentársele a Monteverde. Reúne cuarenta y cinco hombres y consigue una pequeña goleta, se lanzan al audaz regreso que hacen por islote de Chacachacare, donde Mariño, en su retirada en 1812, había escondido algunos fusiles y un pequeño parque de municiones. Bermúdez asume el mando de una parte de los emigrados y Mariño se dirige a Güiria con el resto. El arrojo, la decisión y el valor hacen otra campaña admirable, operaciones victoriosas, reabastecen las tropas y es así como se lanzan definitivamente contra el feroz Antoñanzas, se apodera de Cumaná, capital de las provincias orientales. Allí se entera del avance de Bolívar sobre Caracas cuando reciben una comunicación en la que los invitaba a marchar sobre la capital para ocuparla conjuntamente.

Mariño empieza a revelarse y a figurar como un caudillo local, sus aspiraciones se trastocan y se convierte en un feudo personal en el Oriente venezolano. Temeroso de la influencia de Bolívar prefiere estacionarse en las tierras que domina y renuncia a aceptar la colaboración en la cual no está seguro de ser el jefe. Igualmente ocurre con Bermúdez y el resto de sus oficiales, quienes no vacilan en secundar el propósito de mantener al Oriente aislado de la causa de Bolívar, él cual mantiene la encarnizada batalla contra Monteverde .Lo cierto es que a todas las invitaciones que les hace Bolívar para constituir un gobierno central y único en Venezuela, las respuestas son evasivas, tanto así, que para asombro de Bolívar recibe la manifestación finalmente de que ellos desean establecer dos gobiernos; uno en Cumaná y que el establezca el otro en Caracas. Ante tal anarquía Bolívar les responde:

Permítame V.E. comunicarle con la franqueza militar que debo usar con V.E., que no me parece propio retardar el establecimiento de un centro del poder para todas las provincias de Venezuela… Si constituimos dos poderes independientes, uno en el Oriente y otro en Occidente, hacemos dos naciones distintas, que por su impotencia en sostener su representación de tales y mucho más de figurar entre las otras, aparecerán ridículas. Apenas Venezuela unida con la Nueva Granada podría formar una nación que inspire a la otras la decorosa consideración que le es debida. ¿Podremos pretender dividir en dos?”.

Ya Bolívar determina con claridad su objetivo y se topa con las dificultades que tiene que vencer, ahora, parece mentira, se tiene que enfrentar a dos enemigos. Al externo y al interno a este ultimo más peligroso sino tiene la capacidad de neutralizar, de dominar y para ello necesita sacar adelante la tarea principal que en ese momento tiene planteada para la causa. Se trata pues, de que la causa no se parta en dos o de que se le conviertan en partidos, sino en que se sepan organizar para preparar y desarrollar la lucha contra el enemigo exterior. La idea que debe privar en la comprensión de la política revolucionaria como arte de dirección política, la cual consiste que no es suficiente saber donde está, hacia donde va y como debe ir hacia delante la causa, sino en ser capaz de hacer, de llevar a la practica esa orientación teórica revolucionaria, de que la conducta del movimiento que ahora si está en parto, nazca y marche hacia el logro de sus objetivos mas apreciados.

No tardaría en llegar el momento en que Bolívar, ante la imposibilidad de establecer una autoridad común para su causa, se vería obligado a combatir al enemigo exterior a través de un único frente que dificultaba su total integración continental. De ahí que la unidad, la integración la haría a consta de todo sacrificio, la agrupación de fuerzas ambiciosas, igual que sus caudillos tendrían que ser convencidas para no dejar perder sus experiencias obtenidas a través de la campaña admirable que tanto le había costado para formar las nuevas concepciones. Bien comprendieron los revolucionarios de Caracas la manera como la actividad continental de los republicanos dependía de la enorme vitalidad de Simón Bolívar y resolvieron rendirle un homenaje imperecedero para la historia, ya este hombre sobresalía en América. Se reunió la municipalidad de Caracas, los líderes y dirigentes de la revolución en el convento de San Francisco y allí que en aquella hermosa iglesia expidieron un acta, la cual le entregaron a Bolívar nombrándolo como la suprema autoridad de la nación y el histórico titulo de Libertador.”Tìtulo -contesto Bolívar profundamente emocionado al recibir le Acta de manos de don Cristóbal Mendoza- más glorioso y satisfactorio para mi que el cetro de todos los imperios de la tierra.

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.






La Bolivalogía (XX)

In Cultura, Historia, Opinión on 29 mayo, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


ENTRADA DE BOLIVAR A CARACAS

El 7 de Agosto de 1813 entre triunfante el revolucionario a Caracas– dice Ducoudray-Holstein-. “La entrada de Bolívar fue tan brillante como gloriosa. Las mujeres venían a coronar a su Libertador y cubrían las calles por donde iba a pasar de montes de flores y de rama de laurel y olivo. Las aclamaciones de millares de personas se mezclaban al estruendo de la artillería, a los repiques de las campanas y a los acordes de las músicas marciales. Se abrieron las prisiones y las infortunadas víctimas de la libertad, con sus rostros pálidos y demacrados, parecían espectros que habían dejado las tumbas. Antes de la llegada de Bolívar se había preparado un carro regio y triunfal. Semejante a aquellos de que servían los cónsules romanos al regreso de una campaña gloriosa… Bolívar iba de pie en el carro, la cabeza desnuda, vestido de gran uniforme y llevaba en la mano un bastón como insignia de mando

En realidad Bolívar es recibido por el pueblo, por la masa, podríamos asegurar que es a partir de este momento que la causa Bolivariana va a incrustarse en sus conciencias como camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad y eso significa prepararse para una guerra larga anticolonial, es a partir de este instante que la masa se involucra a la problemática revolucionaria venezolana de ese momento histórico.

Bolívar en esa entrada triunfal ve su voto que hizo en Cartagena, siete meses atrás, cumplido. De allí partió con doscientos revolucionarios en su mayoría voluntarios y llegó con mil quinientos, en una campaña de dos mil kilómetros sin una sola derrota.

Dos días después de su entrada triunfal Bolívar se dirige a sus conciudadanos nos en un manifiesto general diciéndoles:

Manifiesto del General en jefe del Ejército Libertador a sus conciudadanos

La conducta de Miranda sometió la república Venezolana a un puñado de bandidos que esparcidos en sus extensas poblaciones, llevaron por todas partes los suplicios, las torturas, el incendio y el pillaje, renovaron las escenas atroces con que ensangrentaron al Nuevo Mundo sus primeros conquistadores. Las estipulaciones, la buena fe de sus habitantes, su dócil sumisión, lejos de ser un dique a la violencia, fue el debe de su estúpida fiereza y rapacidad. La tiranía del rudo y pérfido Monteverde echará para siempre el sello de la ignominia y del oprobio a la nación española, y la historia de su dominación será la historia de la alevosía, del terrorismo, y otros semejantes resortes de su política.

La nación que inflige una capitulación solemne, incurre en la proscripción universal. Toda comunicación, toda relación con ella debe romperse: ha conspirado a destruir los vínculos políticos del universo, y el universo debe conspirar a destruirla.

Americanos, el acto por el cual el gobierno español ha desconocido el sagrado de los tratados, os ha dado un nuevo derecho a vuestra emancipación y a su exterminio.

Arrollo de sangre ha regado este suelo pacifico, y para rescatarle de la tiranía ha corrido la de ilustres americanos, en los encuentros gloriosos de Cúcuta, Carache y Niquitao, donde su impetuoso valor, destruyendo el mayor numero, ha inmortalizado la bizarría de nuestras tropas. Las repetidas y constantes derrotas de los españoles en estas acciones prueban cuanto los soldados de la libertad son superiores a los viles mercenarios de un tirano. Sin artillería, sin numerosos batallones, la fogosidad sola y la violencia de las marchas militares, ha hecho volar los estandartes tricolores desde las riberas del Magdalena hasta las fronteras de Barcelona y Guayana. La fama de nuestras victorias volando delante de nosotros ha disipado sola ejecitos enteros, que en su delirio intentaban llevar el yugo español a la Nueva Granada, y al corazón de América Meridional. Cerca de tres mil hombres a las órdenes de Tizcar, seguidos de una formidable artillería, estaban destinados a la ejecución del proyecto. Apenas entre ven nuestras operaciones, que huyendo como el viento, arrastran consigo como un torbellino furioso, cuanto su rapacidad puede arrebatar a las victimas que inmolaban en Barinas y Nutrias. Desesperando de hallar salud en la fuga misma, al fin solicitan la clemencia de los vencedores, y caen en nuestro poder su artillería, fusiles, pertrechos, oficiales y soldados. Un ejército fue así destruido sin un tiro de fusil, y ni sus reliquias pudieron salvarse.

Nada importa que el comandante Oberto, confiado en sus fuerzas, intente para sostener Barquisimeto, aventurar el éxito de una batalla con el ejército invencible. La memorable acción de los horcones, ganada por nuestros soldados, es el esfuerzo mayor de la bizarría, y del valor. Solo quince hombres pudieron escapar por una veloz y vergonzosa huida. Ejército de Oberto, divisiones de Coro, artillería, pertrechos, bagajes, todo fue apresado o destruido. Nada faltaba ya el ejército republicano, sino aniquilar el coloso del tirano mismo. Estaba reservado a los Taguanes ser el teatro de esta memorable decisión.

Monteverde había reunido allí las únicas fuerzas que podían defenderse. Si fue éste ultimo y el mayor esfuerzo de la tiranía, el resultado le fue también el mas desastroso y funesto. Todos sus batallones perecieron o se rindieron. No se salvó un infante, un fusil. Sus más expertos oficiales muertos o heridos. Este fue el momento de la redención de Venezuela. Allí fueron las últimas atrocidades de Monteverde. En su fuga incendiaba las poblaciones, pillaba a todos los habitantes, y con los despojos de los pueblos se refugió en Puerto Cabello, donde su estupidez no le ha permitido almacenar provisiones de víveres ni aun de pertrechos.

Pocas victorias han sido acompañas de circunstancias tan gloriosas. Ella ha dado un esplendor a las armas americanas, de que no la creían capaces los otros pueblos. No hubo sino un solo herido; y el ejército de Monteverde fue pulverizado. Las ciudades de Valencia, las de los Valles de Aragua, Caracas, La Guaira, todo lo que la tiranía había reducido a una desolación espantosa, fue en un momento rescatado, animado del regocijo universal; y al silencio de los muertos, sucedieron los vivas de la Libertad.

¿Quién hubiera esperado que cuatro miserables, europeos, indisciplinados y sin caudillo, de la ciudad de Caracas, hubieran propuesto entonces al Vencedor condiciones para rendirse? Desunidos, impotentes y sumergidos entre militares patriotas solos bastantes para sofocarlos, presentaron un tratado de capitulación, que solo hubiera soportado la clemencia del Vencedor. Se Concluyó en La Victoria con ventaja que no podía esperar su miserable. La conciencia de de sus crímenes no les permitió esperar tampoco el resultado de la negociación, corrieron vergonzosamente en tropel a los buques de la bahía, como solo medio de su salvación. Habitantes de Caracas y La Guaira: vosotros habéis sido testigos oculares del desorden escandaloso con que el gobierno español ha desaparecido de entre vosotros, abandonando a merced d e los vencedores, a los mismos que debían ser el blanco de la ira y la venganza. ¿Qué hombres sensatos podrán ser mas los partidarios de un inicuo gobierno, que después de haberlos envuelto en sus crímenes, los expone el mismo sacrificio? Un gobierno cuyo objeto es el pillaje, sus medios, la destrucción y la perfidia, y que lejos de ver la defensa general, rinde al cuchillo a sus más comprometidos defensores.

Nuestra clemencia ha perdonado a esta ultima perfidia, ha retirado del suplico a los destructores de Venezuela, y ha propuesto por una comisión a sus residuos, acogidos en Puerto Cabello, extender a ellos mismos tan incorporable generosidad. Si ellos resisten, su obstinación labrará su perdida por un funesto escarmiento.

Esta borrada, venezolanos, la degradación e ignominia con que el déspota insolente intentó manchar vuestro carácter. El mundo os contempla libres, ve vuestros derechos, asegurados, vuestra representación política sostenida por el triunfo. La gloria que cubre las armas de los libertadores excita la admiración del mundo. Ellas han vencido; ellas son invencibles. Han infundido un pánico terror a los tiranos, infundirán un decoroso respeto a los gobiernos independientes, como el vuestro. La misma energía que os ha hecho renacer entre las naciones, sostendrá para siempre vuestro rango político.

El general que ha que ha conducido la huestes libertadoras al triunfo, no os disputa otro timbre que el de correr siempre al peligro y llevar sus armas donde quiera que haya tiranos. Su misión esta realizada. Vengar la dignidad americana tan bárbaramente ultrajada, restablecer las formas libres del gobierno republicano, quebrantar vuestras cadenas, ha sido la constante mira de todos sus conatos. La causa de la libertad ha reunido bajo sus estándares a los más bravos soldados, y a la victoria ha hecho tremolarlos en Santa Marta, Pamplona, Trujillo, Mérida, Barinas y Caracas.

La urgente necesidad de acudir a los débiles enemigos que no han reconocido aun nuestro poder, me obliga a tomar en el momento deliberaciones sobre las reformas que creo necesarias en la constitución del Estado. Nada me separará de mis primeros y únicos intentos. Son vuestra libertad y gloria.

Una asamblea de notables, de hombres virtuosos y sabios, debe convocarse solemnemente para discutir y sancionar la naturaleza del gobierno, y los funcionarios que hayan de ejercerle en las críticas y extraordinarias circunstancias que rodean a la república. El libertador de Venezuela renuncia para siempre, y protesta formalmente, no aceptar autoridad alguna que no sea la que conduzca nuestras soldados a los peligros para la salvación de la patria.

Caracas, 9 de Agosto de 1813. 3º de la independencia y 1º de la guerra a muerte.

De orden del General en Jefe.

Antonio Muñoz Tébar
Secretario de Estado

La causa deja de ser una simple abstracción teórica y trabajo de agitación, a partir de este momento se transforma en movimiento práctico en la lucha por el poder político. Por supuesto, este inicio es supremamente difícil y Bolívar se va a encontrar con un brote lleno de múltiples crisis dentro el seno de su causa, la cual iremos detallando a medida que analicemos desde el punto de vista científico su dialéctica y su acción.

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.






La Bolivalogía (XIX)

In Cultura, Historia, Opinión on 25 mayo, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón


La lucha de castas y de razas desatada por los caudillos españoles, que había hecho de la guerra solo propósitos y beneficios para ellos; inicicia su fin, pues Bolívar divide sus tropas en dos grandes divisiones: da instrucciones a Ribas de marchar por la ruta que corre al pie de la cordillera hacia Tocuyo, cosa de evitar el avance del español Oberto, y él conjuntamente con Girardot y Urdaneta, avanzan por los linderos de los llanos en dirección hacia San Carlos, donde se encontraba acantonado Izquierdo, pues su estrategia fue la de no permitir el plan de Monteverde, quien buscaba la concentración de sus tropas en Araure para detener a Bolívar, pero éste le resulto mas audaz y desarrolló una táctica eficaz que evito esa reunión y enfrentó a sus fuerzas todopoderosas por separado.

Ya he señalado que las medidas y decisiones que toma el revolucionario no son improvisadas, ni artificiales, como insisten otros investigadores, ni producto de su capricho subjetivo, sino el resultado de un análisis científico y revolucionario de la etapa y el momento concreto de la lucha que se hacia en el país en el sentido político social militar.

Tanto así, que no tardó en tener noticias del triunfo de los Horcones, don Ribas, logró que las tropas de Oberto se viesen obligadas a combatir y en una acción sangrienta quedara totalmente inutilizada, con la cual Monteverde aspiraba defender a la provincia de Caracas.

Bolívar apresura su marcha hacia San Carlos, pero Izquierdo estaba aterrorizado por la derrota de Oberto y se marchó hacia Valencia, entonces el revolucionario decidió no darle tiempo de organizarse, ni de recibir ayuda de Monteverde y lo persigue alcanzándolo en la Sabana de Taguanes, donde le obliga a enfrentársele y le propina la derrota, otro triunfo marca el destino de su campaña.

En el informe al Congreso de Tunja Bolívar expresa:

La intrepidez de nuestras tropas produjo a los españoles el pavor; inmediatamente emprendieron su retirada ordenada y la sostuvieron por espacio de seis horas, hasta que, viendo que nuestra caballería casi los cortaba, se introdujo el desorden, empezó la disolución y a las dos horas de persecución ya teníamos en nuestro poder a muchos prisioneros, porción de fusiles, cartuchos y pertrechos que dejaban en el campo. Toda la tarde duró la acción en que murieron muchos españoles, entre ellos seis de sus mejores oficiales, uno de éstos el comandante Izquierdo; perdieron toda su infantería, que quedo dispersa por los bosques o prisionera o pasada a nosotros, pudiendo asegurar a vuestra señoría que no escapó ni un solo infante”.

¡”La guerra a muerte” comenzaba como táctica de una línea política a constituir un poderoso instrumento del movimiento revolucionario hacia una victoria definitiva!

Hablo de táctica porque Bolívar cambiaba sus tareas con rapidez, así lo demuestran todos sus documentos, pero desde luego él diferenciaba entre la estrategia política y la estrategia militar, él sabia que en política no se trabajaba con ejércitos, con fuerzas disciplinadas y que en política tenía que mover las masas interpretando sus intereses y formándoles una conciencia dirigida hacia la libertad la justicia y la igualdad. Y eso lo vamos a ver en su historia militar y en su historia política social.

Al enterarse Monteverde quien ya estaba próximo a la ciudad de Valencia, el resultado nefasto de sus tropas, considera perdida a Caracas y toma rumbo hacia Puerto Cabello. La Capital queda en manos de su segundo, don Manuel Fierro, quien se apresuró a enviar emisarios de paz, escogiéndolos con indudable habilidad y acierto, pues designó al marqués de la Casa de León y a don Francisco Iturbe, protector y amigo incomparable de Bolívar. Este les espero en la Victoria, donde hacia tan solo seis meses Miranda había sometido la república a las insolentes condiciones de paz de Monteverde.

Don Francisco Iturbe al ver a Bolívar, corre a abrazarlo y éste le responde, el visitante le expone las condiciones de la rendición, cuyos puntos fueron discutidos dentro e una amplia cordialidad, pero Bolívar no los acepta todos y le manifiesta a su amigo que se dirigirá a Caracas como Vencedor de la campaña. Habia recorrido los últimos seiscientos kilómetros en treinta días derrotando a más de diez mil combatientes enemigos que se le opusieron.

Pero antes de la entrada del revolucionario a Caracas, veamos partes de un documentos enviado por Bolívar al Secretario de Estado del Gobierno de la Unión, donde hace análisis militares de la situación del momento.

Quedo convencido de las razones que VS. Expone en el oficio del 29 del pasado, que tengo el honor de contestar, en que manifiesta la necesidad de calcular, antes de precipitarnos en una empresa desesperada, las fuerzas del enemigo y las que yo tengo a mi mando, los recursos con que él cuenta y los que no puedo esperar internado en Venezuela, indicando VS. Muy sabiamente, que debemos examinar el estado de la opinión pública en aquellos países, y hasta qué punto se puede confiar de ella, ver con qué se mantiene este ejército, con que armas y con qué gente hayamos de reparar sus pérdidas, y en fin, como el que he derrotado aquí, aquél es un soldado retirada de un tan pequeño cuerpo, si por desgracia sufre reveses que están siempre en el orden de la guerra. No es Monteverde, añade VS., un enemigo como el que he derrotado aquí, aquel es un soldado intrépido y aguerrido que ha subyugado en cuatro meses a toda Venezuela, y ha batido a las tropas numerosas que se le presentaron en cuantos encuentros tuvo con ellas; y éste otro es un estúpido que se ha mantenido nueve meses estacionario, después de los más prósperos sucesos que casi le habían abierto las puertas de Nueva Granada.

Permítame VS., que por ultima ves y en calidad de explicaciones a mis anteriores oficios, haga algunas reflexiones que aclaren un poco la materia y me sirvan, por decirlo así, de excusa a las empresas militares que me he tomado la libertad de proponer al soberano congreso de la Unión.

VS. Ha decidido la cuestión, y yo estoy enteramente de acuerdo en la estimación respectiva que hace del merito de Monteverde y de Correa. Al primero le concede VS. Grandes cualidades militares, porque conquistó en cuatro meses la república de Venezuela con fuerzas inferiores, y califica de estúpido al último porque se ha quedado en inacción por espacio de nueve meses, teniendo abiertas las puertas de La Nueva Granada. Efectivamente, Monteverde a la cabeza de un puñado de hombres obtuvo los más brillantes sucesos porque supo aprovechar las favorables coyunturas que se le presentaron por consecuencia del descontento de algunos europeos, de no muchos sacerdotes, y de la consternación que produjo el terremoto en una parte del vulgo.

Esta consternación en la actualidad es incomparablemente mayor en el ánimo, no solo del bajo pueblo, sino de los hombres sensatos y pudientes que mueven siempre la multitud, causada por las persecuciones que ejercen todos los europeos o isleños en una especie de anarquía contra los naturales del país, a quienes vejan en las calles, en las plazas, en los mercados, en las cárceles y en los tribunales, con la barbarie que le es característica. Es muy general el disgusto que reina en la parte sana de los pueblos, inclusive en los individuos del estado eclesiástico, cuyos parientes amigos y compañeros desde la infancia son sepultados vivos en las bóvedas, en los pontones, arrastrando pesadas cadenas y sufriendo los mas grandes vilipendios.

Este es un segundo terremoto, señor secretario para el partido enemigo, y si el primero derribó las ciudades, éste ha destruido la opinión, que el fanatismo o lo preocupación había hecho concebir a favor de los tiranos, y es un testimonio bien autentico de esta verdad, la reciente sublevación de Cumaná y la conspiración de Caracas, cuyos hechos son ciertos y sólo puede ponerse en duda en la mayor o menor extensión de sus resultados, por manera que con justa razón se me deberá culpar como a Correa, por no haber penetrado hasta Caracas, estando las puertas abiertas, los espíritus dispuestos a acogernos favorablemente, y hallándome a la cabeza de más de 1.000 fusileros, con su correspondiente tren de artillería, y la caballería que querramos levantar, pues si Correa ha sido un estúpido por no haber conquistado la Nueva Granada con solo 700 hombres, yo debo ser un imbécil si no liberto a Venezuela con un ejército respetable y victorioso.

Monteverde es aplaudido, sin más que por haber mostrado audacia y arrojo en emprender una obra superior a sus fuerzas y a sus talentos; pero que ayudado por el imperio de las circunstancias y de las cosas, logró resultados que estaban fuera del cálculo de la probabilidad. ¿Qué razón, pues, habrá en favor de este aventurero, sin mas virtudes que las de un simple soldado, con menos auxilios que nosotros sosteniendo un odioso partido, y en una situación más difícil que la nuestra, con fuerzas inferiores a las que poseemos? ¿Qué razón, digo, habrá para que se le conceptué capaz de obtener ventajas tan extraordinarias, en tanto que se nos niega la posibilidad de lo que está en el orden de los sucesos? Diré a VS. De paso señor, señor secretario, que conozco a Monteverde y a Correa contra quienes he combatido en diferentes estados de fortuna. Con el primero, cuando estaba triunfante, y con el segundo venciéndolo; sin embargo, juzgando a ambos oficiales con la imparcialidad que es debida, me veo obligado a tributar a Correa los sufragios a que se ha hecho acreedor, portándose con el valor de un soldado y el honor de un noble jefe, sin que Monteverde haya excedido jamás a Correa en estas virtudes, no habiéndosele visto nunca con el enemigo tan a la manos, como éste lo estuvo, y teniendo por otra parte conocimientos militares, que nadie le disputa y de los cuales aquél notoriamente carece. Ni los triunfos de Monteverde han sido tan constantes y sucesivos como VS. Asegura, pues de diez acciones que se dieron en Venezuela, sólo las cuatro primeras le fueron favorables, habiendo perdido las seis últimas, y quedando en tres de ellas completamente derrotado.

Porque es preciso convenir en que las capitulaciones vergonzosas de Miranda no fueron la obra de Monteverde, sino de la circunstancias y de la cobardía del general del ejército de Venezuela.

Yo concluyo con decir, que por los mismos medios que el opresor de Caracas ha podido subyugar la confederación, por esos mismos, y con mas seguridad que él, me atrevo a redimir a mi patria.

Yo soy soldado, y mi deber no me prescribe otra cosa que la ciega obediencia al gobierno, sin entrar en examinar la naturaleza de sus disposiciones, que sin duda son y deben ser las más prudentes y justas, meditadas y concebidas con la profundidad y sabiduría que pertenecen al excelentísimo señor presidente del congreso, los miembros de aquel cuerpo soberano y el secretario del Estado.

Quedo entendido de que no debo marchar más delante de la Grita, y espero las ulteriores órdenes para ejecutarlas, como VS. Tenga a bien comunicármelas, en la firme inteligencia de que yo cifro toda mi gloria en someterme gustosamente al soberano gobierno de la Unión, de quien soy un más leal y adicto servidor.

Dios guarde a VS. Muchos años,

Simón Bolívar.
Cuartel general de Cúcuta, 8 de Abril de 1813

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.




La Bolivalogía (XVIII)

In Cultura, Historia, Opinión on 19 mayo, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón


La rebeldía de Bolívar aniquila la resignación y el temor a la derrota, Su lucha como expresión práctica es el antídoto necesario para poder proseguir con su campaña. Necesita penetrar su causa en la conciencia de todos y por esto es que sabe que tiene que enfrentarse a todas las dificultades que se le venían encima.

Sus rápidos triunfos conseguidos no le borran de su mente el hecho que daba una especial característica a su audaz empresa; la marcada minoría numérica de sus tropas frente a la que disponía Monteverde desde San Carlos a Caracas. Al llegar a Trujillo ordena la salida de Girardot en persecución de las fuerzas del capitán Cañas e inmediatamente se dedica a reclutar combatientes a nombre del Gobierno de la Nueva Granada ofrecía el indulto a todos los soldados dispersos del ya exterminado ejército de Correa y a los que se presentasen con su fusil, bayoneta y fornitura, la gratificación de cuatro pesos.

Pero en Trujillo no existía ningún entusiasmo por la causa libertadora, la juventud no se presentó y lo campesinos huían a los bosques vecinos para evitar ser reclutados. Ni víveres, ni bestias, ni soldados le fue posible conseguir, pues la población se encargó de esconderlo todo, presentando una resistencia pasiva a los esfuerzos de los oficiales republicanos.

Si Bolívar hubiese pensado con el pesimismo como lo hizo Miranda, la causa habría muerto allí mismo en Trujillo, esto ahondando los consejos e insistencias de muchos de sus colaboradores. Pero supo manejar como “el hombre de las dificultades” la complejidad de todos aquellos problemas, nunca se sustrajo de su responsabilidad social política y militar. Bolívar, en un despliegue extraordinario y científico, se nos revela más digno que nunca del glorioso destino que le esperaba.

En la historia de la humanidad muchos grandes hombres han sintetizado antiguas fuerzas sociales en marcha y conquistado la gloria por su poder de asimilación de un gran proceso colectivo, pero muy pocos han logrado y podríamos decir: intentado, crear de la nada un movimiento revolucionario histórico, como de este momento en adelante lo realizó Bolívar. Trujillo es el teatro de la lucha emancipadora, es la evolución de la causa, allí nace la dialéctica de Bolívar, la forma que ya venia construyendo, sembrando, para la propagación de la libertad y justicia. No naufraga su fe en el apoyo de los pueblos pues es allí precisamente donde su energía humana lo conduciría como revolucionario a levantar la conciencia americana.

DECRETO DE GUERRA A MUERTE

Este documento político es una expresión a la lucha imperial que se mantiene en ese momento, es un documento que concibe la autentica guerra, cien veces mas difícil, mas larga, mas complicada, porque está encarnizada por un pueblo que busca su libertad y abortar todas las formas de esclavitud.

Documento que evitan mencionar la mayoría de historiadores por considerarlo “Infame” “bárbaro” pero que es una respuesta a una represión inhuma desatada por los esclavistas españoles.

El 15 de junio de 1813 el Libertador dicta, en horas de la madrugada, la famosa proclama de Guerra a Muerte Llamado por muchos como un documento terrible, calificado por algunos como de extrema crueldad y por otros como de una necesidad perentoria, como único medio de hacer interesar a los americanos en su propia causa y de aterrar a los españoles. Para los que han creído que esta Proclama de Bolívar en Trujillo era totalmente innecesaria y contraria a la moral, baste con recordarles todos los crímenes, excesos, violaciones, torturas, desmanes sin cuento de los realistas en esos días en que veían acercarse el fin de su dominación en tierras americanas.

La guerra en Venezuela adquirió un carácter particularmente violento entre los años 1813 y 1814. Las crueldades y la falta de toda consideración para el contrario fueron la norma entre los bandos beligerantes. Los realistas, desde 1811, se habían negado a reconocerles beligerancia a los patriotas.

Los trataban como alzados, bandidos y traidores al Rey, sin reconocerles el derecho a luchar por la causa que defendían. En segundo término, la guerra de independencia presentaba características de una guerra civil. Los realistas obtuvieron fáciles triunfos, porque muchos pueblos se sublevaron contra los republicanos y proclamaron su adhesión al Rey de España. En el propio campo de batalla, los soldados patriotas desertaban y se pasaban al enemigo. Los jefes realistas supieron aprovechar la influencia del régimen colonial sobre el pueblo, la ignorancia y el fanatismo en que lo habían mantenido, para utilizarlo ahora en contra de la causa independiente.

Era necesario, pues, crear una conciencia nacional en favor de la independencia. El Libertador comprendió este hecho y se dispuso a tomar medidas para impedir que el enemigo siguiera teniendo éxito en sus propósitos de dividir al pueblo. Para transformar la guerra civil en guerra internacional; para crear en el pueblo y en los soldados la imagen de la patria libre que luchaba por la causa justa de su independencia nacional.

FRAGMENTOS DE LA PROCLAMA DE GUERRA A MUERTE

(CUARTEL GENERAL DE TRUJILLO, 15 DE JUNIO DE 1813)

Simón Bolívar… a sus conciudadanos…

Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia a las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte: que han violado los derechos sagrados de las gentes: que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre: que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignorancia y mostrar a las naciones del Universo que no se ofende impunemente a los hijos de la América…

Todo español que no conspire contra la tiranía a favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestros ejércitos con sus armas o sin ellas: a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra y magistrados civiles que proclamen el gobierno de Venezuela, y se unen a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al estado, serán reputados y tratados como americanos…

Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente, los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos…

Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedad: el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos…

Españoles y canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América; americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables”.

El deseo evidente de establecer una situación privilegiada para los americanos, aunque fueran enemigos y una guerra sin cuartel contra los españoles, así fueran indiferentes, revele claramente el propósito de Bolívar de crear una frontera definitiva entre España y América, en el cual se engendrará la conciencia de libertad y justicia.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XVII)

La Bolivalogía (XVI)

La Bolivalogía (XV)

La Bolivalogía (XIV)

La Bolivalogía (XIII)

La Bolivalogía (XII)

La Bolivalogía (XI)

La Bolivalogía (X)

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.




La Bolivalogía (XVII)

In Cultura, Historia, Opinión on 16 mayo, 2011 at 0:02

Víctor J. Rodríguez Calderón


Dice Bolívar en su análisis político de la acción del enemigo: “Tal era el infeliz estado de Caracas, cuando reventó en los Valles de la costa, al Este, la revolución de los negros, libres y esclavos, provocada, auxiliada y sostenida por los emisarios de Monteverde. Esta gente inhumana y atroz, cebándose en la sangre y bienes de los patriotas, de que se les dio una lista en Curiepe y Caucagua, marchando contra el vecindario de Caracas, cometieron en aquellos valles y, especialmente, en el pueblo de Guatire los mas horrendos asesinatos, robos, violencias y devastaciones.

“Los rendidos, los pacíficos labradores, los hombres más honrados, morían a pistolazos y sablazos, o eran azotados bárbaramente aún después de haberse publicado el armisticio. Por todas partes corría la sangre y los cadáveres eran el ornato de las plazas y calles de Guatire, Calabozo, San Juan de los Morros y otros pueblos habitados por gente labradora y pacifica que, lejos de haber tomado las armas, huían, al acercarse las tropas, a los montes, de donde los conducían atados para quitarles la vida sin más formalidad, audiencia o juicio que hacerlo hincar de rodillas. Cualquier oficial o soldado estaba autorizado para dar impunemente muerte al que juzgaba patriota o tenía qué robar…”.

Estas acciones fueron posibles porque los españoles constituían en La Costa firme no una clase social como aseguran otros historiadores, no, ellos eran una casta política, que vivía usufructuando los gajes y prebendas de la administración colonial, sin tener aquellas profundas vinculaciones con la economía y las relaciones sociales propias de esa economía. Se trataba de una Burocracia privilegiada, sin raíces en la estructura intima de la comunidad, de ahí que pudiera fomentar impunemente en Venezuela esa terrible lucha de razas y clases, que le permitió ganarse el apoyo de la gran mayoría de la población y crear rápidamente el ejército que Monteverde, el hombre que ambicionaba conducirlo para reconquistar a la Nueva Granada.

De ahí, que encontremos históricamente que cuando Bolívar daba por terminada la conquista del Valle de Cúcuta, en todo el occidente venezolano, los oficiales al mando de Monteverde ya se encontraban en posiciones superables que les permitían un avance ordenado, eficaz, desde la provincia de Caracas hasta la frontera con la Nueva Granada, donde ya operaban abiertamente con una organización dirigida y accionada al mando del brigadier Correa.

LA CAMPAÑA ADMIRABLE

Ya empieza Bolívar a conocer la gloria, las dificultades y la miseria de ser libertador. Pero su destino será el ser reconocido por las generaciones como uno de los hombres que amó la libertad, que luchó contra la explotación del hombre por el hombre y que logró la libertad con su idea y su práctica libertar cinco naciones.

Bolívar, decide marchar sobre territorio venezolano a pesar de toda la logística militar enemiga, cuyos cuadros estaban formados de la siguiente manera: en Trujillo se encontraban los regimientos del capitán Cañas; en las montañas de Barquisimeto las divisiones del capitán Oviedo y en la provincia de Coro, oficiales expertos de guerra reclutaban y formaban nuevos cuerpos que alimentarían al ejercito de Monteverde para conducirlos a tierras neogranadinas. Hacia el sur, en Guasdualito, Yáñez disponía de 900 hombres; en Barinas, Tizcar esperaba órdenes con 1500 y a San Carlos llegaba el capitán Izquierdo con 1200 soldados.

Esta organización de fuerzas disponía de una superioridad numérica en cuanto a los modestos efectivos militares que disponía Bolívar, cuya táctica la proyectaba en evitar, por la celeridad de sus ataques iníciales, el proceso de concentración ya muy avanzado del enemigo.

Bolívar le ordena a Castillo avanzar sobre la ciudad de La Grita, pues allí se iban a concentrar Correa, Yáñez y Tizcar y la estrategia era destruir al primero y evitar la concentración de los otros dos y obligarlos a replegarse hacia el Lago de Maracaibo.

Pero Castillo demora las acciones y solo se preocupa de enviar informes contra Bolívar al Congresos de Tunja, sin embargo se vio en la necesidad de ejecutar la operación ordenada y después de un rápido y arrojado combate en las alturas cercanas a La Grita, y gracias a las habilidades militares del sargento mayor Francisco de Paula Santander el combate les fue favorable.

Castillo y algunos oficiales influenciados por éste, anunciaron no continuar las acciones, sostenían que hacerlo, era una locura, no se internarían en territorio hostil y mas cuando el enemigo los aventajaba con un ejercito notoriamente superior. El Congreso no desautoriza a Bolívar, y Castillo presenta su renuncia irrevocable, dejando al mando a Barraya, que identificado también con las opiniones de su jefe, no demora en dimitir del cargo, es así, como los combatientes quedan bajo las ordenes del sargento mayor Francisco de Paula Santander, hasta la llegada de Bolívar a La Grita. Se reunían por primera vez dos hombres, cuya amistad favorecerían a la causa con un final verdaderamente fatal para la misma.

Santander contaba entonces veintiún años, pero ya había logrado altas distinciones por sus servicios a la república. Muy joven sus padres le enviaron a Santa Fe, becado para estudiar en Colegio de Sam Bartolomé.

La Nueva Granada se encontraba en profundas divisiones entre Federalistas y centralistas. Santander se unió a los primeros, y desempeño cargos administrativos de importancia. Estas contiendas no lo apasionaron mucho, pero él se preparó para construir un estado liberal fuerte, donde su legalidad surgiera no de un capricho sino de la mejor senda para establecer en América una autoridad sólida pero no despótica.

Lo cierto es que Santander al igual que la mayoría de los jefes granadinos, pensaba que dada la insignificancia de las fuerzas de Bolívar, era una locura intentar con estas conquistar la libertad de Venezuela. Tan pronto como recibió el mando, en forma no por diplomacia menos clara, procuro informarle del lamentable estado de las mismas, con la evidente intención de disuadirlo de ese propósito que según él como militar consideraba irrealizable

De ahí, que tan pronto como Bolívar llega a la Grita lo deja encargado de la guarnición y escoge para los altos mandos en los cuales depositaba sus esperanzas: a los granadinos Girardot y D’Elhuyar y los venezolanos Rafael Urdaneta y José Félix Ribas. Con ellos abre la campaña contra Mérida y Trujillo, cuyas guarniciones no lograron presentar resistencia efectiva al impulso inicial de los combatientes republicanos.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XVI)

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La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.




La Bolivalogía (XVI)

In Cultura, Historia, Opinión on 30 abril, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


Dice Bolívar en su análisis político de la acción del enemigo: “Tal era el infeliz estado de Caracas, cuando reventó en los Valles de la costa, al Este, la revolución de los negros, libres y esclavos, provocada, auxiliada y sostenida por los emisarios de Monteverde. Esta gente inhumana y atroz, cebándose en la sangre y bienes de los patriotas, de que se les dio una lista en Curiepe y Caucagua, marchando contra el vecindario de Caracas, cometieron en aquellos valles y, especialmente, en el pueblo de Guatire los mas horrendos asesinatos, robos, violencias y devastaciones. Los rendidos, los pacíficos labradores, los hombres más honrados, morían a pistolazos y sablazos, o eran azotados bárbaramente aún después de haberse publicado el armisticio. Por todas partes corría la sangre y los cadáveres eran el ornato de las plazas y calles de Guatire, Calabozo, San Juan de los Morros y otros pueblos habitados por gente labradora y pacifica que, lejos de haber tomado las armas, huían, al acercarse las tropas, a los montes, de donde los conducían atados para quitarles la vida sin más formalidad, audiencia o juicio que hacerlo hincar de rodillas. Cualquier oficial o soldado estaba autorizado para dar impunemente muerte al que juzgaba patriota o tenía qué robar…”.

Estas acciones fueron posibles porque los españoles constituían en La Costa firme no una clase social como aseguran otros historiadores, no, ellos eran una casta política, que vivía usufructuando los gajes y prebendas de la administración colonial, sin tener aquellas profundas vinculaciones con la economía y las relaciones sociales propias de esa economía. Se trataba de una Burocracia privilegiada, sin raíces en la estructura intima de la comunidad, de ahí que pudiera fomentar impunemente en Venezuela esa terrible lucha de razas y clases, que le permitió ganarse el apoyo de la gran mayoría de la población y crear rápidamente el ejército que Monteverde, el hombre que ambicionaba conducirlo para reconquistar a la Nueva Granada.

De ahí, que encontremos históricamente que cuando Bolívar daba por terminada la conquista del Valle de Cúcuta, en todo el occidente venezolano, los oficiales al mando de Monteverde ya se encontraban en posiciones superables que les permitían un avance ordenado, eficaz, desde la provincia de Caracas hasta la frontera con la Nueva Granada, donde ya operaban abiertamente con una organización dirigida y accionada al mando del brigadier Correa.

LA CAMPAÑA ADMIRABLE

Ya empieza Bolívar a conocer la gloria, las dificultades y la miseria de ser libertador. Pero su destino será el ser reconocido por las generaciones como uno de los hombres que amó la libertad, que luchó contra la explotación del hombre por el hombre y que logró la libertad con su idea y su práctica libertar cinco naciones.

Bolívar, decide marchar sobre territorio venezolano a pesar de toda la logística militar enemiga, cuyos cuadros estaban formados de la siguiente manera: en Trujillo se encontraban los regimientos del capitán Cañas; en las montañas de Barquisimeto las divisiones del capitán Oviedo y en la provincia de Coro, oficiales expertos de guerra reclutaban y formaban nuevos cuerpos que alimentarían al ejercito de Monteverde para conducirlos a tierras neogranadinas. Hacia el sur, en Guasdualito, Yáñez disponía de 900 hombres; en Barinas, Tizcar esperaba órdenes con 1500 y a San Carlos llegaba el capitán Izquierdo con 1200 soldados.

Esta organización de fuerzas disponía de una superioridad numérica en cuanto a los modestos efectivos militares que disponía Bolívar, cuya táctica la proyectaba en evitar, por la celeridad de sus ataques iníciales, el proceso de concentración ya muy avanzado del enemigo

Bolívar le ordena a Castillo avanzar sobre la ciudad de La Grita, pues allí se iban a concentrar Correa, Yáñez y Tizcar y la estrategia era destruir al primero y evitar la concentración de los otros dos y obligarlos a replegarse hacia el Lago de Maracaibo.

Pero Castillo demora las acciones y solo se preocupa de enviar informes contra Bolívar al Congresos de Tunja, sin embargo se vio en la necesidad de ejecutar la operación ordenada y después de un rápido y arrojado combate en las alturas cercanas a La Grita, y gracias a las habilidades militares del sargento mayor Francisco de Paula Santander el combate les fue favorable.

Castillo y algunos oficiales influenciados por éste, anunciaron no continuar las acciones, sostenían que hacerlo, era una locura, no se internarían en territorio hostil y mas cuando el enemigo los aventajaba con un ejercito notoriamente superior. El Congreso no desautoriza a Bolívar, y Castillo presenta su renuncia irrevocable, dejando al mando a Barraya, que identificado también con las opiniones de su jefe, no demora en dimitir del cargo, es así, como los combatientes quedan bajo las ordenes del sargento mayor Francisco de Paula Santander, hasta la llegada de Bolívar a La Grita. Se reunían por primera vez dos hombres, cuya amistad favorecerían a la causa con un final verdaderamente fatal para la misma.

Santander contaba entonces veintiún años, pero ya había logrado altas distinciones por sus servicios a la república. Muy joven sus padres le enviaron a Santa Fe, becado para estudiar en Colegio de Sam Bartolomé.

La Nueva Granada se encontraba en profundas divisiones entre Federalistas y centralistas. Santander se unió a los primeros, y desempeño cargos administrativos de importancia. Estas contiendas no lo apasionaron mucho, pero él se preparó para construir un estado liberal fuerte, donde su legalidad surgiera no de un capricho sino de la mejor senda para establecer en América una autoridad sólida pero no despótica.

Lo cierto es que Santander al igual que la mayoría de los jefes granadinos, pensaba que dada la insignificancia de las fuerzas de Bolívar, era una locura intentar con estas conquistar la libertad de Venezuela. Tan pronto como recibió el mando, en forma no por diplomacia menos clara, procuro informarle del lamentable estado de las mismas, con la evidente intención de disuadirlo de ese propósito que según él como militar consideraba irrealizable

De ahí, que tan pronto como Bolívar llega a la Grita lo deja encargado de la guarnición y escoge para los altos mandos en los cuales depositaba sus esperanzas: a los granadinos Girardot y D’Elhuyar y los venezolanos Rafael Urdaneta y José Félix Ribas. Con ellos abre la campaña contra Mérida y Trujillo, cuyas guarniciones no lograron presentar resistencia efectiva al impulso inicial de los combatientes republicanos.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XV)

La Bolivalogía (XIV)

La Bolivalogía (XIII)

La Bolivalogía (XII)

La Bolivalogía (XI)

La Bolivalogía (X)

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.