Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La Bolivalogía (XV)

In Cultura, Historia, Opinión on 24 abril, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


Bolívar pues, tiene la histórica responsabilidad de liquidar la existencia de Venezuela como colonia. Esta es su tarea fundamental de principio, pero va mas allá, cuando dice: “Yo soy granadino, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas… La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente, debe evitar los escollos que han destrozado a aquella. A este efecto presento como una medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada la reconquista de Caracas”.

Aparte del compromiso de conquistar la libertad de Venezuela previene que como revolucionario tiene ya otras obligaciones insoslayables, como es la de defender también la libertad de la de Nueva Granada, para ello en este documento eleva la critica y rige la línea cultural e ideológica de su causa, inicia su difusión y lo hace no solo desde el punto revolucionario, sino humano.

La realidad es que este documento inicialmente llega solo a las conciencias de los combatientes que lo reciben en la guarnición de Barrancas, lo ven como un proyecto genial, pero éstos se encuentran en una situación de falta de recursos, desorden e indisciplina, abandonados, faltos de toda logística armamentística. Bolívar con extraordinaria energía se dedica a su preparación y entrenamiento. Barrancas, con sus calles estrechas, empantanadas, con sus humildes cabañas de techos de paja, ve como todos sus habitantes se ponen a las ordenes del Coronel Bolívar, mas que alistarse para conservar un puesto sin importancia, según las ordenes de Labatud, todos se preparaban para una peligrosa campaña.

Es el mes de Diciembre, ya los combatientes están en mejores condiciones, Bolívar toma decisiones e inicia a dar los pasos decisivos de su vida, la conquista de Caracas es su horizonte, es así, que desobedeciendo las órdenes de Labatud, se pone al frente de 200 hombres preparados como guerrilleros, todos de la guarnición y del pueblo de Barrancas.

Salen de allí por el rio con dirección a la mas cercana posición enemiga, Tenerife, su propósito es el de expulsar a los españoles del Alto Magdalena, esta acción la comunica directamente al gobiernos de Cartagena, pero su estrategia es la de abrirse paso hacia las provincias granadinas limítrofes con Venezuela. Esta empresa era no solamente arriesgada, la inferioridad numérica de sus tropas frente a las del enemigo a todo lo largo del Magdalena, sino por entrañar gravísima desobediencia las órdenes superiores, que le acarrearían las sanciones mas graves si la victoria no le acompañaba en su peligrosa aventura.

Practicante Bolívar, no se queda en aquello de hablar, sino que inicia la acción, inicia su praxis humana ideológica como forma embrionaria de conciencia social mediante la cual sabe llegarle al hombre primitivo que en ese momento representa a esta parte del mundo y vive en él, le enseña lo importante que es defender su libertad y su justicia. Es su teoría científica llevada a la práctica, comienza a madurarse su pensamiento racionalmente.

A parir de este momento se inician las acciones militares de Bolívar, con una tranquilidad llena de presagios transcurrieron los días, hasta que las embarcaciones tocaron el embarcadero del pequeño pueblo de Salamina, donde sus combatientes nuevamente tenían que aprovisionarse, descansar de los ardientes rayos del sol que arden en la zona. Al atracar las gentes del pueblito se agolpaban llenas de curiosidad a contemplarlos. Bolívar con sus oficiales investigó sobre el enemigo y se dirigió a sus pobladores quienes le hicieron la observación que el enemigo estaba apostado en el pueblo de Tenerife.

Bolívar y sus tropas zarpan por del rio y atraviesan varias aldeas, el día 23 de Diciembre llegan a Tenerife y les propone la rendición, la cual es rechazada por el enemigo, entonces el coronel da ordenes a sus combatientes de desembarcar y los sitúa en diversos puntos; ordena el ataque simultáneamente con el objetivo de demostrar al enemigo una superioridad y de obligarlos a una defensa que debilitaría la resistencia de los sitiados. El combate fue reñido y sangriento, después de algunas horas de lucha los contingentes realistas, se atemorizan de quedar encerrados en la plaza y escapan hacia el interior, abandonando artillería y las pequeñas embarcaciones de guerra amarradas en el puerto.

Bolívar traza una nueva estrategia que desconcierta totalmente al enemigo y que facilita su rápido aniquilamiento. El coronel no subestima a sus oficiales, a pesar de saber que ellos desconocen que la guerra de independencia americana no podía conducirse a su triunfo total, hasta tanto no se eliminaran los núcleos de la causa española apostadas en los sectores claves del continente y es por eso que a partir de este momento inicia la contienda en sucesión de campañas parciales entre provincia y provincia. Con este método estabiliza una situación de equilibrio, de mutua vigilancia, posible de toda actividad militar decisiva para su causa.

Por eso, cuando los españoles esperaban que Bolívar se consagrara a consolidar las posiciones ganadas en el Magdalena, él abandona sus márgenes y se interna en la provincia enemiga del río César hasta caer sorpresivamente, el 1º de Enero de 1813, sobre Chiriguaná. Luego regresó al Magdalena, se presentó ante Tamalameque, lo rindió y avanzó sobre Puerto Nacional, que se le entregó después de una intensa lucha. Estas victorias sorprendieron al Gobierno de Cartagena, en medio de las cuales se ahogó la protesta de Labatud y se le frustró su empeño de someter al revolucionario a Consejo de Guerra por su desobediencia.

Bolívar es informado que los revolucionarios de la ciudad de Ocaña se encuentras entusiasmados con sus triunfos y que le esperan, pero el combatiente tiene en mente algo mas que eso, pues ese es un camino obligado hacia Venezuela, entonces decide dejar parte de sus tropas en el Magdalena y con el resto parte en jira de observación por la región montañosa de oriente, dirigiéndose a esta ciudad. Pueblos, caseríos, aldeas, lo recibían engalanándolo con los honores del vencedor.

Bolívar va desarrollando su carácter consciente de dirigente, en él va envolviendo y convenciendo a las masas con hechos, como son los combates, así, llega a la ciudad de Ocaña donde se efectúa una entrada triunfal con las cuales los pueblos de americanos mas tarde premiarían las victorias de Simón Bolívar.

De acuerdo a sus planes instala su cuartel general es esta población, y se dedica con su cuerpo de inteligencia a obtener informaciones sobre las posiciones del enemigo en la provincia de Cúcuta. Dedicado a estas labores, entre los días 19 y 23 de Enero le llegan informaciones del Congreso de Tunja, anunciándole que las avanzadas de las tropas de Monteverde en la frontera granadina, al mando de Coronel Correa, iniciaban su marcha con dirección hacia Pamplona.

Estas noticias causan un profundo desconcierto y temor a los granadinos, pero Bolívar las recibe con entusiasmo, porque fácilmente advirtió que, ante la amenaza de Correa, las diversas autoridades políticas de la Nueva Granada no demorarían en ponerse de acuerdo para confiarle la defensa de la frontera amenazada, proporcionándole así la concepción y la oportunidad de invadir a Venezuela.

Pero otras barreras vendrían a encerrarlo a partir de este momento; otros enormes problemas, que debe comenzar a trabajar el revolucionario, es una larga y tenaz lucha con los oficiales republicanos, que enfilados en otras posiciones; no comprenden y no quieren comprender las estrategias de lo que es una verdadera guerra de emancipación en estas tierras, se cotejan como simples “idealistas” “militaristas” pues se encasillan en la vieja táctica mirandina de la defensiva y faltos de valor y de aspiraciones continentales, se conforman con pequeñas victorias de tipo local y no consideran prudente ni necesario colaborar en la defensa de la causa republicana entre sus vecinos. La primera de estas pugnas se le presentó a Bolívar con el Coronel Cartagenero Manuel Castillo, bajo cuyo mando estaban los puestos militares fronterizos de la provincia de Tunja, hacia los cuales Correa avanzaba con ímpetu avasallador.

Los planes de Bolívar le suenan contradictorios a este coronel, pues ellos implican el ataque conjunto sobre Cúcuta, donde estaba el puesto grueso de las fuerzas realistas, allí, se podría librar una batalla decisiva y colocarse cerca del camino de San Antonio obviamente para preparar la invasión a Venezuela; Castillo, lo veía diferente, él prefería inmovilizar sus tropas en una línea defensiva que protegiera simplemente a la Nueva Granada de la amenaza realista. En el proyecto de Castillo el encuentro con Correa sólo ocurriría en el caso del avance sobre Pamplona, circunstancia que lo diferenciaba de Bolívar, cuya táctica era destruir en el territorio mismo de Venezuela las Fuerzas que desde Caracas hasta Mérida estaba disponiendo Monteverde para iniciar la campaña sobre la Nueva Granada, y de la cuales los contingentes de Correa eran simple avanzada.

La suerte de la Nueva Granada –decía el revolucionario- está íntimamente ligada con la de Venezuela: si ésta continúa en cadenas, la primera las llevará también , porque la esclavitud es una gangrena que empieza por una parte y, si no se corta, se comunica al todo y parece el cuerpo entero.

Bolívar comprendió desde el primer momento las dificultades de un acuerdo y despreocupándose de las objeciones de Castillo, dividió el ejército en dos cuerpos y en busca del valle de Cúcuta comenzó a ascender por las serranía andina que separa la hoya del Magdalena de los sistemas hidrográficos cuyos cauces se dirigen al lago de Maracaibo. Venció la primera resistencia enemiga el 22 de Enero en el Alto de la Aguada, avanzó sobre las posiciones españolas del rio Zulia, las ocupó, y se preparó a iniciar la parte mas difícil de la campaña: la invasión del valle de San José de Cúcuta, hacia donde se encaminó dos días después. El 28 de Febrero, desde las alturas que lo dominan, pudo contemplar los apresurados movimientos de tropas ordenadas por el coronel Correa para librar allí una batalla decisiva

Cuando penetró en el Valle, las fuerzas realistas se lanzaron a un movimiento que intentó ser envolvente, pero sólo alcanzó a producir su dispersión ante el formidable empuje del ejército republicano. Correa cambia de táctica y para detener a Bolívar en su rápido avance hacia Cúcuta, ordena a sus tropas tomar la alturas situadas a la izquierda de los patriotas, desde las cuales parecía fácil amenazarlos seriamente. Se trabo entonces un nutrido tiroteo durante algunas horas, favorables para los realistas gracias a la posiciones. Para evitar sus devastadores efectos, Bolívar envía el centro de sus fuerzas, a las ordenes del coronel José Félix Ribas, a tomar las alturas, éste coronel en una gloriosa carga de bayoneta, desaloja a los españoles y provoca una desbandada general, entregándole la ciudad de Cúcuta a los revolucionarios puerta que abría la frontera de Venezuela.

El análisis científico estratégico de Bolívar le dio la razón, se abría el horizonte de la libertad de su causa.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XIV)

La Bolivalogía (XIII)

La Bolivalogía (XII)

La Bolivalogía (XI)

La Bolivalogía (X)

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (XIV)

In Cultura, Historia, Opinión on 20 abril, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón


El lenguaje de Bolívar pone de manifiesto la oscuridad, el mito colonial, su fatalismo y explica lo inexplicable y se hace voz escrutadora de la libertad, la igualdad y la justicia.

Necesario es, pues, continuar analizando su documento emitido en Cartagena a los ciudadanos de Nueva Granada:

La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas, y en la introducción de los enemigos en el país, abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los promotores de la guerra civil. Sin embargo debemos confesar ingenuamente, que estos traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente se les acusa porque la impunidad de los delitos era absoluta, la cual hallaba en el Congreso un escandaloso abrigo, llegando a tal punto esta injusticia que de la insurrección de la ciudad de Valencia, que costo su pacificación cerca de mil hombres, no se dio a la vindicta de las leyes un solo rebelde, quedando todos con vida, y los más con sus bienes.

De lo referido se deduce que entre las causas que han producido la caída de Venezuela debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución, que repito, era tan contraria a sus intereses, como favorable a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero: la oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la república y repeliese los choques que le daban los españoles. Cuarto: el terremoto acompañado del fanatismo que logró sacar de este fenómeno los más importantes resultados, y últimamente la facciones internas que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la patria al sepulcro.

Estos ejemplos de errores e infortunio no serán enteramente inútiles para los pueblos de la América meridional, que aspiran a la libertad e independencia.

La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente debe evitar los escollos que han destrozado a aquella. A este efecto presentó como una medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de Caracas. A primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizá impracticable, pero examinando atentamente con ojos previsivos y una meditación profunda, es imposible desconocer su necesidad, como dejar de ponerlo en ejecución probada la utilidad.

Lo primero que se presenta en apoyo de esta operación es el origen de la destrucción de Caracas, que no fue otro que el desprecio con que miró aquella ciudad la existencia de un enemigo que parecía pequeño, y no lo era considerándolo en su verdadera luz.

Coro ciertamente no habría podido nunca entrar en competencias con Caracas, si la comparamos, en sus fuerzas intrínsecas, con ésta; mas como el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política, no debió el gobierno de Venezuela, por esta razón, haber descuidado la extirpación de un enemigo, que aunque aparentemente débil , tenia por auxiliares a la provincia de Maracaibo , a todas la que obedecen a la regencia, el oro, y la cooperación de nuestro eternos contrarios los europeos que viven con nosotros; el partido clerical, siempre adicto a su apoyo y compañero, el despotismo, y sobre todo, la opinión inveterada de cuantos ignorantes y supersticiosos contienen los limites de nuestros estados. Así fue que apenas hubo un oficial traidor que llamase al enemigo, cuando se desconcertó la máquina política, sin que los inauditos y patrióticos esfuerzos que hicieron los desfensores de Caracas, lograsen impedir la caída de un edificio ya desplomado, por golpe que recibió de un solo hombre.

Aplicando el ejemplo de Venezuela, a la Nueva Granada, y formando una proporción, hallaremos que Coro es a Caracas como Caracas es a la América entera; consiguientemente el peligro que amenaza este país, está en razón de la anterior progresión, porque poseyendo la España el territorio de Venezuela, podrá con facilidad sacarle hombres, y municiones de boca y guerra, para que bajo la dirección de jefes experimentados contra los grandes maestros de la guerra, los franceses, penetren desde la provincia de Barinas y Maracaibo hasta los últimos confines de la América meridional.

La España tiene en el día gran número de oficiales generales, ambiciosos y audaces, acostumbrados a los peligros y a las privaciones, que anhelan por venir aquí a buscar un imperio que reemplace el que acaban de perder.

Es muy probable que al expirar la Península, haya una prodigiosa emigración de hombres de todas clases, y particularmente de cardenales, arzobispos, obispos, canónigos y clérigos revolucionarios, capaces de subvertir, no sólo nuestros tiernos y lánguidos Estados, sino de envolver el Nuevo Mundo entero en una espantosa anarquía. La influencia religiosa, el imperio de la dominación civil y militar y cuantos prestigios puedan lograr sobre el espíritu humano, serán otros tantos instrumentos de que se valdrán para someter estas regiones.

Nada se opondrá a la emigración de España. Es verosímil que la Inglaterra proteja la invasión de un partido que disminuye en parte las fuerzas de Bonaparte en España, y trae consigo el aumento y permanencia del suyo en América. La Francia no podrá impedirla, tampoco Norte América, y nosotros menos aún pues careciendo todos de una marina respetable, nuestras tentativas serán vanas.

Estos tránsfugas hallaran ciertamente una favorable acogida en los puertos de Venezuela, como que vienen a reforzar a los opresores de aquel país, y los habilitan de medios para emprender la conquista de los Estados independientes.

Levantaran quince o veinte mil hombres que disciplinarán prontamente con sus jefes, oficiales, sargentos, cabos y soldados veteranos. A este ejercito seguirá otro todavía mas temible, de ministros, embajadores, consejeros, magistrados, toda la jerarquía eclesiástica y los grandes de España, cuya profesión es el dolo y la intriga, condecorados con ostentosos títulos, muy adecuados para deslumbrar a la multitud, que derramándose como un torrente, lo inundaran todo arrancando las semillas y hasta las raíces del árbol de la libertad de Colombia. Las tropas combatirán en el campo, y éstos desde sus gabinetes, nos harán la guerra por los resortes de la seducción y el fanatismo.

Así pues, no nos queda otro recurso para precavernos de estas calamidades que el de pacificar rápidamente nuestras provincias sublevadas, para llevar después nuestras armas contra las enemigas y formar de este modo, soldados y oficiales dignos de llamarse las columnas de la patria.

Todo conspira a hacernos adoptar esta medida, sin hacer mención de la necesidad urgente que tenemos de cerrarle las puertas al enemigo, hay otras razones tan poderosas para determinarnos a la ofensiva, que seria una falta militar, y política inexcusable, dejar de hacerla. Nosotros nos hallamos invadidos, y por consiguiente forzados a rechazar al enemigo más allá de la frontera. Además, es un principio del arte que toda guerra defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene, pues lo debilita sin esperanza de indemnizarlo, y que las hostilidades en el territorio enemigo siempre son provechosas, por el bien que resulta del mal contrario; así, no debemos, por ningún motivo, emplear la defensiva.

Debemos considerar también el estado actual del enemigo, que se halla en una posición muy crítica, habiéndoseles desertado la mayor parte de sus soldados criollos, y teniendo al mismo tiempo que guarnecer las patrióticas ciudades de Caracas, Puerto Cabello, La Guaira, Barcelona, Cumana y Margarita, en donde existen sus depósitos, sin que se atrevan a desamparar estas plazas, por temor de una insurrección general en el acto de separarse de ellas. De modo que no seria imposible que llegasen nuestras tropas hasta las puertas de Caracas, sin haber dado una batalla campal.

Es una cosa positiva que en cuanto nos presentemos en Venezuela, se nos agreguen millares de valerosos patriotas, que suspiran por vernos aparecer, para sacudir el yugo de sus tiranos y unir sus esfuerzos a los nuestros, en defensa de la libertad.

La naturaleza de la presente campaña nos proporciona la ventaja de aproximarnos a Maracaibo, por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta.

Aprovechamos, pues, instantes tan propicios, no sea que los esfuerzos que incesantemente deben llegar de España, cambien absolutamente el aspecto de los negocios y perdamos quizá para siempre, la dichosa oportunidad de asegurar la suerte de estos estados.

El honor de la Nueva Granada exige imperiosamente escarmentar a esos osados invasores, persiguiéndolos hasta los últimos atrincheramientos; como su gloria depende de tomar a su cargo le empresa de marchar a Venezuela, a libertar la cuna de la independencia colombiana, sus mártires, y aquel benemérito pueblo caraqueño, cuyos clamores sólo se dirigen a sus amados compatriotas los granadinos, que ellos aguardan con una mortal impaciencia, como a sus redentores. Corramos a romper las cadenas de aquellas victimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros, no burléis su confianza, no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.

Bolívar da inicio consistentemente a lo científico y lo revolucionario, lean bien el manifiesto, analícenlo y encontraran al revolucionario táctico y estratégico, mostrando y enseñando las diferencias fundamentales entre la política verdaderamente revolucionaria y la política que dejó atrás y que hundió la primera república, una política cobarde y traidora. Muestra que toda acción revolucionaria, todo arte de dirigir las luchas de las masas, tiene que ir fundamentada por la ciencia objetiva y que no se puede subestimar a un pueblo con el empirismo, por el dogmatismo burgués y el mecanicismo europeo imperial que estaba impregnado por quienes soñaban con hacer la revolución.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XIII)

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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (XIII)

In Cultura, Historia, Opinión on 15 abril, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


El criterio de la verdad en Bolívar es pragmático, tal como se desprende en éste, su primer y valioso documento científico social, ahora veremos la práctica de su verdad y lo haremos con el criterio evaluativo que hemos aprendido en las ciencias sociales. El vocabulario de Bolívar puede llamarse “estructura de la política” porque la realidad histórica nos ha quedado para aplicarlo en este u otro tiempo en que se necesite la emancipación de los pueblos. Esto es lo que hay en la tesis de Bolívar: La intuición de una poderosa transformación histórica. El imperativo de nuevos tiempos, para dedicarse a una transformación prácticamente del mundo.

Continuamos con su documento: MEMORIA DIRIGIDA A LOS CIUDADANOS DE LA NUEVA GRANADA POR UN REVOLUCIONARIO.

La doctrina que apoyaba esta conducta tenía su origen en las máximas filantrópicas de algunos escritores que defienden la no residencia de facultad en nadie para privar de la vida a un hombre, aun en el caso de haber delinquido éste en el delito de lesa patria. Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar, porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó mas que nada, a derribar la máquina que todavía no habíamos enteramente concluido!

De aquí vino la oposición decidida a levantar tropas veteranas, disciplinadas y capaces de presentarse en el campo de batalla, ya instruidas, a defender la libertad con suceso y gloria. Por el contrario: Se establecieron innumerables cuerpos de milicias indisciplinadas, que además de agotar las cajas del erario nacional con los sueldos de la plana mayor, destruyeron la agricultura, alejando a los paisanos de sus hogares e hicieron odioso el gobierno que obligaba a éstos a tomar las armas, y a abandonar sus familias.

“Las repúblicas, decían nuestros estadistas, no han menester de hombres pagados para mantener su libertad. Todos los ciudadanos serán soldados cuando nos ataque el enemigo. Grecia, Roma, Venecia, Génova, Suiza, Holanda, y recientemente el Norte de América, vencieron a sus contrarios sin auxilio de tropas mercenarias siempre prontas a sostener al despotismo y a subyugar a sus conciudadanos.”

Con estos antipolíticos e inexactos raciocinios, fascinaban a los simples pero no convencían a los prudentes que conocían bien la inmensa diferencia que hay entre los pueblos, los tiempos, y las costumbres de aquellas repúblicas y la nuestras. Ellas, es verdad que no pagaban ejércitos permanentes, mas era porque en la antigüedad no los había y sólo confiaban la salvación y la gloria de los Estados, en sus virtudes políticas, costumbres severas, y carácter militar, cualidades que nosotros estamos muy distantes de poseer. Y en cuanto a las modernas que han sacudido el yugo de sus tiranos es notorio que han mantenido el competente número de veteranos que exige su seguridad, exceptuando al Norte de América, que estando en paz no con todo el mundo, y guarnecido por el mar, no ha tenido por conveniente sostener en estos últimos años el completo de tropa veteranas que necesita para la defensa de sus fronteras y plazas.

El resultado probó severamente a Venezuela el error de su cálculo, pues los milicianos que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no estando habituados a la disciplina y obediencia, fueron arrollados al comenzar la ultima campaña, a pesar de los heroicos y extraordinarios esfuerzos que hicieron sus jefes, por llevarlos a la victoria. Lo que causó un desaliento general en soldados y oficiales; porque es una verdad militar que, sólo ejércitos aguerridos, son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña. El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez, porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.

La subdivisión de la provincia de Caracas proyectada, discutida y sancionada por el Congreso Federal , despertó y fomentó una enconada rivalidad en las ciudades y lugares subalternos, contra la capital, “la cual decían los congresales ambiciosos de dominar en sus distritos, era la tiranía de las ciudades, y la sanguijuela del Estado”. De este modo se encendió el fuego de la guerra civil en Valencia, que nunca se logro apagar, con la reducción de aquella ciudad, pues conservándolo encubierto, lo comunicó a las otras limítrofes a Coro y Maracaibo, y éstas entablaron comunicación con aquellas, facilitaron, por este medio, la entrada de los españoles que trajo la caída de Venezuela.

La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales, y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales, y federales, dio un golpe mortal a la república, porque la obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otra garantía que la fuerza y las rentas imaginarias de la confederación. Esta nueva moneda pareció a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor, en cambio de otros cuyo precio era incierto y aún ideal. El papel moneda remató el descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al comandante de las tropas españolas para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la servidumbre.

Pero lo que debilitó más al gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que autorizándolo para que se rija por si mismo, rompe los pactos sociales y constituye as las naciones en anarquía. Tal era el verdadero estado de la confederación. Cada provincia se gobernaba independientemente, y a ejemplo de éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades alegando la práctica de aquellas, y la teoría de que todos los hombres, y todos los pueblos, gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo, el gobierno que les acomode.

El sistema federal, bien sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes Estados. Generalmente hablando todavía nuestros conciudadanos no se hallan en actitud de ejercer por si mismos y ampliamente sus derechos, porque carecen de las virtudes políticas que caracterizan el verdadero republicano, virtudes que no se adquieren en los gobiernos absolutos, en donde se desconocen los derechos y los deberes del ciudadano.

Por otra parte. ¿Qué país del mundo por morigerado y republicano que sea, podrá, en medio de las facciones intestinas y de una guerra exterior, regirse por un gobierno tan complicado y débil como el federal? No, no es posible conservarlo en el tumulto de los combates y de los partidos. Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si estos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse terrible, y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin atender a las leyes, ni constituciones, ínterin no se restablecen la felicidad y la paz.

Caracas tuvo mucho que padecer por defecto de la confederación que lejos de socorrerla le agotó sus caudales y pertrechos, y cuando vino el peligro la abandonó a su suerte, sin auxiliarla con el menor contingente. Además, le aumentó sus embarazos habiéndose empeñado una competencia entre el poder federal y el provincial, que dio lugar a que los enemigos llegasen al corazón del Estado, antes que se revolviese la cuestión de si deberían salir las tropas federales o provinciales a rechazarlos cuando ya tenían ocupada una gran porción de la provincia. Esta fatal contestación produjo una demora que fue terrible para nuestras armas. Pues las derrotaron en San Carlos sin que les llegasen los refuerzos que esperaban para vencer.

Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones civiles, y conquistados vilipendiosamente por ese puñado de bandidos que infestan nuestras comarcas.

Las elecciones populares hechas por los rústicos del campo y por los intrigantes moradores de las ciudades, añaden un obstáculo más a la práctica de la federación entre nosotros, porque los unos son tan ignorantes que hacen sus votaciones maquinalmente, y los otros tan ambiciosos, que todo lo convierten en facción, por lo que jamás se vio en Venezuela una votación libre y acertada, lo que ponía el gobierno en manos de hombres ya desafectos a la causa, ya ineptos, ya inmorales. El espíritu de partido decidía en todo, y por consiguiente nos desorganizó más de lo que las circunstancias hicieron. Nuestra división, y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud.

El terremoto de 26 de marzo trastornó, ciertamente, tanto lo físico como lo moral, y puede llamarse propiamente la causa inmediata de la ruina de Venezuela; mas este mismo suceso habría tenido lugar, sin producir tan mortales efectos, si Caracas se hubiera gobernado entonces por una sola autoridad, que obrando con rapidez y vigor hubiese puesto remedio a los daños sin trabas ni competencias que retardando el efecto de las providencias dejaban tomar al mal incremento tan grande que lo hizo incurable.

Si Caracas en lugar de una confederación, lánguida y insubsistente hubiese establecido un gobierno sencillo, cual lo requería su situación política y militar, tú existieras ¡oh Venezuela! Y gozaras hoy de tu libertad.

Como podemos observar faltando aun parte del documento, aquí nace un Bolívar totalmente revolucionario, analista, con un lenguaje contundente para ese tiempo, posmoderno, va hilvanando la condición trágica de lo humano en el mundo. El tiempo que comienza a vivir es la revelación definitiva de lo real, y los fatalismos de las múltiples caretas que acompañaran eternamente esa realidad. El martirio, la angustia de la esclavitud lo hace el científico enunciador que se enfrentará a esas vicisitudes utilizando los mismos medios para buscar libertad para los pueblos de esta América.

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (XII)

In Cultura, Historia, Opinión on 10 abril, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


BOLÍVAR ABRE EL CAMINO DEL RETORNO DESPUÉS DE LA PÉRDIDA DE LA PRIMERA REPÚBLICA

La rebeldía de Bolívar aniquila su resignación, como revolucionario viene a decidir combates y a convertirse en expresión de la causa emancipadora y precisamente en este camino se inicia la bolivalogía, con el primer documento ideológico escrito por él y titulado “EL MANIFIESTO DE CARTAGENA”.

Pero ahora mas que nunca es necesidad continuar conociendo el proceso histórico de su lucha. Después de recibir el salvoconducto de manos de Monteverde, Bolívar emprende con la ayuda de don Francisco Iturbe, su exilio rumbo a Curazao, llevaba en su espalda un futuro sombrío, incognito, pero lleno de supremas responsabilidades donde se preguntaba constantemente ¿Podré seguir adelante con mi causa? Tengo una ruta trazada porque mi patria me necesita. Pero estas decisiones debían de resolverse lentamente, Al llegar a Curazao, le informaron que su equipaje le había sido embargado: “Mi recepción fue desagradable- le dice en carta a Iturbe-, porque todavía no había llegado cuando ya estaba mi equipaje embargado por dos causas muy raras: la primera porque mis efectos y trastos estaban en la misma casa en que estaban los de Miranda; y la segunda, porque el “Celoso” contrajo deudas en Puerto Cabello, que he de pagar yo, porque yo era el comandante de la plaza cuando las contrajo. Esta es la verdad exacta. De esto resulta que yo me hallo sin medio alguno para alimentar mi vida, que ya comienzo a ver con demasiado hastío y hasta con horror”.

Un acontecimiento aún mas grave debía aumentar es esos días las desventuras del revolucionario, sus propios bienes en Venezuela, al igual que los de su hermana, fueron alcanzados por la implacable confiscación decretada para las propiedades de todos los participantes en el levantamiento del grito de libertad iniciada el 19 de Abril. Su última esperanza se desvanecía así, y en su porvenir lleno de sombras sólo se vislumbraba el camino de esa revolución americana que le había conducido en sus desgraciados azares a las hospitalarias playas de Curazao.

Impulsado por una seguridad, le propuso a algunos revolucionarios que se encontraban allí, partir hacía la Nueva (hoy república de Colombia), donde la revolución aún no había sido vencida.

Convencidos estos, le acompañaron y desembarcaron en las costas granadinas, todos llevan sus principios de que necesitan organizar un ejército combatiente para luchar contra el régimen monárquico. Bolívar ya ha venido preparando un documento, con el que abriría su historia de emancipador.

Así llegan a Cartagena de Indias, el contraste es sorprende: en lo físico encarna toda la vida colonial, con aquellas murallas de piedra que circundan, con los dos castillos inexpugnables que la protegen; en lo político, es la única que se ha declarado libre de España, mientras las demás del inmenso territorio neogranadino, fieles a Fernando VII, luchan enconadamente divididas en dos bandos: las federalistas y las centralistas. Es una guerra civil más compleja que la venezolana. Doce o más Juntas de Gobierno se disputan el poder publico, y solo Cartagena ha sabido comprender el hondo sentido de la hora, al romper con el régimen monárquico. Pero como Cartagena no puede subsistir aislada, mantiénese en contacto y amistad con el sector federalista cuyo gobierno reside en la ciudad de Tunja, en el interior, al norte de Bogotá.

El revolucionario conoce exactamente esta situación, además sabe que la Nueva Granada se halla rodeada de los ejércitos del imperio: Venezuela, al Oriente está toda en poder de Monteverde; al Occidente y Oriente de Cartagena, acechan los españoles en Panamá y Santa Marta; al Sur (lo que es ahora Ecuador) ha caído nuevamente en poder del imperio, que amenaza con irrumpir sobre Popayán. Mas al Sur, el Virrey de Lima, en el Perú, se siente tan poderoso, que en cualquier momento puede lanzar sus tropas sobre Chile y el Rio de La Plata, donde las Juntas de Gobierno, aunque sometidas a Cádiz, continúan de Fernandistas. Al Norte, las valerosas insurrecciones de México han sido ahogadas en sangre.

La constitución liberal salidas de las cortes de Cádiz en ese momento no correspondió a las expectativas de las necesidades que tenían las masas, pero si satisfizo a la pequeña burguesía criolla liberal, los cuales ya no pensaban en liberarse de las cadenas de la opresión, a pesar de que el régimen del invasor Napoleón en España se desmoronaba y se corría el peligro de que la Península se resolviera a enviar grandes contingentes militares para que se restableciera y se mantuviera la esclavitud colonial.

Este panorama oscuro, de rasgos extremadamente amenazadores para los latinoamericanos, ya Bolívar lo levantaba y lo comunicaba a todos y hacia propuestas precisas en su documento de base política y militar como es el Manifiesto de Cartagena.

Cuando el joven revolucionario y sus compañeros, en busca de nueva oportunidad para emprender los combates contra los españoles, se presentaron a don Manuel Rodríguez Torices, éste no solo les dio amable acogida, sino que les reconoció sus grados militares y les informó sobre un gravísimo problema que mantenían por la insoportable ambición de un oficial francés de nombre Pedro Labatut, venido a América con Miranda y quien durante todo este tiempo venia actuando como un pirata del Caribe y del cual debían de cuidarse mucho. Rodríguez, con grandes esfuerzos los incorporó a las fuerzas militares de la ciudad. El francés aprovechado de la ausencia de verdaderos jefes, mantenía sometidos a su voluntad a todos los mandatarios civiles de Cartagena, por supuesto, la llegada de los oficiales venezolanos no fue bien recibida y entre ellos se destacó la desconfianza y la antipatía hacia Bolívar, quien lo noto inmediatamente. Pero su destino ya estaba trazado, su lucha debía de comenzar contra hombres que, de haber sido sus aliados ahora se mostrarían contrarios a su causa.

Imposibilitado Labatut a recibir la orden del gobierno, que le ordenaba incorporar los venezolanos en sus fuerzas, inmediatamente trazó una nueva estrategia en sus comandos: Carabaño y Campomanes ocuparon las posicione mas importantes y a Bolívar lo envió al pueblito de Barrancas, situado sobre el rio Magdalena, según su plan de campaña contra Santa Marta, no tenia misión distinta que mantenerlo inactivo definitivamente.

Labatut, imaginó que esta era la mejor forma de mantener fuera al joven “caraqueño” como lo llamada despectivamente, pero se equivocó, a Bolívar esta campaña no le interesaba mayormente, con este nombramiento sólo vio la oportunidad para comenzar la ejecución del proyecto que venia acariciando desde su partida de Curazao: conseguir tropas en la Nueva Granada para atacar a Monteverde y libertar a Venezuela. Cuando Labatut y todos sus enemigos le creían reducido a la impotencia, La Bolivalogía nacía, el revolucionario pública entonces el “Manifiesto de Cartagena”: la “conquista de Caracas” se pone en pie.

Comenzamos desde este documento a ver un pensador heterodoxo, a descubrir que toda su obra es una constante e implacable lección a la crítica, tanto al orden monárquico establecido en aquel tiempo como de sus justificadores. Su pensamiento se resiste a no ser convertido en una iglesia y él mucho menos de elevársele a los altares mitológicos de nuestra historia. Convertir a Bolívar hoy en Ortodoxia, es descaracterizarlo como revolucionario, como combatiente, es convertir su ciencia en una simple ideología filosófica y literaria que sólo sirve para admirar y mantenerla mortalmente en las epopeyas del letargo como algo religioso.

De ahí que sea necesario que todos analicemos este, su primer documento, letra por letra, párrafo por párroco idea política, idea militar, idea social y saquemos nuestras propias conclusiones.

MEMORIA DIRIGIDA A LOS CIUDADANOS DE LA NUEVA GRANADA POR UN REVOLUCIONARIO

Libertad a la Nueva Granada de la suerte de Venezuela, y redimir a ésta de la que padece, son los objetos que me he propuesto en esta memoria. Dignaos, oh mis conciudadanos, de aceptarla con indulgencia en obsequio de miras tan laudables.

Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamo mi patria, he venido a seguir aquí los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos estados.

Permitidme que animado de un celo patriótico me atreva a dirigirme a vosotros, para indicaros ligeramente las causas que condujeron a Venezuela a su destrucción, lisonjeándome que las terribles y ejemplares lecciones que ha dado aquella extinguida república, persuadan a la América a mejorar de conducta, corrigiendo los vicios de unidad, solidez y energía que se notan en sus gobiernos.

El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en el teatro político, fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante: sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta los últimos períodos con una ceguedad sin ejemplo.

Las primeras pruebas que dio nuestro gobierno de su insensata debilidad, las manifestó con la ciudad subalterna de Coro, que denegándose a reconocer su legitimidad, lo declaró insurgente y lo hostilizó como enemigo.

La Junta Suprema en lugar de subyugar aquella indefensa ciudad, que estaba rendida con presentar nuestras fuerzas marítimas delante de su puerto, la dejó fortificar y tomar una actitud tan respetable, que logró subyugar después la confederación entera, con casi igual facilidad que la que teníamos nosotros anteriormente para vencerla: fundando la junta su política en los principios de humanidad mal entendida que no autorizan a ningún gobierno para hacer por la fuerza, libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus derechos.

(…Continuará)


La Bolivalogía (XI)

La Bolivalogía (X)

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


José Martí, actualidad de su obra

In Cultura, Historia, Opinión on 7 abril, 2011 at 0:02

DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA


Félix Martín Arencibia

La mente de Oramas, jubilado profesor, vuela cual si fuera gaviota emigrante a la isla caribeña de Cuba, donde tantos canarios buscaron saciar su hambre de justicia y libertad. Eso le lleva a recalar en la importante figura histórica de José Martí (1853-1985). Fue poeta, narrador, ensayista y periodista. Dedicó gran parte de su vida a la liberación de su patria. Martí es cada vez más conocido en nuestro Archipiélago Canario por su origen isleño, su madre era canaria y su padre valenciano. Quizás se le conoce más por su actividad política, a la que dedicó gran parte de su trayectoria vital. Así, en 1892, fundó el Partido Revolucionario Cubano, organizó los apoyos para trabajar por la independencia. En 1895 estalló la Revolución. José Martí, acompañado por Máximo Gómez y Maceo, muere en el combate de Dos Ríos, a los 42 años.

El viejo profesor universitario recuerda su estancia en Cuba, la patria de Martí y de tantos canarios que lucharon por su libertad. Visualiza las radiantes aguas de Varadero, adormecidas bajo el sol del mediodía. Cree, Oramas, que no se ha valorado lo suficiente la creación literaria de Martí, que lo encumbra entre los más importantes intelectuales hispanoamericanos del siglo XIX. A destacar en su obra su dedicación a la literatura infantil. Emprendió un proyecto, que por la originalidad de sus temas y la calidad estética terminó renovando la literatura infantil, colocándola a la altura de la gran literatura de su época. Creó una revista para niños llamada la Edad de Oro. Escribe, haciendo gala de su gran maestría en el manejo de la palabra, poniendo en tensión toda su experiencia y madurez creativa. No subestima al niño, ni le trata con ñoñería, sino que le reta.

Oramas revive el cielo azul de su estancia en Santiago, donde se encontraba la tumba de José Martí. Éste estudió, estando desterrado en España, en la Universidad de Zaragoza. Residió a su vez en México, donde se casó con Carmen Zayas Bazán, con quien tuvo un hijo, a quien dedicó su poemario Ismaelillo. En su prolongado destierro de Cuba vivió también en Caracas y luego en Nueva York, donde trabajó como traductor y colaboró en diarios y revistas latinoamericanas. Entre ellos está la “La Nación de Buenos Aires”, donde demostró ser un gran ensayista y prosista. En Nueva York conoció al insigne patriota canario Secundino Delgado, con el que compartió ideales. En 1891 publicó el poemario de los Versos sencillos. Su literatura es de una gran sencillez y ternura, al contrario de las formas abigarradas de los escritores de su época. Fue pionero del modernismo literario en América, lideró la transición del romanticismo a esta que fue una revolucionaria forma de la escritura. El nicaragüense, Rubén Darío, le acompañó en este empeño. Piensa Oramas que debemos dar a conocer su figura y obra, pues enriquecen los aspectos éticos y culturales de todos. El profesor nos deja con los ecos de estos versos esperanzados de Martí: En la patria de mi amor / quisiera yo ver nacer / el pueblo que puede ser / sin odios y sin color.


http://doramas1924.blospot.com

La Bolivalogía (XI)

In Cultura, Historia, Opinión on 6 abril, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


EL BORRÓN Y CUENTA NUEVA DE MIRANDA

Muchos son lo errores cometidos por el generalísimo, por eso es necesario partir de sus implicaciones con realidad en el análisis político y desde el punto de vista revolucionario militar, no se trataba de un simple juego de revolucionarios ni tampoco una experiencia histórica sustancial para la primera república. Miranda el precursor falla y lo hace porque le es imposible descolonizarse de las castas militares aprendidas en la Europa de la cual intentó emanciparnos.

Esta situación no podía durar mucho tiempo, pues la conducta del generalísimo, ruda y despiadada se destacaba con su pertinaz silencio ante Bolívar, señalándole su fracaso, lo que no podemos negar; al principio si agudizó por algún tiempo su honda pena, al cerrarle todas las salidas y esperanzas de reivindicación, pero poco a poco le fue dejando mas tranquilo y un nuevo sentimiento, alimentado por el recuerdo de los desaires y las humillaciones que fue objeto, dio paso a principios definitivos y al conocer a Miranda como supuesto seudo-líder revolucionario, se fue contra él, al considerarlo traidor a la causa independentista que el mismo había despertado. La admiración por el ídolo de ayer se convirtió en odio profundo al ver hasta donde había llegado con la república, que conjuntamente habían liberado. Por eso lo llamó “jefe aborrecido y déspota arbitrario hasta el exceso”.

El crecimiento de esta hostilidad coincidió, para desgracia de Miranda, con los momentos en que él, dominado por el escepticismo, el desprecio, se preparaba a cerrar en forma melancólica su extraordinaria carrera publica. Porque en las dificultades del generalísimo, en sus vacilaciones y en sus errores cometidos en los procesos revolucionarios, donde mostró una miopía táctica y una deformación ideológica en cuanto a lo que exigía la causa emancipadora, encontró no solo el odio de Bolívar, sino su venganza. La incapacidad demostrada por el generalísimo libró definitivamente a Bolívar de la admiración que siempre le había profesado y a poderlo despreciar y calificarlo de inepto y traidor, como lo hizo poco después, su alma y sus principios se emanciparon de la desconfianza que le comunicó el desprecio de Miranda, por ser el de un hombre a quien admiraba y en cuyo juicio combatiente creyó.

El día 13 de Julio ocurrió un acontecimiento que aumentó el pesimismo del generalísimo; los esclavos negros del Valle de Barlovento se rebelaron y al grito de ¡Viva el rey!, se pusieron en marcha hacia Caracas, por el camino iban incendiando las haciendas, quemando plantaciones y asesinando cruelmente a los blancos. Miranda decidió entonces dar el mas triste y grave de los pasos de su vida publica, ante la gravedad de estos hechos, llevo sus intenciones al ultimo limite; se reunió con Francisco Espejo, Juan Germán Roscio, el coronel José de Sata y Bussy, Francisco Antonio Coto Paúl, y después de mostrarle la gravedad de la situación, les rogo encarecidamente de proponer un armisticio, como había venido aconsejándoselo el marqués de Casa León, cuya llegada a la Junta a ultima hora, inclino todas las voluntades a favor de esta miserable propuesta.

Al recibir Monteverde la iniciativa de estos pobres revolucionarios, sonrió y de inmediato los sometió a sus barbaridades. Miranda no lo pensó y acepto el armisticio como el jefe español lo requería. Para el colmo de su historia, estos términos bajo su responsabilidad los mantuvo en secreto hasta última hora, dando pie a que numerosos enemigos patriotas y especialmente la oficialidad del ejército pensaran cuando se conocieran, en la posibilidad de una traición.

Pero esto no demoró, al grito de ¡Nos vendieron a Monteverde!, se levantaron los cuarteles y los oficiales patriotas al no reconocer el vil pacto. Miranda logró dominar a los rebeldes y después de ordenar al comandante de Caracas la entrega de la ciudad, donde los patriotas, entre ellos Bolívar, temerosos de la voracidad y proximidad de Monteverde comenzaron su huida hacia la Guaira, pero un suceso inesperado los detuvo.

El hecho de que Miranda se preparara a salir del país, produjo general alarma entre los patriotas que habían acordado huir, este proceder confirmaba que el armisticio estaba envuelto en una terrible traición. Esa misma noche el grupo revolucionario se reunió a la cabeza de Bolívar, se pusieron en contacto con el comandante militar coronel Manuel María de Las Casas y con el gobernador civil, don Miguel Peña, allí acordaron detener a Miranda para exigirle cuentas por su conducta, e imponerle el digno castigo. Bolívar fue destinado para arrestarlo.

Sin pensarlo dos veces, Bolívar se hizo acompañar de algunos oficiales y se dirigió a la residencia de su antiguo ídolo a cumplir con los conceptos y preceptos de la revolución y a finalizar el largo duelo sin palabras que se venia librando entre ellos.

Al llegar a la residencia los recibió Soublette y les comunico que el generalísimo se encontraba entregado al sueño. Bolívar le ordenó despertarlo, diciéndole que traían una orden de arresto, Soublette comprimió el rostro asombrado, pero fue a cumplir la orden.

¿No es demasiado temprano?, preguntó el generalísimo al ser interrumpido en su descanso. Pero enterado de la diligencia de los oficiales, tranquilamente le respondió a su ayudante:

Dígales a esos señores que esperen; pronto estaré con ellos.

Se vistió con el cuidado que acostumbraba y salió de la habitación donde lo esperaban; una lámpara de luz débil de mano de su ayudante le alumbró los rostros a quienes lo buscaban.

Bolívar, mirándolo con firmeza, le anunció que estaba detenido y que debía de prepararse para salir sin demora. Miranda quedo en silencio por algunos segundos, no demostró la menor atención a la orden de Bolívar, lo miró con desprecio, con ese desprecio afrancesado por los suramericanos y le respondió:

¡Bochinche!, ¡bochinche!, esta gente no sabe sino hacer ¡bochinche!

Pero no tuvo mas remedio, se envolvió en su capa, emprendió la marcha en medio de sus apresores, hasta ayer sus subalternos, marcha que terminaría esa noche en la prisión de la Guaira y mas tarde en las terribles mazmorras de Cádiz, donde acabaría su vida este noble y glorioso aventurero.

El día 31 por la mañana, los autores del arresto del generalísimo se reunieron con de Las Casas para decidir la suerte del prisionero y estudiar la manera de escapar de Venezuela. Bolívar, quien ya no vacilaba en atribuir el fracaso de la revolución a la conducta de Miranda, propuso de inmediato su fusilamiento. Pero de Las Casas, hasta el momento de acuerdo con sus compañeros, les declaró francamente que en su calidad de comandante de la Guaira no entregaría al prisionero sino a las autoridades españolas y a ellos no les permitiría salir de Venezuela, para dar así cumplida ejecución al armisticio.

Bolívar no escapa, regresa a Caracas, pues sabe que si lo intenta, seria tratado sin consideraciones y en su caso era mejor tratar nuevas tácticas, demuestra como si fuese a someterse a los precarios términos del armisticio, y recurre esperanzado a la protección de un español antiguo amigo suyo, don Francisco Iturbe, a quien sabia amigo de Monteverde. Al oír éste los detalles del apresamiento de Miranda, no dudo de valerse de esta posibilidad para salvar a su joven amigo. Tan pronto como Monteverde llega a Caracas, Iturbe lo visita y le solicita el pasaporte para que Bolívar abandonara el país.

Monteverde, ocupado y consagrado en esos momentos a consolidar su poder en Venezuela, no opuso mayor resistencia a la petición de su amigo Iturbe y le pidió que se lo llevara a su despacho con el fin de expedirle el correspondiente salvoconducto. De esta manera y en la fecha fijada, Simón Bolívar fue presentado al jefe español. ¿Quién lo diría? Allí frente a frente estaba el futuro libertador de Venezuela y su actual conquistador, sin que ninguno sospechara lo que la historia les tenía preparado y los combates a muerte que les esperaba en un futuro próximo.

Monteverde abrazó a Don Francisco pero no le presto atención a Bolívar, quien mientras los dos conversaban, permaneció discretamente apartado, observando con curiosidad al jefe militar español. Este hombre fornido, de ademanes seguros, de mirada penetrante y sonrisa cruel, simbolizaba para Bolívar todo lo contrario de Miranda, él era la majestad de la victoria, que no podía menos de admirar y respetar como enemigo, la audacia de sus concepciones, la rapidez de sus ataques, muy a su pesar le atraían, como si en los mas profundo de su naturaleza revolucionaria trepidaran fuerzas de acometividad idénticas a las demostradas por el nuevo conquistador de Venezuela.

Después de conversar los dos amigos, Monteverde le ordenó a Muro, su secretario, Mirando a Bolívar:

Concédele pasaporte al señor en recompensa del servicio hecho al rey con la prisión de Miranda.

Bolívar no soporto ese insulto e inmediatamente respondió:

Perdone Usted, General, a Miranda lo arreste por traición a la patria y no por servir a su rey.

Monteverde lo miro indignado, pero Iturbe lo abrazo y le dijo tranquilizándolo:

No haga vuestra excelencia caso de esta calavera. Dele su papel y que se vaya.

Iturbe fue hábil al emplear este calificativo para borrar de Monteverde toda duda contra la imprudencia y resuelta frase de Bolívar.

¡Que lejos estaba Monteverde de sospechar que con aquel pasaporte, libraba al hombre que lo derrotaría con todos sus ejércitos e independizaría a Venezuela y parte de América!

(…Continuará)


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(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.