Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La Bolivalogía (X)

In Cultura, Historia, Opinión on 31 marzo, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón

 
 

El problema elemental en la fundación científica de la estrategia revolucionaria la entiende perfectamente Bolívar, él sabe que ésta refiere a la cuestión de la etapa de la revolución en que se encuentra en ese momento como movimiento. Este problema lo encontramos históricamente vinculado a las relaciones existentes entre la revolución libertaria y la contrarrevolución monarquista que busca estabilizarse ahora con mucha más fuerza.

LA RECONQUISTA CANARIA

Se le llamó así por la participación estelar de Domingo Monteverde cuando aprovechó el aumento reaccionario de fidelidad a la corona, evidenciado en los movimientos sangrientos insurreccionales de Valencia. Pero continuemos el proceso histórico que me propongo relacionar.

El terremoto del 26 de Marzo tiene réplicas el sábado de gloria y el 24 de Abril en forma mas violenta aún, esto lo aprovechan los clérigos españoles para incitar al temor de Dios, lo que le abre paso con más fuerza a la insurrección realista, la población se asusta y responde positivamente a estos pedidos. “La circunstancia –dice el historiador Heredia- de haber acaecido esta catástrofe en el mismo día del año eclesiástico cuya venerable solemnidad se interrumpió y profanó dos años antes con el primer acto de la revolución, lleno de terror al común del pueblo y aun a muchos de los que preciaban espíritus fuertes. Uno de los patriotas más entusiasmados me aseguró que en los momentos de mayor angustia le pedía misericordia y perdón al rey tanto como a Dios”.

Desde ese momento la causa revolucionaria empezó a decaer visiblemente. Los fracasos de la administración y la obra de la naturaleza destruían así la endeble obra de unos teóricos considerados ilusos, quienes no comprendieron que perdido el maravilloso elemento de estabilidad y de unión representado por el acatamiento casi místico concedido en América a la Monarquía, los conducía al declive, pues esa unión y esa estabilidad sólo podían conservarse por el ejercicio de una autoridad fuerte y capaz de producir la cohesión social que durante 300 años mantuvo el Derecho, considerado de origen divino, de los reyes españoles.

Pero Bolívar ya sabe la histórica responsabilidad que se le viene encima ante todo este caos social, él sabe que hay que liquidar a Venezuela como colonia, esta es la tarea fundamental de su pensamiento revolucionario, el cual tiene que llevar a la acción, pero para suprimir las cadenas es necesario dos enfrentamientos, el interno, una guerra civil y el externo una guerra contra el imperio español.

Definitivamente es en Marzo de 1812 cuando se inicia con toda fuerza la contrarrevolución que venían preparando Cortabarría desde Puerto Rico y el capitán general Miyares, en Coro. El español Domingo Monteverde salió de Coro al mando de una expedición compuesta de 200 hombres con el propósito de tomar los almacenes de Carora y fue tal el apoyo prestado por los pueblos, que Monteverde después de tomar a Carora ocupó a Barquisimeto y avanzó sobre San Carlos, a pesar de las instrucciones de sus superiores, quienes le advirtieron las dificultades de tomar esta plaza con sus escasas fuerzas. Pero otra cosa pensaba Monteverde, ya conocía las debilidades que carecían los jefes republicanos, él tenía las energías y la crueldad para imponerse derramando la sangre que fuese necesaria.

Cuando asalta a Carora y la toma toda la población patriota fue pasada a cuchillo y la ciudad la entregó al saqueo. Cerca de San Carlos, Monteverde se dirige en los siguientes términos a Ceballos, su inmediato superior: “El entusiasmo de mis tropas y la cobardía que ha manifestado el enemigo me aseguran el buen éxito de cuanto emprenda, y a esto se agrega el asombro que ha producido a todos los vecinos las grandes desgracias que el terremoto del 26 ha causado en los pueblos que se manifiestan en la adjunta relación. No dudo que la conquista de Venezuela será hecha por el ejército coriano. He intimidado la rendición a San Carlos, que sin duda se entregará antes que le suceda lo que a Carora

Su optimismo no era infundado. La poderosa guarnición, con una selecta caballería patriota, desertó inmediatamente y se le unió, lo cual decidió la batalla y le entregó la plaza. Igualmente ocurrió poco después con Valencia, abandonada por los republicanos ante el victorioso avance del ejército español. Miranda cambia entonces de táctica y se dedica a fortificar los principales pasos de acceso a Caracas, mientras Monteverde continuaba su rápida marcha y enviaba a Eusebio Antoñanzas, uno de los más enérgicos y sanguinarios de sus capitanes, a levantar los llanos de Calabozo, de los cuales esperaba sacar ganado y especialmente reclutar nuevos soldados. La toma de San Juan de los Morros, el día 23, abrió en la historia de Venezuela la primera y dramática página de las actividades de los caudillos populares de España. “Ni las mujeres ni los niños –dicen Baralt y Díaz- pudieron encontrar piedad”. Complaciese el capitán Antoñanzas en perpetrar el crimen con sus propias manos, siendo el primero en poner fuego a las casas y en alancear a los desgraciados que salían huyendo de las llamas. Allí empezó su horrible celebridad y la serie no interrumpida de atrocidades que mancharon después la guerra entre los partidos”.

Mucho se ha criticado a Miranda por su táctica defensiva y mucho se la criticaron entonces los oficiales venezolanos, pues ninguno de ellos se explicaba como disponiendo de un número superior de tropas al de Monteverde, optaba por la inactividad en cambio de tratar de destruirlo en un ataque inmediato. Esta extraña conducta no carecía de serios fundamentos. Miranda vio en San Carlos que la batalla se decidía porque sus tropas se incorporaban a los ejércitos enemigos, y en la acción de los Guayos, donde los republicanos disponían de 4.000 hombres, no pudo evitar que más de la mitad de los mismos, al avanzar Monteverde, se negara primero a hacer fuego y después abandonara las filas para unirse a las tropas realistas.

Como se notará, esta conducta reflejaba que en el plano de la dirigencia militar, del liderazgo, la revolución entraba cada vez más en peligro pues se alimentaba siempre por sentimientos y concepciones empíricas y espontáneas y por un terrible desconocimiento tanto del terreno de lucha, como de la tropa combatiente.

Miranda optó entonces por la defensiva, con el fin de conservar posiciones esenciales mientras trataba de obtener ayuda militar de Inglaterra. Delpech, uno de sus oficiales, fue enviado en misión especial ante las autoridades de las vecinas colonias inglesas; el francés Du Cayla partió para las Antillas a reclutar aventureros y en notas repetidas, Miranda se dirigió al gobernador de Curazao solicitándole ayuda. Lo mismo hizo en cartas a Richard Wellesley, a Bentham, a Lord Castlerag, a quienes pidió encarecidamente intervinieran en su favor cerca del gobierno británico.

Con un ejército aquí, el generalísimo abandona las soluciones revolucionarias militares y las sustituye por las diplomáticas. Bolívar obtenía, gracias a las influencias del marqués del Toro y sin la autoridad de Miranda, el cargo de comandante de la plaza de Puerto Cabello, cargo que asumió en los primeros días del mes de junio.

En el Castillo de San Felipe situado en esta plaza, permanecían prisioneros un numeroso grupo de españoles, detenidos durante la insurrección de Valencia, quienes clandestinamente mantenían activa comunicación con el exterior, porque muchos ciudadanos de los alrededores de la plaza eran decididos partidarios de la causa realista. Esta acción llevó a Bolívar a tomar una actitud radical de severidad con sus habitantes, que no demoró en aumentar las notorias simpatías de éstos por los españoles y en ganarse allí el calificativo de “tirano”.

En este ejemplo inicial, Bolívar enseña que toda acción revolucionaria, todo arte de dirigir las luchas de las masas, tiene que tener un fundamento fuerte, científico, objetivo. Y, al revés, todo análisis objetivo, el desarrollo de la política revolucionaria como ciencia, se apoya desde que se comienza, en sus vínculos con la práctica revolucionaria.

Esta acción de los habitantes como interlocutores de los detenidos en el castillo ¿fueron la causa del grave fracaso que no tardaría en sufrir Bolívar? Por supuesto que no, la política contraria opuesta a la revolución llevada por el generalísimo, presentaba como resultados la permanente deserción de sus tropas y agréguese a éste el garrafal error del descontento de subestimación hacia las tropas patriotas y éstas hacia Miranda. El fracaso que se llevó Bolívar en Puerto Cabello sólo puede explicarse por las escasas vinculaciones de las masas con la causa emancipadora y de ninguna manera por la drástica energía desplegada por él.

El 30 de Junio, encontrándose Bolívar en su habitación, escuchó de repente un tiroteo y al indagar sobre su origen, se le informó que en San Felipe los detenidos, apoyados por algunos oficiales de la guarnición, se habían apoderado del Castillo y enarbolaban la bandera del rey. Como en San Felipe estaban los víveres, las armas y municiones de la plaza y su posición elevada sobre la misma le permitía dominarla no vaciló, la situación era gravísima, pero Bolívar inmediatamente ordenó a sus tropas cimarroneras ir al contrataque y ordenó abrir fuego contra los poderosos muros de San Felipe, de donde no tardaron en responder con efectos mortíferos para sus fuerzas, colocadas en fuerza muy inferior.

Cuenta Gual que al recibir Miranda la noticia exclamó con acento amargo y dramático “Venezuela está herida en el corazón”. La actitud del generalísimo, a partir de este momento, ha sido variablemente interpretada con relación a Bolívar. Para algunos, a la pérdida de Puerto Cabello no pueden imputársele las consecuencias que Miranda quiso atribuirle, pues en los planes estratégicos del generalísimo Puerto Cabello “era sólo un coeficiente de seguridad, menos que esto, casi un punto muerto”. En cambio para los enemigos de Bolívar, Puerto Cabello constituía, con su poderosa fortaleza y sus depósitos de viveras y armas, el centro de la estrategia militar de Miranda, en lo cual se fundan para inculpar al revolucionario de los desgraciados acontecimientos de 1812.

Pero veamos los verdaderos hechos y saquemos conclusiones: Existe una conducta que permite comprobar como dentro de los planes de Miranda, Puerto Cabello no tenía la exagerada importancia que se le pretendió dar: Primero, su negativa a auxiliar a Bolívar, cómo este se lo pidió encarecidamente. Si Miranda hubiera pensado que aquella posición le era dispensable, algo hubiese hecho para auxiliar a su comandante. Pero ocurrió todo lo contrario: por una parte, no tomó medidas para ayudar a Bolívar y por la otra, trató de aprovecharse de este desgraciado acontecimiento para convencer a sus tropas de que ya no había objeto en continuar la lucha y debía proceder a buscar un armisticio honroso para suspender el inútil derramamiento de sangre. Perdida su esperanza en una posible ayuda extranjera se decidió a aprovechar la pérdida de Puerto Cabello para justificar el abandono, que por falta de fe y por falta de principios, se preparaba a hacer de la causa de la República.

En la madrugada del 1º de Julio, el Bergantín “Argos” fue atacado desde el castillo San Felipe e incendiado, su capitán Camejo desertó con 120 hombres, Bolívar al ser informado de esta operación se encontró perdido y desamparado, entonces no tuvo otra alternativa que sentarse y escribirle esta carta a Miranda: Ahora, que son las tres de la mañana, os repito como un oficial indigno de serlo, con la guarnición y los presos, se ha sublevado en el casillo de San Felipe y ha roto el fuego desde la una de la tarde sobre esta plaza: en el Castillo están casi todos los víveres y municiones, y sólo hay por fuera 16.000 cartuchos. La goleta Venezuela y el comandante Martínez han sido apresados. Los demás buques se hallan bajo sus fuegos como bajo los míos, y solamente el Celoso se ha salvado, muy estropeado. Debo ser atacado por Monteverde, que ha oído ya los cañonazos; si vos no lo atacáis inmediatamente y lo derrotáis, no sé como puede salvarse esta plaza, pues cuando llegue este parte, debe estar atacándome.

El silencio de Miranda fue oscuro, nada respondió a este llamado angustioso, ni tomó providencia seria para auxiliar al comandante del Puerto. Como Bolívar lo había previsto, no tardaron en llegar los refuerzos enviados desde Valencia por Monteverde. Obligado por las adversas circunstancias abandonó la plaza y se embarcó en el bergantín Celoso rumbo a la Guaira.

La pérdida de Puerto Cabello, que para Miranda y su cofradía fue simplemente la pérdida de una plaza, para el revolucionario significó la suprema derrota de su vida y un fracaso que lo atormentó hasta el punto de hacerle ver su imaginación al generalísimo diciendo con su gesto de supremo desdén: “lo que yo siempre expresé: ese alocado muchacho no servía para nada”. De ahí, que cuando Bolívar llegó a Caracas, se propuso a escribirle una carta a Miranda cuyo patetismo es el mejor comprobante de los principios de un verdadero combatiente. Mi general mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me siento con ánimo de mandar un solo soldado; mi presunción me hacia creer que mi deseo de acertar y mi ardiente celo por la patria supliría en mí los talentos de que carezco para mandar. Así, ruego a usted, o que me destine a obedecer al más ínfimo oficial, o bien me dé algunos días para tranquilizarme y recobrar la serenidad que he perdido al perder a Puerto Cabello.”

A esta carta, Miranda ni siquiera se dignó contestar, pues mientras Bolívar sufrió la vergüenza del soldado derrotado, él meditaba en la solución que pondría fin a la República venezolana y lo hacia dejando la impresión de que la catástrofe próxima a producirse era consecuencia de la pérdida de Puerto Cabello.

En su encierro Bolívar daba libertad a sus pensamientos y se preguntaba ¿Puede lograrse una campaña real de amnistía, pidiendo a la vez el derrocamiento del gobierno y echando plomo a diestra y siniestra?

Pero su tormento, su torturante preocupación, era lo que Miranda pensara de él. Al enviarle el informe oficial sobre la pérdida de Puerto Cabello, le escribió una carta más, el dolor y la confusión espiritual, se reflejan vivamente en ella.

Mi general, lleno de una especie de vergüenza me tomo la confianza de dirigir a usted el adjunto parte, que apenas es una sombra de lo que realmente ha sucedido. Mi cabeza, mi corazón, no están para nada. Así suplico a usted me permita un intervalo de poquísimos días para ver si logro reponer mi espíritu en su temple ordinario…De gracia no me obligue usted a verle la cara. Yo no soy culpable pero soy desgraciado y basta.

Soy de usted con la mayor consideración y respeto su apasionado súbdito y amigo.—Simón Bolívar.

(…Continuará)

 
 

La Bolivalogía (IX)

La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (IX)

In Cultura, Historia, Opinión on 27 marzo, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


Como investigador de la bolivalogía me encuentro situado en un momento histórico del fenómeno que estudio, lo que no significa que sea definitivo, pero si al contrario de otros investigadores que se han encargado de presentar a un Bolívar con otros lineamientos muy diferentes a los míos, en otras palabras, busco la invariabilidad dentro de la variabilidad social que es en realidad lo que me interesa para que Bolívar se pueda ver como fue, especialmente como científico revolucionario de este continente y no solo teórico, sino de acción.

LUCHA DE BOLIVAR DESPUES DEL 5 DE JULIO DE 1811

El joven revolucionario se ve colocado en la posición obligada de simple espectador de una catástrofe que veía avanzar, Bolívar comenzó a sufrir la terrible tortura de sentirse impotente ante aquella situación, pero sus instintos revolucionarios le indicaban que tenía que actuar con rapidez y sin vacilaciones. De ahí, que de acuerdo con Miranda, desde la Sociedad Patriótica manifestaba alarmado los peligros que para ese momento significaba para Venezuela un federalismo, demandó disciplina, rigor y decisiones precisas contra los conspiradores y pedía pena de muerte para los españoles que preparaban la contrarrevolución en Coro y Maracaibo. Con exaltada elocuencia del verbo revolucionario declaraba que Venezuela sólo podría salvarse si actuaba con principios y libertad, adelantándosele a destruir a sus enemigos antes que ellos se fortalecieran mas de lo que estaban, pedía audacia, prontitud y energía implacable, solo estas virtudes exigidas por él a los hombres encargados de la ponderosa responsabilidad de gobernar, ¡salvaría la patria!

Pero estas ideas no encontraron el apoyo que él solicitaba, su juventud fue una de las razones para creerlas ligeras más que una garantía de quien las proclamaba. Sólo los jóvenes revolucionarios de ese momento político lo entendieron, pues las castas que gobernaban no se convencieron y manifestaban que todo había que manejarlo con mucha prudencia.

Los conceptos de Bolívar, se adoptaron como violentos y para desgracia del joven revolucionario, en el ámbito de este desacuerdo se reveló también las desavenencias que no se demoraron en distanciarlo de Miranda, quien ante la catástrofe que ambos habían presentido, no aceptó que Bolívar reaccionara de esta manera, su pesimismo lo sembró desde este momento, que exigía mucho de sus dirigentes.

Bolívar entra a funcionar con su teoría libertaria, lo básico y fundamental del verdadero revolucionario es su espíritu de rebeldía, este se manifiesta en primer termino, en luchar, en la fe espontánea de su actividad dirigente frente a las masas del pueblo a las cuales se encuentra ligado. Por eso, esto no lo han dicho nunca los fundadores a su culto. Bolívar reaccionaba desde el primer momento lanzándose con entusiasmo a la acción, buscando el camino que le permitiera poner su energía y su juventud al servicio de la República para su defensa. Al contrario de Miranda, quien no tuvo confianza en el pueblo, ni en los militares del momento, como ya lo dije, se sembró empecinadamente en un divorcio total en el concepto de lo que exigía aquella revolución latinoamericana emancipadora, por el contario, se vio dominado por su sombrío pesimismo y solo captaba con lucidez la desorganización del gobierno, la indisciplina de las fuerzas armadas, la falta de conocimientos técnicos en los oficiales de ese mismo ejercito y allá en el fondo de su alma se arrepentía de haber dejado a Londres para ponerse al frente de esta revolución, hacia comparaciones, con la Francia Jacobina y la Francia Napoleónica, y no podía menos de parecerle ridícula mascarada.

El distanciamiento entre los dos lideres se acentuó mas cuando en la ciudad de Valencia estalló un motín contra el gobierno republicano, en el cual los negros y los pardos, aliados con los españoles y a los gritos de ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la religión católica! ¡Muera la independencia! se pronunciaron contra los blancos mantuanos de Caracas y el Gobierno de la República, fue enviado el marques del Toro, hombre que simbolizaba la vieja generación en cuyas manos la república se perdía, venia con la misión de reconquistar la ciudad, pero éste declino la honrosa designación que le hacían. Esto obligó al timorato gobierno a tomar providencia menos deseada también para ellos, nombrar a Miranda, generalísimo de los ejércitos de la República, con la esperanza de que su prestigio militar restableciera la caída moral de las tropas.

No bien asumió la jefatura del ejército, Miranda no pertenecía a esta revolución, no supo manejar la situación, empezó a engrandecer más su pesimismo que lo dominaba. En los primeros días fue a presenciar una revista militar en sitio cercano a Caracas y se espantó cuando vio desfilar, sin orden ni marcialidad aquella montonera de paisanos mal armados, sin uniformes y peor disciplinados, con inoportuna amargura pregunto a los funcionarios que le acompañaban “donde estaban los ejércitos que un general de su prestigio podía llevar a batalla sin comprometer su dignidad”. Fue inminente su desprecio, su subestimación hacia las fuerzas cuyo mando acababa de confiársele. De inmediato procedió a cambiar los oficiales, para colocar en las posiciones de responsabilidad a militares extranjeros, con un rechazo rotundo a lo antiguos y valientes venezolanos que según él, carecían de los conocimientos teóricos exigidos por los ejércitos europeos.

A Bolívar le incomodó esta situación, vio que al general lo invadía solo un capricho personal e individual y que precisamente se necesitaba de sus conocimientos para construir el ejército revolucionario. Bolívar tenía el grado de coronel del regimiento de las milicias de Aragua, tomo la decisión y se presentó ante el generalísimo para ofrecerle sus servicios. Mirando lo rechazó de inmediato justificando su negativa que a todos sorprendió: Ese muchacho -dijo- es solo un “joven alocado y peligroso” a quien no se le podían confiar tareas de alta responsabilidad, tareas que Miranda reservó para oficiales extranjeros, o para aquellos venezolanos que según él, poseían conocimientos técnicos –como Soublette- quien en esos días fue incorporado al estado mayor del generalísimo. Bolívar recibió la inesperada ofensa en silencio y no se amilano, por el contrario solicitó de inmediato a Fernando Toro le llevara en campaña como ayudante suyo. Este le hizo incorporar a su cuerpo de edecanes y así pudo entrar a campaña con las tropas de Miranda enviadas a dominar la contrarrevolución iniciada en la ciudad de Valencia.

El joven “alocado” calificativo de Miranda, no desaprovechó la oportunidad, siempre en primera fila iba al combate haciendo prodigios de valor, arengando las tropas y logrando ante el asombro de todos convertirse en su líder. Miranda tuvo que ahogar su orgullo de generalísimo y admirar a ese intrépido soldado que en el ataque de la colina del Morro, se precipito contra las trincheras enemigas con un sable en la mano y con la otra su pistola, defendía como un león herido su causa; que no era otra que la justicia y la libertad.

Mostró Bolívar que el problema de la indecisión era mortal para un líder de una causa emancipadora en estas tierras donde no se contaba con un ejercito llamado así, desde él punto de vista militar, pero que esas montoneras eran mas que un ejército si se les sabia conducir al combate con táctica y estrategia, mostró los momentos de la crisis que afectaba la revolución, aquí no se podían traer los viejos esquemas de la Europa imperial, estas tierras le exigían al combatiente, tanto político como militar, crear y adaptarse a los cartabones esquemáticos configurándolos al sentido humano, al tiempo, al momento que vivía el país, Le señaló al generalísimo que tenía las cualidades de que carecían los jefes republicanos, señalados a dedo por él, astucia, ideas claras, audacia, energía, decisión para ir a la victoria de una batalla, era necesario desde el punto de vista del combate atemorizar al enemigo para imponerse, allí recordó la educación y las recomendaciones de su maestro don Simón Rodríguez, (“La vida se nos da como un todo”) cuando estos hombres respondieron maravillosamente, en aquel campo de la muerte, a la llamada de sus instintos de acometividad o de su simple instinto de conservación.

Así, las fuerzas contrarrevolucionarias se vieron obligadas, ante la violencia del ataque, a abandonar el Morro, se retiraron hacia Valencia, donde se atrincheraron en las estructuras que mejor se prestaban para la defensa.

Juzgando Miranda ligeramente las pérdidas del enemigo, ordenó el inmediato ataque a la ciudad, las tropas cimarroneras tomaron las calles, logrando otra victoria días después, no sin grandes pérdidas. Mientras tanto, dijo Ricardo Becerra, oficial ayudante y admirador del Coronel Bolívar: El cuartel general era en aquellos días teatro de algunas escenas muy ridículas y de las cuales testimoniaron los grandes oficiales del generalísimo, una de ellas, fue la que el Jefe pasaba revista a las tropas, a la distancia un oficial de línea hacía caracolear su caballo al frente de estas arengándolas con voz aguda. Miranda, colocando su mano izquierda sobre la frente, a modo de visera, como era su costumbre cuando quería concentrar la mirada, reconoció a Bolívar, y, frunciendo el seño, pronunció palabras de desaprobación que oímos sus ayudantes.

En realidad los buenos resultados de aquellas victorias que sirvieron para tomar la ciudad, no fueron aprovechados por Miranda, quien accedió fácilmente a los deseos del Poder Ejecutivo, enemigo de nuevos derramamiento de sangre, se abstuvo de avanzar sobre las ciudades rebeldes de Coro y Maracaibo, enfrió los ánimos de aquellos combatientes, dirigiéndose a Caracas a ponerse al frente de los tribunales convocados para juzgar a los responsables de la insurrección Valenciana. Todo motivo de alarma se consideró entonces fuera de lugar y en las delicias de una República patriarcal se adormecieron los principios de los patriotas venezolanos.

Por supuesto, esta calma no duro mucho tiempo, el generalísimo pasó por alto que los cimientos de la República estaban suficientemente débiles por las agitaciones contrarrevolucionarias y el descontento general que se levantaba contra la nueva administración a la que se le unía una catástrofe de la naturaleza, precisamente en esos días, el 26 de Marzo un terremoto estremeció las ciudades de Caracas, La Guaira, San Felipe, Barquisimeto y Mérida.

El día del terremoto –contó el mismo Bolívar- yo llegue corriendo hasta aquí (LA PLAZA DE SAN JACINTO) en mangas de camisa porque me encontraba descansando, por cierto que encontré un lamentable hacinamiento de ruinas… En el acto me puse a la obra de salvar victimas, encaramándome sobre los escombros y gateando en dirección a los sitios de donde salían quejidos o voces de auxilio. Me hallaba en esta tarea, cuando di de manos a boca con el furibundo españolizante José Domingo Díaz, él que no hace más que verme y echarse a comentar con su acostumbrada sorna:

-¿Qué tal, Bolívar? Parece que la naturaleza se pone del lado de los españoles…

No vacile para responderle.

-Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca- lo hice porque interprete su cinismo.”

(…Continuará)


La Bolivalogía (VIII)

La Bolivalogía (VII)

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La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (VIII)

In Cultura, Historia, Opinión on 22 marzo, 2011 at 0:00

Víctor J. Rodríguez Calderón


A través de los tiempos, la libertad, la justicia y la igualdad va tomando conciencia, nuestros aborígenes han dejado el camino, las lecciones de ese enorme problema que plantó el imperio con su conquista, ellos fueron el inicio a la extrapolación, hacia lo que fue visto como una naturalidad por ese mismo imperio que solo vino con la intención de explotar, robar, saquear, pillar y esclavizar, para ellos a quienes encontraron en estas regiones, no existían y así continuaron, hasta que nuevamente las conciencias que amaban la libertad comenzaron a despertar en aquellos grupos sociales del momento colonial.

Nuevamente el hombre ve sus necesidades, necesita patria, no tienen lo que es de ellos y el imperio se los ha arrebatado, y si no despiertan, corren el mismo riesgo de los aborígenes: Extinción.

En sus documentos hablan de la socialización de la sociedad, la multiplicación de las comunicaciones y de los intercambios, generalización de la mercancía y formulan un nuevo ideal radical que el imperio vio como algo utópico. Así se va desarrollando la bolivalogía.

CONGRESO DE 1811 Y FIRMA DEL ACTA DE LA INDEPENDENCIA

La verdadera batalla entre partidarios y enemigos de la Independencia se libra en el Congreso que se instala el 2 de Marzo de 1811 con diputados de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita y Mérida a los cuales se suman en breve las representaciones de Barcelona y Trujillo. El Generalísimo Francisco de Miranda, a última hora obtiene una curul por la provincia de Barcelona. Las sesiones comenzaron dentro de un ambiente caldeado por el choque de las pasiones políticas, porque privados los partidarios de Fernando VII de sus mejores argumentos, en virtud de la actitud asumida por la Regencia, que al conocer la constitución de la Junta de Gobierno de Caracas, declaró en estado de rebeldía a Venezuela, se inició el debate con el pronostico que el país se precipitaría a la disolución social si se declaraba inmediatamente la independencia.

El joven Bolívar ha comenzado a nacer como revolucionario radical, y precisamente es en este congreso, cuando entra en una profunda preocupación porque ve que el éxito alcanzado por los argumentos enemigos desde un principio están convenciendo; Bolívar, se dispone a trabajar, el sabe que solo una poderosa presión de la opinión publica, bullanguera y deliberante que asistía a las sesiones de la Sociedad Patriótica, podía romper el peligroso equilibrio de fuerza formado en el Congreso, en cuya desesperante estabilidad se hallaba a punto de naufragar, según su análisis, el movimiento en pro de la emancipación venezolana.

La noche del 3 de Julio se presentó a la Sociedad Patriótica, molesto y contrariado por los incidentes de la sesión de esa tarde en el Congreso, en la cual no se pudo llegar a ninguna solución favorable y en cambio si se habían formulado acerbas criticas a la Sociedad Patriótica, acusándola de aspirar a convertirse abusivamente en segundo Congreso.

Embriagado ya por su conciencia revolucionaria, se puso en pie en medio de la masa que caracterizaba esa noche el debate de la Sociedad y con voz firme demandó la palabra. Bolívar contaba entonces 28 años; en su rostro se habían hecho mas definidas las líneas afirmativas que indicaban la tendencia de su carácter; sus ojos negros y profundos tenían una lumbre difícil de resistir, sobre su frente ya comenzaban a marcarse las líneas que después lo atravesarían de surcos profundos, se levanta rebelde su cabello negro y se escucha su palabra: “No es que haya dos congresos. –Todos quedan en silencio, se apagan los murmullos y el orador continua- ¿Cómo fomentarán el cisma los que mas conocen la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad. Unirnos para reposar y dormir en los brazos de la apatía, ayer fue mengua, hoy es traición”.

Estas frases, en las que se mezclaban el acento convincente con la llama de la pasión de los principios de la rebeldía, lograron atraer la atención de la masa allí presente hacia Bolívar, a quien en ese recinto se le escuchaba siempre con gusto, porque dominaba con inteligencia las pasiones populares, sabia llegar al pueblo, entenderlo, hablarle en su idioma. “Se discute en el Congreso Nacional –continuó- lo que debiera estar decidido. Y ¿Qué dicen? Que debemos comenzar por una Confederación. ¡Como si todos no estuviéramos confederados contra la tiranía extranjera! ¿Qué debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos, o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! ¿Trescientos años de calma no bastan? ¿Se requieren otros trescientos todavía?

Una clamorosa ovación fue la respuesta a estas interrogaciones lanzadas en aquel recinto en cuya atmosfera, cargada de electricidad, se estaba engendrando las fuerzas desencadenadas de la bolivalogía, tormenta revolucionaria científica y social. Bolívar sintió que aquella masa estaba convencida de la necesidad de la revolución, sin vacilar, se adelantó a proponer una decisión que tendría importancia superior a la que él mismo imaginaba: “La Sociedad Patriótica respeta como debe –dijo fijando posición- al Congreso Nacional; pero el Congreso Nacional debe oír a la Sociedad Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es sucumbir. Propongo que una comisión del seno de este cuerpo lleve al soberano Congreso estos sentimientos”.

Esta propuesta fue acogida con entusiasmo y la Sociedad Patriótica acordó remitir al Congreso una posición en tal sentido. Entregada ésta, el 4 de Julio, después de encendido debate sobre las facultades de sus miembros para realizar la “declaración de independencia”, la cual se efectuó y se firmo el 5 de Julio de 1811 Acta famosa, redactada por Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi.

Cuando en los debates del Congreso la tesis de la independencia estaba próxima a su triunfo, Roscio formuló esta profunda observación: “Podría dudarse por los políticos –dijo- si Venezuela tiene la estatura necesaria y la fuerzas suficientes para el rango que va a ocupar; pues, aun cuando en Europa hay soberanías de menos población y extensión que la nuestra, creo que no debe ser el mismo calculo estadístico con respecto a América”. Miranda pidió la palabra y combatió firmemente esta duda, afirmando que los Estados Unidos tenían menos de tres millones de habitantes cuando se declararon independientes y sin embargo la libertad les había conducido, con paso acelerado, por la senda del progreso. Este criterio los animo y de ahí que promulgada la independencia, todos se prepararan a asistir al crecimiento, de un estado fuerte y poderoso como los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero una serie de acontecimientos no demoraron en dejar en el ánimo de las más perspicaces conciencias, profundas dudas sobre sus precipitadas ilusiones. No bien se comenzó en el Congreso la discusión de la Constitución Política para el nuevo Estado, el cuerpo social que durante 300 años había formado una unidad con el nombre de Capitanía General de Venezuela, empezó a dispersarse; cada una de las ciudades importantes se empeño en construir un estado independiente y los antiguos odios o rivalidades que existían entre esas ciudades y Caracas se levantaron con terrible violencia, demandando imperativamente una carta federal que diera a cada una de las ciudades y provincias principales total independencia y soberanía.

Nada pudo contener la tendencia federalista. Miranda en el Congreso y Bolívar en la Sociedad Patriótica realizaron inútiles esfuerzos por combatirla, pero los males futuros por ellos profetizados no alcanzaron a contrarrestar las esperanzas de inmediatas ganancias que la federación permitía esperar a quienes estaban en posibilidad de usufructuarlas.

El calificativo de “Caraqueño” se le lanzó muchas veces a Bolívar como insulto y a Miranda se le denominó “extranjero” y hasta se llegó a acusarlo de estar vendido a Inglaterra. El 21 de Diciembre de 1811, el Congreso sancionó una constitución según la cual, “cada provincia –como diría Bolívar– se gobernaba independientemente y a ejemplo de esta, cada una pretendía iguales facultades alegando la practica de aquellas y la teoría de que todos los hombres y todos los pueblos gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno que les acomode”.

(…Continuará)


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La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


La Bolivalogía (VII)

In Cultura, Historia, Opinión on 11 marzo, 2011 at 0:01

Víctor J. Rodríguez Calderón


Así va apareciendo la alienación como sistema. Históricamente observamos ciertas reacciones que se levantan en busca de un nacionalismo de libertad económica solamente, las ideas dominantes del imperio están plenamente formadas en conciencia, se han materializado como un fenómeno social. Por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase, son las de la clase mantuana y eso lo vemos claramente en el levantamiento de Chirino, cuando está clase mantuana no aceptó por ningún concepto la acción del pueblo esclavo y mostró allí su papel dominante y sus ideas inexistentes de una verdadera revolución. Ella tiene su lugar individual de actuación, penetran en las zonas no conscientes del siquismo, entendidas desde el punto de la dinámica de justicia, igualdad y libertad.

Pero continuemos examinando para demostrar el nacimiento de la bolivalogía ante todas estas dificultades.

CONSPIRACION DE GUAL Y ESPAÑA

Este movimiento preindependentista es una evidencia de la penetración moderna de la revolución, el cual estaba predestinado para estallar en Julio de 1797. Fueron sus dirigentes Manuel Gual y José María España, el primero Capitán retirado del Batallón Veterano de Caracas y el segundo Justicia Mayor de Macuto. Desde el año de 1794 venían preparando la subversión, sus conciencias se despertaron debido a las noticias recibidas del extranjero y a la influencia de unos ciudadanos españoles prisioneros en la Guaira por su participación en la conspiración española de San Blas. Entre ellos, Juan Bautista Picornell, un audaz propagandista de las ideas republicanas. Los conjurados llegaron a comprometer una vasta congregación de blancos y pardos, militares de baja graduación, trabajadores de la artesanía, proyecto que fue abortado por la traición de algunos comprometidos. José María España fue condenado a muerte y descuartizamiento. Manuel Gual, logró escapar y continúo sus acciones propagandísticas en el extranjero. Murió ocho años después en Trinidad probablemente envenenado. Estos dirigentes dejaron importantes documentos en los cuales se advierte el influjo de la revolución francesa y las ideas del liberalismo español. Entre esos documentos se destacan: las Ordenanzas, los derechos del hombre y del ciudadano con varias máximas republicanas y un discurso preliminar dirigido a los americanos, la Carmañola Americana y la Canción Americana, muchos de los cuales se utilizaron después de 1811. Los Mantuanos juzgaron a este alzamiento como una “abominable delincuencia” y apoyaron la represión de los funcionarios españoles.

LAS INVASIONES DE MIRANDA

La historia lo tilda como el precursor aunque sus intentos fueron un fracaso, pero la verdad es que estas invasiones fueron el resorte definitivo para el trabajo de la liberación que vendría a proseguir Bolívar. Venezolano por nacimiento, su figura refleja toda la modernidad europea, fue un protagonista de la revolución francesa directamente, admirado por su valor y su coraje, Miranda es el gestor de planes de invasión ante la corte de Londres, trata de cumplir sin éxito el cometido insurgente en 1806. Con ayuda de factores británicos y estadounidenses, fracasa en un primer intento de llegar con soldados a las costas de Ocumare. Un segundo intento lo conduce a las costas de Coro. Logra desembarcar y enarbola por primera vez el pabellón de la revolución, que posteriormente se tomaría como la bandera nacional. Pero este general no supo llegar, ni menos trabajar con el pueblo, tanto así, que tuvo que abandonar el territorio ante la indiferencia y el miedo de los pobladores, quienes, por influencia publicitaria de las autoridades, se les hizo creer que se trataba de un hereje, un agente ingles o un peligroso jacobino. La reacción negativa de los criollos frente a los planes del Precursor, deben considerarse entre los factores que convierten su aventura en un enorme descalabro.

Miranda anhela la libertad de toda la América española, a la que llama “COLOMBEIA” en sus escritos. Pensaba en la fundación de un gran estado que comenzaría en la Nueva España (México), incorporando a las islas del Caribe y extendiéndose hasta los dominios del Rio de la Plata. La vastedad estaría dominada por dos primeros magistrados con el titulo de Incas que ejercerían funcione durante diez años con la ayuda de una red de cuestores, ediles y censores asentados en las grandes capitales del continente. La justicia se administraría por una Alta Corte Nacional designada por los Incas, quienes igualmente escogerían a los miembros de un Congreso de dos cámaras que se ocuparía de la legislación. Con el proyecto, conocido por la corte de Inglaterra y considerado como una mezcla de las instituciones clásicas con barruntos de la cultura autóctona de América y notables influjos de las costumbres y el régimen civil británicos, permaneció en el papel por el fracaso de sus invasiones y mas que todo por subestimar al pueblo. A la postre, el precursor sólo pudo atender asuntos relacionados con la emancipación de Venezuela, después de 1810, sin ocuparse de esa “Colombeia” que había formado parte de sus sueños.

CONJURACION DE 1808

Las informaciones que llegan de España hablan de la invasión que ha provocado Napoleón, los criollos se reúnen en secreto y advierten que ha llegado la hora de un principio de autonomía, pero también son traicionados y delatados por las castas de los “blancos de orilla” que temen la instauración de un régimen oligárquico y tiránico.

En esta conjuración se ven comprometidos José Félix Ribas, José y Martin Tovar Ponte, Los Toro, los Bolívar y los Blanco, ello dirigen a lo mas granado de la aristocracia caraqueña. La gravedad de esta acción hace que se traiga un Regente Visitador para que instruya expedientes especiales, pero solo se ordena el confinamiento de los probables conspiradores, se redobla la vigilancia armada en la capital, se profundiza la persecución de toda literatura revolucionaria y se prohíben las discusiones de tipo político.
Ya la lucha revolucionaria comienza a prepararse como necesidad de nación libre y justa.

PRIMER GRITO FIRME DE LIBERACION

Recordemos aquel jueves santo de 1810, específicamente era 19 de abril, cuando se inició en nuestra Caracas el comienzo de una etapa histórica que se regaría como una lengua de pólvora por todas nuestras naciones. En este día, el cabildo de Caracas, con el apoyo de parte del pueblo y de importantes sectores de las fuerzas armadas, tanto de los batallones de veteranos como de milicias, así como de destacados personajes del clero, la sociedad, de los intelectuales, depuso al gobernador y capitán general Vicente Emparan y a los demás altos funcionarios españoles, enviándolos al exilio. Fue un movimiento revolucionario que se llevó a cabo de una manera incruenta, y que en definitiva tuvo un impacto en los campos político, económico, social y cultural, no sólo de Venezuela, sino de todas estas patrias nuestras.

Desde ese día y para siempre nos sumamos agregando luz al patriotismo sincero y leal, anclando en las conciencias revolucionarias las convicciones bolivarianas, como son la libertad, la justicia, la igualdad y la paz, convencidos como Bolívar, que estas se conquistan y nunca se mendiga para destrozarlas.

Así se desarrollaron estas acciones revolucionarias:

El capitán general Vicente Emparan, deseoso de ganar tiempo e indeciso ante el camino a seguir, suspendió la sesión del Cabildo y se dirigió a la catedral; sin embargo a las puertas de ésta, uno de los revolucionarios, Francisco Salías, se interpuso y tomando del brazo a Emparan, le conminó a regresar al Cabildo. La actitud de Salías fue ampliamente celebrada por la multitud en general y por un grupo de conjurados; ante la osadía de Salías, los soldados que formaban la guardia del capitán general hicieron un ademán de apercibir sus armas, pero una orden del oficial venezolano que los mandaba, los mantuvo firmes en sus puestos sin intervenir. Dadas la circunstancias, Emparan regresó al Cabildo, acompañado de los alcaldes, regidores y notables, mientras una multitud invadía la plaza mayor. Al poco tiempo llegaron al Cabildo el abogado Juan Germán Roscio, el canónigo José Cortés Madariaga y otros representantes del pueblo y del clero, quienes se incorporaron a la reunión.

Presionado por los factores de poder presentes en el Cabildo de Caracas, Emparan pronunció las palabras que señalaron el principio del fin, por lo menos jurídicamente, del régimen español en Venezuela. Dirigiéndose al pueblo congregado en la plaza, desde el balcón del cabildo, les preguntó si deseaban que él continuase mandando; ante la respuesta negativa de las personas presentes, exclamó Emparan: “¡Pues yo tampoco quiero mando!“. Luego de esto, quedó establecida la que oficialmente recibió el nombre de Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

El mismo 19 de abril de 1810 fue redactada el acta en la cual se consignaba el establecimiento de un nuevo gobierno. En la misma se precisaba que el gobernador y capitán general, el intendente de Ejército y Real Hacienda, el subinspector de artillería y el auditor de Guerra y asesor general, así como la Real Audiencia, quedaban privados del mando que ejercían, a la vez que suprimían esas instituciones. En consecuencia el Cabildo de Caracas, con sus 2 alcaldes José de Llamozas y Martín Tovar y Ponte a la cabeza, asumió el poder, incorporando en su seno a los representantes del clero, del pueblo y de los pardos, ya mencionados, mientras que el mando militar era confiado momentáneamente al teniente coronel Nicolás de Castro y al capitán Juan Pablo Ayala. El acta del 19 de abril fue firmada por todos los asistentes al Cabildo extraordinario de ese día, incluyendo a los funcionarios españoles depuestos (Vicente Emparan), los que desempeñaron un papel secundario y los que a partir de ese momento asumieron el poder (Tovar, Roscio, Cortés de Madariaga, etc.). El acta fue leída el mismo día en diversos lugares de Caracas por los escribanos Fausto Viaña y José Tomás Santana, quienes certificaron que la población reaccionó gritando las siguientes consignas: “Viva nuestro Rey Fernando VII, nuevo Gobierno, Muy Ilustre Ayuntamiento y Diputados del Pueblo que lo representan”.

En definitiva la revolución se llevó a cabo sin derramamiento de sangre. Los funcionarios depuestos fueron conducidos luego a La Guaira y encerrados en las fortalezas o confinados a bordo de buques anclados hasta que se les expulsó. De acuerdo con el testimonio de uno de ellos, el intendente Basadre, durante el tiempo que estuvo en prisión pudo apreciar como los revolucionarios compusieron e hicieron circular canciones alegóricas de su Independencia, en las cuales convidaban a toda Hispanoamérica a hacer causa común y a tomar “… a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones” , ya se entonaba la canción que mucho más tarde fue declarada Himno Nacional de Venezuela: “Unida por lazos / que el cielo forjó / la América toda / existe en Nación / y si el Despotismo levanta la voz seguid el ejemplo / que Caracas dio.” En conclusión, aunque el 19 de abril de 1810 no fue declarada jurídicamente la Independencia de Venezuela, políticamente se produjo un cambio radical que culminó con la declaración del 5 de Julio de 1811. Lo que si quedo testimoniado históricamente que aquí se inicio el grito de América libre.

Y también quedo para siempre que en una acción como esta, hay un origen único de todas las revoluciones: el deseo del hombre por una vida más humana, más noble, por un sistema libre y progresista y por una libertad de expresión capaz de crear una nueva fraternidad entre los hombres. A partir de este momento las accione se dirigen hacia el camino sin regreso de la independencia política.

(…Continuará)


La Bolivalogía (VI)

La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


¡No se hace justicia al obrero!

In Cultura, Historia on 10 marzo, 2011 at 0:00

Pino González

-¡No se hace justicia al Obrero!

-¡No se hace justicia al Obrero, no se tributa homenaje al Obrero, no se respeta al Obrero! Pasan ante Él y no le saludan; pasan ante Él, y ni siquiera le miran; pasan ante Él y ¡le injurian a la cara!

¿Quién sino el obrero ha levantado con mano potente y generosa esta bóveda que nos da cobijo?

¿Quién sino el obrero ha sido el carpintero, el cantero, el albañil que ha ideado todas las maravillas, y las ha ejecutado, y las ha puesto al servicio del hombre?

Y sin embargo… ¡¡No se hace justicia al Obrero!!

Estas palabras están escritas en un libro que he encontrado guardado en una cajita, no olvidada pero si escondida de posible pérdida. Es el libro de una mujer republicana que tenía su propia fe hacia un Dios que para ella era un revolucionario, que subía a las montañas y a los pulpitos predicando la libertad y la justicia al obrero. Rosa García López, una mujer pequeña pero que desprendía una energía muy positiva, una mujer increíble que sufrió las inclemencias de la guerra civil española. Por defender sus ideas, por ser una mujer con carácter fuerte .Se enfrentaba a todo y todos. Fue apresada en su casa y llevada al calabozo en el año 1.936, le torturaron, le raparon la cabeza y luego la dejaron tirada en el barranco de Tamaraceite, semidesnuda. Ella como pudo llega a su casa y todavía con más fuerza, con más ganas de seguir luchando.

Los días siguientes a lo ocurrido sale de su casa y va por todo el pueblo hablando de lo que le habían hecho los fascistas. Su lucha acaba de empezar.

Me cuentan que todos los días se acercaba a la casa del fascista del pueblo, que había mandado a apresarla y se ponía enfrente de su puerta y a todos los vecinos que pasaban; ella les decía : “que allí vivía un criminal”. Una forma de evadirse de las crueldades que estaban ocurriendo con la llegada de la salvaje guerra y de los salvajes fascistas que tenían al pueblo oprimido era sentarse a leer. Una lectura que la hacía olvidarse de lo ocurrido en su familia y a ella. Empezaron las habladurías de que ella renegaba de la palabra de Dios.

Los vecinos a su paso, hablaban por lo bajito:

-No va ni a misa-

-Así la cogieron y le pegaron una paliza-

-Dicen que es comunista- ¡¡Ah, esa está loca!!

Pero ella seguía leyendo su pequeño libro.

Ese libro que hablaba de amor, de paz y de libertad.

Cuando el cura del pueblo se atreve a ir a casa de Rosa a obligarla a escuchar la misa de los domingos. Estas fueron las palabras de Rosa al cura:

-¿Cómo voy a escuchar la palabra de ese Dios que apoya la guerra y todos los crímenes que están ocurriendo?

-¿Tú qué sabes de la palabra de Dios?- dice el cura. Ella le enseña su librito, y le dice:

-Este es mi Dios. El Dios que predica la paz, la libertad y que los hombres aclaman. El Dios del carpintero, del herrero, del albañil, el Dios del Obrero.

-Él que se sube en el pulpito y los hombres y mujeres aplaudimos y aclamamos-.

-Él que levanta el puño; pero no para maltratar, ni humillar y violar a las mujeres-.

-Él que duerme en el suelo a ras de la tierra-.

-Él que comparte el pan duro con el hambriento y el agua con el sediento-.

-Él que invade mi corazón de esperanza-.

-Él que hace que hoy deje que yo le abra mi puerta y le enseñe su doctrina.

-Ese es el que le da fuerza a todos los hombres y mujeres que mueren por la libertad.

-¡Cura, cura, cura sana, te vas con tu sotana!

Así era Rosa García, una mujer luchadora, que hasta los últimos años de su vida, seguía hablando de su DIOS REPUBLICANO.

PARA ELLA

Para ti, mujer abnegada, mujer trabajadora.

Para ti mujer, va hoy esta flor y mi canción.

Para ti, dulce, tenaz y sacrificada luchadora.

Para ti, todo mi respeto y toda mi admiración.

Los diarios nos mencionan a mujeres famosas.

Nombres grabados a fuego y oro en la historia.

Cantan loas a sus logros, a sus grandes cosas.

Nos hablan de sus virtudes y de sus memorias.

Pero yo quiero cantarte a ti, silenciosa luchadora.

Que te levantas la primera, al atisbar los rayos del sol.

Mujer de mil nombres, de mil caras, de mil horas.

Compañera en la lucha y con tiempo aun para el amor.

A ti, que aunque llegas a casa extenuada, rendida.

Todavía guardas una sonrisa y reservas para amar.

Me viene este canto de lo más profundo de la vida.

Acumulado estaba el homenaje a tan maravilloso ser.

Muchos versos habían escrito, pero a ti te lo debía.

Madre, hermana, esposa, hija, compañera… mujer.


La Bolivalogía (VI)

In Cultura, Historia, Opinión on 4 marzo, 2011 at 0:01

victor1Víctor J. Rodríguez Calderón


El mundo colonial en derrumbe y el reino de la libertad en camino. Recorremos el camino inicial del colonialismo con todo su peso dependiente, esclavista, divisionista, ese al que hoy se suele llama “tercer mundo” o mejor tildado después de la segunda guerra mundial como “países en proceso de desarrollo” para no humillarnos y llamarnos: “QUEDADOS”, “IDIOTAS”.  Por ahora procesamos aquella Venezuela colonial a la que poco a poco le fue llegando su momento político para sacudirse del yugo y combatir por su libertad y exportarla luego a los hermanos latinoamericanos.

Observamos la penetración del pensamiento en la gente, aun cuando en realidad sintieran y vivieran la verdad de aquella monstruosidad, vemos como con aquellos conquistadores exportamos las ideas de la clase dominante que hoy, por épocas, aún ejercen el poder ideológico, espiritual y material que nos signó a una esclavitud de por vida y que solo convirtiendo el pensamiento bolivariano en una ciencia, podemos alcanzar la verdadera independencia.

LA COMPAÑÍA GUIPUZCOANA

Este monopolio comercial vigente desde 1728 y 1781, inicia el malestar en aquellas élites regionales, tanto así, que aumentan las distancias frente al trono imperial.

Producto de la desatención del tráfico mercantil durante la guerra española de sucesión, con la presencia de los vascos se pretende fomentar el real erario y controlar la riqueza provincial de manera profunda. Es así, como la corona permite a la compañía Guipuzcoana disfrutar de mayores privilegios comerciales, exonerándoles impuestos y otorgándoles mayor autoridad para la persecución del contrabando, fiscalización de los negocios de los mantuanos y el ataque de los tratos ilícitos con las potencias extranjeras. Por supuesto, esto provoca resquemores y el inicio de las protestas ante lo que la clase criolla consideró como un despotismo inadmisible.

Desde 1730 se opone el cabildo a la intervención de los guipuzcoanos, mediante documentos que no tienen ninguna acogida en Madrid. La adquisición de productos tan cotizados como el cacao al precio que ellos establecieron para negociarlos posteriormente con inmensas utilidades en el extranjero, disminuyó las ganancias de los agricultores locales y el movimiento de su comercio hecho por los criollos. Una de las principales rutas comerciales de estos, como fue la de Nueva España, no demoró en provocar el interés del monopolio vasco, que pugnó hasta arrinconar a los productores y transportistas venezolanos. Los cosecheros, los minoristas y los mayoristas se unieron para iniciar las protestas contra esta compañía sin llegar a la violencia, pero mostrándose cada vez más incómodos con las ingerencias “extranjeras” y más dispuestas a apoyar a quienes propusieren salidas enfáticas ante la situación.

Los detentadores del monopolio señalaban que habían aumentado el prestigio y el valor del tabaco de Barinas, que habían favorecido la disminución de los precios agrícolas en la península e incrementado el tráfico de esclavos, argumentos que irritaron a lo mantuanos y que como consecuencia traen una serie de motines contra esta compañía, destacándose la rebelión encabezada por Juan Francisco de León.

Esta rebelión se considera como uno de los resortes mediatos a la liberación, su origen se basa en la destitución del canario Juan Francisco de León, de su cargo de Teniente Cabo de Guerra en Panaquire, hecho ocurrido en 1749, la cual representó una acción con raíces más profundas contra el monopolio vasco.

La destitución de este señor se convirtió en un movimiento de masas dispuesto a imponer justicia por la fuerza frente a los tiránicos procedimientos que se venían sufriendo desde 1728. Desde Caracas, los mantuanos auparon los hechos de Panaquire y animaron sigilosamente al cabecilla. La acción combativa creció uniéndose gran cantidad de seguidores, tanto así, que el gobierno se vio obligado a negociar. Un ejército de 8.000 hombres se logro levantar contra las injusticias de los factores vascos. Se despertó un entusiasmo colectivo y se apoyó, la aristocracia local hizo temer un enfrentamiento de vastas proporciones.

De inmediato respondió la Audiencia de Santo Domingo enviando 1.500 hombres, infantes leales al gobernador y con un decreto de indulto general a lo levantados que, aparte de atacar a los detentadores del monopolio, se atrevieron a utilizar el vocablo de “patria” en todos sus documentos. En principio la Audiencia de Santo Domingo aceptó la libertad de comercio requerida por de León, y la fluctuación del precio del cacao por la cual se protestaba, pero un nuevo gobernador, Felipe de Ricardos, cambió el avenimiento por la represión.

Esta provocación trajo de nuevo un levantamiento, de León, fue hecho prisionero y condenado a la muerte, los principales seguidores también fueron capturados. En 1751, Juan Francisco de León fue condenado a severos servicios en el extranjero a cambio de su vida, sus bienes se confiscaron, su casa derrumbada y sembrada de sal como muestra de la animadversión implacable del rey. En verdad fracasó, pero las raíces quedaron, aumentó las distancias entre los agricultores y comerciantes criollos frente a la política española, creó un clima de desestabilización poco común e hizo ver a los criollos la necesidad de pensar con mayor profundidad en planes de autonomía ante los intereses imperiales.

Corrió el tiempo, en 1795 en Coro estalla otra insurrección que se considera fundamental como reactivo de la emancipación, el zambo José Leonardo Chirino, se levanta contra el incremento de los impuestos y contra las trabas colocadas al comercio comarcano, es apoyado por esclavos, algunos aborígenes y gentes humildes, en la cuales influyen las ideas de la revolución francesa que divulgaban los esclavos fugados de las posesiones extranjeras, así como la peculiar interpretación de un documento regio de 1795, llamado Código Negro, que supuestamente decretaba la abolición de la esclavitud. Un dirigente de la región llamado José Caridad González, promociona las acciones subversivas lo que trae como respuesta el asesinato de los habitantes de una hacienda y al ataque de propiedades privadas. Chirino ordena el asalto a Coro, pero fracasa por carencia de logística armamentista.

Chirino es capturado por las tropas españolas, condenado a muerte y sometido a procedimientos infames. Los criollos reaccionan como si aquel levantamiento hubiese sido un virus contra ellos, no soportaron que las capas desposeídas se violentaran y se alarmaron de manera asombrosa. Pero continuaban aquellas raíces y la inestabilidad generada y la influencia de ideas libertarias y justas le dieron históricamente el punto de considerarlo como base inicial para desarrollo de las acciones que en el futuro van a conducir a la independencia.

(…Continuará)


La Bolivalogía (V)

La Bolivalogía (IV)

La Bolivalogía (III)

La Bolivalogía (II)

La Bolivalogía (I)


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.